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Full text of "Diario de viaje. v2"

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J 4 J 

I DIARIO DE VIAJE 



6 

Ministerio de Instrucción Publica y Previsión Social 



BIBLIOTECA ARTIGAS 

Art. 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950 

COMISION EDITORA 

Clemente Ruggia 
Ministro de Instrucción Pública 

Juan E. Pivel Devoto 
Director del Museo Histórico Nacional 

Dionisio Trillo Pays 
Director de la Biblioteca Nacional 

Juan C Gómhz Alzóla 
Director del Archivo General de la Nación 



Colección db Clásicos Uruguayos 
VoL 28 

Francisco Xavier db Viana 
DIARIO DE VIAJE 
Tomo II 



Preparación del texto a cargo de 
Sofía Corchs Quíntela 



H^CISCO XAVIER DE V1ANA 



DIAKIO de VIAJE 



Prólogo de 
HOMERO MONTERO 



Instituto ^V' • • ! Jo! Libro 

M O ti i t V ' i.' E O 
33 O KT A. O X O 



Tomo D 



MONTEVIDEO 
1958 



i 



SALIDA DE ACAPULCO 



Febrero 26 — Ya sólo esperábamos la entrada de 
la virazón para dar la vela; entablada ésta próxima- 
l mente a las once lo verificamos sobre las tres gavias, 
y poco después con todo aparejo. El vientecito del 
S.O. todo despejado y un pequeño repiquito, fran- 
queamos la boca, seguidos de la fragata Autora, que 
se hallaba surta a nuestra llegada, y ahora dirigía su 
derrota a Guayaquil. 

Al mediodía, fuera ya de puntas, nos situamos 
según nuestro plano, demorándonos la punta del 
Grifo al N. 4 o O. y la de la Bruja al N- 26° E. án- 
gulos .dela.aguja en, la latitud de \6°AT5T' y longi- 
tud occidental del Real Observatorio de Cádiz 93° 
42 , 54". 

Día 27, — Hasta la medianoche nos acompañó 
el vientecito bonancible del O.S.O. después pasó al 
O.N.CX El cielo despejado, horizontes coq alguna ru* 



mazón y jxa^la, A^^os.&^^Ja 

Vist&dEfeMfta ctfñ rumbos del tercer cuadrante pro- 



porcionando así la mayor ventaja posible hacia el O. 
aunque perdiésemos mucho para el S* 

Los vientos en la inmediación a la tierra son cons- 
tantemente bonancibles en el cuarto cuadrante; en 
este concepto y en el de facilitar una derrota venta- 




- [7] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



josa a nuestro destino nos dirigimos a separarnos de 
la costa con el objeto de que terminasen aquéllos, 
pasando al primer cuadrante o de proporcionar des- 
pués una bordada que favoreciese en lo posible nues- 
tras intenciones. Al mediodía observamos en latitud 
de 15°46'2(T y longitud de 93°54W: variación de 
la aguja observada de toda confianza 8°22' N.E. 

Marzo 17. — La constancia de los vientos del pri- 
mero y cuarto cuadrante nos hicieron bajar a la 
latitud de l4°45 f ; bien que entonces ya era venta- 
josa nuestra posición de 8 o al occidente de San Blás, 
si en aquellas circunstancias se hubiesen entablado 
los vientos favorables del N.O.; pero no fue así, con- 
tinuaron con igual tenacidad hasta el 25 que empeza- 
ron a reinar entre el N. y N.N.O, con los cuales di- 
rigimos nuestros rumbos próximamente al E. pero 
conservando siempre un paralelo más septentrional 
que el de San Blás» recelosos de que el viento llama 
nuevamente al primer cuadrante. 

Día 25. — Nuestra latitud observada al medio- 
día fue de 22'2'2» M y la longitud de 108°32' nos 
sitúan, según la carta general, a docientas leguas del 
surgidero de San Blás, demorándonos al ángulo del 
mundo S. 86° E. y por las observaciones del Sr. D. 
Vicente Doz, y las de Mr. Chappe en el puerto de 
San José, inferimos las de San Blas, por la distancia 
que iHrirno «signa entre estos dos puntos y la di- 
ferencia de barates, resurta qtíe aF^nedwftifa distá- 
bamos dé aquel puerto próximamente al mismo 
ángulo la distancia de ciento cincuenta leguas. 

Día 26. — En las primeras horas de la tarde nos 
indicó el barómetro variaciones en el tiempo, a la 



es: 



DIARIO DE VIAJE 



sazón el cielo y horizontes estaban cubiertos de cela- 
jería parda, la mar era bastantemente gruesa, y el 
viento fresco por el N. Poco después empezamos a 
conocer los efectos de aquel recuerdo, en ocasión que 
al marino observador se lo manifestaba igualmente el 
semblante del tiempo. El viento arreció por el N.N. 
O., la celajería corría con velocidad de aquella parte, 
la mar se agitaba con proporción a la fuerza de 
aquél, finalmente la mucha cargazón de la atmós- 
fera nos presentaba un horizonte corto, y poco ter- 
minado, circunstancias todas que nos hacían esperar 
el viento aún más duro; con efecto pasada la media- 
noche empezó a ventar de tal modo, que en la ma- 
ñana nos obligó a aferrar los juanetes; entonces ca- 
minaba la corbeta con un velamen clareado y ridículo 
nueve millas por hora. Estos accidentes nos hacían 
recordar gustosamente lo favorable del tiempo, aun 
que nos incomodase ya demasiado la gruesa mar, que 
con el viento fue cediendo, en disposición que ya 
próximo al mediodía llevábamos todo aparejo, y 
nuestra posición a aquella hora en latitud de 21° 
38*14" y\tahgitud de 105°25'57" nos indicaron la 
soberbia singladura de sesenta y dos leguas que si 
se atiende al deplorable estado de nuestro velamen 
no sonará ridicula aquella forzada expresión. 

Día 27. — Aunque todos nuestros esfuerzos se di- 
rigiesen en Conservar un paralelo más septs&trional 
que eí^ftfe ittl^fWS fue absolutamente imposible 
por la constancia del viento, que llegó a entablarse 
del N. al N. *4 al N.E. uniéndose también la gruesa 
y sorda mar del N.E. que aún llevando la corbeta el 
andar de cinco a seis millas, nos arrojaba con vio- 
lencia hacia sotavento. 



[9] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Lo despejado del tiempo, su semblante apacible, 
un temperamento agradable, la noche risueña con la 
claridad de la luna, y la esperanza que con la proxi- 
midad de la costa rolaría el viento hacia el N.O. nos 
tenían en una expectativa halagüeña y gustosa. 

Nuestras observaciones nos sitúan al mediodía en 
la latitud de 21°30'0(T y en longitud de 103°l4 , 40 M 
de la que se diferencia la deducida de 36 series de 
distancia del sol a la luna, en 7*20" al E. en posición 
bastantemente ventajosa. Esta exactitud desmedida 
pudiera arrastrarnos a una vana lisonja, si no consi- 
derásemos que pueden haber contribuido a ella, el 
error de las tablas de la luna, el de la ratificación, 
y aún tal vez la medida de las mismas distancias; 
no obstante las reiteradas y buenas observaciones in- 
feridas hasta aquí, y comparadas a la excelente má- 
quina del reloj 10 nos ponen en estado de un 
cierto grado de confianza, y distinción en que pue- 
den verificarse, y proporcionando entre sí excelentes 
resultados; creo, que el que se aprovechase de ellos 
con preferencia a la inexactitud de la estima, no po- 
drá jamás adquirir el renombre de temerario. 

No fueron equívocos nuestros conceptos, en que 
más próximos a la costa el viento rolase más al N. 
O.; con efecto en las primeras horas de la tarde nos 
permitía un rumbo ventajoso a nuestra derrota, pro- 
porcionándonos un andar constante de seis millas 
b*p> ha mejoro drcunsmnciti^ ptm «6te jeniamos 
la pequeña pensión de largar, o recoger la vela me- 
nuda según el más o menos viento con concepto a 
no hacer ningún esfuerzo extraordinario, cuando el 
tiempo se presentaba constante, y de un todo fa- 
vorable. 



[10] 



DIARIO DE VIAJE 



Deseábamos con ansia la llegada del mediodía 
para investigar nuestra posición relativa a la tierra. 
La latitud de 21°24'0<T y la longitud de 101°05 I 0(T 
nos sitúan E.O. con San Blás, distancia quince leguas 
según la observación de los señores Doz y Mr. 
Chappe, como dijimos anteriormente; y aunque los 
horizontes estuviesen muy calimosos, confiábamos no 
obstante el reconocer en la tarde las islas Marías; con 
efecto a la una y media del 29 se dejó ver la tierra 
como a distancia de seis leguas próximamente al án- 
gulo de 67° en el primer cuadrante. A la sazón esta- 
ban los horizontes muy cargados de calima, así no pu- 
dimos al principio terminar con claridad ningún punto 
de las isla más N. avistada; pero en muy breve, 
ayudados de un viento favorable, la mar tranquila, 
y con todo aparejo conseguimos reconocerla; aunque 
no muy ai satisfacción; a poco rato se nos presentó 
la segunda, también confusamente hasta que más 
cerca distinguimos ya algo más despejado sus puntos 
marcables, en este concepto nos situamos ventajosa- 
mente y empezamos a las cuatro y media a medir ba- 
ses, observando longitudes en sus extremos; y marca- 
dos desde ellos los puntos más notables, conseguimos 
establecerlas, de cuya posición hablaremos en ade- 
lante. Al anochecer se dio vista, aunque confusa- 
mente a la tercera y última de las Tres Marías; el 
viento continuaba aún fresco; en este concepto, y en 
el de proj^p^io^ftt un andar no excesivo, aferramos 
toda vtía menuda, quedándonos después con sólo 
las gavias. El viento se mantuvo fresquito hasta las 
siete de la noche, que por momentos fue abonanzan- 11 
do, quedándonos a poco rato enteramente calma, en 
cuya disposición permanecimos hasta la una, que 
suavemente saltó al O. y después varió del NJs. al 



lii] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



N> Estas circunstancias, y el influjo de las corrientes 
alteraron mucho nuestras bases, por consiguiente el 
trabajo de las islas no merecen la mayor confianza: 
en este concepto, y en el de que de regreso de la 
campaña del N, debemos probablemente visitarlas, 
omito por ahora el hablar así de su situación geográ- 
fica, como de su descripción y producciones. 

Amanecimos en los mismos términos con la ter- 
cera isla a la vista a distancia de cuatro o cmco mi- 
llas a su parte S.E., poco después se dejó ver el 
cerro de San Juan que con la calima no se distinguía 
más que la cima de una corpulenta montaña, divi- 
dida por mitad en forma de tetas, la de la parte 
S.E. bastantemente aguda, y la del N.O. prolonga- 
da en la dirección de estos rumbos; desde aquella 
isla asigna Mr 4 Chappe la distancia de quince y me- 
dia leguas al puerto de San Blás. Este astrónomo 
tal vez confiado de una estima poco exacta, y al- 
terada por los accidentes que íe ocurrieron en la 
travesía de San José, prefijó, que la distancia próxi- 
mamente entre este puerto y el de San Blas, podía 
considerarse de sesenta leguas; y con ésta, y la dife- 
rencia en latitud inferimos la de este puerto de 100° 
20' al occidente del Real Observatorio de Cádiz, 
que comparada con nuestras observaciones del me- 
diodía en latitud de 21°13' y longitud de 99°42'14" 
resulta que la longitud de aquellos Sres, se diferencia 
primamente I o a aquélla más occidental. 

Día 30. — Nos acompañó todo el día el viente- 
^rito ya bonancible ya calmoso del N.N.O. al N,0. 
quedándonos a veces sin gobierno; no obstante siem- 
pre mantuvimos la proa al ángulo de derrota. En, las 
primeras horas de la tarde perdimos de vista la isla 



[12] 



DIARIO DE VIAJE 



más S. pero al ponerse el sol se dejó ver la del me- 
dio interpuesta su punta S. entre aquel astro y nues- 
tra vista, entonces distábamos de ella como de doce 
a trece leguas; a la sazón se distinguía bastantemente 
clara la, costa firme, y confusamente un farallón, que 
llaman Piedra Blanca» A las diez de la noche deja- 
mos caer el escandallo y nos manifestó 26 brazas 
lama, las horas después 27, 28 y 34; amanecimos 
en calma próximos al farallón, en cuya disposición 
permanecimos hasta las ocho, que entró una suave 
ventolina por el N.NX). con la que dichosamente 
dirigimos nuestro rumbo al fondeadero. A las diez 
situados ventajosamente corrimos una base, obser- 
vamos horarios, y quedó situada aquella piedra, a 
la misma hora avistamos el farallón de la boca, 
que llaman El Morro, el cual está cubierto de sucie- 
dades de los pelícanos; al principio representa per- 
fectamente la figura de una embarcación a la vela 
sobre las principales. Nuestra sonda N.S. con el 
primero fue de 30 brazas, y después de 23 siempre 
arena. Nuestra situación al mediodía era de 21°28* 
de latitud f 99°H'35 ,r de longitud; distábamos a 
la sazón de tres a cuatro leguas del fondeadero; y 
como a la mitad de esta distancia avistamos una 
falúa con bandera larga; ya entonces estaban nues- 
tras insignias presentadas al viento y correspondi- 
das por las de la plaza. A las dos llegó a bordo 
con un piloto de la armada graduado de Alférez 
de Na$% #<ofcsmic<of, el secretario del Coman- 
dante de Marina, y un práctico, todos a cumplimen- 
tar este Comandante y ofrecer los auxilios de que era 
capaz este arsenal. A las tres próximos al Morro, o 
farallón de la boca, recogimos toda vela menuda, y a 
poco rato el trinquete, atracamos a aquel islote pa- 



[13] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



sando como a un cable por fondo de 6 a 6V2 brazas 
lama, y al S. de la punta o del puerto cargamos las 
gavias, y dejamos caer el ancla de babor en 5 Vi 
brazas lama; inmediatamente tendimos una espía que 
nos condujo una lancha del arsenal; sobre ella dimos 
fondo a la segunda ancla, quedando amarrados RO., 
el cuerpo de la corbeta en 5 Vi brazas lama, bajo 
las siguientes marcaciones el farallón de la boca al 
S. 75° O,, el asta de bandera de la fortaleza próxima 
al arsenal N. 7 o E., el pueblo N. 46° E. y el cerro 
de San Juan al S, 81° E., ángulo de la aguja. 

Concluidas las tareas marineras echamos lancha y 
bote al agua. Al día siguiente se situó el observatorio 
en tierra, y después empezamos a disponernos para 
la sucesiva campaña del N ; en cuyo concepto reco- 
rrimos los costados, trancaniles; se mudaron algunas 
tablas del alcázar y pasamano, se entablaron los fon- 
dos del bote pasados de la broma, recorrimos nuestro 
aparejos igualmente se puso en obra desde el prin- 
cipio la lancha anunciada en la parte del diario de 
Guayaquil y Acapulco. Se atendía a estos trabajos 
con la mayor actividad, ya con los auxilios del arse- 
nal que se dieron siempre con abundancia y con mu- 
cha oportunidad, y ya con los de a bordo, en disposi- 
ción que considerábamos estar de un todo listos a los 
quince días de nuestra llegada, en cuyo estado parece 
eran las intenciones de este Comandante el demorarse 
hasta el 20, con el objeto y esperanza de que nos 
umétemos con nuestra compañera 7 jefe- ^quienes 
considerábamos ya en Acapulco; con efecto el día 10 
recibió D, José Bustamante un expreso del Sr. Malas- 
pina, en que le comunicaba su arribo a aquel puerto 
el 27 de marzo, después de una penosa navegación, 
rodeados de calmas casi constantes desde Sonsonate 



Ll4j 



DIARIO DE VIAJE 



hasta Acapulco, cuya navegación fue de cincuenta y 
seis días, A nadie podrá patecet exageración el que 
diga lo difícil que me es el hacer una pintura del 
que generalmente se vio esparcido en esta cor- 
y mucho más si se atiende a que era una sepa- 
ración de cerca de tres meses, en que nos tenían con 
cuidado algunos de nuestros compañeros que ha- 
bíamos dejado enfermos el día en que se verificó 
aquélla, de quienes tuvimos la agradable noticia de 
la mejoría de unos y del total restablecimiento de 
otros. 

Según las providencias tomadas, parece que las ór- 
denes del jefe de la expedición previenen a este 
Comandante, que con la mayor actividad nos dispon- 
gamos a hacer derrota al puerto de Acapulco, para 
unirnos allí con él; con efecto al mediodía del 10 se 
tomaron todas las providencias en aquel concepto, y 
se avivaron todos nuestros trabajos, conduciéndose a 
bordo sin cesar todo lo perteneciente a rancho, y al- 
gunos otros utensilios que se hallaban en el arsenal. 
En la tarde del 12 listos de un todo, recibimos la 
lancha construida en aquél y entregada la nuestra, 
quedamos de un todo dispuesto para dar la vela; en 
consecuencia metimos todas nuestras embarcaciones 
dentro, excepto el bote y con las lanchas del arse- 
nal, levamos nuestras anclas, quedándonos sobre una 
de aquél; después se condujeron a bordo los instru- 
mentos a&tg&ómicos, y ya sólo esperábamos el terral 
par* iritóios a la vela. 

La latitud en el observatorio se infirió por estrella 
tomada al N. y al S., resultando la de 21°32'46"; 
la longitud fue inferida por la emersión del primer 
satélite de Júpiter, occidental del Real Observatorio 
de Cádiz 99°8' y según U del reloj magistral N p 10, 




115] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



98°56' que comparadas estas observaciones con las 
de Acapulco, resulta de diferencia de meridianos en- 
tre estos dos lugares 5°20' en lugar de 6°30' estable- 
cida por Mr. Chappe, de que se infiere de que el 
trozo de costa comprendido entre aquellos dos pun- 
tos, está afectado de I o 10' más occidental de su ver- 
dadera posición; la declinación de la aguja según el 
promedio de varios azimutes es de 9°26' N.E. El pla- 
no del puerto y estero quedó levantado geométrica- 
mente para cuyo efecto se midió una base de 2.904 
pies ingleses en la playa más E. de la rada. 

El puerto de San Blás es una rada abierta, poco 
segura en los meses de julio, agosto y setiembre, por 
los vientos reinantes del S. y SJS. Las embarcacio- 
nes fondean de 3 a 4 y 5 cables de un pequeño islote 
que tiene a la boca y a 2 o 3 del Morro punta S.O. 
de la entrada del arsenal, en cuyas proximidades fon- 
dean también los que tienen necesidad de recorrer. 
En aquélla está situada una batería a barbeta de diez 
cañones, calibre de 24; desde la peña sobre la cual 
está aquella fortaleza, sale una punta de piedras que 
se extiende hacia el E. próximamente de 500 pies, en 
cuyo extremo y como a un cumplido de bote empie- 
zan las balizas a indicar el paso para internar en el 
arsenal. El fondo en las primeras y las pleamares 
que sucede en los días del novilunio y plenilunio a 
las ocho y media de la mañana, es de 16, 15 y 14 
pies; continúa así hasta cerca de la ch**a que des- 
ciende a 9 y 8 constantemente arena; en ltt^Wjama- 
res disminuye de 3 a 4 pies, a uno y otro lado de las 
balizas es inconstante por formar diferentes placeres 
y cantiles que lo alteran, pero lo más general en el 
estero es tan corto, que los botes más pequeños varan 
al instante de separarse de ellas. Desde la boca del 



£ 16 j 



DIARIO DE VIAJE 



arsenal hasta la corbeta se corrió una línea de sonda 
por el río del S.S.O. constando de 18, 26, 35 y 36 
pies; las demás del surgidero se han omitido, res- 
pecto a estar hechas prolijamente por los oficiales de 
este departamento. 

La villa está situada a un cuarto de legua del arse- 
nal, y a la falda de un elevado peñasco cortado ver- 
ticalmente, que presenta su cara casi directamente a 
te brisa por lo general reinante desde las diez del 
día hasta las seis de la tarde, reemplazándoles pocas 
horas después el terral; en ella azota el viento, re- 
„ < cbfia:a r y por consiguiente impide la ventilación del 
pueblo, gozando sólo de este bien la contaduría situa- 
da en la cima, y en la orilla de aquella peña. La 
población se reduce a una porción de chozas o ran- 
cherías de paja, cuyo aspecto miserable causa horror; 
sólo las obras del Rey y algunas otras de particulares 
que son pocas, están fabricadas de cal y canto, y aún 
éstas son despreciables por su poca capacidad y mal 
repartimiento; las calles están sembradas de grandes 
y pequeñas piedras, sin orden ni policía. El tempe- 
ramento malsano y absolutamente enfermo en los 
meses de mayo, junio y julio, en que las fuertes 
aguas, continuas turbonadas y repetidos rayos, que 
en diferentes ocasiones han entregado el pueblo a la 
voracidad del fuego, ahuyentan a muchas gentes del 
lugar, a hacer su morada al de Tepique, hasta pasar 
aquella ¿JpignG&le estación. Sus habitantes por lo 
geoeraPffi* Semblantes poco agradables, toscas y feas 
facciones, desaseados, entregados a la ociosidad, es- 
téticos y desfigurados. El calor excesivo contribuye 
a hacerlo más incómodo la acción continua de espan- 
tar y matar los jejenes y zancudos; estos insectos 
son los mismos que conocemos en Europa por mos- 



[17] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



quitos, con la diferencia que los primeros son del 
tamaño de una pulga grande, y los segundos algo 
mayores que aquéllos; su picada es incómoda y mo- 
lesta, pero no tan exagerada como generalmente nos 
habían prevenido ya en España, como en algunos pa- 
rajes de la América. El número de sus habitantes pa- 
dece alteraciones, según hay o no armamento; en el 
que se verifica se reduce a 3.000, y a 4.000 en el 
que no lo hay; todos están exceptuados de tributos 
por considerarse ocupados en el servicio de S.M. Los 
oficiales hacen su morada con real permiso en el 
pueblo de Tepique, distante dieciocho leguas, algo 
más regular que el de San Blas, pero también infeliz, 
y sólo bajan cuando hay armamentos o alguna otra 
novedad, en cuyo caso lo verifica también el Coman- 
dante del departamento. Al Comisario o Ministro de 
Real Hacienda le está concedido el mando de aquél, 
después de todo oficial de guerra, sin exceptuar los 
graduados. 

Las rentas del real erario se reducen primero a un 
arrendamiento de tierras, cuyo importe asciende a 
1.600 pesos seguidos al tributo que paga el vino mes- 
cal, éste es producido por un fruto semejante al de 
la pina (bien que no se come) del cual sacan el 
sumo y resulta aquel licor, que paga de derechos 560 
reales de plata; el tercero, finalmente el abasto de 
las sales, por cuenta de S.M. que le reditúan próxi- 
mámente 20,000 pesos de donde resulta, que SJVÍ. 
percibe anualmente la cantidad de 2l~Mt& pesos 
fuertes. 

El primer establecimiento de este arsenal fue con 
el objeto de atender y resguardar la costa N.O, de la 
América, haciendo en ella nuevos reconocimientos y 
socorrer también los presidios establecidos de Mon- 



[18 ] 



DIARIO DE VIAJE 



terrey, San Diego, Loreto, etc. Protegió esta idea D. 
José de Galvez, en la visita general que hizo en estos 
reinos el año de 1769 y el de 70. Pasó un construc- 
tor al estero en que está aquél formado con un corto 
pie de maestranza, los que en muy breve empezaron 
a construir pequeñas embarcaciones; lo malsano de 
este lugar y la incomodidad de los jejenes y mosqui- 
tos, hizo que los que estaban en él, pasasen el año 
de 73 a situarse en donde anunciamos anteriormente; 
después se consideró ser preciso establecer el departa- 
mento con más solidez; en consecuencia el año de 74 
fueron comisionados a este objeto seis oficiales del 
cuerpo general de la armada y algunos pilotos. Aqué- 
llos se restituyeron a España por real orden del año 
1783, y en el de 89 haciéndose interesante la con- 
ducta de los Comandantes de los buques de la costa 
N.O. de la América. Volvió nuevamente a estable- 
cerse con el mismo numero de oficiales, que la vez 
primera, bajo las órdenes del Capitán de Navio D, 
Juan Francisco Cuadra. Algunos de sus subalternos 
se han distinguido ya particularmente D. Francisco 
Elisa, Teniente de Navio de la Real Armada hace un 
año largo, que se halla en el puerto de Nutka, con 
el objeto de sistemar en él un establecimiento; le 
acompañan los Sres. Camaño, Matute y Saavedra. D. 
Salvador Fidalgo, también Teniente de Navio, tuvo 
la honrosa comisión de registrar todos los estableci- 
mientos en la entrada del Príncipe Guillermo; hizo 
alguna »éS5hocim!entos que estableció con aquella 
exactitud de que es capaz la estima, trató con los ru- 
sos y también con los naturales; finalmente deseoso 
de mayores investigaciones, expuso muchas veces su 
vida, no tanto por las circunstancias de los tiempos, 
cuanto por la mala embarcación que desgraciada- 



[19] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



mente le tocó mandar. Los oficiales Quimper y Ber- 
todano se hallaban ocupados, el primero en conducir 
y entregar a la compañía inglesa la balandra detenida 
en tiempo del piloto Martínez, cuya mala conducta 
en el puerto de Nutka, con los ingleses, trajo después 
tan graves y funestas consecuencias; el segundo a 
Manila con unos pliegos de la corte para el Capitán 
General. 

Con aquel respeto que es debido, séanos permitido 
el no pasar por alto el distinguido mérito que ha con- 
traído y contrae en este departamento el caballero 
Cuadra; de subalterno en el tiempo en que estuvo 
aquí destinado, se distinguió particularmente en to- 
das las comisiones que se le confiaron, y no con me- 
nos brillantez en la campaña que hizo al N. subiendo 
hasta la latitud de los 59° en una pequeña y ruin 
goleta, en la que manejándose con la mayor entereza 
e intrepidez, hizo varios reconocimientos los cuales 
han estado sepultados en el archivo de Indias, hasta 
que con motivo de esta expedición ha sido preciso 
el registrarlos; de jefe, su celo, su actividad, su inte- 
ligencia entregado a todas las fatigas del Departa- 
mento y el conocimiento con que ha procedido en 
sus disposiciones todas ventajosas al real servicio, le 
hacen acreedor a un distinguido lugar entre aquellos 
que saben apreciar el verdadero mérito. Desde su lle- 
gada a este Departamento cuenta el Rey en sus reales 
cajas una cantidad no indiferente de spafe* datemos 
después noticias circunstanciadas; la corbeta no ha 
extrañado en nada la falta de un arsenal de la Euro- 
pa; todos los auxilios se han dado con la mayor acti- 
vidad, sin que se nos haya detenido por su pane un 
momento nuestras urgencias. 



[20] 



DIARIO DE VIAJE 



No me ha parecido importuno el reunir aquí el 
pormenor de los gastos de este Departamento dota- 
do con tres fragatas del porte de trescientas toneladas, 
un paquebot, y una goleta, todas en muy mal estado, 
con cuyo motivo se tiene propuesto al Sr. Virrey la 
construcción de otra del mismo porte; pero como los 
jornales, lona, clavazón y estopas cuestan inmensas 
sumas, con particularidad estos tres últimos renglo- 
nes que se conducen de Veracru2, se cree no tendrá 
efectos, pues se calcula tendría, de costo próxima- 
meoíc 720,000 pesos plata fuerte, cuando por la 
mitad del valor puede construirse en el río de 



Número de individuos de que está dotado 
el Departamento y sueldos que gozan 

Un capitán de navio, seis oficiales subal- 
ternos, gozando todos del duplo sueldo del 
mar del Sur, con gratificación de mesa que 

gozan a bordo y en tierra 20.374 

Compañía de infantería fija con que se do- 
tan las embarcaciones, compuesta de ochen- 
ta y cuatro individuos 14.510 

Contaduría de Real Hacienda, de un co- 
misario contador, tesorero, un oficial ma- 
yor y segundos 8.850 

Parroquia 4ota¿a de un cura y un sacristán 832 
Trece ÍH&fi*luOs del cuerpo de pilotos . . 16.464 
Siete capitanes de la dotación de los bu- 



Cuarenta y ocho oficiales de mar, inclusas 



Guayaquil, 



ques 

Siete cirujanos de segunda clase 



10.407 
5.450 



las raciones 



122.363 



[2i : 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Trescientos individuos de marina 27.717 

Doscientos cuarenta y seis de maestranza, 

inclusos sesenta y seis peones 54.916 

Obras de herrería, la cual está por contrata 4 . 000 
Por la compra de brea, alquitrán y pita en 

rama 13.000 

Gastos de fundición, que se reduce a an- 
clas, campanas y otras piezas, todas de 

bronce . « 900 

Gastos de almacén, /epuestos de lona, hie- 
rro, estaño 24.705 

Compra de víveres 40.000 

Gastos de hospital 20-000 



Suma total el año antes de la llegada del 

Sr. Cuadra 374.448 

Ahorros que ha hecho desde su llegada en 
el corte de maderas, gente de mar y algu- 
nos otros renglones 50.017 

Gasto anual en el Departamento, en la % 
actualidad 324.471 



No se tenía la más exacta idea de la situación 
local de este país, cuando con preferencia a otros mu- 
chos más recomendables se trató hacer aquí un esta- 
blecimiento de marina, cuyos inmensos gastos hubie- 
ran sido menores en otro cualesquiera lugar de la 
cosca al S. de la rada de San Blas; por ejemplo, el 
puerto de Acapulco es una bahía fonna&t por el 
continente y ya dentro de las puntas del Grifo y del 
Marqués, es un círculo cuya circunferencia está ro- 
deada de una cadena de montes que la resguarda de 
todos los vientos, y le hacen seguro su surgidero. El 
braceaje en medio de ella es de 13, 14, 18 y 20 bra- 



[22] 



DIARIO DE VIAJE 



zas; en las inmediaciones a tierra hay 5, 4 y 3, todo 
acantilado; además de todas estas comodidades ha 
formado allí la naturaleza una grande y espaciosa 
dársena, capa* de contener veinte navios de línea. 
La entrada y salida del puerto puede verificarse en 
todas estaciones, sin que sus cercanías tengan esco- 
llos que la impidan/ Su entrada es bien difícil de que 
sea forzada; por consiguiente libre de cualquiera gol- 
pe de mano que puedan alguna vez intentar los ene- 
migos, y aún inverosímil si en la punta del Grifo 
S. del pmto se situase una batería a barbeta de 20 
cañones, calibre de 24 o de 36, a la cual habiéndose 
de entrar al amarradero es preciso atracarla, respecto 
a ser necesario el granjearlo sobre bordo. En su parte 
septentrional tiene una respetable fortaleza, de cuyo 
poder, fábrica y situación, hemos hablado en la parte 
de diario correspondiente a aquel puerto. La nave- 
gación a la costa N.O. de la América, nada se re- 
tarda por verificarse de uno o de otro puerto, pues 
la corta distancia de ciento treinta leguas pueden 
aumentarla a lo más, según mi concepto, de diez 
días, y aún menos muchas veces. El temperamento 
no es comparable con el de San Blás, no obstante 
haber sido en otros tiempos muy malsano; pero en 
la actualidad según todos los naturales del país, ha 
mejorado considerablemente desde el instante en que 
se le dio desagüe a una pequeña laguna que tenía 
en el extremo oriental del pueblo, el cual llegaría 
a ser destín todo sano, en el momento que se 
aumentase la población, y que la necesidad les 
obligue a cultivar las tierras inmediatas. No está 
en el mismo caso el Departamento, puesto que 
todas sus inmediaciones están rodeadas de pantanos, 
lagunas y bosques, que difícilmente podrían bene- 

[233 



i 

! 




FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ficiarse, o a lo menos sería con pérdida de mucha 
gente y grandes sumas de dinero. Aún hay otras 
mayores causas que apoyan y coadyuvan a ratificar 
esta opinión; el poco fondo de la rada y estero de 
San Blás, la poca seguridad de los buques fuera 
del arsenal, la absoluta precisión de las mareas para 
salir de él, tal vez muchas veces con grave perjuicio 
del real servicio, el extravío que causa el tener los 
almacenes a un cuarto de legua de aquél, el desor- 
den que se origina por esta razón, la costosa con- 
ducción de los géneros de Veracruz, la larga distan- 
cia de la capital y de los jefes inmediatos, parece 
son otras tantas rabones de sus desventajas. Las made- 
ras son tan ricas en las proximidades de este puerto 
como en las de aquél, su conducción tendrán el 
mismo costo con corta diferencia, pues aunque exce- 
dan algún tanto en este renglón, disminuye en otros 
como es fácil demostrar; primero, el número de la 
maestranza no habría necesidad de tenerlo tan nu- 
meroso, la concurrencia de los buques del comercio 
traen siempre de dotación un cierto número de indi- 
viduos de los de aquellas artes; en el país y en sus 
inmediaciones los hay igualmente, de suerte que con 
aquéllos y con los que deben estar dotados los buques 
del Departamento serían suficiente para subvenir a 
las obras y trabajos que fuesen precisos en sus care- 
nas. Respecto a las tripulaciones se está en el mismo 
caso, pues en lugar de pagar algunos europeos de 
plaza fija, precisos absolutamente en San Blás, no 
serían necesarios en el de Acapulco, respecto que de 
los buques del comercio, el cual llegaría a ser tam- 
bién más activo, y de la Nao de Filipinas podría 
tener un número respetable de individuos de mar, 
que cqn el atractivo del comercio y de los progresos 



[24] 



DIARIO DE VIAJE 



del nuevo establecimiento, servirían gustosamente 
en los buques de S.M, Se me ocurre además otra re- 
flexión no menos oportuna: el puerto de Acapulco 
está proporcionado para que desde él se destaquen 
embarcaciones a una y otra costa, y aún muchas 
veces podrá ser necesario navegar a las Filipinas, 
deberán ser siempre preferibles en mi concepto, el 
que vengan de Europa como de armadilla por cua- 
tro años, respecto a que ofrecen mayores utilidades 
y menot costos al real erario. Na sería menos intere- 
santa el que viniesen forrados en cobre, con el objeto 
de preservarse de la mucha broma que hay en todos 
los puertos de la costa, pues de lo contrario costaría 
inmensas sumas sus reparos, y en muy breve se 
inutilizarían sus fondos, como hemos visto en los 
buques del comercio. 

Si me hallase algo más impuesto de otras mayores 
ventajas que forzosamente deben estar ocultas a mis 
conocimientos, me persuado a que unidas aquéllas 
con las que llevo expuestas, convencería como es 
probable con la razón, y arrastraría hacia aquella 
opinión no tan sólo a los que tienen una cabal idea 
de la situación local de estos países, sino también 
a los que la poseen remotamente; no obstante me 
lisonjeo a que en mis esfuerzos e inclinación a la 
transportación del Departamento al puerto de Aca- 
pulco, ao ae descubre otro interés que el deseo del 
mejor servicio de S.M. y el bien de la humanidad, 
que se adolece de la destrucción que ha causado el 
establecimiento en el de San Blás. 



[253 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



SALIDA DE LA RADA DE SAN BLAS PARA EL 
PUERTO DE ACAPULCO 

A las dos de la mañana del día 13 de abril ayu- 
dados del viento fresquito del N. dimos la vela so- 
bre las tres gavias, arriando el chicote del cable 
correspondiente al arsenal; después con todo aparejo 
dirigimos nuestro rumbo próximos a la costa, la cual 
se dejó ver al amanecer aunque cubierta de calima. 
Situados ventajosamente empezamos a correr bases y 
a establecer el pedazo de continente hasta el cabo 
Corrientes, que reconocimos próximos ya al medio- 
día. Como a distancia de siete leguas hicimos derrota 
a buscar un bajo que el piloto del comercio Zeleta, 
nos informó en San Blás haber visto como al N.O. 
de aquél y a aquella distancia, en cuyo concepto no 
omitimos medio alguno para así cerciorarnos de la 
verdad. Antes de ponerse el sol nos considerábamos 
según nuestras observaciones a una o dos leguas del 
lugar en que lo coloca; las vigías de los topes nada 
distinguían, ni tampoco todos los que sobre cubierta 
observábamos cuidadosamente; en esta inteligencia y 
en la de no haber una señal ni aun remota que lo 
acreditase, nos persuadimos, a pesar de la constancia 
con que lo asegura el dicho piloto, debía padecer al- 
guna grande equivocación, o a lo menos no tuvo la 
precaución de cerciorarse bien dél paraje en que lo 
descubrió. 

El viento fresco del N.O. favorecía de un todo 
nuestras intenciones y nos proporcionaba el suce- 
sivo reconocimiento que según el rumbo de las pri- 
meras horas de la noche le abandonamos, siendo al 

[26 j 



DIARIO DE VIAJE 



parecer nuestro primer objeto el abreviar en lo po- 
sible el viaje al puerto de Acapulco, situando aque- 
llos puntos que se presentasen oportuna y ventajo- 
samente. Con efecto, no fueron equívocas nuestras 
sospechas; la derrota que después seguimos nos con- 
venció y satisfizo aquella opinión; en consecuencia 
omito por ahora el hablar de este trozo de costa, 
hasta que reconocida por ambas corbetas o por una 
sola, podamos reunir más los conceptos acerca de su 
verdadera posición. 

Abril 16. — Los vientos fueron variables en el 1?, 
2 o y 4^ cuadrante, ya fresco, ya bonancible, ya cal- 
moso; el cielo generalmente despejado, atmósfera 
muy cargada, la tierra calimosa y un excesivo calor 
hacían molesta y desagradable nuestra posición. 

Día 79. — En las últimas horas de la tarde nos 
considerábamos a seis leguas del fondeadero; la tie- 
rra a la sazón muy cargada y poco notables los 
puntos de ella, hacían dudosa y nada prudente la 
entrada. En este concepto tomamos la vuelta de afue- 
ra hasta las primeras horas de la mañana, que con 
ventolinas calmosas sólo tratábamos de conservar el 
rumbo de derrota, el cual fue alterado por las co- 
rrientes. Amanecimos como a dos leguas del puerto, 
el que nos demoraba precisamente al E.; a las nue- 
ve, hora en que $e declaró la virazón, ya las aguas 
nos habían aproximado como a tres millas de la 
boca; en esta posición forzamos de vela, y sobre 
bordos nos dirigíamos al amarradero, deseando abra- 
zar a nuestro amado jefe y compañeros. Rebasada la 
punta del Grifo descubrimos a la corbeta comandan- 
ta y a poco rato su bote que hacía por nosotros; a 



[27] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



las diez llegaron a bordo y abrazándonos unos a 
otros» nos dimos nuevas pruebas de nuestra amistad 
y cordial cariño. Todos manifestaban en sus semblan- 
tes, sin exceptuar la gente de mar, el júbilo y la 
alegría que causaba la unión de tan larga separación; 
aquélla en muy breve fue interrumpida para nosotros, 
con la desagradable noticia de que los Tenientes de 
Navio Novales y Quintano se hallaban enfermos. 
Estas circunstancias nos hicieron desear con mucho 
más anhelo el momento de dejar caer el ancla, lo 
que conseguimos dichosamente próximos al medio- 
día por el través y muy inmediato a nuestra com- 
pañera. 



SALIDA DE ACAPULCO A LA COSTA 
N. O. DE LA AMÉRICA 

Maya 1?. Después de haber recibido el correo 
y listos de un todo levamos nuestras anclas, y a las 
diez de la mañana con la, brisa fresquita y seguidos 
de la Descubierta dimos la vela sobre las tres ga- 
vias; después con todo aparejo y sobre bordos fran- 
queamos la boca del puerto que marcamos al poner- 
se el sol, siendo entonces nuestra posición de l6°38* 
de latitud, y 93°45'30" de longitud occidental del 
Real Observatorio de Cádiz. Amanecimos con la tie- 
rra a la vista a larga disrancia, el viento fresquito, 
cielo y horizontes cubiertos de celajería, que después 
quedó de un todo despejado, haciéndose entonces 
muy sensible el calor. 



[28] 



DIARIO DE VIAJE 



Día 9. — En los primeros días nuestra derrota 
fue enteramente igual a la del viaje anterior; ya en 
la latitud de 14° se varió de un todo, como parece 
era preciso. El rumbo que seguimos fue constante 
del O. con el doble objeto de contraer en poco 
tiempo una gran diferencia en longitud y hacer por 
este medio los vientos más largos a nuestra sucesiva 
derrota, proporcionando así pasar en breve a la re- 
gión de las brisas, por ahora nuestro principal y pri- 
mer objeto. El temperamento, carices y vientos han 
sido casi de un todo iguales, a los que experimenta- 
mos en el mes de marzo, diferenciándose sólo en ser 
los vientos en esta época más frescos, y aún más 
largos que en aquélla. 

Hemos conservado constantemente el paralelo de 
14°; en él los viento» han sido sin intermisión del 
N.E. al N.N.E. frescos, proporcionándonos además 
una buena derrota y un temperamento agradable. 
Nuestra posición al mediodía fue de l4°19'10 M de 
latitud y 98°35 P 19" de longitud. 

Día 14. — El 10 entablada la brisa fresca y sien- 
do probable el no tener otra ocasión tan oportuna 
como la que a la sazón se presentaba, nos atravesa- 
mos mura a estribor por señal anterior de la corbeta 
comandanta; a su imitación echamos el bote al agua, 
recogimos algunas noticias relativas a la sucesiva 
campaña y recibimos órdenes de aquel Comandante, 
correspondientes a la conducta que debe seguirse 
con los naturales en los puertos en que hayan de an- 
clar las corbetas. A la una ya a bordo de sus buques 
uno y otro bote, mareamos con toda fuerza de vela 
continuando el rumbo del O., el viento constante- 
mente del N.E. al E. favorecía de un todo nuestra 



[29] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



derrota, proporcionándonos un andar de seis a ocho 
millas, y algunas veces hasta nueve. 

AI mediodía nos situaban nuestras observaciones 
en latitud de 17°6'00" y longitud 110 o 51'00'\ Esta 
ventajosa posición de trecientas cincuenta leguas al 
occidente del meridiano de Acapulco, nos hacía due- 
ños de ía derrota, en este concepto y en el de hacerla 
más directa, parece hicieron a aquel Comandante va- 
riar de rumbo; con efecto a su imitación seguimos al 
N.O. favorecidos constantemente de la brisa fresca 
del N.E. al E 

Día 22. — Ya en paralelo de 20° los vientos, ca- 
rices y temperamento variaron de semblante, aquél 
que constantemente le habíamos tenido fresco del 
N,E. al E. le experimentamos variable fresquito y 
bonancible del N. al N.N.E. El cielo que pocas ve- 
ces veíamos nublado, ahora por lo general esta cu- 
bierto de celajería; el temperamento que días antes 
era incómodo el traje de verano, en la actualidad ya 
se hace preciso el de invierno En este concepto y 
en el de entrar muy en breve en mayores fríos, se 
dio a la tripulación paños, bayetas y lienzos para 
que así se precaviesen de la variedad del nuevo cli- 
ma, de un todo contrario al que por el largo espa- 
cio de un año habíamos experimentado. Desde el 
puerto de Anca navegamos siempre por bajas latd- 
tudes, rodeados de inmensos calores^ calmas, lluvias 
y fuertes relentes* El rermómetro de Faltfenheit, por 
lo general señalaba de 78 a 80 y 88°, en Panamá 
subió aún hasta el grado de 90, y en la actualidad 
gozamos de la agradable de 66°. 

Nuestros rumbos de derrota se dirigen a granjear 
lo posible al N. y O. aprovechando todos los instan- 



l 30 j 



DIARIO DE VIAJE 



tes favorables. Los días anteriores hemos seguido 
constantemente al N.N.O., en la actualidad ceñimos 
el viento ya del N. ya del N.N.E. 

A las ocho de la mañana del 21 por señal anterior 
de la corbeta comandanta nos atravesamos mura es- 
tribor, y a su imitación echamos el bote al agua. 
Nos visitamos recíprocamente y con nuevas pruebas 
de unión y amistad nos regresamos a nuestros bu- 
ques, conduciendo al Comandante una carta firmada 
por el caballero Malaspina, bajo las noticias y reco- 
nocimientos del respetable Capitán Cook y las adqui- 
ridas por los Capitanes Portlock y Dixon, en los pa- 
quebotes del comercio Rey Jorge y Rema Carlota. 
Estos viajeros salieron de Inglaterra en año de 1785, 
su objeto principal era el comercio de la peletería en 
la costa N.O. de la América; dieron la vuelta al 
mundo, visitaron las islas Malvinas anclando en el 
puerto de Egmont, después las islas de Sandwich, de 
donde hicieron derrota al N. De regreso de esta cam- 
paña invernaron en las mismas islas, y en la segunda 
que emprendieron aquella costa se separaron, con el 
objeto de abrazar con mayor atención aquel comer- 
cio, que según nos manifiestan a su regreso a Ingla- 
terra el año de 1788 desde Cantón, fueron poca las 
utilidades que les rindió la expedición, de la cual es- 
peraban mayores ventajas. 

De las comparaciones de nuestros relojes con los 
de la Descubierta, hechas las señales por medio de 
pistoletazos cada cuatro días, resulta que nuestros re- 
lojes N Q 105 y 351 han sufrido una pequeña altera- 
ción, respecto al movimiento que se les asignó en el 
puerto de Acapulco, e invariable nuestro magistral 
W 10. 



[31] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Las variaciones de la aguja observadas por azimu- 
tes difieren de las de amplitud en uno y dos grados, 
determinan que su declinación en estos paralelos es de 
7, 8 y 9° N,E., cuyo resultado es enteramente igual 
al referido en la Descubierta, excepto dos épocas en 
aquélla, y una en esta, en que la grande diferencia 
nos persuaden, a que estaban afectadas de un consi- 
derable error. 

Con el eudiómetro del abate Fontana, se han em- 
pezado a hacer experiencias del aire, con el objeto 
de determinar su salubridad. En consecuencia se mez- 
cló en el eudiómetro cien partes de aire nitroso, con 
ciento de aire del alcázar, resultó haber absorbido el 
nitroso, cincuenta y cinco partes del aire vital. Se 
repitió nuevamente la experiencia, y próximamente 
dio el mismo resultado, manifestando por consiguien- 
te la bondad del aire atmosférico en que habitamos; 
éste se infiere por la diferencia de aquellos dos aires, 
de suerte que cuantas mayores partes absuelva el 
nitroso tanto mejor será el atmosférico. 

Junio I o — Nuestra posición al mediodía fue en 
latitud de 26°29'8" y longitud 120°35'22'\ La brisa 
la tuvimos constante del N.N,E, al N.E. ya fresquito 
ya bonancible hasta el 26, que por la latitud de 29°, 
y longitud de 125°, términos de los variables según 
algunos viajeros, y que con efecto hemos compro- 
bado también nosotros rodeados de ventolinas del 
cuarto cuadrante de vientecitos variables y calmo- 
sos; bajo cuyas circunstancias permanecimos hasta 
el 30, en que nuevamente se entabló la brisa en el 
primer cuadrante de un todo igual a la que habíamos 
experimentado en aquellos días. Los vientos nos ha- 
bían favorecido de tal modo hasta aquella época, que 



[32] 



DIARIO DE VIAJE 



a las embarcaciones del Departamento de San Blás, 
que en diferentes ocasiones han hecho derrota al N. 
mandadas por los Sres. Arriaga, Ezeta y Cuadra, les 
habíamos ganado próximamente de doce a quince 
días; en este concepto nos fue fácil el persuadirnos, 
que a fines del mes nos hallaríamos por la latitud de 
38 a 40°, pero fueron equívocas nuestros conceptos, 
escasamente llegamos a cumplir el paralelo de los 
30, no obstante nuestra posición a la sazón es de un 
todo ventajosa. 

La noche del 23, al tiempo de anotarse el estado 
del barómetro, de los termómetros y de la hora que 
señalaba el 10 para inferir la verdadera, se ad- 
virtió estaba parado. El que hizo las comparaciones 
de los demás relojes que no omitió el darles cuerda, 
creyó, que el que contaba lo había verificado con el 
10, como generalmente se tenía de costumbre, de 
suerte, que por equivocación de uno y otro, quedó el 
reloj sin movimiento. AI día siguiente a la hora del 
mediodía se le dio cuerda, y después las sacudidas 
horizontales de derecha a izquierda y al contrario 
según advierte su autor, moviendo también la deten- 
ta que al principio se había corrido en el sentido con- 
trario en que previene aquél; esto mismo se había 
verificado en otras dos ocasiones, consiguiendo por 
este medio ponerlo en movimiento, pero en esta oca- 
sión fueron inútiles todas aquellas diligencias; enton- 
ces ya no atribuimos aquel accidente sólo a la falta 
de cuerda, siffo que también nos persuadimos a que 
podía contribuir el no haberse limpiado en dos años, 
que es el üempo que prefija su autor, en este concep- 
to creímos verosímil la detención de una pequeña 
pieza que tropezando en alguna suciedad le impidiese 
el que corriese libremente o también por falta de 



[33] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



aceite en alguna otra; en consecuencia se puso la se- 
ñal de solicitar a hablar a la corbeta comandanta y 
ya a la voz se le detalló al caballero Malaspina cuán- 
to había ocurrido, de que resultó pasaría a este buque 
en la primera ocasión oportuna con el Teniente de 
Navio Espinosa que le había manejado por mucho 
tiempo en la expedición del Sr. Tofiño. Con efecto el 
26 tuvimos el gusto de abrazar a nuestro Comandan- 
te acompañado de Espinosa; inmediatamente con to- 
das las precauciones posibles se sacó el reloj de su 
caja de madera, se pasó a la cámara, y en ella qui- 
tándole los tornillos a la de latón, se suspendió el 
esqueleto del reloj, se examinó con aquella inteli- 
gencia de que es capaz un, marino, si tenía alguna 
pieza rota o descompuesta, y no se advirtió sino que 
estuviesen todas ilesas; con gran sentimiento nues- 
tro, se colocó nuevamente en su lugar sin que se 
hubiera podido conseguir el ponerle en movimien- 
to; en este concepto se colocaron unos apoyos de 
madera interpuestos entre los círculos de latón, el 
superior sobre en que está la máquina y el inferior 
sobre quien apoyan las columnas, que sostienen 
aquéllas con el objeto de evitar el más leve mo- 
vimiento en las pesas, respecto a tener dada toda 
la cuerda; igualmente se le corrió la detenta con 
arreglo a lo que previene su autor. En cualquiera 
otra situación hubiera sido una pérdida irreparable, 
pero en la actualidad en que estamos rodeados de 
excelente máquina aunque no tan seguras como 
aquélla, no se hace tan sensible. 

En los días anteriores advertimos la diferencia que 
se había notado en el movimiento asignado al 105 
que, corregido en el día en que se paró el 10 y 
después por las comparaciones con el 72 de la Des- 



[34] 



DIARTO DE VIAJE 



cubierta, resulta el momiviento de 49"30 ,M en lugar 
de 44" que se le averiguó en el puerto de Acapulco; 
de suerte que en un mes tuvo este reloj de acelera- 
ción T45 de tiempo igual 36*15"OO m de grado. 

Como uno de nuestros mayores cuidados se dirige 
a la conservación de nuestra tripulación y tropa, se 
tiene particular esmero en el aseo, haciendo de con- 
tinuo zafarranchos rociando de vinagre el entrepuen- 
te, sahumando después abundantemente y oreando 
sus petates; del mismo modo se cuida de sus alimen- 
tos, y en la comida del mediodía se les da a cada 
individuo medio cuartillo de vino. Los buenos efectos 
de esta conducta se nos hacen bien manifiestos en sus 
semblantes alegres, risueños y robustos. La tropa se 
adiestra en algunos días de la semana en el manejo del 
cañón; a la marinería se le ha hecho una especie de 
cartuchera en que pueden contener algunos cartu- 
chos de pólvora y balas, todo con el objeto de prepa- 
rarse a contrarrestar a cualesquiera hostilidades, que 
pueden hacer o intentar los naturales de los puertos, 
y en que han de anclar las corbetas. 

De los experimentos del aire hechos en el entre- 
puente limpio, safo y ventilado, resultó ser igual al 
atmosférico, esto es que contenía de 100 partes, las 
95 de aire vital; el de la bodega se limitó a 85, y 
el de la boca escotilla de proa no pasó de 90. 

Nuestra posición al mediodía era de 32°5'28" de 
latitud, y 128°27*8" de longitud occidental del Real 
Observatorio de Cádiz, la variación de la aguja por 
las observaciones de azimutes, y amplitudes es de 11° 
30' N.E. 

Día Í0> — Los vientos fueron constantes del N. 
N.E al N.E. hasta el día 2, que se declararon en el 



[35 3 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



cuarto cuadrante variables, bonancibles, calmosos, 
en consecuencia seguíamos aquel bordo que nos pro- 
porcionaba mayor diferencia en latitud, aunque per- 
diésemos alguna en longitud. Así continuamos hasta 
el día 6, que después de una pesada calma, de una 
gruesa mar incómoda del O, al NO. y de un tempe- 
ramento más bien calmoso que frío, se declaró el vien- 
to galeno, y variable en el tercer cuadrante acompa- 
ñado de algunos chubascos, cuyas apariencias eran 
mayores, que sus efectos; no obstante arreglábamos 
nuestro aparejo en concepto a sus carices, los que nos 
persuadían a una favorable variedad en el tiempo; 
pero no fue así, permaneció bajo las mismas circuns- 
tancias hasta el mediodía de ayer, que sobre un 
chubasco de agua y viento quedó entablado y fresco 
por el N.N.O., acompañado de una gruesa mar de la 
misma parte, y un temperamento que por el mucho 
frío se hacía bastantemente sensible Antes que nos 
entrase aquél viento estuvieron por mucho tiempo 
pasando por nuestros costados una innumerable por- 
ción de galeras, conocidas por este nombre por los 
marineros, y a las que Mr. Anderson en el tercer viaje 
del Capitán Cook, a su subida al N. por estos mis- 
mos paralelos aunque mucho más al O. les dio el 
nombre de Oniscus Fulgens, a continuación trae su 
descripción, que en el poco tiempo que pudimos con- 
servar la nuestra, notamos los mismos coloridos con 
que las pinta. 

Ciento cincuenta series de distancias de «oí a lu- 
na, tomadas este último cuarto bajo las mejores cir- 
cunstancias, terminados bien los limbos de los astros, 
nos sitúan T al O. del reloj N 9 105. Este reloj según 
las comparaciones con los de la corbeta Descubierta 
ha variado su movimiento en diecisiete días* de 2" 



[36] 



DIARIO DE VIAJB 



más, según infieren en la comandanta, pero nosotros 
no nos convenimos con aquella inteligencia, al con- 
trario, nos persuadimos a que sea más bien error del 
N*? 72, pues combinadas y reflexionadas todas las 
operaciones y marcha seguida del 105 nos convencen 
a que conserva el movimiento establecido por nuestro 
magistral N° 10 desde el día de su parada; no por 
esto dudarnos a que realmente tenga uno error, pero 
no el que se le atribuye, y así parece más verosímil, 
que esté comprendido entre los dos, esto es, entre el 
N 9 72 de la Descubierta, y el 105 de esta corbeta. 

Nuestras observaciones del mediodía nos sitúan 
en latitud N. de 37°16'52" y longitud occidental del 
Real Observatorio de Cádiz 137°52'30", La declina- 
ción de la aguja según las observaciones de ampli- 
tudes y azimutes resulta ser de 14°50" N.E> 

Día 17. — Hasta las cuatro de la tarde del día 12 
continuaron los vientos en el cuarto cuadrante calmo- 
sos, galenos, y bonancibles, a éstos le sustituyó un 
viento fresquito del O. el que a proporción que se 
alargaba hacia el S.O. aumentaba su fuerza; le apro- 
vechamos con todo aparejo, y a las nueve de la noche 
ya contábamos poí hora siete y ocho millas. En esta 
disposición continuó hasta que se puso la luna, desde 
cuyo instante fue escaséandose y tomando mal sem- 
blante el tiempo, en cuyo concepto recogimos toda 
vela menuda, y después hasta quedarnos con sólo las 
gavias j^el trinquete. Amaneció cubierto de celajería 
gruesa, despedida del horizonte con violencia, alguna 
garúa, bastante mar, y el viento recio; en consecuen- 
cia y por señal anterior de la corbeta comandanta, 
tomamos a su imitación dos rizos a las gavias; a la 
sazón ya el viento era del O, frescachón, y la mar 



[37] 



FRANCISCO XAVIER DE VlANA 



muy elevada; poco después según la Descubierta amu- 
ramos la mayor, y en las primeras horas de la tarde 
con motivo de aumentar más el tiempo, con el de 
desahogar algún tanto la arboladura y hacer menos 
sensibles las fuertes sacudidas de la corbeta, determi- 
nó oportunamente aquel Comandante se echasen aba- 
jo las vergas de juanetes y calasen sus mas telemos, 
lo que ejecutamos a su imitación. En la noche tuvi- 
mos algunos aguaceros, con los cuales fue calmando 
la mar y el viento; amaneció con carices benignos, 
en consecuencia y por señal anterior largamos los 
rizos a las gavias, se guindaron los masteleritos de 
juanetes, se cruzaron sus vergas, y con toda fuerza de 
vela según el ángulo del viento, seguíamos de muy 
cerca a nuestra compañera. El viento fue después ro- 
lando, y quedó a poco rato entablado al OJtf.O. en 
cuya disposición permanecimos hasta la tarde del 14 
que de un todo quedó en calma. El Capitán Cook 
en su segundo viaje a este hemisferio dice, que los 
accidentes de calma después de haber reinado el 
viento por el N. O. le era un presagio seguro 
de tenerlos después por el S. y S.E. Con efec- 
to a las cuatro de la mañana se declaró fresquito 
por el tercer cuadrante, así continuó hasta el 15; a 
las seis de la tarde roló con bastante fuerza al S.S.E. 
proporcionándonos un andar de 7, 8 y 9 millas, y 
aunque después pasase nuevamente al S. y S«0. con- 
servamos siempre aquel andar, hasta las cuatro de la 
mañana que llamándose al O. y 0«N.O. fue dismi- 
nuyendo de su fuerza, en cuya disposición permane- 
ció hasta medianoche del 16, que quedó de un 
todo calma. A la sazón las apariencias, no eran del 
todo desagradables; los horizontes del segundo cua- 
drante aturbonados nos indicaban la proximidad de 



[38] 



DIARIO DE VIAJE 



un buen tiempo; con efecto, a las ocho de la mañana 
te declaró el viento fresquito de aquella parte; pero 
fue por pocas horas; a las cuatro de la mañana ya era 
el viento, aunque bonancible del N. y al mediodía N. 
O.; esta variación y el afirmarse en el cuarto Cua- 
drante nos hizo sospechar, siguiendo el parecer del 
Capitán Cook, que rolaría al segundo; coadyuvaban 
a insistir en esta sospecha: el barómetro, que siempre 
nos ha manifestado las revoluciones del tiempo, de 
29° y 50°, en que se hallaba, bajó a 29° y 27°; los 
termómetros de Réaumur y Fahrenheit el mayor gra- 
do de frío, que ha señalado, ha sido el primero de 
10° y el segundo de 51°. 

Las observaciones al mediodía nos sitúan en lati- 
tud septentrional de 47°5T23" y longitud del Real 
Observatorio de Cádiz 130°52'4(T. La declinación 
de la aguja observada por amplitudes y azimutes es 
de 17°10'0{r N.E. 

Día 23. — Los vientos del segundo y tercer cua- 
drante que creíamos constantes por sus buenas apa- 
riencias se declararon variables, fresquitos y bonan- 
cibles hasta el día 20, que bajo las mejores circuns- 
tancias, el cielo despejado, canees risueños, y un 
temperamento agradable quedó entablado del O. al 
O.N.O. y NX). sin dejarnos otro recurso en favor 
de nuestra derrota, que el rumbo del N.NX). al N. 
N.E. los cuales según la posición actual de las cor- 
betas nos conducían a vista de la tierra. Con efecto 
a las diez de la mañana del 22, se dejó ver tendida 
del E.N.E. al N. a larga distancia el mar de un 
color claro verdoso, nos indujo a creer estábamos en 
sonda, a pesar de lo mucho que distábamos del con- 
tinente; sin embargo quisimos satisfacer nuestra cu- 



[39] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



riosidad, en consecuencia se echó el escandallo al 
agua, y con 100 brazas en el perpendicular del cos- 
tado no se halló fondo. Inferimos entonces que aquel 
color en el mar podría causarlo el derretimiento de 
las nieves de que están vestidas las elevadas y corpu- 
lentas montañas de esta parte de la América. 

Al mediodía situados en latitud N. de 56°17'30" 
y longitud de 130°l6' ya distinguíamos muchos pun- 
tos de la costa, en disposición de poderse trabajar a 
su vista, como en efecto lo verificó nuestra compa- 
ñera midiendo bases, y situando lo más notable de 
ella. El extremo meridional que alcanzábamos a ver 
demoraba al N. 69° E. la entrada del puerto Bank, 
descubierto por el Capitán Dixon el año de 1788 al 
N. 25° E, y el cabo Engaño reconocido por el Capi- 
tán de Navio D. Juan Francisco Cuadra el año de 
1775, a quien el Capitán Cook, llama Edgecombe 
al N. 17° O; a él referimos nuestras observaciones 
de longitud cuyos resultados difieren de la posición 
asignada por este capitán en 2T más occidental de 
la que le establece; sin embargo debe preferirse a 
nuestras observaciones, a pesar de convenir dentro 
de medio grado muchas series de distancias lunares 
observadas en las mejores circunstancias, con el 
resultado de los cuatro relojes, cuyos movimientos 
en la larga época de dos meses, es igual al que se 
les asignó en el puerto de Acapuico, No obstante 
este accidente es preciso ceder a la causal propor- 
ción que tuvo aquel hábil marino de observar en 
Nutka, una emersión del primer satélite de Júpiter, 
averiguar el movimiento de sus relojes y observar 
diferentes series de distancias lunares, que hizo con- 
viniesen con el resultado de aquél, desentendiéndose 
de su observación hecha con un excelente anteojo 



[40] 



DIARIO DE VIAJE 



y tomando el promedio de la del Sr. King, con 
uno de inferior clase, y cuya observación diferencia- 
ba de la suya 50 segundos de tiempo. Estas mismas 
observaciones las refino al cabo Engaño (a quien 
dio vista el 1*? de mayo de 1788) por la diferencia 
def meridianos que le indicaban sus relojes desde la 
salida de Nutka, en cuya época de seis días no po- 
dían aquéllos, siendo de la mejor fábrica, y de un 
autor acreditado; contraer sensibles errores. 

El viento que le habíamos tenido fresquito en la 
tarde del 24 fue insensiblemente! quedándose calma 
hasta la medianoche que le sustituyó una ventolina 
del S.E. la que en poco rato nos proporcionó un 
andar de cinco y seis millas, A las dos de la mañana 
se dejó ver la costa inmediata a las islas de Lobos; 
a la sazón se distinguía también el abra, que forman 
la isla en que está el cabo Engaño, y la corpulenta 
montaña de San Jacinto, la cual vista por su parte 
S. y S.E. presentaba plana su cumbre, y algo más 
aguda por su parte SO. señoreábase aquélla entre 
todas las demás de la costa; dejándose ver a la pri- 
mera luz del día bajo de un aspecto encantador. El 
cielo estaba cubierto de alguna celajería parda suelta, 
la mar tranquila, el color del agua quebrado, y las 
elevadas montañas sembradas por todas partes y cu- 
biertas sus cimas de nieve, hacían entre sí una si- 
métrica armonía, a que contribuía en mucha parte 
las puntasfiafcras, cañadas, etc. Esta particular pers- 
pectiva se hizo aún más interesante al aparecer el 
sol sobre el horizonte, ofreciendo con su presencia 
una variedad tan extraña, que la vista vacilaba sin 
poder determinar hacia que parte dirigirse, para ad- 
mirar más y más la naturaleza. 



[41] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Al mediodía situados en latitud de 57°10'34" y en 
longitud de 131°31*42'\ nos demoraba el monte de 
San Jacinto al N. 70° O. y el extremo septentrional 
del frontón de la entrada de la Cruz al N. 15° O.; 
a la sazón reinaba el viento en el cuarto cuadrante. 
Gozábamos entonces de un temperamento benigno, 
en el que señalaba el termómetro de Fahrenheit ex- 
puesto al aire libre 51°, cuyo estado del tiempo 
comparábamos con una entrada de primavera sobre 
nuestras costas de España. 

Como las intenciones de aquel Comandante eran 
al parecer reconocer la costa desde los 58° de latitud, 
nuestro rumbo no se dirigía en concepto a ella, sino 
en el de hacer la derrota más directa a aquel fin. 
Así en la tarde del 25 se nos ocultó mucha parte de 
la tierra meridional del cabo de la Cruz y de un todo 
su ensenada, que se forma e interna hacia el S.E.; 
como a distancia de dieciséis leguas próximamente y 
con proa de O. costeamos sin embargo el frontón en- 
tre aquel cabo y el Buen Tiempo, que aún no al- 
canzábamos a ver. Este trozo de tierra cubierto ente- 
ramente de nieve, ofrecía una. vista espantosa, pero 
al mismo tiempo interesante; en cada posición de la 
corbeta se presentaba variable y diferente; desde las 
orillas del mar empezaban a nacer pequeños montes 
en figuras de panes de azúcar y a proporción que se 
acercaban al centro eran de mayor corpulencia y al- 
tura, en disposición que algunos de ellos se confun- 
dían con la poca celajería de que estaba adornado el 
cielo, exceptuando la de Buen Tiempo, que al pare- 
cer respetaban dejándose vet* desahogada y Ubre en 
medio de aquella confusión, en donde parecía im- 
poner respecto a las demás que la rodeaban. 



[42] 



DIARIO DE VIAJE 



Nuestra situación al mediodía era en latitud de 
57°59'17" y longitud de 133°15'44 M ; a la sazón nos 
demoraba el pico de Buen Tiempo al N, 12° E. y 
el extremo oriental del frontal al N. 33° E. ángulos 
de la aguja, cuya declinación según el promedio de 
los azimutes observados es de 24° N.E. 

El viento le teníamos fresquito del O. al CXS.O., 
el cielo cubierto de celajería y la tierra se dejaba ver 
confusamente; sin embargo se conocía ser alta y 
quebrada; a poco rato despejando algún tanto se 
presentaron en la orilla blanquizares. La costa por 
algunos parajes interrumpida por terreno bajo, sem- 
brado de arboledas, en lo interior cañadas y monta- 
ñas cubiertas de nieve, cuyo aspecto causaba un 
contraste interesante. Después más inmediato al con- 
tinente dimos vista a un pedazo de tierra baja que 
parecía como una isla, situada en la entrada de una 
gran ensenada formada por dos puntas bajas, que al 
principio dudamos si podría ser la de Behring; pero 
no conviniendo la latitud de este lugar con la esta- 
blecida por el Capitán Cook, y reconocido por nos- 
otros todo este trozo de costa, quedamos convencidos 
de que toda ella era corrida, y aunque realmente se 
forma ensenada en aquel paraje, no presenta otro 
abrigo que el de las dos costas, la una que desde el 
cabo Engaño corre un corto pedazo de N. a S. y la 
otra hacia el cabo Fipphs de N.O. a S.E. con corta 
diferencia. 

A las cinco de la mañana viéndose la reventazón 
de la playa de la tierra baja, se echó el escandallo al 
agua y con 100 brazas en la perpendicular del cos- 
tado no pudimos hallar fondo; a la sazón favorecía 
el viento las intenciones de aquel Comandante, y las 
buenas circunstancias del tiempo ponían en quietud 

L43] 



f 



FRANCISCO XAVIER DE V1ANA 



y sosiego sus desvelos, celo y cuidados. Costeábamos 
de muy cerca la tierra alta en lo interior y baja en 
la orilla, de este modo nada se ocultaba a nuestra 
vista, sin que pudiésemos dejar de ligar las puntas, 
abras y pequeñas ensenadas, etc., menos notables. A 
Us cuatro de la mañana se dejó ver el cabo Fipphs al 
N« 65° E. distancia de tres a cuatro leguas, y una 
cañada que a esta distancia proyectaba como una 
bahía; esta equivocación pudo tener el Capitán Cook, 
marcándola por la de Behring, respecto a convenir 
con la latitud que le establece, quedando nosotros, 
según nuestros resultados y reconocimientos, conven- 
cidos de todo lo contrario. 

Entre cinco y seis de la mañana avistaron de la 
corbeta comandanta un abra, cuya boca estaba próxi- 
mamente en latitud de 60°; a la sazón costeábamos 
la tierra de cerca, pero esta novedad hizo variáse- 
mos nuestro rumbo, dirigiéndonos inmediatamente a 
aquel paraje, que aunque estuviésemos prevenidos 
contra la memoria de Mr. Boche, sin embargo cau- 
só en nosotros alguna pequeña novedad, bien que 
precaria. Como a la distancia próximamente de 
cinco a seis leguas, se quedó el viento bonancible, 
calmoso. Este accidente, las circunstancias de no dis- 
tinguirse aún otra cosa, que tierras muy elevadas en 
el fondo del abra, y cortadas a pique, la desconfian- 
za de que pudiese ser hondable sus inmediaciones, 
la falta de agua, y leña, para la sucesiva campaña, 
y la necesidad de examinar el movimiento de los 
relojes marinos para los ulteriores reconocimientos, 
hicieron sin duda desistir a aquel Comandante de 
la empresa al parecer no prudente con las corbetas; 
en consecuencia y a su imitación viramos por de- 
lante dirigiendo nuestro rumbo al puerto de Mul- 

L44] 



DIARIO DE VIAJE 



grave, cuyos naturales habíamos visto una hora an- 
tes hacían diligencias en sus piraguas para alcan- 
zarnos. A poco rato de aquella maniobra, y mucho 
antes de estar a la voz, el que gobernaba abría los 
brazos, y sucesivamente enseñaba una grande piel; 
poco después ya más cerca nos saludaron con un 
canto general, que entonaban uno de ellos, y a con- 
tinuación le seguían los demás armoniosamente y 
sin que se notase disonancia. La corbeta coman- 
danta a quien de antemano le habíamos hecho la 
señal nos contesta a poco rato con la de permitirse 
una cauta comunicación con ios naturales, en cuyo 
concepto admitimos dos piraguas que atracaron por 
nuestro costado de barlovento; otra se dirigió hacia 
la Descubierta por señas que les hicieron los que 
se hallaban en ésta, quienes nos dieron a entender 
si se les permitía subir, y habiéndoseles concedido 
exigieron que algunos de nuestros marineros pasa- 
sen a ocupar su lugar a las piraguas, a cuya ins- 
tancia como era regular, se negó este Comandante. 
Estuvieron así un pequeño instante después del cual 
se determinaron a satisfacer sus deseos; ya en el al- 
cázar se les agasajó con algunas frioleras, las que 
sin repugnancia admitieron, exceptuando las naran- 
jas; saboreábanse con la galleta, el vino, y aún con 
una corta cantidad de sebo que para ellos era un 
rico y delicado manjar; deseaban como era regular, 
cuanto se les presentaba a la vista y con ansia todo 
pedazo de +fleTro de alguna magnitud, sin embargo 
nada les causaba admiración; bien que en mi con- 
cepto era ésta una conducta estudiada, que poco 
después fue interrumpida con gran admiración y 
sobresalto de todos ellos por una cabrita, y un gato, 
de quien huían amedrantados, suplicando al mismo 




FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



tiempo por señas los separasen y quitasen de su 
vista; después sus mayores instancias y esfuerzos, se 
dirigían a indicarnos el paraje donde estaba el puerto, 
para que allí pusiésemos la proa. A la sazón teníamos 
el viento contrario, y era preciso ganarlo sobre bor- 
dos, en cuyo concepto prolongamos algún tanto el 
de afuera, hasta estar casi por su través; esta con- 
ducta absolutamente precisa no era combinable con 
el juicio y razonamiento de los naturales, los que 
por último recurso se acercaron al lugar del timonel, 
y con ceño agradable y risueño le señalaban a donde 
debía gobernar, pero viendo no había surtido efecto 
aquella tentativa, estuvieron un gran rato suspensos, 
hasta creer pasábamos de largo, entonces se metieron 
en sus piraguas dirigiéndose al puerto. El cacique en 
todo el tiempo que estuvo a bordo, no dejó de rato 
en rato de arengar a su gente, a cuya voz gruesa y 
sonora, prestaban su atención; este vieio respetable 
cubierto su rostro de una barba larga y cana, y cuyas 
luces parecían ser superiores a las de la multitud, 
nos hizo saber por señas, que uno de los que había 
llegado antes en las piraguas, era su hijo, a este 
mismo nos lo habían señalado los que le acompa- 
ñaban como cacique, pero luego que llegó el an- 
ciano, nos indicaron que era el principal; para acla- 
rarnos esta idea cerraban las manos, dejando libres 
los dedos índices, y puestos paralelos en la dirección 
de las palmas, iban subiendo el de la derecha, y ba- 
jando el de la izquierda hasta éste en el final de 
aquél, acompañando al mismo tiempo a esta señal 
la palabra "accau, accat¿\ que después la usamos 
nosotros como para atraer su atención. En la tarde 
dentro ya de puntas acudieron en gran número, tra- 
yendo consigo muchas pieles de nutria que cambia- 



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DIARIO DE VIAJE 



ron con trapos viejos de nuestra gente; poco después 
llegó el cacique acompañado de una mujer que ofre- 
cía sin ningún recato, acción que desaprobamos y 
que por señas dimos a entender nuestra indignación. 
Toda la tarde siguieron nuestros bordos acompañán- 
donos al costado, hasta el amarradero, que a imita- 
ción de la corbeta comandanta dejamos caer el an- 
cla de babor a distancia de un cable por su proa; 
después tendimos un anclote quedando amarrados 
E.O. bajo las siguientes marcaciones: las chozas de 
los naturales al S.O. l A O-, la punta de Turner al 
S.E, distancia de la tierra más inmediata próxima- 
mente, dos cables. 



ACAECIMIENTOS EN EL PUERTO DE 
MULGRAVE 



Nuestro primer cuidado fue proporcionarnos un 
sitio cómodo y seguro para hacer la aguada, leña y 
lastre. Uno de los primeros indios que vinieron a 
bordo en la mañana, del 28, a quien hicimos com- 
prender la necesidad de anclar en este puerto, nos 
condujo después de haber hecho algunos reconoci- 
mientos inútiles, a una ensenada pequeña frente del 
fondeadero-scbre la costa E. ¿ pero a pesar de su auxi- 
lio, y toda nuestras diligencias, sólo pudimos encon- 
trar un poco de agua parada, y cuyo gusto participa- 
ba de las raíces por donde pasaba. Elegido este sitio 
para hacer la aguada con la esperanza de mejorarla 
haciéndola corriente, nos restituímos a bordo, pre- 



[47] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



miando pródigamente por su pequeño servicio a una 
o dos familias, que habitaban en dos chozas inme- 
diatas a aquel mismo lugar. 

Desde el amanecer rodearon las corbetas muchos 
naturales de ambos sexos, atraídos unos de la nove- 
dad, y otros con el objeto de cambiar algunas obrillas 
de su industria, en cuya adquisición se interesaba más 
de lo que se puede concebir la curiosidad de nuestros 
marineros. Al principio subieron sobre el alcázar, y 
después se les mando bajar a la lancha para precaver 
ios robos y otros desórdenes dejándoles libertad, de 
proponer sus cambios desde allí. Un indio se había 
apropiado un grimpolon, que volvió con gran sere- 
nidad en el momento de ser reconvenido; pero no 
hizo lo propio con un candado, teniendo el atrevi- 
miento de enseñar a D. Jacobo Murphy, que estaba de 
guardia, su cuchillo (arma de un uso común entre 
ellos) como manifestando su resolución en defender 
la prenda robada a cualquier trance; hubiera sido 
muy fácil castigar su osadía, si no estuviéramos re- 
sueltos a evitar en cuanto fuese posible todo rom- 
pimiento. El cacique vino a esta corbeta, y poco des- 
pués se le hizo saber el robo; arengó a los naturales, 
y el candado que ya estaba en tierra, fue restituido 
a bordo en pocos minutos. El ansia con que nuestra 
gente compraba los objetos más viles por sola la 
circunstancia de pertenecer a los naturales, abría 
cada momento nuevo ramo de comercio; además 
del pescado traían sus útiles de pesca, sus muebles 
domésticos, sus armas y otras obras de manufactura 
propia, destinadas a la vista o al adorno, todo lo 
cual permutaban por ropa vieja, clavos, botones y 
otros artículos semejantes y de un precio inestima- 
ble para ellos. Observamos que cuando convenían 



[48] 



DIARIO DE VIAJE 



en una permuta, cantaban todos; ceremonia que ex- 
cusaron pocas veces, y con la que dan solemnidad a 
sus tratos. 

El cacique que había estado toda la mañana a 
bordo pasó por la tarde a la Descubierta, donde 
D. Tomás Suna, sacó su retrato con bastante exac- 
titud; al enseñárselo se mostró tan complacido, que 
instó con vehemencia le pintasen con un morrión, 
que en un combate sangriento había ganado a otro 
caudillo enemigo. 

El 29 por la mañana salieron las dos lanchas a 
las órdenes del Teniente de Navio D. Antonio Tova, 
quien habiendo tenido la fortuna de encontrar cerca 
de la poza del día anterior, y como a un tercio de 
cable de la playa, un arroyo de agua buena y abun- 
dante, pudo estar de regreso a bordo para las dos de 
la tarde. Repitióse este trabajo en los días sucesivos, 
alternando los oficiales por antigüedad, y llevando 
para su seguridad un sargento y seis soldados arma- 
dos, además de los correspondientes a las esquifazo- 
nes, cuya precaución se consideró suficiente, respecto 
a que pocos naturales se separaban de las corbetas. 

No bastaron todas las precauciones, para que en 
la misma mañana robasen los naturales dos pasa- 
dores de hierro, que estaban colgados en el estay de 
mesana; y el cacique a quien se avisó de esta no- 
vedad, empleó sin utilidad su autoridad y elocuencia; 
con estemojavo se- llevaron a la playa inmediata- 
mente áffellntes ramos de comercio, para que allí se 
hiciesen los cambios. Acudieron al principio muchos 
indios, pero luego volvieron a las corbetas donde te- 
nían alguna más facilidad, en robar mayor ganancia 
con los marineros, y mayor diversión con el mismo 
bullicio; aunque no se consiguió el afán propuesto, 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



se estableció sin oposición la tienda de campaña con 
lo que se le dio principio al arreglo de los relojes, 
teniendo todos los días la pensión de embarcar los. 
instrumentos. 

Hicieron mil solicitudes para subir a la Atrevida, 
y tal vez con el designio de conseguir esta gracia, 
nos dieron vanos conciertos vocales. El maestro de 
capilla daba el compás con un canalete y entonaba 
sus solos cantando después en coro, y ajustándose 
de un modo admirable, en el final de cada estrofa 
esforzaban la voz, deprimían el cuerpo, pisaban con 
esfuerzo el suelo, sin omitir todos aquellos gestos 
que suelen pintar la furia y el enojo. Yo no sé 
si se pueden juzgar de una obra musical sin grandes 
conocimientos del arte, pero sí, se puede asegurar, 
que las canciones de los mulgraveses agradaban a 
todos; sin embargo su música, aunque la empleaban 
para pedir o denotar la pa2, se resiente del carácter 
salvaje, y es más propia para avivar las pasiones 
marciales, que para excitar los sentimientos dulces y 
tiernos. Nuestros músicos se retiraron al ponerse el 
sol sin haber subido a bordo, pero ricos con nuestros 
presentes y satisfechos de nuestra conducta apacible. 

Día 30. — Parece que esperaban con impaciencia 
la primera luz del sol, para visitarnos; llegaron a 
bordo con nuevos efectos, y tan gran cantidad de 
salmones, que los comandantes determinaron darles 
de ración a la gente. Un botón, un pequeño clavo, 
etc., era el precio de uno de estos pescados exquisi- 
tos del peso de seis a siete libras, que en la Europa 
se miran como un ornamento de las mesas suntuosas, 
¡y en el puerto de Mulgrave llegaron a ser desde- 
ñados de los propios marineros. El cacique ensayó 



[50] 



DIARIO DE VIAJE 



otros géneros de comercio con poca fortuna; creímos 
al principio, que sólo se prostituían las mujeres de 
una ínfima clase, pero conociendo pronto, que la 
menos complaciente de la familia real hubiera ven- 
dido sus últimos favores por corto interés, las ór- 
denes para contener los abusos de esta clase fueron 
estrechísimas, y podemos asegurar, que correspon- 
dieron exactamente a su objeto. 

Por la tarde y sobre una clara, apareció el monte 
de San Elias, visto la primera vez por el Comodoro 
Behring en 1741; según nuestras observaciones, tiene 
2.792 toezas de elevación; en el sentido vertical 
(887 más que el pico de Tenerife), y visto de cua- 
renta y una leguas, debe aparecer bajo un ángulo de 
medio minuto. 

A poco rato empezó a despejar por toda la circun- 
ferencia del puerto, dejándose a la sazón ver lo in- 
terior de la costa, desde el SE. al N.E. y N.O. del 
fondeadero, todas tierras muy elevadas y casi cubier- 
tas de nieve; después fue apareciéndose el vértice del 
gran monte de San Elias, que marcamos al ángulo de 
42°30' en el cuarto cuadrante, con cuya marcación y 
la diferencia en latitud inferimos su distancia de vein- 
ticuatro dos tercios leguas, A proporción que tomaba 
mayor fuerza el viento del N.O. y que el sol camina- 
ba a su ocaso, se apartaba la celajería de aquella her- 
mosa y corpulenta montaña, que unida a toda la de- 
más tierra, ofrecía una perspectiva interesante y un 
aspecto^ áfgfhb de una imaginación poética; las nubes 
entremezcladas con diferentes coloridos, caminaban 
paulatinamente a oscurecer la parte opuesta, para 
realzar más y más las tierras vestidas de nieve, en- 
tonces ya despejadas de un todo. No se hacía menos 
interesante a las diez de la noche, cuando sólo la 



[51] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



luz del crepúsculo y la de la luna prestaban sus 
auxilios , para que no careciésemos de aquella vista 
extraña y rara. Desde la agigantada montaña de 
San Elias de un grosor extraordinario, se dejaban 
ver hacia el septentrión y al oriente una cordillera 
de montes, que se unían a los del Buen Tiempo; la 
parte baja de aquélla se presentaba oscura, y con el 
mismo carácter que la circunsferencia del surgidero, 
cubierta de pinos, algunos otros árboles y arbustos, 
hacia la parre S.O, se dejaba ver entre ramas la ran- 
chería de los naturales, sembrada la playa inmediata 
de piraguas y canoas, interpuestas a un cielo claro, 
a un horizonte purpurado que iluminaba aquella 
campiña por su parte occidental; y a la opuesta mu- 
chas embarcaciones, dentro de las cuales se admi- 
raba la naturaleza, tributándole sus justos homenajes, 
ínterin los moradores en el mayor letargo, no apre- 
ciaban sus dádivas y grandezas 

La noticia de nuestra llegada se difundió pronto 
por las inmediaciones de Mulgrave; a las siete de la 
mañana avisó un centinela (que los naturales dejan 
todas las noches a la entrada del puerto) la proxi- 
midad de dos canoas extrañas. Toda la república pa- 
reció conmoverse con la noticia, y el cacique después 
de arengar al pueblo, o para exhortarlo a defender- 
se de sus enemigos, o para dirigir su conducta con 
los nuevos huéspedes, suplicó que uno de nuestros 
soldados tirase un fusilazo; se hizo así, y los natu- 
rales que conducían las canoas respondiera» a. la ex- 
plosión del fusil con una canción, que siendo como 
tenemos dicho una' señal pacífica, restituyó a los 
mulgraveses en su primera tranquilidad. Las canoas 
se dirigían a las corbetas, pero avisándoles el ca- 
cique que el jefe de los extranjeros estaba en tierra, 



[52 j 



DIARIO DE VIAJE 



arribaron sobre la playa inmediata al observatorio» 
Las dos eran de una propia capacidad y contendrían 
cincuenta hombres; en el centro de la primera que 
tomó tierra venía un personaje» cuyo aspecto grave 
nos pareció anunciar su autoridad, y nos convencimos 
de ello cuando vimos arrojarse al mar dos indios, 
que sacaron al augusto príncipe, el cual fue al ins- 
tante presentado por el cacique mulgravés, a D. 
Alejandro Maiaspina. A estas canoas sucedieron otras 
en los días sucesivos, atraídas por nuestros clavos y 
cascabeles, antes que por la curiosidad de ver nues- 
tras embarcaciones, y muchos objetos que les eran 
absolutamente desconocidos; todo lo miraban con 
una indolente indiferencia, siendo para ellos lo mis- 
mo una embarcación grande, que una pequeña canoa. 

Inmediato al observatorio había un sitio de dos 
varas en cuadro, cubierto de piedras, y en el que 
según nos informo el cacique, sólo se enterraban los 
niños de su familia y los hijos de otro indio que le 
acompañaba siempre, y al parecer hacía los oficios de 
Ministro de Estado. A la distancia de tres varas es- 
taba otra porción de piedras que cubrían, el cadáver 
de un guerrero, el cual lograba este honor por haber 
muerto valerosamente en el último encuentro que 
tuvieron con sus enemigos. 

Al día siguiente salió D Alejandro Maiaspina 
con el pintor Suria, al río situado en el canal de la 
entrada, a examina* el lugar de los sepulcros de que 
habla tf*tíápitán Dixon; sacóse una vista de aquel 
edificio, y sin repugnancia de los naturales que se 
acercaron cuando llegó nuestro bote, y a quienes se 
hicieron algunos regalos, y se consiguió embarcar 
una de las cajas del sepulcro antiguo. Estaba ésta 
adornada por fuera con caracoles, y dentro había 



[53] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



otra menor, en la cual se hallaban envueltos en una 
especie de esportilla algunos huesos calcinados, y en 
gran parte pulverizados. Pudo comprenderse por los 
naturales, ser éstos los sepulcros destinados única- 
mente para la familia reinante, no quedando duda 
de la combustión de los cadáveres alrededor del fi- 
gurón, que representa la vista con la mayor pro- 
piedad. 

Julto 2. — El 2 salió D. Alejandro Malaspina 
acompañado del Teniente de Navio D. Antonio 
Tova, con las lanchas de ambas corbetas, competen- 
temente esquifadas para reconocer el abra visto la 
mañana del 27 de junio, y las otras embarcaciones 
menores continuaron haciendo la aguada, y se dio 
principio al corte de la leña. El oficial que presidía 
constantemente estos trabajos, aseguraba su acele- 
ración al propio tiempo que precavía los desordenes 
de nuestros marineros; pero los naturales a quienes 
dio osadía la suavidad cíe nuestra conducta, se aban- 
donaron a todo género de excesos, cuando juzgaron 
enflaquecidas nuestras fuerzas con la ausencia de las 
lanchas, No bastó el orden establecido en el corte de 
la leña por D. Cayetano Valdés, para impedir que 
un indio robase la ropa de un marinero; a este in- 
sulto tolerado hubiera sucedido verosímilmente otro 
mayor, pero D. José Bustamante hizo llamar el ca- 
cique, le reconvino por la conducta inicua de sus va- 
sallos, añadiendo que era necesario absolutamente la 
restitución de la ropa robada. El cacique disculpó a 
los suyos y atribuyendo el delito a las tribus foras- 
teras, se excusó de castigar al delincuente. El robo 
considerado por sí sólo era a la verdad una cosa 
poco importante, pero este robo sufrido disminuía la 



[54] 



DIARIO DE VIAJE 



opinión de nuestro poder y podía tener unas conse- 
cuéncias fatales; faltaba mucho para completar nues- 
tra aguada y leña; debían también continuar las ob- 
servaciones astronómicas, y nada de esto era practi- 
cable si no contásemos con la amistad, o por mejor 
decir, con el respeto a estos hombres. Comprendimos 
bien que la probidad les era de un todo desconocida 
y que solamente el miedo podía contenerlos dentro 
de los límites de la rafcón; en estas circunstancias, 
evitando los medios violentos convino D. José Bus- 
tamante en un partido propuesto al cacique, el cual 
convino gustosamente y al parecer era el que dictaba 
la prudencia, se prohibieron los cambios y esta deter- 
minación correspondió en parte a su objeto, porque 
hizo restituyesen la ropa robada, bien que no fue su- 
ficiente para contener el carácter belicoso de los na- 
turales. 

Día 3, — Como el día 3 no se les permitió atracar 
a las corbetas, cargaron todos sobre el lugar donde 
nuestra gente se ocupaba en cortar la leña, el que 
distaría como una media milla de la ranchería; uno 
de ellos quiso sin pretexto atropellar al centinela 
que custodiaba la ropa de los trabajadores, y se arro- 
jó con el puñal desnudo al Teniente de Navio D. 
José Robredo, que hubo de reprender su conducta. 
Este oficial no hubiera podido contenerlo, si otro in- 
dio interpuesto entre los dos, no embarazase los mal- 
vados designios de su compatriota. Poco después de 
este suceso llegó al mismo lugar el Comandante de 
esta corbeta con muchos de los oficiales, y todos se 
emplearon en tirar al blanco, para manifestar indirec- 
tamente a los naturales la terrible actividad de nues- 
tras armas destructoras, y la ventaja que tenían sobre 



[55] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



las suyas El mismo indio que poco antes había aten* 
tado contra Robredo, dispuso en seis dobleces una 
piel curtida, y colocándola en un lugar conveniente 
convido a tirarla. El Teniente de Navio E>, Griaco 
Cevallos, se apartó cincuenta pasos del objeto, y es- 
taba ya a punto de disparar, cuando el indio mandó 
suspender la prueba; cogió la piel, la sumergió seis 
u ocho veces en el agua, y estando humedecida a su 
satisfacción, volvió a ponerla en el mismo sitio; por 
felicidad la bala atravesó la piel por todos sus doble- 
ces, llevándose una parte del madero sobre que esta- 
ba, y 1qs indios quedaron convencidos de que ni la 
distancia ni el agua podían precaver los estragos del 
fuego abrasador de nuestros rayos. 

La prohibición de los cambios irritó a los muigra- 
veses a medida del valor que daban a nuestras baga- 
telas, de lo cual tuvimos pruebas tan positivas, como 
nos pudieron ser funestas D. José Bustamante con 
los oficiales Concha, Cevallos, Aliponzoni, el conta- 
dor Ezquerra, y yo, desembarcamos la tarde del mis- 
mo día 3 sobre la playa inmediata a la población 
de los indios, los cuales buscando ocasiones para rom- 
per, o con otro designio, que no concebimos, arreba* 
taron a un marinero de pocos años, y lo conducían 
ya a sus habitaciones, cuando fue advertido por mí; el 
indio dejó al marinero a nuestras voces, pero tirando 
del puñal corrió hacia el Comandante con ánimo re- 
suelto de herirlo, y lo hubiera verificado si cuatro o 
cinco escopetas prontas a disparar no lo cOrftuviesen; 
gritó entonces a los suyos, y en el momento fuimos 
rodeados de naturales {todos con el puñal en la 
mano) que cerrando el paso a todas partes, apenas 
dejaban el espacio preciso para manejar nuestras 
escopetas; estas armas eran a la verdad un recurso 



[56] 



DIARIO DE VIAJE 



demasiado débil, porque una vez disparadas no se 
hubiera podido volver a cargar antes de ser atrope- 
llados por la multitud. En estas circunstancias críti- 
cas apareció por fortuna el cacique, el cual no dio 
providencia para contener a los sediciosos, o por no 
comprometer su autoridad, o porque procedió tam- 
bién de mala fe, pero su presencia nos facilitó tomar 
la ribera. Nuestro primer cuidado fue poner a nado 
el bote cuyo esquife consistía en cuatro hombres 
indefensos, y ganando después un sitio libre donde 
las armas de fuego se pudieran manejar con utilidad, 
permaneciendo en tierra más de una hora, para ma- 
nifestar a los indios, que jamás podría intimidarnos 
su excesivo número, y porque una retirada hubiera 
desvanecido enteramente la opinión de nuestro po- 
der. Nada nos hubiera sido más fácil, que resarcir 
la que habíamos perdido, y vengar el insulto de esta 
tarde; pero considerando todo con una juiciosa se- 
renidad nos restituímos a bordo sin causar el menor 
daño, ni mandarlo hacer después. 

Este suceso nos hizo acordar el lamentable fin que 
tuvieron el Capitán Cook, en las islas de Sandwich, 
el Vizconde de Gangle, en la de los Navegantes, y 
otros muchos individuos de la desgraciada experien- 
cia del Conde de La Pérouse, sobre esta misma costa 
de América. Se avisó inmediatamente de todo lo 
sucedido en tierra a los oficiales de la Descubierta 
que estaban ja jembarcados en el bote, para ir a 
pasearse^^bomo era prudente regresaron a bordo, y 
en ambas corbetas se tomaron nuevas precauciones 
por si en lo sucesivo se repetían semejantes escenas. 
Poco después de la oración se acordonaron los indios 
por la ribera y entonaron diversas canciones, para 
pedir la paz repitiendo en ellas varias veces las pa- 



[57] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



labras ''atrevida y descubierta' imitando el pase nues- 
tro de la palabra. El mismo cacique vino a bordo 
el día siguiente muy temprano con la propia soli- 
citud trayendo en prueba de sus deseos, e intencio- 
nes el resto de la ropa robada, y así que se cedió por 
nuestra parte a la paz, se rodearon las corbetas de 
canoas, y volvieron los cambios con la misma con- 
fianza que el primer día, y como si no hubiera dado 
motivo de sentimiento. 

El mismo día por la tarde se restituyeron a bordo 
el jefe de la expedición y D. Antonio Tova; llegaron 
a la boca del abra al mediodía del 2, y en aquella 
tarde y mañana siguiente sacaron el plano del puer- 
to; se internaron hasta encontrar por todas partes 
bancos de nieve, que obstruían el paso de las lanchas 
y convencidos de su poca utilidad, porque a menos 
de un tercio de cable de la playa no se encontraba 
fondo, se preparaban a regresar, cuando se notó la 
falta de un marinero de la Atrevida. Era éste 
el gaviero mayor Manuel Fernández el mismo que 
desertó en Acapulco, e indujo a otros a la deserción, 
quien deseando volver a adquirir la confianza del 
Comandante y oficiales había solicitado vivamente 
del contramaestre le incluyese en la esquifazón de 
la lancha; y penetrado del principal objeto de las 
corbetas en esta campaña, y el actual de las lanchas, 
se separó de sus compañeros, que estaban guisando 
«n tierra, y siguiendo la costa JE, del puerto llegó a 
un alto de donde pudo ver claramente que estaba 
cerrado por la cordillera de montañas. Reunido este 
marinero se retiraron las lanchas por el N. del fon- 
deadero, sacando la configuración y arrumbamiento 
de las islas, que lo resguardaban por esta parte. Al 
abra se llamó con propiedad puerto del Desengaño; 



[58] 



DIARIO DE VIAJE 



se observó allí la variación de 32°49' y la latitud de 

59°50\ 

Desde los últimos sucesos ocurridos con los natu- 
rales se procuró evitar su comunicación en tierra; 
pero nada era más importante que observar el esta- 
do, y marcha de los relojes marinos, cuyo cono- 
cimiento convenía para ratificar las longitudes de 
nuestra última campaña, y afianzar las seguridades 
de nuestras posiciones ulteriores; para llenar un ob- 
jeto de esta importancia se desembarcó el cuarto de 
círculo, pero el oficial encargado este día de la ob- 
servación D. Juan Vernacci, avisó a las doce, que los 
naturales estaban inquietos, manifestando ideas de 
hostilizar. Las corbetas que se hallaban prolongadas 
con la playa, y a muy corta distancia, prepararon 
inmediatamente sus fuegos, y se dirigieron a tierra 
en los botes* D. Alejandro Malaspina, D. Cayetano 
Valdés y D. Juan de Concha con cuatro soldados 
bien armados. Estas fuerzas lejos de contener parece 
que irritaron más la ferocidad de los indios, no fal- 
tando uno que recurriendo a su arrojo favorito ti- 
rase del cuchillo, y se presentase con desenfado de- 
lante de D. Cayetano Valdés, que tenía su escopeta 
con la bayoneta armada y a vista de ocho a diez ar- 
mas de fuego. A este tiempo, y a solicitud de D. 
Alejandro Malaspina se tiró en la Atrevida un 
cañonazo, cuya explosión nueva para lo6 naturales 
los atemorizó algún tentó, pero cuando conocieron 
que el jesewgo no había correspondido al estruendo, 
insistieron en sus ideas de atacar, y desfilaron mu- 
chos al abrigo de los árboles armados de lanzas, y 
con designio a lo que pareció de doblar y sorpren- 
dernos por las espaldas. Sin embargo de todo se 
logró embarcar los instrumentos, y todos nos resti- 



[59] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



tuímos a bordo con felicidad y sin haber causado ni 
sufrido el menor daño. D. Ciríaco Cevallos que es- 
taba en la aguada con ocho soldados, no pudiendo 
determinar el verdadero motivo del cañonazo aceleró 
sus movimientos y se restituyó a bordo con la lancha 
y bombos, a las dos de la tarde. Los naturales cuyo 
carácter variable no se puede- comparar con nada, 
cantaron sobre la playa la paz, y pidiendo al cacique 
ofrecieron unos calzones que faltaban desde los pri- 
meros días. Cuando empezó el alboroto se dejó ir a 
tierra todas las canoas que estaban al costado de las 
corbetas, reteniendo en ésta a sólo el cacique y un 
hijo suyo; instaba aquél a que se le permitiese bajar a 
tierra para sosegar a los suyos, los cuales le inducían 
desde allí a que se salvase a nado, pero conociendo 
la imposibilidad de ambas cosas, dirigió sus súplicas, 
a que no se hiciese las punterías sobre la ranchería 
donde estaban sus mujeres e hijos, y otras veces con 
toda la elocuencia y fervor que exigían su situación, 
exhortaba a los naturales depusiesen las armas. Su hijo 
echó mano al cuchillo cuando se tiró el cañonazo, y 
aunque se le amarró entonces» no quizo acompañar 
a su padre, a quien luego que estuvo Cevallos a 
bordo se dejó en entera libertad, de la que se apro- 
vechó para bajar a tierra, donde fue recibido con 
mil demostraciones de alegría, y "tomando los cal- 
zones se presentó con ellos en la Descubierta a 
pedir la paz, que concedida por D. Alejandro Ma- 
laspina y comunicada por él al pueblo, vivieron en 
el mismo instante los cambios con la mayor armonía 
y amistad. 

Completa nuestra provisión de agua y leña, he- 
chas las experiencias del péndulo simple, arreglado 
el movimiento de los relojes, y levantado el plano 



[60] 



DIARIO DE VIAJE 



del puerto no había ya motivo para demorarnos por 
más tiempo; así desde las siete de la tarde se empezó 
la faena de anclas, y conociendo los naturales que 
se aproximaba nuestra partida, se apresuraron en los 
cambios, en términos de deshacerse muchos de las 
mismas pieles con que se cubrían. Como ellos pre- 
ferían la ropa a los demás renglones que presentá- 
bamos, incluso el hierro, nuestros marineros ven- 
dieron gran parte de sus equipajes, y aún algunos 
de la plana mayor dieron algunos vestidos, que no 
tenían ya uso en tierra, o no podían servir en la 
campaña venidera, lo que en poco tiempo trans- 
formó casi enteramente a los naturales, siendo fácil 
confundirlos con nuestros marineros filipinos» Otros 
se veían con uniformes completos, y algunos con ca- 
sacas de paño fino abotonadas por el pecho como 
nosotros, y desnudo lo restante del cuerpo. 

A las ocho de la tarde estando la marea a medio 
vaciar, dimos la vela con el viento al O.NXX flojo; 
entonces fue el momento en que los naturales redo- 
blaron toda su arte para vender los últimos restos, y 
también en el que se procuró manifestar nuestra amis- 
tad, y generosa conducta a muchos de ellos, lo cual 
dio lugar en la Descubierta a una escena intere- 
sante: el primer cirujano D. Francisco Flores, dio 
algunas frioleras a una joven india que tenía en los 
brazos un niño de pecho, la cual iba a dar en pago 
un pedazo de ^pigL pero cuando se le manifestó que 
era un ^BgtfS" '3estinado al niño, esta madre tierna 
doblando su expresión y poniéndola sobre la cabeza 
del hijo, se la envió a Flores como en nombre suyo» 
A estos primeros regalos siguieron por una parte y 
otra varios otros, y no sabemos hasta donde hubiera 
llegado la generosidad de la india, que quería com- 



[61] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



petir en ella con nuestro físico, si estando ya sobre 
la punta del observatorio y separándose las canoas, 
no se hubiese visto precisada a seguir a sus compa- 
triotas; manifestó con sus brazos su amistad, y la 
manifestaron también los naturales, repitiendo las 
voces de Atrevida y Descubierta; los del puerto 
mulgravés se dirigieron a sus respectivas rancherías 
y los forasteros a doblar el cabo Muñoz. 

Así después de una mansión corta, pero fecunda 
en sucesos interesantes, abandonamos estos lugares 
rústicos, con la dulce complacencia de no haber pro- 
curado el perjuicio más leve a* sus moradores. Re- 
cibieron siempre con usura el precio de sus ba- 
gatelas; respetamos sus costumbres, en cuanto se pu- 
dieron conocer; sufrimos sus robos, su mala fe, y sus 
insultos, y lo que es más, sofocando los sentimientos 
que naturalmente inspira el amor a la propia con- 
servación, comprometimos muchas veces nuestras vi- 
das para evitar la efusión' de sangre. Esta conducta 
conforme al carácter benéfico, y humano de los es- 
pañoles, confundirán algún día a cierta clase de es- 
critores, que han tenido por oficio el denigrar a una 
nación ilustre y respetable, y que a pesar de sus ri- 
diculas y extravagantes declaraciones ocupará siem- 
pre un lugar distinguido en los fastos del universo. 

La estatura de los tejuneses (nombre con que se 
conocen los habitantes del puerto Mulgrave según 
nuestros últimos informes) es por lo menos igual 
a la de los españoles, y son fornidos a^proporción, 
si se exceptúan los muslos y las piernas, donde la 
musculación no es tan vigorosa como en el resto del 
cuerpo. Tienen la cara por lo común redonda, la 
boca grande, los dientes regulares, y unidos, la nariz 
ancha y los ojos pequeños pero negros, y brillantes; 



[62] 



DIARIO DE VIAJE 



el pelo que traen ordinariamente cogido con un 
cordón hacia el vértice de la cabeza, o suelto sobre 
la espalda, es lacio, áspero; en algunos parece pardo, 
cuyo color resulta de la combinación del negro, que 
es su color natural con el de algunas materias, que 
lo impregnan, pareciendo este uso, privativo de 
la gente distinguida o provecta. Son comunes los 
hombres de veinticinco a treinta años sin la 
menor apariencia de barba, cuando los que pasan de 
la edad media la tienen poblada y crecida; no se 
puede atribuir esta transformación repentina a la 
naturaleza, la cual observa en todas sus obras una 
graduación regular, siendo de creer que la arrancan 
hasta cierto tiempo de la vida, y la dejan crecer, 
cuando la autoridad lo exige, o cuando las preten- 
siones de la hermosura cesan. Los tejuneses, según 
la práctica ordinaria de todos los salvajes, se pintan 
de encarnado, negro y otros colores, con que aumen- 
tan la deformidad natural de sus colores; hicimos 
que algunos se lavasen para asegurarnos de su ver- 
dadero color, que por la cara es tan blanco como el 
de los pueblos meridionales de Europa, y mucho 
más oscuro por el cuerpo; esta diferencia es tan rara 
como difícil de explicar. La pintura cuyo uso es in- 
moderado y continuo, preserva tal vez la cara de los 
rigores de los vientos y del sol, a que los mulgra- 
veses están continuamente expuestos. 

Las facciones 4 e ^ mujeres son tan groseras co- 
mo las do* lé^&ombres, no habiendo nada más fácil 
que el confundir los dos sexos, los cuales tampoco 
se distinguen por la forma particular del vestido. El 
de uno y otro consiste en una túnica de pieles curtidas, 
o naturales, que suelen adornar con su esclavina, y 
una guarnición del mismo género por la parte infe- 



[63] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



rior; sobre esta túnica ponen otra capa de pieles que 
sujetan con cordones por el pecho, dejando libre el 
uso de los brazos. Entre todos los usos, que ha intro- 
ducido el capricho y la extravagancia cíe las mujeres, 
y su deseo de parecer bien, ninguno más singular, que 
uno propio de las tejunesas. Se hacen una incisión 
debajo del labio inferior paralelamente a la boca, y 
de su propia longitud y en ella colocan una pieza 
de madera de forma elíptica, y cuyo largo no bajará 
de dos pulgadas sobre una de ancho; esta pieza es 
cóncava por ambas caras, y tiene en toda su circuns- 
ferencia una media caña donde encaja, y se afianza 
el labio; una vez puesta toma por su propio peso 
una situación horizontal, y forzando a que el labio se 
separe de la boca deja descubiertos todos los dientes 
de la mandíbula inferior. No se puede concebir jus- 
tamente cuánto desfiguraba el rostro de estas mujeres 
un adorno que añadiría mil gracias a los ojos de los 
tejuneses; tan distintas son las opiniones de los hom- 
bres sobre lo hermoso como justa la opinión de Mr. 
Buffon, en que el gusto es pura convención. 

Después de los hechos referidos antes, y otros va- 
rios no es dudable, que reside en el cacique el mando 
supremo, y que esta dignidad es hereditaria en su 
familia; notamos también otras autoridades subalter- 
nas, pudiendo asegurar que la desigualdad de condi- 
ciones tan contrario al estado sencillo, y primitivo 
de la naturaleza estaba introducida entre los mulgra- 
veses; pero esta diferencia de autoridad no puede pro- 
venir de la diferencia de fortunas entre unos hombres 
cuyas necesidades son tan limitadas, y los medios de 
satisfacerlas igualmente fáciles. Los tejuneses por una 
consecuencia natural de su género de vida debían ser 
errantes, pero una vez establecidos donde la caza y la 



[64] 



DIARIO DE VIAJE 



pesca proveen abundantemente a sus subsistencias 
hacen en estos lugares su residencia fija; la necesi- 
dad no Ies ha obligado a invadir los territorios aje- 
nos, pero han tenido que defender los propios, y esta 
precisión los ha hecho guerreros. Sus costumbres, su 
música, sus bailes, todo se resiente del carácter béli- 
co, y de nada son tan celosos como de su reputación 
militar. Nos contaban con entusiasmo sus batallas, 
nos enseñaban sus heridas, llenándose de furor, cuan- 
do les insinuábamos la preferencia de nuestras armas 
sobre las suyas; entre las muchas de que se valen en 
las guerras tanto ofensivas como defensivas, las prin- 
cipales son la -lanza, la flecha y el cuchillo, el cual 
es de un uso común entre ellos; lo traen ordinaria- 
mente colgado de un tahalí, y en la acción lo sujetan 
con una fuerte correa a la muñeca, y pierden antes 
ía vida, que esta terrible arma. Estos cuchillos cuya 
longitud ordinaria no pasará de un pie son de fábrica 
propia, y nuestras conjeturas sobre el modo cómo los 
tejuneses adquieren el hierro, han sido muy diversas; 
el Capitán Dixon que fue el primero, y a quien inme- 
diatamente hemos sucedido en el descubrimiento del 
puerto Mulgrave, no pudo surtir tan abundantemen- 
te de este metal, y la perfección con que lo trabajan 
prueba que su uso es de una época muy antigua; no 
siendo inveimu^ que se produzca en las tierras del 
cgntiiíea#' inmediatas a estas islas. 



[65] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



SALIDA DEL PUERTO MULGRAVE 

Ya sin esperanzas de añadir algunas observacio- 
nes importantes a las hechas, resolvió el Comandan- 
te dar U vela; en consecuencia a las seis por señal 
anterior de la corbeta comandanta se empezó la faena 
de anclas, y a las ocho con sólo el auxilio de los re- 
molques de lancha, y bote doblamos la punta de Tor- 
newr, en cuya posición entablándose una ventolina 
por el O, casamos las gavias, y sucesivamente se ma- 
reó toda vela menuda. Así continuamos sobre bordos, 
haciendo los mayores esfuerzos para franquear la bo- 
ca del puerto que hubiéramos conseguido en breve, 
si la suerte no nos hubiera tenido reservado un con- 
trario accidente que hi2o aún mas interesante nues- 
tra estada en estos lugares. La Descubierta ya 
cerca de la costa del S. intentó virar por delante; a 
la sazón empezaba a entrar la marea, y aunque en 
las actuales circunstancias fuese esta una causa con- 
traria; sin embargo, la proporcionada salida del bu- 
que, sus buenas y excelentes propiedades, la confian- 
za del mucho braceaje en aquellas orillas, y las buenas 
apariencias del tiempo enseñaron sin duda a aquel 
Comandante persistiendo en la misma idea, que des- 
vaneció la varada de la corbeta. Inmediatamente 
dispuso todas las maniobras correspondientes a aquel 
objeto, y de esta corbeta se le auxilió con el bote, 
pero ya entonces estaba a flote, y sin que padeciese 
otro daño por aquella causa que la falta de la con- 
trazapata; esta novedad, la marea contraria, y el pro- 
curar algún descanso a nuestras gentes, hicieton nos 
demorásemos al ancla, hasta la marea entrante, que 



[66] 



DIARIO DE VIAJE 



sucedió a las tres de la mañana, a cuya hora levamos 
el ancla, y dada la vela con viento del O.NO. bo- 
nancible, se montó a las siete y media la punta de Ca- 
res, de la que sale una restinga cuya extensión será de 
tres a cuatro cables. Al mediodía situados en latitud 
59°24' y en longitud de 134°T4y marcando el 
puerto Mulgrave al N.N.E. 3 o E. el del Desengaño 
al N. 2 o E. y la punta occidental de la bahía del Al- 
mirantazgo N. 68° O. 

El tiempo se mantuvo bastante despejado para dis- 
tinguir bien toda la bahía del Almirantazgo hasta 
punta de Barrientes, y en toda esta extensión sólo se 
percibió un abra o quebrada como al N* de ella, pero 
no su fondo por la mucha distancia a que nos hallá- 
bamos. Se cerraron en la tarde los horizontes y man- 
teniéndose el viento del O.N.O. al O.S.O., fresquito 
se dieron diferentes 'bordos, prefiriendo siempre el 
que más nos aproximaba al O. para ganar cuanto 
antes el Príncipe Guillermo, pues según nuestras 
propias experiencias no podríamos hacer con exacti- 
tud el reconocimiento de estas costas, sino con los 
vientos del cuarto cuadrante que son los únicos cla- 
ros y manejables. 

Empezó a aclarar en la mañana del 7 y después 
del mediodía, estando a dos y media leguas de tierra 
se sondaron sesenta y ocho brazas lama aplomada, y 
se marcó al N. 34° E. El abra vista en el día ante- 
rior, cuya dy;ec$*ón nos pareció para el N.O. termi- 
nando en 1a cordillera, que algo internaba, sigue para 
el O. hasta el monte de San Elias, y por el E. hasta 
el puerto del Desengaño; desde la punta de Barrien- 
tos seguía la costa igual, y baja por una extensión 
de ocho a diez leguas sobre dos o tres de fondo. 



[67] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Día 9. - — Viramos a la una de la tarde con la 
proa al S. y se siguió este bordo hasta las diez de la 
mañana del 8 en que se tomó el del N. para aproxi- 
marnos a la costa la que no se pudo avistar en todo 
el día por la cerrazón y continua llovizna. Los hori- 
zontes se achubascaron poco después, calmó algo el 
viento por lo que sospechando una pronta revolución 
de tiempo, reviramos a las siete con proa al S.O.; así 
sucedió, el viento roló en la noche por el tercero al 
segundo cuadrante y entablado en la mañana del 9 
por el E. fresquito se gobernó al O.S.O. A las nueve y 
media nos dijo a la voz el Comandante de la expedi- 
ción que respecto a no poderse hacer reconocimiento 
alguno por la cerrazón, había determinado ir en dere- 
chura al Príncipe Guillermo, y de paso examinar si 
existía o no, el bajo Pamplona, que creyeron ver en 
esta inmediación los comandantes Arteaga y Cuadra, 
para lo cual convendría que desde mediodía nos colo- 
cásemos a una legua de distancia por su través; a 
esta hora estábamos por observación en la latitud de 
59°25' y en la longitud de'l37°4'45" 

Aclaró por algún tiempo a las dos de la tarde, y 
avistada la tierra gobernamos al O. rumbo a que pró- 
ximamente nos debía demorar la bahía de Contralor, 
a las ocho despejaron los horizontes y se marcó el 
Monte, que está al NE. del cabo Suclín (o Chu- 
pador) al N. 66° O. y el extremo S. de la isla Kayes 
al S, 59° O. distancia de siete a ocho leguas» En 
esta situación se presentaba esta íste tfcadida por 
mitad, y la parte S. mucho más alta, escarpada, e 
igual en su superficie superior que la del N.; al E, del 
Monte seguía un trozo de costa como de dos a tres 
leguas mucho más abajo que él, y regularmente 
frondoso, y para el S.O. tenía una pendiente suave 



[68] 



diario dé viaje 



hasta rematar eci el cabo, que siendo algo bajo es di- 
fícil avistarlo a más de cinco a seis leguas 

Día 10. — Aprovechamos el viento que estaba 
menos fresco para aproximarnos con la proa al N.O. 
a la bahía de Contralor, y a las diez y media por 38 
brazas fondo lama nos demoraban los extremos de 
la isla Kayes al O, 21° S. y S. 34° O, y el cabo Chu- 
pador al N. 54° O. distancia de cinco millas. Los 
carices estaban de buen semblante, y los horizontes 
regularmente despejados permitían distinguir parte 
de la bahía y el faralloncito que tiene en medio de la 
entrada; pero como no había noticia alguna de este 
fondeadero, ni tiempo suficiente para examinarlo de 
día, pareció conveniente esperar al pairo de la ma- 
ñana siguiente. Muy poco después empeoraron los 
carices, el viento vino a ser mucho más fresco y 
aturbonado con gruesa mar, y la cerrazón continua 
y lluvia, apenas permitían ver alguna otra vez la 
tierra; en esta disposición se tomó a las doce el par- 
tido de marear con fuerza de vela en vuelta del S. 
Ya S,E., pues que en caso de llamarse el viento hacia 
esta parte, nos hallábamos empeñados con la isla y 
la tierra firme, debiendo mirar como último recurso 
entrar forzados en la bahía del Contralor, sin segu- 
ridad de hallar abrigo a buen fondo. 

Arribamos a la una de la mañana al S.S.O. y a 
las dos al Q.S.Q. corteando la isla Kayes a la dis- 
tancia ídr : 'dbs Teguas con el mayor cuidado, para 
examinar la posición del bajo Maipelo, que nuestras 
cartas de San Blas ponen al N.E. E. del extremo 
S. de aquella isla, a distancia de dos millas. A las tres 
y media nos demoraba la isla al N. V O. goberna- 
mos al O. para reconocer algún pedazo de costa antes 



[691 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



de la entrada del Príncipe Guillermo. A las diez algo 
despejados los horizontes se distinguieron bien algu- 
nas quebradas al E. de la ensenada de Menéndez, 
prolijamente reconocidas por nuestros pilotos de San 
Blás; a las once y media arribamos al S.O. y cos- 
teamos la parte S. de la isla de la Magdalena al N. 
28° E., la punta S. de la isla Montagú al O. 5 o N., 
la isla Triste al S. 30° O. y el cabo Hinchmgbroke 
al N. 8 o O. distancia un tercio de milla, estando por 
observación en latitud de 59°55' y en la longitud de 
140°50'00". 

Así que rebasamos el cabo Hinchingbroke, nota* 
mos por la proa que era al N.O. una agitación en el 
agua, mayor de la que podía ocasionar la marejada, 
a la sazón bastante gruesa, y que pareciéndonos un 
bajo obstruía un poco a la entrada» Los capitanes 
Cook y Dixon no habían visto la isla Triste, y esta 
circunstancia nos hizo sospechar por algún tiempo 
si estaríamos a la boca de Ja entrada de Menéndez; 
ciñóse inmediatamente con proa al S. hasta que des- 
pejados los horizontes y cerciorados de nuestra ver- 
dadera posición atracamos de nuevo al cabo Hin- 
chingbroke, y desde éste al de la Posesión, y sonda- 
mos varias veces de 20 a 25 brazas a un cable de 
tierra. Hízose desde este momento todos los esfuer- 
zos para ganar sobre bordos el fondeadero del puerto 
de Santiago que demoraba al E. casi en la misma di- 
rección del viento; el bordo del N. se prolongaba 
hasta los bajos de los Negrillos, y el del S* hasta 
muy cerca de la playa, pero uno y otro con toda 
poca ventaja, porque el viento variable y a fugadas, 
no permitía más aparejo que trinquete y gavias, y 
aún éstas arriadas algunas veces. Una de estas fuga- 
das cogiendo en facha a la Descubierta, rompió por 



[70] 



DIARIO DE VIAJE 



la cruz la verga del velacho, con lo que fue preciso 
seguir el bordo del S.E. para componer las averías, 
después de recoger el bote que había salido a reco- 
nocer en la costa S. un sitio donde se pudiese fon- 
dear. A las tres había reemplazado la Descubierta 
su vela de velacho, e intentamos de nuevo ganar 
el fondeadero con alguna mayor probabilidad, por 
estar el viento más manejable, pero ya a las cuatro 
estaba otra vez muy fresco; y declarándose también 
contraria la corriente se desistió del empeño, y sólo 
se pensó en salir de la bahía, pasando al E. de la 
isla Triste; se dieron con este objeto varios bordos, 
en que no fue posible granjear barlovento, y a las 
diez fue preciso pasar a sotavento de la isla Triste 
y a no mucha distancia de la de Montagú, 

La isla Triste está al S. 40° O. del cabo Hin- 
chingbroke a distancia de siete millas, su extensión 
es de 1 l/ 2 cables, con una restinga que sale mediá 
milla para el E. En los tiempos oscuros en que es 
difícil avistarla, conviene atracarse a la isla 'de la 
Magdalena que es limpia, y dar fondo a medio cable 
de tierra entre los dos cabos Hinchingbroke y Pose- 
sión, al abrigo de los vientos del N.E. al S.E. con la 
precaución de no enfilar alguna cañada. 

Luego que pasamos al S. de la isla Triste, orza- 
mos al S.E. con las principales, para separarnos algo 
de la isla Montagú, hacia donde la corriente nos 
aconchaba conocidamente. El viento estaba fresca- 
chón ^anadiado desde el E.N.E. al N.E., el cariz 
aturbonado, los horizontes cerrados en agua, y la 
mar gruesa y encontrada del N.E. y S.E. que nos 
hacía dar fuertes cabezadas con las que faltó el 
capón del ancla de estribor, la cual se hubiera per- 
dido sin duda alguna, si pocos instantes antes no se 



[71] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



le hubiese dado una boza. A las cuatro de la mañana 
nos Considerábamos en el paralelo de la punta S. de 
la isla de Montagú, y franqueada por consiguiente, 
pudimos asegurar el aparejo tomando un rizo a las 
gavias y aferrando la sobremesana. 

Día 11. — ■ A las nueve se vio sobre una clara la 
isla que se perdió breve de vista por la cerrazón: 
desde la misma hora empezó a abonanzar el viento 
y ceder la mar, y virados a las once con proa al N. 
N.O., se volvió a avistar a las dos de la tarde al N. 
E. a distancia de seis a siete leguas, calmó poco des- 
pués, y a ésta le sucedió a las siete un fresquito 
viento del N.E. que volvió a calmar a medianoche. 
En todo este tiempo se siguió la vuelta del S.E. para 
mantenernos al S. de las islas de Montagú y Ga- 
icano, pero aclarando el 12 al amanecer se tomó el 
bordo del N. (y S. de Galeano.no sirve) con viento 
fresquito del E.NJ3. y al mediodía se marcaron los 
extremos N. y S, de Gaicano al N- 82° E. y al E. 
3° S., y la punta de Montagú al 82° O. sondando 
al mismo tiempo con 67 brazas. 

Día 13. — A las cuatro de la tarde demorando lo 
más S. de Montagú al S. 50° O. y el cabo Hinchin- 
gbroke al N.N.O. 5 o O. se sondó en 44 brazas, y a 
las siete aumentó a 70, estando a dos millas de la 
isla Triste; al mismo tiempo se tomó la mura a 
babor hasta medianoche, que considerándonos pró- 
ximos a la isla Galeano viramos con próár al «N-N.O. 
y reviramos a las cuatro de la mañana del 13 to- 
mando dos rizos que se largaron a las once para 
pasar al E. de esta isla, lo que se consiguió a las dos 
de la tarde. Al mediodía estábamos en latitud de 
59°34' y en la longitud de 140°42 , 15 > \ 



[72] 



DIARIO DE VIAJE 



Siguió el viento frescachón por el E, hasta la una 
de la marfana del 14 en que abonanzó sobre un 
aguacero, y se llamó sucesivamente al N.N>E. y N. 
con el cielo claro y los horizontes despejados. Vol- 
vió a refrescar en la tarde por el NJE. y después de 
haber virado a las doce con proa al N.O. se tomaron 
dos rizos, que se volvieron a largar a las seis para 
montar la isla Galeano, pero próximos a ella a las 
ocho y demorándonos al N. 40° O. viramos con 
proa al E, 

Día 15. — Estuvo el viento f tesqui to del N.E. al 
NJN.E. hasta las cuatro de la mañana del 15; cal- 
mó a esta hora, y a las ocho entró el viento por el 
O., aclararon los horizontes y cedió enteramente la 
mar; se gobernó al E. en demanda de la isla Kayes, 
y al mediodía por latitud de 5 9 o 17 ' 1/2 " y longitud 
de 139°55'45" se marcaron los extremos N. y S. 
de la isla Galeano al N. 22° O. y N. 49° O. 

Por el resultado de nuestras operaciones quedó si- 
tuada la punta S.O, de la isla Montagú, en latitud 
(digo en la longitud de 142 C 00'45 M y eft la latitud de 
59^47'), conforme con la observada por el Capitán 
Dixon en su inmediación y 11' al S. de la asignada 
por el Capitán Cook; y la medianía de la isla Galea- 
no en la latitud de 59°26' y en longitud de 140° 
2V4r. 

A la misma hora se acercó a la Descubierta una 
canoa forjad* efe Cuero, con dos indios que habían 
saltófr por la mañana de la isla Galeano, y a donde 
regresaron por la tarde, habiendo procurado per- 
suadirnos en el entretanto nos aproximásemos a ella 
por la parte S.O. Hacia esta corbeta se dirigió una 
piragua con catorce personas, que cesaron de bogar 



[73] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



por algún rato así que estuvieron cerca; después y a 
poca costa nos alcanzaron muy breve, aunque hubie- 
se marejada y llevásemos un andar de cuatro millas. 
Renovamos los signos de amistad, les instamos a que 
subiesen a bordo, ofreciéndoles todas aquellas mer- 
cancías que conceptuamos podrían interesar su cu- 
riosidad o su ambición; pero su contestación se re- 
ducía sólo a enseñarnos vanas pieles de nutria muy 
finas, las que podríamos comprar en gran número si 
fondeásemos en su isla, en el paraje indicado. Sus 
instancias a que nos dirigiésemos a aquel lugar, pare- 
ce ser una prueba bien evidente de que en ella han 
anclado embarcaciones europeas, o más bien, que tie- 
nen comercio con los del Príncipe Guillermo. 

Rebasada a las dos de la tarde la isla Galeano por 
la parte S , gobernamos al N.N.E. y después al N. 
con viento del S.O. regularmente fresco, con el fin 
de recalar al E. de la ensenada de Menéndez, desdé 
donde debían empezar nuestros reconocimientos con 
toda exactitud, y a las dos de la mañana del 16 avis- 
tamos al N.E. 5 o E. a corta distancia la isla Kayes, 
y en esta situación pasamos en calma algunas horas 
sin poder ver seguida la costa por la mucha cerra- 
zón. Entró a las ocho el viento por el S.O. bonan- 
cible, disipada la calima se distinguió claramente el 
espacio comprendido entre el cabo Sarmiento y la 
bahía del Contralor, Toda esta extensión es una serie 
de montañas elevadas, cubiertas de nieve desde la 
cúspide hasta la base formando diferentes cañadas y 
valles llenos de arboledas, que se terminaban en una 
playa seguida, menos hacia la medianía donde un 
abra que nos demoraba al N.N.E, tenía todas las 
apariencias de un puerto. 



1-74] 



4 

DIARIO DE VIAJE 



Al mediodía estábamos en latitud de 60°2' y en 
la longitud de 139°4l'; los extremos N.E. y S.O. de 
la isla Kayes, nos demoraban al N. 57° E. y S. 70° 
E. y la sonda señaló 65 brazas lama. Gobernamos al 
N.N.E. para reconocer el abra avistada y distante de 
ella a las dos como cuatro millas, se vio que a toda 
ella estaba antepuesta una playa seguida y anegadiza, 
terminando por el E. en una punta de arena que se 
llamó de Nodales, y tiene en su inmediación dos is- 
lotes negros muy visibles; al abra se puso el nom- 
bre del Valle de Cuesga. Desde la misma hora gon 
viento al O.S.O. bonancible se arribó al N.E. para 
costear toda la ensenada, navegando con gavias y 
juanetes por un fondo constante de 60 brazas hasta 
las cinco de la tarde, que casi de repente bajó a 12 
brazas arena, demorando lo más N. de las Dos Her- 
manas y Kayes al E. 5 o N. Se orzó al instante al E. 
para separarnos de la costa, en cuya inmediación se 
notaba un placer largo y la sonda fue disminuyendo 
sucesivamente hasta las siete y media que llegamos 
a 5 ^2 brazas lama, demorando la tierra baja del 
cabo Chupador al N. 80° E. y los extremos N.E. y 
S.O. de la isla Kayes al S. 86° E. y S. 12° E. 

Ya en esta situación fue fácil distinguir desde las 
cofas, que la isla de Kayes está unida a la costa fir- 
me por una lengua de tierra baja cubierta de arbo- 
leda y dispuesta de una forma casi semicircular. Se 
le pospoma tí cabo Chupador y el extremo N.E. de 
la períífl&ila, a la que según la disposición interior 
de la bahía, conceptuamos se hallaba unida la isla 
alta y escarpada llamada antes las Dos Hermanas, y 
a quien por esta razón se le puso el nombre de isla 
Dudosa; la península conservó el de Kayes, y la ba- 
hía en que nos hallábamos el del Contralor, como 



[75] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



había puesto el Capitán Cook; se llamó cabo Español 
a la punta S, de la península, y bahía de Burgos la 
que forma hacia el E. el cabo Chupador con la tierra 
escarpada y saliente de la península. 

Día 17. — Asegurados de no haber pasaje ceñi- 
mos con proa al S. y la sonda aumentó en breve a 
17 brazas lama, pero disminuyó a 6, cuando de otro 
bordo nos aproximamos al cabo Nodales a la dis- 
tancia de dos a tres millas. En la noche dieron dife- 
rentes bordos procurando aprovechar las pequeñas 
variaciones del viento que estuvo muy calmoso, y 
afirmado a las seis de la mañana del 17 se siguió 
la vuelta del S. hasta las once que rolando rápida- 
mente a esta parte viramos con proa al O. Al me- 
diodía se marcaron los extremos y S.O. de la 
península Kayes al N. 25° y S, 32° E. y por la 
observación estábamos en la latitud de 59°56' y en 
la longitud de 139°26'45'\ 

Día 18, — En la tarde pasó el viento por el S.E. 
al E. regularmente fresco y cerrados inmediatamente 
los horizontes fue preciso ceñir con la amura a ba- 
bor hasta las tres de la mañana del 18 que viramos 
con proa al E.N.E. para aproximarnos a la pe- 
nínsula; pero escaseándose otra vez el viento a las 
nueve se tomó el bordo del S, y se reviró a las once 
con proa al N,E. N. a cuyo rumbo nos demoraba 
el cabo Español, del que distábame* al mediodía 
seis leguas, siendo nuestra posición a esta hora en la 
latitud de 59°35' y en la longitud de 138 0 58'4V\ 

Día 20. — Inclinado el viento para el S. desde la 
una de la tarde, logramos a las cinco pasar a media 
legua al S. del islote inmediato al cabo Español; re- 



[76] 



DIARIO DE VIAJE 



conociendo al E. de él unas piedras que quizás son 
las que vio el Comandante Arteaga, y llamó bajo 
Malpelo, bien que colocado en otro arrumbamiento, 
y a mucha mayor distancia* En esta disposición no 
siendo posible seguir la vuelta del N.E. sin empe- 
ñarnos en la próxima noche con la misma península 
y tierra firme, se viró a las siete con proa al S. V4 
S.E. y a las nueve en que el viento se llamó al S.O., 
reviramos arribando al E. y desde el amanecer del 
19 en que se marcó el islote al N. 60° O. distancia 
dos leguas y media, gobernamos al N. para aproxi- 
marnos al cabo Chupador, y seguir desde él nues- 
tros reconocimientos si siguiesen aclarando los hori- 
zontes que empezaron a despejar al mismo tiempo. 
Nuestras esperanzas se frustraron breve; el viento 
pasó a las diez al segundo cuadrante y acompañado 
desde esta hora de una continua cerrazón y garúa 
espesa, fue nuestro único objeto mantenernos sobre 
bordos en el mismo sitio hasta el día siguiente que 
después de algunas horas de calma y mejorados los 
Carices arribamos al mediodía al N. con viento al 
E.S.E. bonancible. 

Día 21. — Cerca de las seis avistada la tierra al 
N.N.O. a la distancia de cuatro leguas y por fondo 
de 87 brazas lama, arribamos al S.O. para empren- 
der los reconocimientos desde la bahía del Contra- 
lor; pero cubierta a las nueve con rumazón paira- 
mos con la jBjaa-afcabor. La costa seguía para el O. 
baja y cütierta de arboleda terminando en una 
punta amogotada que creímos no muy distante del 
cabo Chupador. Toda la noche estuvo en calma con 
cerrazón y los horizontes sólo despejaron en la ma- 
ñana del 21 Con las primeras ventolinas del S.O. 



[77] 



FRANCISCO XAVIER DB VIANA 



Al mediodía estábamos en la latitud de 59°47' y en 
la longitud de 135°50'15" y el frontón S. de la pe- 
nínsula Kayes, se marcó al S. 63° O. 

Arribamos poco después al EJSÍ.E. y sucesivamen- 
te al NE. Va E. y N.E.; orzamos a las seis al E. Ya 
SE. y costeando la tierra a cuatro leguas por fondo 
de 65 a 70 brazas logramos marcar a las ocho la 
punta Verde al N. 49° E. Desde ella sigue bajando 
la costa para el O. hasta un valle de alguna exten- 
sión muy frondoso, cuya orilla nos pareció muy 
anegadiza; en su medianía y a seis leguas de la 
punta Verde se notó un abra como de río o puerto 
pequeño que está al O. de un monte a quien por su 
figura se llamó de las Coronas 

Día 24- — Examinada la costa como se ha dicho 
hasta la punta Verde se pudo navegar las pocas ho- 
ras que hubo de noche con todo aparejo por estar el 
viento bonancible por el O.N,0. y desde las tres de 
la mañana en que se marcó aquella punta al N. 33° 
E. y el monte San Elias, al N. 23° E., costeamos la 
tierra a dos leguas de distancia por fondo de 40 bra- 
zas chinos. Quedó calma a las nueve, algunas vento- 
linas del 3 o y 49 cuadrante y el remolque de todas 
las embarcaciones apenas podían contrarrestar la ma- 
rejanda de S.O. y la marcación al monte San Elias, 
sólo varió del N. 3 o O. al N. Vk N.O. y la distancia 
a tierra de dos a cuatro leguas. Cansadas nuestras 
tripulaciones decidió el Comandante dar fondo en la 
tarde del 24, y se repitió la maniobra la mañana si- 
guiente en 32 brazas lama. 

Aprovechamos la bonanza y claridad del tiempo en 
observar distancias lunares, y el promedio de 56 se- 
ries daba 15' al O. de los relojes; se examinó la mar- 



[78] 



DIARIO DE VIAJE 



cha de los relojes comparando la longitud deducida 
por ellos al monte de San Elias, con la determinada 
en el puerto de Mulgrave, de la que sólo vanó el 
105, en 3' y por consiguiente se pudo continuar la 
marcha de este reloj con el mismo movimiento. Se 
asignó por el resultado de nuestras operaciones al pi- 
co de San Elias la latitud de 60°7'40", la longitud 
de 135°8'45" su altura vertical sobre la superficie del 
mar de 2.792 toesas y su distancia" a la orilla de 
siete y media leguas» Notamos constantemente que 
la> marea se dirigía al N.E. en la tarde, y primeras 
horas de la noche, y al SO. en lo restante del día 
con una o dos millas de velocidad, y la sonda que 
varió sólo de 30 a 50 brazas era lama suelta hacia 
la punta Olavide y arena fina hacia la del Indio. 

Desde la punta Verde de la costa pedregosa, y ta- 
jada ai mar hasta la punta Olavide que a la falda 
del monte San Elias forma con la del Indio una en- 
senada que llamamos de Extremadura con dos calas, 
una al N.O. cerrada de hielo, y otra al E. inmediata 
a la misma punta del Indio, que sirve de abrigo a 
una ranchería de naturales, y en mi concepto 16 po- 
drá ser también para embarcaciones particularmente 
con vientos del primer y segundo cuadrante. Desde 
la punta del Indio para el E. hay una arboleda de 
dos a tres leguas a la orilla del mar, que termina en 
la punta Nodales, donde empiezan las barrancas que 
siguen hasta. la de Barrientos. 

En la tárde del 25 avistamos una canoa que condu- 
cida por un sólo indio se dirigía para nosotros desde 
la punta de este nombre; suspendió la boga a menos 
de una milla de distancia, y puede ser no hubiéramos 
tenido su visita si el Teniente de Navio D. Cayetano 
Valdés que se dirigió a él en el bote de la Descv- 



[79] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



hería no hubiese logrado disipar sus temores, de- 
terminándolo en fin a venir en el mismo bote, y 
trayendo de remolque su canoa. Desde que subió al 
alcázar reiteró sus instancias para que fuésemos a la 
población, donde nos ofrecía medios de satisfacer 
nuestros deseos, cedió con franqueza un canastillo de 
fresas y cambió su manto de pieles de nutria por 
campanillas y otros abalorios de los que hizo el ma- 
yor aprecio, aunque manifestó la preferencia que 
daba a las hachas por cuya adquisición hizo las ma- 
yores instancias. Su idioma se diferenciaba algo de 
los habitantes del puerto Mulgrave, de quienes ha- 
bló como de unos guerreros valerosos, y ya sea por 
el trato con éstos o porque otras embarcaciones euro- 
peas nos hayan precedido, la cierto es que tenía co- 
nocimiento del uso y actividad de nuestras armas. 
Se retiró a las ocho en su canoa muy satisfecho de 
nuestro agasajo, y ofreciendo repetir la visita al día 
siguiente. 

Entablada la brisa por el N.E. a las tres de la ma- 
ñana del 26 dimos la vela y gobernamos al S.S.E. 
con todo aparejo para separarnos cuanto antes de la 
costa, de la cual distaríamos al mediodía de seis y me- 
dia a siete leguas; calmó por la tarde y afirmado el 
viento por el S.O. en la mañana del 27 nos dirigimos 
con proa ai E. al cabo Buen Tiempo, donde podía- 
mos considerar que empezaron con prolijidad nues- 
tros reconocimientos. El cielo se mantuvo claro y los 
horizontes tan despejados, que aunque navegábamos 
distantes de tierra veíamos constantemente toda la 
cordillera de montañas que tienen por límite los moa- 
tes de Buen Tiempo, y San Elias, los cuales se mar- 
caron al mediodía al K 74° E. y N. 48° E. siendo 



[80] 



DIARIO DE VIAJE 



nuestra situación en la latitud 59 Q l4' y en la lon- 
gitud de 135°9'45". 

Cortamos en la tarde el meridiano del puerto de 
Mulgrave, cuyas inmediaciones para el E, estaban 
confundidas con las montañas interiores. En la no- 
che cesó el viento llamándose al cuarto cuadrante, 
y desde el amanecer del 28 navegamos de cuatro 
a cinco leguas de tierra, hasta el mediodía que se 
marcó el cabo Buen Tiempo al N. 78° E. distan- 
cia de cuatro leguas. El monte de Buen Tiempo 
fácil de conocerse por su figura cónica, estaba cu- 
bierto de nieve hasta la orilla de la que dista cinco 
y media leguas, según nuestras observaciones está 
en latitud de 59°r y en longitud de 131°40'15"; 
al S.O. de él está el cabo del mismo nombre, el cual 
es una punta escarpada y algo saliente al mar. 

Atracada la tierra la costeamos a la distancia de 
tres leguas, por fondo de 70 brazas. Al E. del cabo 
Buen Tiempo reconocimos tres abras, que se llama- 
ron Ensenada de Castilla, Entrada de Aragón y Ba- 
hía de Palma, las que en mi concepto no tienen 
abrigo para los vientos del tercero y cuarto cuadrante 
y atendiendo a la configuración y elevación de las 
montañas vecinas, es muy probable que, o no se en- 
cuentre fondo, o sea muy considerable. Todas están 
pobladas de árboles, y es regular contengan ranche- 
rías de indios, pues *l anochecer se vieron dos can- 
deladas, MO* ¿«tía el cabo de Buen Tiempo y la otra 
h#dr ta bahía de la Cruz. 

Desde las diez de la noche en que cesaron nuestras 
tareas arribamos al E.S.E. para separarnos de la costa, 
y volviendo * orzar a la una, amanecimos cerca de 
la bahía de la Cruz, cuyos extremos N. y S. se marca- 
ron a 1*3 dos y media al N. 10° E. y N. 34° E.; de su 



[811 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



fondo salían una porción de bancas de nieve que nos 
obligaron por algún tiempo a gobernar al S.S.E., pe- 
ro desde las cuatro nos pusimos ya al E.S.E. y a las 
ocho al S.E. según el arrumbamiento de la costa, de 
la que navegábamos de una y media a tres millas, 
por fondo de 50 a 60 brazas piedra. Los horizontes 
estuvieron muy tomados, y la calima que cubría la 
parte superior de las montañas, no empezó a disipar- 
se hasta el mediodía, en que por la latitud de 57°29' 
y longitud de 130°50'15 ' se marcó el extremo N. 
del puerto de los Remedios al E. 30° S. distancia de 
tres leguas. 

Refrescó el viento por el O.N.O. y seguidamente 
aclararon los horizontes. A la una se avistó al S.E. el 
cabo Engaño, pasamos a las seis a una milla de dis- 
tancia, y a las siete gobernamos al E. Va S.E. a fin 
de reconocer las islas que forman la entrada de la 
ensenada del Santo, vista por la primera vez en 1775 
por D. Juan de Cuadra, y examinada en 1786 por el 
Capitán Dixon En la misma punta del cabo Engaño 
hay un palo alto que parece un asta de madera, digo 
de bandera, y está al O. de un islote de la entrada. 
La sonda fue en la tarde de 85 brazas arena. 

Navegamos al S.E. hasta medianoche en que pai- 
ramos, con el fin de amanecer cerca del puerto de 
Banks; pero sotaventados por una fuerte corriente pa- 
ra el E., nos dirigimos con esta proa hacia la bahía 
del Príncipe, y a las diez logramos alcanzar la punta 
S.O. que tiene muy próximo un islote redondo. Poco 
después se tomó la costa de rumazón, en términos 
que perdida enteramente de vista la tierra, fue ya 
preciso decidirse pasar al S. de las islas Dos Herma- 
nas, llamadas Nubladas por Dixon; distábamos -de 
ellas una milla al mediodía y por observación está- 



[82] 



DIARIO DE VIAJE 



bamos en latitud de 55°57 1 ^ y en longitud de 129° 
20' 15"; la sonda fue de 70 a 80 brazas hasta ía 
bahía del Príncipe, y desde ésta a las Dos Hermanas, 
vimos varios hileros de corrientes, cuya dirección era 
del O.N.O. al E.S.E. 

Rebasadas por el O. las Dos Hermanas que son de 
corta extensión y no muy altas, arribamos a las tres 
al E.NJ2. para atracar a la ensenada de Bucareli, 
descubierta por D. Juan de Cuadra en 1775, y reco- 
nocida más prolijamente en el de 79 con las lanchas 
de las fragatas Princesa y Favorita, El viento refrescó 
por el O. y ios horizontes se mantuvieron con ce- 
rrazón, y así aunque a las anco avistamos algunas 
islas, y pasásemos inmediato a otras no pudimos ase- 
gurarnos de sus arrumbamientos y situación por ca- 
recer de observaciones de longitud y ser poco exac- 
tas las bases cuya dirección no nos quedó duda era 
para lo interior de los canales, pues que, calmando 
el viento a las ocho se sondó vanas veces en la 
noche 60 brazas chinos, aunque siempre procurá- 
bamos separarnos aprovechando las ventolinas de 
tierra. 

En las primeras horas de la mañana del 31, nos 
entró una neblina espesa, que para conservar la 
unión con la Descubierta se recurrió al uso conti- 
nuo de cañonazos. Aclaró poco después del medio- 
día, se avistaron vanas islas, y se marcó la de San 
Carlos al S. 52° E. y el cabo de San Bartolomé al S. 
89° E. Este cabo que está en la latitud de 55°17' y 
en longitud de 127°40' es una punta de piedra que 
cae con poca loma de un monte bastante alto y fron- 
doso, y tiene hacia el E, a muy poca distancia tres 
farallones o más bien islotes, detrás de los cuales al 
otro lado de la entrada se deja ver la costa igual- 



[83] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



mente frondosa, que va a unirse con el extremo N. 
del canal de Dixon. 

Agosto l®* — A la calma que había sido perma- 
nente todo el día sucedieron en la tarde algunas 
ventolinas del N.E. que se afirmaron después por el 
E. y arreció en la noche por el S»E.; en esta situación 
siendo ya imposible entrar en la ensenada de Buca* 
reli como se había pensado se gobernó a pasar cerca 
de la isla de San Carlos, y mantenernos sobre ella 
hasta que mejorase el tiempo; refrescó más el viento 
a medianoche, y cerrándose los horizontes de calima 
y llovizna, con muy mal cariz, se tomaron dos rizos 
a las gavias, se echaron abajo las vergas de juanete, 
y poco después nos vimos precisados a quedarnos 
con trinquete y gavia; a pesar de esto tomamos a 
las cuatro de la mañana la mura de estribor para 
estar cerca del canal, y se siguió esta vuelta hasta 
cerca del anochecer que se viró con proa al S.SXX 

Día 2. — En la mañana del 2 cedió algo el tiempo 
y aclararon los horizontes; inmediatamente se largó 
todo aparejo, y se viró con viento al S. en vuelta del 
E.S.E. con cuyo rumbo pudimos en la mañana del 3 
reconocer a la distancia de cinco a seis leguas el ex- 
tremo N. de la Reina Carlota, que seguía para el S. 
formando algunas abras llenas de arboledas, y de una 
altura más que mediana. Frustradas nuestras espe- 
ranzas de tener observaciones tanto más interesantes, 
cuanto considerábamos ya un error bastante notable 
en la estima, consecutivamente se viró con proa del 
S.S.O. y poco después refrescó el viento, cedió éste, 
algo en la tarde del 5, pero al anochecer volvió a 
refrescar, de suerte que a las diez se podía considerar 

[M] 



DIARIO DE VIAJE 



como un verdadero huracán, cual no habíamos ex- 
perimentado en toda la campaña, obligándonos úl- 
timamente a quedarnos con sólo el trinquete; siguió 
el tiempo aunque con menos tenacidad hasta el me- 
diodía del 7, en que se observó la latitud de 53°20* 
y la longitud de 13l°26'45". 

El viento roló en la misma tarde por el S, al S.O. 
y O. bonancible. Con todo aparejo navegamos al E. 
S.E. desistiendo del empeño de entrar en el canal de 
Dixon, que en nuestra situación hubiera ocasionado 
un retardo grande para llegar a Nutka, donde de- 
bíamos hacer alguna demora, y continuar desde allí 
los reconocimientos hasta el cabo San Lucas, mucho 
más interesantes para nuestra navegación que los de 
estos paralelos, los cuales sabíamos tenían encargo 
de examinar en este verano ios oficiales del Esta- 
blecimiento de Nutka. 

Día 11. — Los vientos siguieron bonancibles, y 
algo variables en los días 8 y 9, se tomaron 200 se- 
ries de distancias cuyo promedio nos colocaba 10" al 
E. de los relojes. Cerca del mediodía del 11, se 
avistó la tierra a larga distancia, y a las tres y media 
de la tarde próximos al cabo frondoso del Capitán 
Dixon, arribamos al S.E. S. costeando de cerca la 
tierra; este cabo que está en la latitud 50°6' y en 
longitud de 121°57'20" es fácil de conocerse por su 
hechura amogotada, y frondosa, y por un islote sa- 
liente al mar que está taladrado. 
^Al anochecer demoraba el islote del cabo Woody, 
al O. 20° N< distancia seis leguas y al N. 88° E. una 
punta que supusimos de la entrada de Nutka; pana- 
mos en las primeras horas de la noche, mantenién- 
donos en 35 brazas y a dos leguas de tierra, y el 



[85] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



viento que calmó a medianoche se llamó al terral 
en la mañana del 12. A las ocho pasamos delante 
del puerto de la Esperanza, y entablada la virazón a 
las dos de la tarde nos dirigimos a la entrada de 
Nutka, dando el correspondiente resguardo al bajo 
que reconoció el Capitán Cook. 

Quedó enteramente calma al ponerse el sol, es- 
tando media legua de la boca del puerto, a menos de 
una milla de la costa inmediata, y en 56 brazas 
fondo lama; se dejo caer un anclote, y poco después 
llegó a bordo ¡la lancha de la fragata Concepción de 
San Blás, que enviaba su Comandante a auxiliarnos. 
Al salir el sol 1 cedió el terral que había soplado fres- 
quito al principio de la mañana; la virazón empezó 
a declararse desde las siete y a esta hora dimos la 
vela precedidos de la Descubierta, costeada a menos 
de cumplida de corbeta la punta O. del puerto, cerca 
de la cual había dado fondo la Descubierta, pasa- 
mos rascando su proa, y lo verificamos a las nueve 
y media; en el instante empezamos a amarrarnos 
con un cabo en tierra por la popa al pie de las casas 
de madera, y un ancla al N.E., cuya faena, y la de 
calar vergas y masteleros, quedó concluida al me- 
diodía. 



ESTADA EN NUTKA. 

Hallamos de Comandante de la fragata Concep- 
ción al alférez de Navio D. Manuel Saavedra, por 
ausencia del Teniente de Navio D. Francisco Elisa, 
que mandando al paquebot San Carlos, y la goleta 
Saturna, había salido a continuar los reconocimientos 



[96] 



DIARIO DE VIAJE 



al S. de Nutka y el canal de la Reina Carlota. Saa- 
vedra tenía a su catgo todo el establecimiento, com- 
prendida la batería de la Boca; se hallaba como 
tropa auxiliar la compañía suelta de voluntarios de 
Cataluña, mandada por su capitán D. Pedro Alberni; 
habiéndose retirado por enfermos el teniente y alfé- 
rez que le habían acompañado. 

Un gran número de enfermos, la mayor parte es- 
corbuto, se habían restituido a San Blas, en la fra- 
gata Princesa, mandada por el Teniente de Navio 
D. Jacinto Camaño. El establecimiento había reci- 
bido los auxilios necesarios con el paquebot San 
Carlos y la fragata Aranzazú y aguardaban esta úl- 
tima desde el puerto de Monterrey a donde se había 
despachado en busca de carnes y otros efectos co- 
mestibles, cuyo socorro tan importante debía asegu- 
rar para el próximo invierno la subsistencia de la 
colonia. 

Veíamos en el fondo del puerto los edificios de 
madera construidos para los diferentes usos de la 
vida y abrigo de la tropa y otros individuos que ha- 
bitaban en tierra. La fábrica de pan fresco que 
diariamente se suministraba a todos, el cultivo de 
las huertas, el cuidado de los víveres y pertrechos 
perseguidos de un enjambre de ratas, las herrerías y 
la continuación de las casas eran los objetos en que 
se empleaba toda la gente, y que hacían ver la ac- 
tividad y buen orden de nuestros oficiales. 

Desde, el momento se estableció el observatorio en 
paraje oportuno inmediato a las casas. D. Alejandro 
Malaspina fue en el bote a examinar el sitio de 1 la 
aguada, que empezó a reemplazarse inmediatamente 
con las lanchas y bombos al cargo de un oficial y 
dos soldados armados, pues debiendo separarse como 

[87] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



una legua combinando las mareas era justa esta pre- 
caución para conservar la paz con los naturales. 

Advertimos en la conducta de éstos con nuestro 
establecimiento alguna tibieza en el trato, que no 
sólo era sensible a él, si no a nosotros, que deseába- 
mos examinar 'de cerca sus costumbres; queríamos 
también destruir toda mala idea que hubiesen com- 
prendido de nosotros por algún paso imprudente de 
uno u otro individuo, o por la opinión que les hu- 
biesen inspirado de los españoles las embarcaciones 
extranjeras que han frecuentado este puerto los úl- 
timos años. Con este principió fue nuestro cuidado 
regalar a los de las primeras canoas, ofreciendo hacer 
lo mismo con los que nos visitasen, especialmente a 
los caciques o taguis. 

Esta conducta produjo el efecto que deseábamos, 
pues en la mañana del 14 se presentó el cacique su- 
balterno Hupananulg, confiado también en la buena 
amistad que siempre había tenido con los nuestros; 
sin embargo no pudo encubrir el temor, ni disimular 
el espanta que le causaba tantas fuerzas unidas. Le 
retrató con la mayor propiedad D, Tomás de Suria, 
regalándole al mismo tiempo y prometiéndole ma- 
yores finezas, si nos visitaba de nuevo con su canoa 
grande bien esquifada y dispuesta a ejecutar a nues- 
tra vista las evoluciones marciales y de regocijo que 
acostumbra. 

Día 15. — Siguieron en la visita a Hupananulg 
otros inferiores o parientes del jefe principal ~ de 
estos contornos llamado Macuma, el cual según in- 
formes contestes de todos, tenía mucho temor de 
venir a visitarnos, cuyo concepto confirmamos en la 
mañana del 15, en que dirigiéndose D. Cayetano 



[88] 



DIARIO DE VIAJE 



Valdés y D. Felipe Bauza, a la ranchería de Ma- 
cuina, hallaron desamparadas las casas y con difi- 
cultad se les acercó uno u otro indio de los muchos 
que se escondían en los bosques inmediatos. 

Para el 18 se había concluido la aguada y facili- 
tado a la tripulación un descanso regular; se les dio 
jabón para lavar la ropa; esta ocupación y el prepa- 
rar a su gusto la comida en tierra con la ración de 
vino aumentada, les proporcionó un desahogo cual 
ya necesitaban» Se destinaron las lanchas al reco- 
nocimiento exacto de los diferentes canales de este 
archipiélago, entre los cuales había conjeturas, que 
algunos se comunicaban con el estrecho de Fuca, y 
puestas a las órdenes de los Tenientes de Navio D. 
José Espinosa y D Ciríaco Cevallos, salieron la 
misma mañana con nueve días de ración ,el cuarto de 
círculo pequeño, el reloj número 351 y un teodolito, 
llevando como intérpretes un soldado y el patrón de 
la fragata Concepción. 

Desde el mismo día se empezó un corte abundante 
de leña, empleándose alternativamente la tropa y 
marinería, mandados por un sargento o cabo y un 
oficial de mar. Los carpinteros* de ambas corbetas se 
ocuparon en reemplazar varias piezas de arboladuras 
que teníamos excluidas, incluso la verga de velacho 
de la Descubierta y también un mastelero de aumen- 
to que se embarcó en esta corbeta para probar la ca- 
lidad o resistencia de estós pinús, que carecen de todo 
beneficie m& que el que deben a la naturaleza. 

ET cirujano de la Descubierta emprendió la fá- 
brica de una mediana cantidad de cerveza, sacada 
de la hoja del pino, para suministrarla a nuestros 
equipajes y que aprendiendo a hacerla los del esta- 
blecimiento sirviese de remedio eficaz en el próximo 



[89] 



FRANCISCO XAVIER DB VIANA 



invierno, si no regresase la fragata Aranzazú, como 
recelaban y debiesen alimentarse con carne salada. 

Nuestros herreros con sus fraguas se establecieron 
en tierra, pues carecían de estos oficios esenciales, y 
tenían las armas y utensilios de labranza en muy mal 
estado, justamente en donde era más sensible este 
defecto* 

, Los oficiales Saavedra y Alberni, que desconfiaban 
enteramente de que viniesen de Monterrey los soco- 
rros que aguardaban, hicieron presente a D. Ale- 
jandro Malaspina, la precisa necesidad de varios ar- 
tículos, sin los cuales temían en la invernada fatales 
consecuencias, en todo el establecimiento. En este 
concepto, a esta crítica situación y a la del feliz es- 
tado de nuestro repuestos, se entregó a dichos ofi- 
ciales aquella parte que no nos era de una falta 
absoluta; algunas piezas de paño, bayeta y crea, va- 
nos marselleses, algunos utensilios de enfermería, 
piloto y contramaestre, una cantidad grande de pas- 
tillas de caldo, otras de harina del rancho de los co- 
mandantes, las medicinas que los cirujanos hallaron 
útiles para este clima y para las enfermedades reinan- 
tes, cuatro pipas de vino de San Lúcar y un mes de 
víveres para el regreso del paquebot San Carlos, 
fueron los auxilios que se pudieron suministrar y que 
aseguraban al establecimiento su subsistencia, mien- 
tras no recibiesen otros mayores de Monterrey. 

No habían sido infructuosas nuestras diligencias 
para ganar la confianza y amistad de los naturales; 
sus canoas que antes huían a la vista de las embarca- 
ciones menores, las rodeaban en el día sin el menor 
recelo; apenas había jefe alguno que no nos hubiese 
visitado varias veces, incluso el principal Macuina, 
aunque sin poder disimular en el rostro el temor que 



[90] 



DIARIO DE VIAJE 



le penetraba y no quiso por más instancias que se le 
hicieron, permitir subiesen a bordo tres mujeres suyas 
que le acompañaban y que deseábamos retratar; pe- 
ro el interés propio más que la curiosidad, era el que 
le impelía a la visita, como luego se comprobó con 
la venta de una niña esclava a los de la fragata Con- 
cepción, cuya especie de contratos solían hacer al 
cambio de dos fusiles viejos , o al de una o dos plan- 
chas de cobre. Esta costumbre estaba a la sazón bas- 
tante introducida en el establecimiento, bajo de las 
ideas piadosas de la religión y de la política; y ya 
llegaban a veintidós niños de ambos sexos, los que 
se habían transportado a San Blas, confiada su edu- 
cación y subsistencia venidera, a uno u otro oficial 
de mar conocida su conducta, establecido en aquel 
pueblo con algunas proporciones y bajo la inteli- 
gencia de una absoluta libertad desde que fuesen 
adultos. 

Día 23. — En la tarde se apareció el jefe Hupa- 
nanulg con carta de Espinosa y Cevallos, que se las 
habían entregado en la noche anterior, dirigiéndose 
a Tasis después de haber reconocido los canales de 
la derecha; por este servicio y por los anteriores que 
había hecho al establecimiento se le hicieron varios 
regalos y se le ofreció satisfacer sus deseos de una 
vela para su canoa grande, luego que con ella hiciese 
a nuestra vista las evoluciones que se le habían in- 
dicado. El 23 por la mañana se vio aparecer en su 
canoa conducida por treinta remos, entonando con 
una armonía un canto agradable y haciendo evolu- 
ciones con tanta igualdad y destreza, que nos sor- 
prendieron en las primeras vueltas que dio alrededor 
de las corbetas; después subió con su comitiva a 



[91] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANÍA 



bordo de ia Descubierta, donde cantaron y bailaron 
todo el tiempo que se necesitó para que D. Tomás 
Suria representase a lo vivo esta escena divertida; 
regalados todos con prodigalidad, se retiraron por la 
tarde muy contentos y satisfechos. 

Día 25. — El 25 llegaron nuestras lanchas, con- 
cluida exactamente su comisión» £1 dia de su salida 
se dirigieron al puerto Cove, fondeadero del Capitán 
Cook, adonde se extendían nuestras marcaciones; pa- 
saron allí al primer canal de la derecha y examinán- 
dolo hasta su fin, siguieron la derrota para el N., cos- 
teando siempre la parte E. Los habitantes de las 
rancherías que están en el extremo del canal NJi. 
huyeron de sus casas cuando nuestras lanchas se acer- 
caron a ellas, y aún su mismo jefe Hupananulg quedó 
tan sorprendido de ver en aquel paraje tantas fuerzas 
unidas, que no pudo menos de preguntar el objeto 
a que se dirigían. Hubiera sido imposible darle la 
menor idea de su comisión, porque los intérpretes 
sólo podían merecer este nombre para las cosas fa- 
miliares; pero algunos regalos acompañados de ex- 
presiones de amistad y benevolencia, le convencieron 
más bien que si le hubieran enseñado el cuarto de 
círculo de Rambsden y el reloj de longitud de Ar- 
nold, y su espíritu quedó con ellos tan tranquilizado, 
que se ofreció ganar, digo acompañar en persona a 
nuestros oficiales por todas partes, aunque luego que 
conoció que se dirigían a Tasis, bujcó pretexto para 
separarse y en esta ocasión le dieron la carta que 
como se dijo, entregó el mismo día. 

Continuando siempre en el prolijo reconocimiento 
de los canales llegaron en el día a Tasis, residencia 
principal de Macuina. Hallábase éste en su casa y 



£92] 



DIARIO DE VIAJE 



así que vio acercarse las lanchas, hizo varar todas las 
canoas y se acercó a la playa con más de cuatrocien- 
tos hombres, como manifestando su resolución de 
embarazar el desembarco; fueron inútiles todos los 
esfuef20 que hicieron Espinosa y Cevallos para que 
viniesen a las lanchas y convencidos que de aquel 
modo no podrían disipar sus temores, tomaron la re- 
solución de embarcarse solos en una canoa, dejando 
las lanchas al cuidado del pilotín Inciarte. Macuina 
que con la confianza que se hacía de él conoció las 
ideas pacíficas, se adelantó solo a los suyos a recibir 
a nuestros oficiales, quienes rodeados de todo el pue- 
blo fueron conducidos a su casa; a su entrada estaba 
un armero con quince fusiles custodiado por un indio 
que descansando sobre otro fusil, parecía querer imi- 
tar a nuestros centinelas; este armero y esta centinela 
daba tanto orgullo y superioridad a Macuina sobre 
los otros jefes, como le llenaba de vanidad el adorno 
de cuatro ventanas con cristales que le había fabri- 
cado el americano Kendrik, haciéndoselas pagar a 
buen precio» Macuina presentó nuestros oficiales a 
sus cuatro mujeres, entre quienes sobresalía por sus 
hermosas facciones, tez fina y gracia, una joven de 
veinte a veintiún años, hermana del jefe Nazopí. Ce- 
vallos queriendo corresponder de algún modo, en- 
señó a aquel jefe el retrato que tenía en una caja, 
indicándole era su mujer; al instante pasó de sus 
manos a la de 1* fawíita, quien habiéndolo mirado 
por algún rato con la mayor atención, alabó su her- 
mosura; pero su semblante y facciones manifestaban 
que las nutkefias, tampoco están libres de la envi- 
dia, cuando se reconocen inferiores en el mérito per- 
sonal a ottas mujeres. 

[93] 



X 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Regalados pródigamente todos los jefes y las cua- 
tro mujeres de Macuina, se embarcaron en las lan- 
chas y después de reconocer otro canal más O. cuya 
dirección era para el N. pasaron al puerto de la 
Esperanza; levantado su plano con toda la exactitud 
que permitía el corto plazo que les quedaba, regre- 
saron por la parte de afuera, situando al paso el 
bajo que reconoció el Capitán Cook y colocó a mu- 
cha mayor distancia de tierra, de lo que realmente 
está. 

Día 27. — Habíamos deseado que Macuina nos 
volviese a visitar pata dejar bien cimentada su amis- 
tad con nuestro establecimiento y enviándole al efec- 
to varios recados, vino a esta corbeta en la mañana 
del 27, Así que subió a bordo se le convidó a tomar 
té, cuya costumbre estaba ya introducida entre estos 
jefes y luego pasó a la Descubierta, en ambas 
corbetas se le trató con el mayor agrado y se le hi- 
cieron varias regalos; adquirida de esta suerte su con- 
fianza, nos manifestó con la mayor vehemencia, que 
desde que nos habíamos establecido en este paraje, 
se había visto como precisado a vivir siempre en 
Tasis; no podía en el invierno, por lo que se habían 
debilitado sus fuerzas, cuando antes era capaz de ma- 
tar una ballena de un solo golpe de arpón D. Ale- 
jandro Malaspina le instó a que viniese a vivir cerca 
de nuestro establecimiento, asegurándole se prohi- 
biría con el mayor rigor, el que pasasen a sus casas 
nuestros marineros, de quienes únicamente temía so- 
licitasen sus mujeres, pues confesaba que los oficia- 
les nunca les habían dado el menor disgusto Se le 
ofreció para, cuando se retirasen el establecimiento, 
la casa que se estaba haciendo y que las demás se 

[94 j 



DIARIO DE VIAJE 



repartirían entre los otros jefes, Macuina correspon- 
dió a esta oferta asegurando su amistad, que los es- 
pañoles serían siempre dueños del sitio que ocupa- 
ban en el día. 

Entre todos los jefes, los que más frecuentaron 
nuestro trato fueron los dos hermanos Nazapí y Na- 
nakius, estos dos jóvenes dotados de una compren- 
sión y viveza singular, nos suministraron varias no- 
ticias de sus leyes, religión y comercio. Creemos 
poder responder de su exactitud, porque poseían 
perfectamente el lenguaje de acción y tenía ya co- 
nocimiento del sentido de muchas voces españolas. 
La sucesión al trono sigue el mismo orden que entre 
nosotros; al padre heredan los hijos varones y a fal- 
ta de estos el hermano mayor y luego los hijos de 
éste, con preferencia a los demás hermanos; pero sólo 
tienen opción al impeno los hijos habidos en la pri- 
mera mujer, aunque todos son de la clase de Tahis, 
logrando por consiguiente sus hijos de esta distinción. 
En caso de faltar un legítimo sucesor al mando entre 
los Tahis o príncipes de la sangre, se juntan los 
mischimis o plebeyos y a pluralidad de votos eligen 
el más benemérito, en que sobre las demás virtudes 
se considera preferente el valor y desde aquel ins- 
tante queda la corona vinculada en su casa y sus des- 
cendientes son los sólo considerados como Tahis, 

El hombre que comete adulterio es castigado con 
pena capital, pero la mujer más considerada en Nut- 
ka que en ningún otro país, sólo sufre la pena de 
cuatro días de prisión estrecha; y amonestada y re- 
prendida después, queda en libertad. Aunque el 
hombre logre escaparse perece igualmente, porque 
ninguno puede acogerle ni darle alimento. 



[95] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Si el adúltero y adúltera son de la clase Tahis, 
se carean ofensor y ofendido, se amenazan, se inju- 
rian de palabras y se separan luego a lugares distan- 
tes, para no volverse a ver más. Los Tahis miran el 
adulterio con tal horror, que nos aseguraron suce- 
día rarísima vez entre ellos. 

El homicidio se castiga por la primera vez con 
diez días de prisión y alguna pena corporal; pero 
el reincidente en este delito sufre irremisiblemente 
la muerte. A los ladrones se les señala la cara con 
incisiones, se les corta el pelo (que es de mucha 
afrenta) y los dedos de las manos y después es des- 
terrado para siempre de toda sociedad. 

El tiempo se mide por meses lunares de los que 
diez componen un año, y la vida del hombre se em- 
pieza a contar desde que fue concebido, repitiendo 
por cada año la palabra jayu, Mazapi nos dijo de este 
modo su edad, la que tenía cuando víno el Capitán 
Coofc y la exactitud de estas fechas, nos convenció 
de la verdadera medida del tiempo. 

Los naturales de Nutka adoran únicamente los 
mares, o espíritus volátiles de sus Tahis, por quienes 
creen son producidos los truenos y relámpagos; a su 
ruido llenos de pavor y espanto, se ponen todos a 
temblar postrados en tierra, como implorando su 
piedad y pasada la tempestad se levantan entonando 
a coro una canción de gracias, destinada para estas 
ocasiones. De aquí el despotismo y menosprecio con 
que los Tahis tratan a los mischismis y la resigna- 
ción y ciega obediencia de éstos. 

Luego que muere un Tahís, permanece cuatro días 
en cuerpo presente en su misma casa; a este tiempo 
es llevado con la mayor ceremonia, a un cerro lla- 
mado Conuma, y pasados otros cuatro días vuela su 



[96] 



DIARIO DE VIAJE 



espíritu como la pólvora (son sus palabras) a una 
región de la atmósfera, donde ven siempre el sol y 
se alimentan de un manjar encarnado; en ella giran 
de una parte a otra produciendo los truenos, que sus 
compatriotas interpretan como amenazas por sus de- 
litos. Las mismas ceremonias se hacen con sus muje- 
res hasta depositarlas en Conuma, en donde perma- 
necen siempre sus almas cantando con dulzura; sus 
voces son oídas con frecuencia en los pueblos con la 
mayor veneración. Si el Tahis es muerto violenta- 
mente se deposita inmediatamente en Conuma y cor- 
tada allí la cabeza la vuelven a su casa, donde se 
mantiene colgada diez días cantándole continua- 
mente; a este tiempo se hace invisible y vuela a la 
región destinada a su clase. Los mischismis o gente 
común, bajan luego que expiran a una región pro- 
funda de la tierra, andan allí en cuatro pies como 
bestias, pacen como ellas y se alimentan también de 
piojos, de que hay gran abundancia. 

Nazapí y Nanakius nos dieron algunas noticias 
sobre su comercio con los nuchimases, de un modo 
que no dejó duda de nuestra inteligencia. Desde Tasis 
salen cargados del cobre y demás efectos que adquie- 
ren de los europeos y caminando dos días por mon- 
tañas y malos caminos, llegan a la orilla de una gran 
laguna de figura circular y embarcados en canoas 
que tienen a este fin, se dirigen en derechura al remo 
a la parte opuesta, donde se comunica esta laguna 
con otra mayor por un estrecho de dos cables de lar* 
go y diez a doce varas de ancho; ambas lagunas son 
de mucha profundidad y el agua dulce; pero la se- 
gunda es la que parece recibe las mayores vertientes 
de las montañas y el deshielo de las nieves, pues se 
experimenta siempre una corriente tan rápida en el 



[97] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



estrecho, que sólo la pueden vencer saltando en tierra 
y llevando a la singa las canoas, con riesgo de que 
zozobren, si llegan a atravesarse. Nazapí nos contaba 
con los ojos bañados en lágrimas, que en el año an- 
terior se le había zozobrado una grande canoa y ha- 
bía perdido todo su tesoro y lo que le era más sen- 
sible, su mujer favorita de mucho mérito personal, 
e hija del jefe de los nuchimases. 

Pasados a la gran laguna, la costean por la de- 
recha hasta llegar a la residencia del jefe principal 
y Tahis nuchimases, a quienes los nutkeños de esta 
clase presentan todo su cargamento, repitiendo a 
cada alhaja que es regalado y como en correspon- 
dencia reciben del mismo modo pieles de nutria. 
Luego que los Tahis de las dos naciones han con- 
cluido su feria en unos términos tan generosos, em- 
piezan los contratos de los mischismís, quienes por 
el contrario se valen de todos los medios para en- 
gañar. 

Según el andar de las canoas y el tiempo que 
tardan los nutkeños en llegar a los nuchimases, dis- 
tarían éstos de Tasis trece leguas del N. al N.NJE. 
Nazapí y Nanakius se ofrecieron a llevarnos a visitar 
aquellos habitantes, con la condición de que no lle- 
vásemos fusiles, por no excitar su desconfianza; y yo 
creo se puede hacer esta excursión sin el menor re- 
celo, por el mucho temor a nuestras armas y por el 
de ser castigados severamente, de cualquier insulto 
que cometiesen. 

Los efectos que estiman más los nutkeños para 
este comercio son fusiles, cobre, conchas de Monte- 
rrey, fierro, paños o bayetas y quincallería, cuyo va- 
lor es precario por depender del capricho de la moda. 
Las conchas serían sin* duda alguna el ramo más de- 



[98] 



DIARIO DE VIAJE 



seado, si algunas embarcaciones de San Blás miran- 
do sólo su interés, no hubiesen dado por una sola 
piel de nutria dos o tres docenas de conchas, que en 
el primer año se permutaban por otras tantas pieles. 
Las emplean para adornos de las casas, suplen la 
falta de vasos y sirven también para otros usos do- 
mésticos. El cobre para poco tiempo en poder de 
los nuchimases que tienen comercio con otras na- 
ciones más al N., y yo no extrañaría de que de nación 
en nación, llegasen los efectos que reciben los nut- 
keños hasta los habitantes de las cercanías del puerto 
de Mulgrave. A la verdad parece algo imposible que 
pueda haber un comercio seguido entre unos hom- 
bres salvajes, cuyas sociedades son reducidas, sus 
idiomas y costumbres distintas, casi siempre en gue- 
rra y separados por montañas y canales; pero en lo 
que no hay duda, es de que tienen noticia de algu- 
nas costumbres de los mulgraveses, pues Nanakius 
al ver un retrato de una india de esta nación con el 
labio partido, nos dijo que estas mujeres vivían hacia 
el N. a mucha distancia y por todos los viajeros que 
nos han precedido en estas costas, sabemos que esta 
costumbre no se halla establecida entre los habitantes 
del canal de la Reina Carlota, de la bahía de Buca- 
relli, ni en los puertos de Banks, Susto y Remedios. 



. SALIDA DE NUTRA. 



En las últimas horas de la noche del día 27 ya a 
bordo todos los instrumentos astronómicos y calma- 
da la virazón, empezamos la faena de anclas. Nues- 
tra compañera por facilitar la salida, dio un cabo a 



[99] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



esta corbeta, sobre el cual debía quedarse suspendida 
ya el ancla; pero cuando ésta dejó el fondo, uno 
y otro nos fuimos aconchando sobre la costa del O. 
en disposición de ser ya nuestro primer y' principal 
objeto el franquearnos y auxiliar a la Descubierta, 
que con los costados llego dos veces a tocar la tierra. 
Este accidente, el trabajo incómodo y pesado que nos 
rodeaba y el procurar a la gente algún descanso, nos 
privó el que verificásemos la salida, en consecuencia 
nos amarramos nuevamente hasta las ocho de la 
noche del 28, que entablado el terral dimos la vela 
dichosamente, dejando a nuestros compañeros priva- 
dos de la sociedad y entregados a la sola distracción 
del cultivo y beneficio de sus huertas 

Con ángulos del tercer cuadrante franqueamos la 
boca del puerto, después continuamos con rumbos 
paralelos a la costa y al salir el sol bajo un tiempo 
hermoso y despejado, marcamos la punta del canal 
de la Buena Esperanza al N. 48° O., la punta rom- 
piente N. 8 o E., punta de San Esteban al N. 80° E. 
y en lo interior el punto notable de Tasis al N. 17° 
E. ángulo de la aguja, distancia de costa de cinco a 
seis leguas próximamente. 

A las tres de la tarde del día 30 próximos a la 
costa nos indicó nuestra compañera avistarse una em- 
barcación; a poco rato distinguimos con los anteojos 
era una pequeña corbeta americana, que con su ban- 
dera larga y toda fuerza de vefc, se dirigía a la en- 
trada de Carrasco, en la cual al abrigo de los islotes 
que la rodean dio fondo; a la sazón llevábamos nues- 
tras insignias largas, que arriamos a poco rato. 

Al mediodía en latitud de 48°34V y en longitud 
de HS^^O" marcamos la punta de Martínez al 
S. del estrecho de Fuca, situada en latitud de 48°35' y 



[1001 



Diario de viaje 



longitud de 119*11' al N. 4* E. ángulos de la aguja 
cuya dechnación según el promedio de tres azimutes 
es de 20 15'50" N.E. La dirección de la costa desde 
el extremo S. de la entrada de Nutka con aquella 
punta es con efecto de N.O. a S.E. conforme a la es- 
tablecida por nuestros viajeros en estas costas; no su- 
cede asi respecto a su situación, que difiere de la 
nuestra. 

Los vientos débiles, muchas veces contrarios y las 
grandes diferencias al S, y al R, no han permitido 
hiciésemos un prolijo reconocimiento en este trozo 
de costa, privándonos también absolutamente del pe- 
dazo comprendido desde los 47° de latitud hasta los 
45, en que nuevamente empezamos nuestros traba- 
jos. El corro braceaje de 43 y 45 brazas que constan- 
temente tuvimos en la noche del 3, nos manifestó 
la poca elevación de la costa, que con efecto compro- 
bamos por la mañana t ya entonces declarado el vien- 
to bonancible al cuarto cuadrante hasta la mediano- 
che del 5 que entabló por la misma parte, nos 
proporcionó un andar de cinco, seis y siete millas. 
Nuestro rumbo se dirigía al cabo Diligencia, a quien 
dimos vista por la mañana y confusamente a los 
islotes Monjes, situados en su parte meridional; la 
densa calima constante, al parecer, en esta costa nos 
privaba el ver el resto de ella; nuestra posición ai 
mediodía del 5 era en latitud de 42°00y v longi- 
tud de 118 o 6'20". 

El 6 continuó fresco el viento por la misma parte 
hasta la medianoche que quedó fresquita; al salir el 
sol se dejó ver la punta Gorda y algunos islotes de 
la ensenada que forma ésta con la punta O. del puer- 
to de Trinidad; poco después avistamos el cabo Men- 
docino como a distancia de ocho leguas próximamen- 

[101] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



te, demorándonos a la sazón al S. 10° O. El frontón 
de este cabo es la tierra más saliente al O., a él es 
en donde recalas las Naos de Filipinas; su situación 
según nuestros resultados es en latitud de 40°29 W 
y en longitud de 118°21'32'\ la que se diferencia 

en de la que tenía asignada. A la vista 

del mismo tuvimos algunas horas de calma y aun- 
que en las últimas de la tarde se declarase el viento 
fresquito por el cuarto cuadrante, en muy breve vol- 
vió al mismo estado, hasta el 7 que entablado por la 
misma parte continuó ya fresquito, ya bonancible, 
acompañado constantemente de niebla; sin embargo 
muchas veces se dejaba ver la tierra aunque confu- 
samente. Nuestra situación al mediodía del 8 era en 
latitud de 39°11'38" y en longitud de 117°28'20'\ 
desde cuya posición dirigimos nuestro rumbo a Ja 
punta de Reyes que alcanzamos a ver al mediodía 
del 9 y en la tarde del 10 estando a su parte S.O. 
avistamos los islotes de San Francisco, entre los cua- 
les y la costa firme hicimos rumbo a la punta de 
Año Nuevo. Nuestras sondas desde el mediodía hasta 
la mañana siguiente que avistamos aquélla fueron 
de 46, 40, 30 arena fina. El práctico que traíamos de 
Nutka, dudaba fuese ella; sus únicas rabones eran, 
que extrañaba el islote que colocan los planos; así se 
despreció su parecer y dirigimos nuestro rumbo al 
fondeadero, aunque estuviese el tiempo enteramente 
cerrado y en disposición de no poderse ver la tierra a 
distancia de dos millas; sin embargo dimos vista a la 
punta de Pinos, pero el práctico dudó fuese ella. Ya 
en esta situación parece debía dársele algún más cré- 
dito por variar mucho las circunstancias; contaba coa 
ocho viajes a este puerto, número suficiente par* co- 
nocer una punta que se halla tan inmediata al surgi- 



[102] 



DIARIO DE VIAJE 



dero y aunque para llegar a este caso, viese las mis- 
mas veces la de Año Nuevo; sin embargo varía mucho 
ya por la distancia a que pasan de ella; por consi- 
guiente muy fácil el que se les oculte aquella marca, 
y ya porque generalmente está rodeada de una nie- 
bla espesa, lo cual cargó más y más en disposición de 
ocultarnos cuasi de un todo la tierra; en consecuen- 
cia y a imitación de la corbeta comandanta dejamos 
caer un ancla; a poco rato faltó el cable e inmedia- 
tamente dimos fondo a otra en 24 brasas arena, 
coral y piedra. En las últimas horas de la tarde aclaró 
algún tanto la costa, entonces pudimos conocer nues- 
tra posición; estábamos situados a una y media mi- 
llas del islote de la Punta del Carmelo, el que demo- 
raba al S. 17° E;, la punta de Pinos al N. 40° E. 
El viento era a ía sazón KO. el que con la noche 
fue quedándose calma; no sucedió así con la gruesa 
mar de leva, que rompiendo en la costa manifestaba 
su braveza, imponiéndonos por consiguiente un cui- 
dado cual exigían las actuales circunstancias; así 
pues sólo esperábamos un momento favorable para 
dar la vela y salir realmente de un conocido peligro; 
con este objeto dimos una codera al cable, en cuya 
disposición permanecimos hasta las seis de la maña- 
na, que declarado el viento por el N. bonancible 
empezamos a virar de él, y ya dentro como unas 30 
brazas, estando el viento fresquito y recelosos a que 
llamase al O. recio* $e aumentase por consiguiente 
la mar e hiciese peligrosa la salida, como también 
la unión con la otra corbeta, picamos el cable y so- 
bre la codera dimos la vela en ocasión que nuestra 
compañera pasaba a dos cables de la proa. La cerra- 
zón que nos rodeó a poco rato nos ocultó de un todo 
la tierra y también a la Descubifta con quien 



imy 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



nos entendimos por medio de cañonazos; como a las 
ocho empezó a disiparse la niebla y sobre una clara 
dimos vista a la corbeta comandanta, demorándonos 
por nuestro través como a distancia de tres cables. 
Nuestros esfuerzos se dirigían a tomar el fondeadero 
de Monterrey, que conseguimos en la misma noche, 
sirviéndonos de marca los cañonazos del cuartel, la 
mar llana que manifestaba estar ya cubiertos de la 
punta de Pinos y una luz que nos encendieron en 
aquel mismo lugar; por la mañana nos enmendarnos 
sobre espías quedando amarrados N.O.S.E., distancia 
de la playa del través dos cables, próximamente, el 
cuerpo ds la corbeta en siete brazas y bajo las si- 
guientes enf ilaciones: Punta de Potreros al N.O., el 
cuartel al S. Va S.E. y una casa situada próximamen- 
te al desembarcadero, al S. Va S.O, 



SALIDA DE MONTERREY 



A las diez de la mañana del día 25 listos de un 
todo y ya a bordo los instrumentos astronómicos, di- 
mos la vela sobre las gavias ayudados de un viento 
fresquito del tercer cuadrante con el cual y con toda 
fuerza de vela franqueamos en la mañana sobre bor- 
dos de la boca del puerto, dirigiendo después nuestro 
rumbo paralelo a la costa, la que ligábamos con los 
trabajos anteriores en aquél Nuestra situación al me- 
diodía del 26 era en latitud de 36°17 , 20 M y en lon- 
gitud de 116°35'30". 

Según la sucesiva derrota de aquel Comandante, 
eran sin duda sus intenciones el reconocer en la tra- 



[104] 



DIARIO DE VIAJE 



vesía el puerto de San Blás, aquellos puntos precisos 
para el uso de la navegación nacional y determinar 
la dirección de la costa; en consecuencia notamos 
después que sus mayores esfuerzos fueron el recono- 
cer el mayor número de islas del Canal, a quie- 
nes dimos vista el día 28, cuyo error y mala situa- 
ción, como también el de la costa no tiene límites. 
Mayor conformidad hemos hallado aun en la que 
Ies estableció Vizcaíno y el piloto mercante Mendi- 
zábal en el navio Hércules de la compañía de Cara- 
cas, que en los últimos trabajos de los pilotos que 
han navegado sobre esta costa al principio del esta- 
blecimiento de San Blás; situada la isla de San Ni- 
colás, omitida por todos los navegantes de este 
tiempo e indicada por Vizcaíno, dirigimos nuestro 
rumbo a la isla de Guadalupe, punto de recalada de 
la Nao, y aún de las embarcaciones de Nutka y Mon- 
terrey que navegan a San Blás. Nuestra posición al 
mediodía era en latitud 33 0 3'3r y longitud 113° 

35 ' 10 " , . A 

Los vientos, aunque no muy frescos, favorecían de 

un todo nuestra derrota; así el mediodía del 30 si- 
tuados en latitud de 29°40* y en longitud de 113° 
31' 10", nos considerábamos según la posición que 
el Sr. Cuadra establece a la isla Guadalupe sesenta y 
cuatro millas en cuyo concepto y en el de ser excesivo 
nuestro andar, confiamos darla vista a la tarde, como 
en efecto conseguimos, aunque con algunas dudas. A 
las cuatro cumplido el paralelo de su extremo N. y 
navegada la distancia estimada que se creyó necesaria, 
pairamos a imitación de la corbeta comandanta con 
las tres gavias de una y otra vuelta hasta las cinco de 
la mañana del l 9 que dejándose ver aquélla como al 
N.E. distancia de cinco a seis leguas, forzamos de 



[105] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



vela con el objeto de atracar la punta N. Esta for- 
ma un morro bastante notable y está rodeada de al- 
gunos farallones, en cuyas inmediaciones arribamos 
a imitación de nuestra compañera, corriendo desde 
el instante un rumbo paralelo a ella y midiendo su- 
cesivamente bases para su establecimiento, bien dife- 
rente del que tenía asignado. Su dirección del N.N. 
O. ai S.S.E, su mayor extensión en estos rumbos . . 

y en el de los opuestos su 

altura extraordinaria cortada a la mar por capas ver- 
ticales, poco fértil, escarpada, muchos barrancos y 
arenales; en su extremo meridional se dejan ver dos 
pequeñas islas, y en el. medio de éstas un farallón; 
entre la más septentrional de aquéllas y la punta N. 
de Guadalupe están también otros dos farallones co- 
mo a la medianía del canal, cuyas marcas unidas al 
pequeño monte que se eleva hacia el N.E. de aquélla, 
hacen muy conocido este lugar, visto del N. para el S. 

AI mediodía situados en latitud de 28°45'10 M y 
en longitud de 113°19'10" demoraba el islote más 
S. al N. 15° E. y el extremo N.O. de la Guadalupe 
al N, 16° O., distancia de aquél como una legua 
próximamente. Concluidas las bases y en posición 
ventajosa, dirigimos nuestro rumbo a la isla del Ce- 
rro, a quien dimos vista a las diez de la mañana y 
cuya posición difiere mucho de la que tiene asigna- 
da, igualmente que el trozo de costa reconocido a 
esta época, en cuya inmediación hemos seguido nues- 
tros trabajos, desde el paralelo de 36° hasta el 25. 
Conservó por lo general una altura regular, después 
varió de un todo de aspecto, dejándose ver ordina- 
riamente estéril, con muchos médanos de arena, sin 
ninguna señal de vegetación baja, presentándose por 
algunos parajes como un cordón de islas, cuya figura 



[106] 



DIARIO DE VIAJE 



conservó hasta el paralelo de 23°30' en donde de 
nuevo empezaba a elevarse. Nuestra posición al me- 
diodía del 5 era en latitud de 23°46'20" y en Ion- 
guitud de 104°52'4(T, demorando cabo San Lucas 
al ángulo de 41° en el segundo cuadrante distancia 
de veinticinco dos tercios leguas. 

Aunque hayamos notado muy grandes diferencias 
al S. y, al O. y éstas disculpen de algún modo a nues- 
tros pilotos, no parece posible, que sólo ellas podrían 
influir a unos errores, que por considerables se ha- 
cen vergoñosos; por ellas hubieran muchas veces 
comprometídose las corbetas, a no caminar con aque- 
llas precauciones que exigían aquellos trabajos y a 
las sospechas, que teníamos de su poca exactitud. 

Cumplido en la noche el paralelo del cabo San 
Lucas, navegamos al E, proporcionando amanecer de 
cuatro a seis leguas como en efecto conseguimos. 
A las cinco a imitación de la corbeta comandanta 
forzamos de vela en demanda de él y situados en dis- 
tancia de dos millas, echamos el bote al agua y a 
su regreso de la Descubierta recibimos la orden para 
hacer derrrota directa al cabo Corrientes desde donde 
debíamos trazar la costa hasta el puerto de Acapulco, 
Ínterin nuestra compañera la verificaba al de San 
Blás. 

En la mañana del 9 se dejaron ver las islas Manas, 
como a distancia de die2 leguas próximamente, de- 
morando lo más septentrional de la del medio al N. 
20° E.; como nuestro principal objeto era dar vista 
lo más breve posible al cabo Corrientes no tratamos 
de atracarlas para su reconocimiento, además que 
la Descubierta debía verificarlo en su navegación. 

Al mismo día en latitud de 20°43'31 y en longitud 
de 99°37'20 demoraba el cabo Corrientes, según la 



[107] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



dudosa posición que le establecimos a la salida de San 
Blas al S. 73° E. distancia sesenta y una millas. Pavo- 
recia nuestra derrota un viento fresquito del cuarto 
cuadrante que perdimos en ía noche, pairando con 
las tres gavias con el objeto de amanecer inmediatos 
a aquel cabo, como en efecto conseguimos, dejándose 
ver después de una grande turbonada, cuyos espanto- 
sos carices nos previnieron al principio; pero muy 
breve se disipó con grandes relámpagos, fuertes y 
repetidos truenos. Disipada la tempestad a las cinco 
y media se presentó toda la costa al S.E. y N.E. del 
cabo Corrientes, el cual marcamos al N. 60° E. de 
siete a ocho leguas; con el objeto de acercarnos a él, 
ceñimos el viento con toda fuerza de vela; y situados 
a las nueve ventajosamente procedimos a su situa- 
ción absoluta y sucesiva del resto de la costa. Nues- 
tra posición al mediodía del 10 fue en latitud de 
20 331" y longitud de 99°19'20" en cuya sazón nos 
demoraba el cabo Corrientes al N. 8 o S.E. distancia 
de ocho a nueve leguas; su posición según nuestros 
resultados, es en latitud de 20 D 24'50" y en loneitud 
de 99°32'45". * 

Continuamos al mediodía del 11 con rumbos pa- 
ralelos a la corta distancia de dos y media a tres le- 
guas. Los horarios repetidos en la tarde nos manifes- 
taron grandes diferencias al E. y en la noche varias 
latitudes de estrellas, conformes a la que resultó por 
la luna a su paso por el meridiano, nos indicaron 
también casi igual cantidad en la latitud, de donde 
concluímos nos arrastraban las aguas hacia el N.E. 
Se ratificaron estos conceptos cuando por la mañana 
nos hallamos próximos al puerto de la Navidad/ 
a pesar de haber estado toda la noche al pairo en las 
inmediaciones de la punta de Chamela con el objeto 



I 108] 



DIARIO DE VIAJE 



de amanecer a la vista del último punto marcado en 
la tarde, lo que nos fue imposible por el violento 
efecto de aquéllas. 

El cabo Corrientes es un punto notable y difícil 
de equivocarse atendiendo a que la tierra más saliente 
al N.O. de la costa corre en la dirección del rumbo 
opuesto; esto sólo bastaría para su conocimiento, 
pero lo distingue también el que desde la orilla del 
mar empieza a elevarse hasta igualar su montaña con 
el resto de la costa, quien es de altura considerable, 
CGn muchas señales de navegación, toda cubierta en 
Jo interior de numerosa arboleda, y en la orilla al- 
gunos médanos de arena, formando también playas 
hasta encontrar la punta de Chamela. 

El puerto de Navidad está situado en latitud de 
19°17'20" y longitud 9S°53'15" desde donde roba 
la costa como en dirección del O.N.O al E.S.E. del 
mismo carácter que la anterior, pero libre de playas 
y arenales. Nuestra situación al mediodía del 11 era 
en latitud de 19°5'4(T y en longitud de 99 o 3'50". 
Los horarios de la tarde, conformes con los de la 
mañana, nada nos han indicado relativamente a Co- 
rrientes; pero sí las latitudes de estrellas inferidas en 
la misma noche y comprobadas después con las del 
mediodía manifestaban bien la gran diferencia de 16' 
al S. cuya causa no podemos alcanzar, parecía na- 
tural que libre esta costa de ríos, canales y de gran- 
des bahías, las aguas tirasen en su dirección por la 
constancia de los vientos del N.O., como lo ha- 
bíamos experimentado desde el cabo Corrientes hasta 
la punta de Chamela, 

En nuestro viaje anterior y por el paralelo de la 
punta de Suchicho experimentamos vientos bonan- 
cibles y calmosos, que con sentimiento nos rodean 



IW] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



también en éste, haciéndose incómodos estos lugares 
por su excesivo calor, que en la noche se hacen de 
algún modo llevaderos; en la misma, aprovechamos 
también el viento constante del N.O. consiguiendo 
así ligar a pequeños trozos la costa. En la mañana 
del 13 se dejaron ver los montes y entre ellos las 
tetas, que anunciamos en la parte correspondiente 
del viaje anterior a éste. Nuestra situación al medio- 
día fue en latitud de 17°50'3 M y en longitud de 97° 
15'50" 

Situados en medio del contraste de las dos estacio- 
nes nos han rodeado ventolinas calmosas, turbonadas, 
y vientecitos variables hasta correr en varias ocasio- 
nes todos los rumbos de la aguja; pero a pesar de 
estas contrariedades las corrientes constantes en estos 
últimos días nos han arrastrado hacia el N.; sin em- 
bargo se hace un rumbo muy próximo al E.; así la 
situación absoluta de la costa deberá siempre consi- 
derarse con algún error en latitud, con concepto a no 
ser exacta la proporcional, que debía corresponderá 
a cada hora para proceder a su establecimiento. 

Al mediodía del 15, situados en latitud de 17°22' 
07" y en longitud de 95°33'20" nos demoraban las 
isla de la boca de Siguatanejo al N. 42° E.; distá- 
bamos a la sa2Ón del puerto de Acapulco cuarenta 
y dos leguas próximamente. 

Desempeñada en aquellas circunstancias nuestra 
comisión hicimos derrota directa al puerto de Aca- 
pulco temerosos de que, en el día siguiente no pu- 
diésemos tomar el fondeadero, por lo débil de los 
vientos, y así nos proporcionase una mala noche y 
cuidadosa por las fuertes y veloces corrientes; pero 
por fortuna fueron equívocos nuestros conceptos, el 
viento aunque bonancible nos facilitaba un andar de 



[110] 



DIARIO DE VIAJE 



tres millas, que unida a la velocidad de las aguas 
nos proporcionaba amanecer a la vista de los cerros, 
o tetas de Coyuca; y a las diez de la mañana enta- 
blada la virazón, y con toda fuerza de vela dirigimos 
nuestro rumbo al surgidero, en el que conseguimos 
anclar a las cinco de la tarde próximamente. 



SALIDA DEL PUERTO DE ACAPULCO PARA 
LAS ISLAS MARIANAS 

Diciembre 20 de 1791. — Listas de un todo las 
corbetas, dados los últimos adioses a nuestros compa- 
ñeros y entrada la brisa a las diez de la mañana, 
dimos la vela seguidos de la Atrevida; rebasada la 
punta del Grifo, y afirmado el viento por el O. ce- 
ñimos mura a estribor con cuya proa pudimos al 
mediodía estar ya libres de puntas. 

Enero 7 de 1792. — Los vientos flojos y variables 
favorecieron bien poco nuestra derrota en los prime* 
ros días; pero entablada la brisa el 7 de enero, pro- 
curamos conservar el paralelo de 13 grados en el que 
contraído ya el 10 de febrero 111° al occidente de 
Acapulco inclinamos nuestro rumbo al N. para en- 
trar en latitud de 15°, con el fin de hacer la recalada 
a la parte más septentrional de la isla de Tinian. 

Día 11. — Situados al mediodía en latitud de 14° 
54' 10" y en longitud de 2O7°5 í 20" confiábamos dar 
vista a la tierra en las primeras horas de la tarde; 



[Ui; 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



en efecto a las dos y media se dejó ver la isla Seipán, 
como a doce leguas de distancia, y colocados a las 
cuatro ventajosamente dimos principio a nuestras ta- 
reas, midiendo bases y observando longitudes con 
oportunidad; a la sazón se terminaban bien los ex- 
tremos de aquélla y algo confusos los de Tinian; en 
esta posición se marcó la medianía de Seipán al N. 
75° O., la cual vista a la distancia de diez a doce 
leguas se presentaba baja; su punta septentrional es 
tajada y bastantemente alta, su extremo meridional es 
un trozo de tierra baja, y en su tercio se eleva y forma 
un montecito como una mesa, terminando después 
en un monte de regular altura, descendiendo luego 
suavemente por ambos * lados, estando una y otra 
acera interrumpida de varias colinas o pequeños 
montecillos; resultó su posición en latitud de Í5°10' 
y en longitud de 207°37'00". 

La de Tinian se deja ver bajo el aspecto de tres 
pequeñas islas; la más meridional representa un 
montecito de mediana: altura que ocupa casi la mi- 
tad de la isla y la septentrional dos pequeñas lomas 
que suavemente diminuyen hasta las orillas del mar; 
quedó establecida en latitud de 15°00' y su extremo 
oriental en longitud de 207°29'. 

El viento se mantuvo en la noche bastantemente 
fresco por el N.E. con el cual y las cuatro principales 
seguimos el rumbo del S. con el fin de amanecer a 
la vista de la isla Rota, que marcamos al salir el sol 
al S. 20° E., distancia de seis a siete leguas. Se hacía 
notable en su centro un monte bien alto; su punta 
septentrional se extendía bastante hacia la mar for- 
mándola un trozo de tierra baja, y la meridional algo 
más alta y menos prolongada; su situación es en 
latitud de l4°Sm y en longitud 208°16" 



[112] 



DIARIO DE VIAJE 



Día 12. — Favorecía el viento de tal modo nues- 
tros pasos, que muy luego se dejó, ver el frontón 
septentrional de las isla de Guaján, cuya extensión de 
seis millas y en la dirección del E.S.E. al O.N.O. es 
de mediana altura, cubierto de arboleda hasta la 
orilla pendiente y baja hacia la mar; después nos 
acercamos a su punta N.O. y costeamos de cerca la 
parte occidental de la isla. El terreno por este lado 
baja a formar colinas agradables y vestidas de arbo- 
ledas con playas en la orilla, después se dejó ver la 
población de Agaña, situada muy inmediatamente a 
la mar, a cuya vista desplegamos nuestras insignias. 

A la una hallándonos bien inmediatos y por el 
través de la ciudad vimos se dirigía hacia nosotros 
un parao a la vela; en consecuencia pairamos mura 
a estribor; a poco rato llegó a bordo con un oficial 
de la plaza, quien de orden del Gobernador suplicaba 
el objeto de nuestra comisión; y satisfecho regresó 
/a su destino. Nosotros mareamos dirigiendo nuestro 
rumbo al puerto de San Luis, al cual sólo nos guiaba 
un plano de la colección de Dalzimple levantado el 
año de 1773 por Antonio Rodríguez, piloto español; 
muy breve conocimos su mal arrumbamiento, con- 
duciéndonos por medio del placer, que termina en el 
extremo del O. entrada septentrional del surgidero 
sobre cuatro brazas fondo coral y piedra; por consi- 
guiente ceñimos el viento, el que habiéndose que- 
dado calmoso y después de dos pequeños repiquetes 
dejamos caer el ancla a las cinco de la tarde ya den- 
tro del puerto en 27 bra2as cascajo, a media milla de 
la punta Oróte, meridional del fondeadero; y situada 
en latitud de 13 0 24'2(T y en longitud de 209°19'31'\ 
Este puerto, rodeado en gran parte de rompientes 
y bajos, el fondo casi todo de piedra y madrépora, 



[113] 



FRANCISCO XAVIER PE VIANA 



presenta un aspecto nada agradable al cuidadoso na- 
vegante. La canal se halla en su medianía, el mayor 
ancho es de dos cables, el fondo de 30 a 15 brazas 
cascajo, si se exceptúa la rabiza del placer, que por 
3 y 6 brazas se extiende a media milla de la rom- 
piente; circunstancias todas que dictaron la preferen- 
cia a la rada de Humata; así a las nueve de la maña- 
na del 13, dimos la vela seguidos de la corbeta Atre- 
vida, y después de varios bordos y con el auxilio 
del viento entablado a la sazón por el E.N.E> pudi- 
mos alcanzar el fondeadero a las tres de la tarde, que- 
dando amarrados con dos anclas, la del ayuste afuera, 
y en la dirección de RE. a S.O. El asta de la ban- 
dera al S. 83° E., distancia de ésta de dos a tres cables. 

El surgidero de Humata es una ensenada Cuyo 
mayor fondo es de dos a dos y medio cables; está 
situada en latitud de 13°17'40" y en longitud de 
209 o 17'31" y en la medianía del trozo de costa com- 
prendido entre las puntas de Alcaparrones y del Me- 
rizo, que corren con la boca de aquélla; la primera 
al N. 25° O. y la segunda al S. 15° E.; le sirve de 
algún abrigo para lo* vientos del S.E. la isla de 
Cocos, cuyo extremo saliente demora al S. 5 o O. 
El mejor fondeadero es sobre 10 brazas arena grue- 
sa, demorando la fortaleza al N. 50° E. distancia 
de tres a cuatro cables del castillo. La situación local 
de este lugar y la dirección de la costa manifiesta 
bien que sólo es adaptable este amarradero en la 
mozón del N.E. y muy expuesto en la de S.O.; em- 
pieza ésta en lo smeses de mayo y junio, y aquélla 
en los de setiembre y octubre, pero en las islas de 
los Ladrones o Marianas, no recalan las coyas o 
vendavales hasta junio o julio, únicos meses temibles 
en este archipiélago a causa de los huracanes. 



[114] 



DIARIO DE VIAJE 



SALIDA DE HUMATA PARA EL PUERTO DE 
PALAPA 

Febrero 24 de 1792. — Concluidos nuestros tra- 
bajos y cerrada la cuenta de los relojes marinos, nos 
dispusimos a dar la vela, cuyas maniobras empren- 
dimos en las primeras horas de la mañana, y ya a 
las ocho seguidos de la corbeta Atrevida nos pusimos 
en derrota gobernando al O. favorecidos de la brisa 
a la sa2Ón fresca. Al mediodía, apenas distinguíamos 
la isla de Guaján, que marcamos al S. 81° E. distan- 
cia de ocho a diez leguas. 

Favoreció nuestra derrota la brisa fresquita del E. 
al E.S.E. bajo un tiempo hermoso y despejado, el 
cual fue sustituido con algunos chubasquillos y el 
viento variable del S.E. al N.E.; nuestro rumbo fue 
constantemente al O. 5 o y al O, Ya S.O. procu- 
rando así conservar el paralelo de 13 grados, 

Al mediodía nos hallábamos en latitud de 12°52' 
41" y en longitud de 229°43'10 , \ Nuestro andar de 
cuatro a cinco millas nos obligó a pasar un corto 
tiempo de la noche al pairo con el objeto de amane- 
cer a la vista del cabo de Espíritu Santo, el que 
marcamos efectivamente al S. 73° O.; y el extremo 
meridional de la isla Samar, al S. 28° O. es de una 
altura regular, su mayor elevación es hacia el mismo 
cabo, que es bajo y formado de un declive muy 
suave; desde dicha altura va igualmente descendiendo 
hasta encontrar el extremo meridional, el cual por 
las quebradas y lomas que forman los montes, se 
presenta a primera vista y a alguna distancia, bajo 
el aspecto de una isla. 



[115] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Marzo 3 de 1792, — Situados a las siete de la ma- 
ñana como a dos leguas al E. del cabo del Espíritu 
Santo, orzamos al O. Va N.O. en demanda de lo más 
saliente al N. de ellas; a la sazón se dejaron ver las 
islas que forman el puerto de Palapa, todas de te- 
rreno bajo y por partes anegadizo; las que proyec- 
tan con la costa firme ofrecen alguna confusión para 
la entrada en el surgidero, lo cual puede evitarse con 
la precaución de costearla muy cerca. A las diez pa- 
samos a dos millas de la isla Batoc y aunque repi- 
tiésemos muchas veces las sondas, no hallamos fon- 
do con noventa brazas de sondaleza. 

Poco antes de las doce distinguiéndose ya la boca 
del puerto largamos nuestras insignias, y con proa 
al S.O. Va S. nos dirigimos al fondeadero con sólo 
las gavias y juanetes, con cuyo aparejo nos hallamos 
muy breve en el tránsito que forman los dos arreci- 
fes salientes de las islas Batag y Cahayaga; en su me- 
dianía sondamos 25 y 20 brazas arena. Estos arreci- 
fes del todo descubiertos forman la entrada, que es 
de fácil acceso, a que contribuyen dos islotillos que 
se hallan sobre la rompiente del O.; el mayor ancho 
del canal es de media milla próximamente. 

La corriente que a la sazón se dirigía con velocir 
dad para el O. hacía preciso nos acercásemos más 
bien a los arrecifes del E., y aunque el viento nos 
fuese las más veces escaso, contribuyó no obstante 
para conservarnos en la medianía del canal, en el 
cual disminuyendo el fondo paulatinamente y hallán- 
donos en nueve y media brazas lama negra, e inme- 
diatos a un bajo que teníamos por la proa, dejamos 
caer el ancla amarrándonos después en la dirección 
de la corriente, la una al N.O y la otra al S.E., en 
cuya posición demoraba lo más saliente de los arre- 

[116] 



DIARIO DE VIAJE 



cifes de la entrada al N. 8 o O. y N. 19° O., y lo 
más meridional de la isla Cahayaga al N. 52° O. y 
la de Calapán al S.O. distancia de tres a cuatro millas. 

Día 4. — Puede considerarse como buen amarra- 
dero la extensión que forman las islas Batag, Caha- 
yaga y de Lahuán, de terreno bajo, cuyas dos entra- 
das igualmente fáciles, presentan a primera vista 
todos sus riesgos y peligros. La boca septentrional 
quedó establecida en latitud de 12° AV y en longitud 
de 228°48'20" y la oriental en latitud de 12°36*30" 
y en longitud de 228°45\ Las sondas en la medianía 
de ésta y N,S. con la cabeza de los arrecifes, es de 13 
brabas arena; después disminuye hasta 7, luego 
aumenta a 8 y vuelve a descender a 7 y aún en las 
inmediaciones de la isla de Calapán; desde ésta hacia 
la boca septentrional crece el fondo constantemente 
desde 9 a 10, 11, 18, 25 y 30 brasas, ya E.O. con 
los extremos salientes de los arrecifes. 

Si se entrase por la boca septentrional, se tendrá 
cuidado con dos bajos situados próximamente en la 
medianía de la primera ensenada que se forma en la 
costa oriental de Batag, los cuales corren con las 
puntas que la hacen en la dirección de S. *4 S.E., 
y si pensase para dar fondo rebasar la isla de Cala- 
pán, dará resguardo a otros dos bajos que se hallan 
al S. 60° E. de dicha isla; el primero distará de éste 
como una milla y el segundo dos, escasamente. 



[117] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



SALIDA DEL PUERTO DE PALAPA PARA EL 
DE SORSOGON. 

Marzo 10. — Concluidas nuestras tareas geográ- 
ficas entablaron poco antes del mediodía las brisas, 
y favorecidos de la marea dimos la vela entrambas 
corbetas, haciendo el paso por la boca sep- 
tentrional; ya zafos para las doce y media de las 
puntas y arrecifes que las rodean p arribamos al 
N.O.; poco después variamos de rumbo gobernando 
al O. y luego al O. Ya S.O. y O.S.O, con cuyos ángu- 
los prolongábamos los diferentes trozos de costa, en 
cuyas cercanías medíamos bases observando longi- 
tudes con oportunidad y enfilando en lo posible to- 
dos los puntos que se nos presentaban a la vista. 

A poco de haber abandonado la boca del puerto 
se dejó ver la isla de Jabón, baja y de poca extensión, 
la cual nos demoraba a las cinco y media de la 
tarde al S. 73° E. de la aguja, distancia de cuatro 
leguas próximamente; en esta posición acortamos de 
vela y pairamos de una y otra mura con viento fres- 
quito del S.E, procurando por este medio y con algún 
otro repiquete, conservar aquellas inmediaciones pa- 
ra alcanzar así al amanecer el estrecho de San Ber- 
nardino. 

A las cuatro de la mañana marcamos sobre las ga- 
vias al O. 5° S.; poco después hicimos fuerza de vela, 
y a las primeras claras del día marcamos la isla de 
San Bernardino al S. 70° O. distancia de dos leguas, 
y los islotes de Baiiquatro al S. 24° O., en cuya po- 
sición dirigimos nuestro rumbo al S.O. con viento 
fresquito del E.N.E. entrando a la sazón la marea. 



[118] 



DIARIO DE VIAJE 



El tiempo hermoso y de un todo despejado nos per- 
mitía ver el volcán de Voluzam, la población que 
se halla a su falda y los cerros inmediatos. 

Ya dentro del estrecho fue preciso abandonar el 
método de las bases por correderas, pues que la inu- 
tilizaban la velocidad de las aguas a los diferentes 
canales que forman en él, y adaptar para la coloca- 
ción de los puntos que se presentaban a la vista, las 
enfilaciones y repetidas longitudes en los meridianos 
de aquéllos. A las ocho estábamos dentro del estre- 
cho, y a4a distancia de una y media milla del islote de 
San Bernardino, cuya latitud es de 12 o 46'30" y lon- 
gitud de 229°3310"; a la sazón se dirigía la marea 
hacia el CX y el viento había cedido bastante rolando 
al mismo tiempo al S.E», con el cual hicimos derrota 
al S.S.O. y O. Ya S.O., y con él hicimos el paso por 
la angostura que forma aquella punta con la isla de 
Capul; y ya por el través del bajo visible de Calantas 
gobernamos al N,0. cuyo rumbo nos conducía a las 
inmediaciones de la costa de Luzón, evitando por este 
medio el que las corrientes nos arrastrasen hacia los 
Naranjos, cuyas inmediaciones son peligrosas, por el 
encuentro de las aguas de unos y otros canales, que 
causando frecuentes remolinos hacen arriesgada y di- 
ficultosa la salida» 

Situados como a dos millas de la costa de Luzón 
hicimos derrota a la punta de Culán, algo saliente a 
la mar, baja y bastantemente escarpada. Al mediodía 
nos demoraba ésta al N. 37° O., la punta Capul al S. 
74° E. y la isla más N.E. de los Naranjos, enfilada 
con lo más N. de Ticao, llamada ésta del Diablo, al 
N. 67° O., distancia de aquéllos como ocho leguas. 

Favorecidos de las corrientes y del viento a la sa- 
zón fresco del N.NJ3. al É. continuamos prolongan- 



[119) 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



do la costa con proa del N.O. y a la una estando 
tanto avante con la punta Culán, hicimos derrota al 
N.N.O. dirigiéndonos así a la punta occidental de la 
isla de Bagatao, la cual se confunde con la tierra fir- 
me, por presentarse proyectada con ella; sin embargo 
se hacen visibles sus extremos, si se atiende a que al 
fin, e inmediato a unas barrancas blancas que están 
prolongadas por la costa hay un torreón, y seguida- 
mente hay otra isla, demorándonos el volcán de Vo- 
hizam al N. 75° E. y el extremo occidental de Ba- 
gatao al NJM.CX; sondamos 19 brazas arena gruesa. 

J2. — Con el rumbo último de derrota al- 
ranzamos la punta occidental de la entrada de Sorso- 
gón, y después de un pequeño repiquete en su inme- 
diación dejamos caer el ancla en 14 brazas arena, 
al abrigo de la isla de Bagatao. A las nueve de la. 
mañana entablada ya la brisa, dimos la vela con todo 
aparejo y con cuidado de las sondas y después de 
repetidos bordos ganamos el fondeadero, en el que 
nos amarramos N.S., quedando el cuerpo de la cor- 
beta en 8V2 brazas lama, en cuya posición nos' de- 
moraba el frontón N. de la isla de Bagatao al S. 62° 
O., lo fnás meridional de la isla de la boca al S, 74° 
30' O.; distancia de la tierra al través cuatro cables 
próximamente. 

En el mismo día se estableció el observatorio en 
la costa inmediata a nuestro amarradero, después se 
procedió a ia verificación del plano del puerto en 
que se hallaban surtas las corbetas y concluido éste 
para el 15, se puso a mi cargo el cuidado de levantar 
el plano de Sorsogón, para cuyo efecto se habilitaron 
las lanchas de ambos buques, completas sus esquifa - 
zones y provistas con seis días de víveres. Listas de 



[120] 



DIARIO DE VIAJE 



un todo y con el terral bonancible, la marea a la 
sazón favorable, dimos la vela a las tres de la ma- 
ñana del 16; me acompañaban en la lancha de la 
Descubierta D. Felipe Bauzá, y en la de la Atrevida 
el Alférez de Fragata D. Jacobo Murphy, con el 2<? 
piloto Hurtado. 

Procuramos combinar con la exactitud de los 
trabajos, el ocupar el menor tiempo posible; así pen- 
samos todos unánimes en que Murphy estableciese las 
sondas por medio de repetidas y dobles marcaciones 
a los puntos más visibles del puerto, los cuales co- 
locaríamos nosotros; en efecto rebasada la punta 
de Macuquil, se separaron las dos lanchas; la de la 
Atrevida hizo rumbo hacia la costa N. y O, y sobre 
tordos dio principio a las sondas y la de la Des- 
cubierta verificándolas también, hizo derrota a la 
medianía de la playa comprendida entre los ria- 
chuelos Poedoí y Palixet, y ya muy inmediatos a ella 
dimos fondo y por medio de una pequeña canoa pa- 
samos a tierra, en donde y en el terreno que abrazan 
los dos torreones de Capuy y de Poedoí medimos 
una base, sujetando desde sus extremos los puntos 
más notables que teníamos a la vista. Después nos 
dirigimos a la playa fronteriza al mismo pueblo de 
Sorsogón, en donde repetimos nuestras operaciones 
con otra nueva base; concluidas aquí las marcaciones 
pasamos al convento de San Diego, en donde era 
nuestro , ánimo pasar la noche y convenidos con el 
virtuoso religioso, nos dirigimos luego a cumplimen- 
tar al alcalde a quien pedimos los bagajes necesarios 
para conducirnos a las playas inmediatas al pueblo 
de Bacon, y prestados todos los auxilios emprendi- 
mos- nuestra excursión en la madrugada del 17. El 
camino que conduce a aquel lugar es muy áspero 



[MI] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



por algunas partes, y por otras muy pantanoso, pero 
la espesura de los altos y copudos árboles, que cru- 
zándose sus ramas forman un arco continuo, el suave 
mecimiento de los misinos, y el dulce canto de las 
aves moradoras de este delicioso sitio, hacen menos 
incómodo este tránsito. A las ocho de la mañana lle- 
gamos a aquel pueblo; inmediatamente pasamos a 
las orillas del mar y en su playa medimos una base, 
con la cual ligamos todos los puntos visibles y las 
islas Pingán y Rapurapo. Nuestras intenciones desde 
Sorsogón eran salir hacia aquellas islas, y ver si po- 
díamos sujetar la de San Bernardino y algunos otros 
puntos del estrecho; pero se inutilizaron nuestros 
buenos deseos, por no haber embarcación alguna 
con que poder hacer la travesía; consiguientemente 
nos regresamos a Sorsogón en el mismo día y al 
siguiente dimos la vela entrambas lanchas; la de 
la Atrevida hizo derrota al primitivo amarradero, 
continuando sus sondas y la de la Descubierta a la 
punta de Gubán, desde la cual repetimos marca- 
ciones a los puntos visibles. Después siguiendo las 
sondas hicimos el paso entre las isla Malasimbo y 
la isla Poro y sobre bordos las verificamos en el 
canal que forma ésta con la costa, pudiendo ya para 
el mediodía alcanzar el fondeadero de la punta de 
Macuquil y hacer nuevas marcaciones en el torreón 
situado en lo más alto de ésta, y concluidas nos re- 
gresamos al lugar de las corbetas, adonde llegamos 
a las cinco de la tarde, evacuada nuestra comisión. 

La entrada del puerto de Sorsogón la forman las 
dos islas Bagatao y Malumahuán; el fondo en la 
boca, cuyo ahcho de media milla, es de 17, 15, 18, 
14 y 13; después es muy hondable, y ya N.S. con el 
fuerte de Tumalaytay vuelve la sonda a 18, 16 y 15 



[1»] 



DIARIO DE VIAJE 



de la misma calidad, disminuyendo luego hacia una 
y otra costa, hasta 6 y 5 broas, cuyo mayor ancho 
entre ellas es de, una y media millas; después estre- 
chándose va a formar con las islas de Barumbagán 
y la punta de Macuquil, la garganta del espacioso 
puerto de Sorsogón en el cual y rebasada la punía 
de Sembiaya en la isla de Poro, es el fondo de 7, 6 
y 5 brazas; luego disminuye a 4, 3 Vi y 3, muy in- 
mediatos a la población de Jubán y Casiguara, en 
la costa meridional y hacia Sorsogón en la septen- 
trional; abraza de latitud cinco y media millas y de 
longitud nueve. Las tierras que la rodean son bajas, 
si se exceptúan la corpulenta montaña de Voluzam 
y el volcán de Alvay, cuyo cráter bostezaba siempre 
fuego y su materia veíamos precipitarse hacia sus 
faldas. 



SALIDA DEL PUERTO DE SORSOGÓN PARA 
LA BAHIA DE MANILA. 

Marzo 20. — Concluidas nuestras tareas geográfi- 
cas y averiguando el movimiento de los relojes, nos 
dispusimos a dar la vela, y puesta la señal correspon- 
diente a la Atrevida, lo verificamos nosotros a 
las diez de la mañana, seguidos a poco rato de la 
corbeta subalterna; y franqueados de puntas enta- 
blado ya el viento por el N.E., dirigimos nuestro 
rumbo al S, S.O. el cual nos conducía a las in- 
mediaciones de la costa de Ticao. 

Aunque el viento al principio de la tarde fuese 
bonancible, y después varió en el tercer y cuarto 



[1M] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



cuadrante pudimos sin embargo en las últimas horas 
de ella, entablada la, brisa fresquita por el E«N.E„ 
situar la punta del Diablo septentrional de la isla de 
Ticao, en latitud de 12°43'3(T y en longitud de 230° 
12\ Después con rumbo del O. Va N.O. costeamos 
de cerca los islotes situados en su punta N.O. desde 
donde y con proa del O. Va S.O., hicimos derrota 
hacia la punta de Burias, procurando así hacer el 
paso entre ésta y la de Masbate. La primera es de 
terreno bajo, si se exceptúa su extremo de mediana 
altura y cortado con alguna inclinación al mar; 
la segunda igualmente baja, bien que desciende in- 
sensiblemente hasta la misma orilla. A las siete y 
media nos hallamos en la medianía del freu, cuyo 
ancho no excede de una legua y a las ocho estába- 
mos N.S, con lo más occidental de Burias, distancia 
de una legua próximamente; en esta situación diri- 
gimos nuestro rumbo al O.N.O. con toda fuerza de 
vela y a las once ya en buen lugar para amanecer 
en las inmediaciones de la isla de Siburán, pairamos 
de una y otra vuelta hasta las cuatro de la mañana, 
hora en que hicimos derrota al O.N.O., con viento 
bonancible del E. 

Amanecimos a la vista^ del paso que forma la isla 
de Masbate, con la de Siburán y punta o frontón de 
3odoc, la cual nos demoraba al N. 40° O. distancia 
de cuatxo leguas próximamente; es de terreno alto, 
y amogotado y hacia el E. se advertía el abra que 
forma con la isla de Burias; después se dejaron ver 
las islas de Roblón y de Tablas y sucesivamente el 
tránsito de Vantón y Marinduque, cuyo extremo 
septentrional nos demoraba al mediodía situados en 
latitud de 12°56' al S. 86° O. y el extremo meridio- 



[U4] 



DIARIO DE VIAJE 



nal de Marinduque o punta Mahunquin al N. 63° 
O. distancia de cinco a seis leguas. 

Con el viento a la sazón del E, continuamos en 
demanda de aquella punta y reconocimos a las cinco 
el islote Elefante y los tres Reyes, dirigimos nues- 
tra derrota al S. de ellos y rebasados para las once 
de la noche, orzamos al N.O. prolongando así la 
costa de Mindoro, aunque siempre con atención a la 
corriente que entonces nos aconchaba algún tanto 
sobre ella. 

Día 24. — ■ Al salir el sol mareamos la punta me- 
ridional de Marinduque al S. 71° E. y la de Zamalo 
en Mindoro al S. 19° E.; a la sazón y muy inme- 
diatos a la costa de Luzón, se dejaron ver tres embar- 
caciones que a primera vista parecían ser piedras. El 
práctico que teníamos a bordo nos aseguró eran tres 
pancos de moros, en consecuencia ceñimos el viento 
y emprendimos el orden de cazas; pero la oportu- 
nidad de sus maniobras, la construcción velera de 
sus embarcaciones y el viento que aunque al prin- 
cipio lo tuviésemos fresquito, los favoreció después 
quedándose bonancible, galeno y aún calmoso, ha- 
ciéndolos por consiguiente triunfar, dejando burla- 
dos nuestros esfuerzos, bien que con no poco sobre- 
salto, pues que vieron muy de cerca muchas de nues- 
tras balas. 

Perdidas ya de un todo las esperanzas, abando- 
namos la empresa, poniendo en derrota al O.N.O 
5 o N. en demanda del paso que forman las islas 
Verde y Maricabán, y al mediodía hallándonos en 
latitud de 13°34' y a dos millas de distancia de la 
primera nos demora su punta N.O. al S. 77° O.; 
en esta posición y con el viento fresco del S.E. diri- 



[125] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



gimos nuestro rumbo al O. el cual nos conducía a 
la punta S, y E. de Maricabán. Rebasado el extremo 
oriental de la isla Verde, advertimos que las aguas 
habían adquirido una gran velocidad hacia el O., de 
modo que antes de la una nos hallábamos ya N.S. 
con su extremo occidental y a la distancia de una y 
media milla próximamente; así gobernamos al O. 
Ya S,0. cuya derrota nos conducía al tránsito for- 
mado por aquéllas. 

Verificado aquel paso, hicimos derrota a la punta 
de Santiago con proa del CXN.O. y visto el islote 
Fortun gobernamos al N.O. V 4 N., con cuyo rumbo 
prolongamos la costa a distancia de tres a cuatro 
millas. A las ocho nos hallábamos E.O. con aquél; 
a la sazón distinguíamos bien el Corregidor y Pulo 
Caballo, a cuya vista pasamos la noche sobre las 
gavias, de uno y otro bordo. 

Al salir el sol marcamos el islote Fraile al N> 
65° E., Pulo Cabillo al N. 43° E, y la medianía de 
Fortun al & 5 o O.; a la sazón nos acompañaba un 
viento fresquito del E.N.E, con el cual y sobre 
bordos tratamos de ganar la entrada en la bahía de 
Manila, por el tránsito que forman Pulo Caballo y 
el Fraile y rebasado aquél para el mediodía, conti- 
nuamos ciñendo el viento E. mura estribor y rendido 
el bordo en las inmediaciones de la Pampanga, vi- 
ramos por delante y hallándonos en sonda de nueve 
brasas fango, pairamos en la noche de una y otra 
vuelta. 

Día 25. — Amanecimos en calma y a regular 
distancia de la ciudad. A las diez entablado aunque 
bonancible el viento por el E.S.E. nos dirigimos al 
fondeadero de las inmediaciones del medio de la 



DIARIO DE VIAJE 



barra, en donde nos amarramos a poco rato N.O.S.E., 
en cuyo lugar nos demoraba la ciudad al EN.E., el 
Corregidor al S. 63° O. y Cavité al S. 15° (X, dis- 
tancia de la tierra más inmediata media milla pró- 
ximamente; después saludamos a la plaza con nueve 
tiros de cañón y contestados por ella con el de cinco. 

Día 26. — En las primeras horas de la mañana 
pasaron a tierra los comandantes y oficiales de am- 
bas corbetas a cumplimentar al Capitán General. Al 
día siguiente se empezó a hacer la aguada, y con- 
cluida para el I o de abril, dio la vela la Atrevida, 
haciendo derrota al puerto de Macao, y el 2 lo ve- 
rificó la Descubierta, quien estuvo de regreso para 
el 13 después de haber trazado el pedazo de costa 
comprendido entre las puntas de Maribeles y de Bo- 
linao; y la Atrevida lo verificó el 26, ambas en el 
surgidero de Cavité. 



ESTADA EN MANILA 

Se tomaron dos casas en la población de Cavité, 
la una en el centro y la otra inmediato a la orilla 
del mar; en la primera se alojó la tropa, y en U se- 
gunda la marinería de las dos corbetas, eligiéndose 
en la última un lugar para todos los pertrechos y un 
cuerpo de guardia para el oficial destacado, a cuyo 
cargo estaba el orden y policía de tropa y marine- 
ría la que se consideraba como acuartelada, resta- 
blecido en este lugar el método que debía seguirse, 
empezó la maestranza la recorrida de los dos buques, 

[127] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



y la marinería la del aparejo; en el entretanto se- 
guían en Manila las tareas astronómicas y las expe- 
riencias de la gravedad de los señores Malaspina, 
Espinosa, Concha y Cevallos, D. Felipe Bauza en-' 
tendía en la verificación del plano de la bahía y 
ordenar los trabajos anteriores; D. Alejandro Ma- 
laspina pasó después a la contra costa de Luzón es- 
tableció en ella la latitud de 14°42' y longitud de 
232° 14' del puerto del Lampón; D. Antonio Tova 
estuvo en la costa que comprende desde el río Pa- 
guilao hasta la punta de Santiago en las provincias 
de Tayabas y Batangas; D. Juan Maqueda pasó a la 
costa de Camarines y parte occidental de Catandua- 
nes. Los demás oficiales se empleaban también en 
muchos otros objetos correspondientes a la expe- 
dición; a mi cargo se puso la comisión de tra2ar y 
levantar el trozo de costa que abrazan el cabo Bo- 
hnao y Vogeador y todos sus planos, cuyo diario es 
el que sigue. 



Navegación de las corbetas desde Manila al 

PRESIDIO DE ZAMBOANGA Y DESDE ALLÍ POR EL 

mar Pacífico hasta las costas 
de la Nueva Holanda. 

Noviembre 15. — Las precauciones tomadas en 
la tarde anterior, para reunir de antemano a bordo 
cuantos individuos correspondían a las corbetas el 
tranquilo descanso de toda la noche, y la misma' in- 
quietud del navegante para abandonar aquellas ori- 
llas que formando poco ha el centro de sus recreos 
no le presentan sino el espejo de su ruina, de sus 

[128] 



DIARIO DE VIAJE 



achaques y de las ajenas acechanzas, debía acelerar 
todos nuestros pasos para la salida prefijada en la 
mañana del 15; y aunque el ejemplo de los días an- 
teriores no debían lisonjearnos que nos favoreciesen 
los vientos del E. hasta las primeras horas de la 
tarde, fue un acaso bien feliz, que muy temprano y 
casi en el mismo momento de estar prontos, viése- 
mos entablar aquellos vientos, con los cuales inme- 
diatamente levadas las anclas dimos la vela nave- 
gando hacia el N., para franquearnos de las inme- 
diaciones de la punta de San Gley antes que cesasen, 
como debíamos temerlo. 

No eran infundadas nuestras sospechas, pues que 
a las once ya no teníamos sino vientos flojos del N. 
O. y O., con los cuales no era fácil continuar la de- 
rrota, sin empeñarse con el bajo San Nicolás; pre- 
ferimos por consiguiente la mura a babor y así nos 
mantuvimos hasta las tres de la tarde; a esta hora 
entablado nuevamente el viento fresquito del E.N.E. 
dirigimos nuestro rumbo a la boca de Maribeles con 
todo aparejo y a las siete de la misma ya fuera de 
la bahía, marcamos el islote de la Monja al N.O., 
distancia de una milla próximamente. 

La derrota que a nuestro Comandante pareció pre- 
ferente en este punto, fue la que nos conducía a pasar 
al N. de la isla de Cabra; pues ademási que la esta- 
ción demasiado temprana, debía inclinar los vientos 
al N. y hacer muy calmosa y escasa la navegación 
entre las islas de Ambil y Mindoro, era también un 
reconocimiento útil para la navegación, el que de- 
terminásemos con mayor seguridad las recaladas a 
Manila por medio de este archipiélago en la estación 
tempestuosa de los vendavales; dirigió pues nuestros 
pasos en la noche, la situación establecida a la isla 



1129] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



de Cabra por e] Sr. Dalzimple, y andada una distan- 
cia proporcionada pairamos sobre las gavias; con 
estas precauciones logramos a la primera luz del 
día tener a la vista las diferentes islas que aquí se 
reúnen, ligando por consiguiente los altos de Mari- 
beles y Calabite, con las islas principales de Luzón y 
Mindoro, que nos demoraban a la sazón la de Cabra 
al E.S.E. distancia de tres a cuatro leguas, y lo más 
alto de Lubán al S. 81° E,, el tiempo era brumoso, 
el viento fresco del N.E. y mar bastante picada del 
mismo. Al mediodía observamos en latitud de 13° 
30'47" y longitud de 233°37'O0"; a aquella hora 
forzamos de vela con el objeto de atracar la tierra 
de Mindoro, y a las dos de la tarde dimos principio 
a nuestras tareas a la distancia de una legua de la 
costa. Esta es más bien montuosa desde la punta de 
Calabite, encadenándose unos con otros hasta cuatro 
órdenes de montes, de los cuales el más occidental 
termina en la propia orilla poblada al principio con 
un bosque impenetrables suavizándose después con 
lomas al parecer dispuestas a la agricultura; en la 
noche no se advirtieron ninguno de los muchos fue- 
gos que sorprendieron al Capitán inglés Meares. 

Las corrientes tuvieron en la noche un gran in- 
flujo en nuestra derrota, favoreciéndonos de tal mo- 
do, que amanecimos distantes de las islas de Vini y 
Manila, teniendo a la vista las de Illín, término me- 
ridional de Mindoro, las que nos demoraban al S. 
36° E., al mismo tiempo se señoreaban dos islas de 
las Calamíanes a] S.O. Ya S. y al S.E, y los islotillos 
del bajo de Apo, se marcaban desde el tope al S.O. 
Va 0. } distancia de unas seis leguas. 



[130] 



DIARIO DE VIAJE 



Día 17. — No es fácil pintar ni dar un bosquejo 
del espectáculo agradable con que fue favorecida 
nuestra derrota, teníamos a la vista un trozo de 
costa, mucho más llana y frondosa que la que ha- 
bíamos establecido en la tarde anterior; presentaba 
aquélla todos los halagos de la vida social, para que 
bajo un gobierno apacible y juiciosamente multipli- 
casen en estas fértiles y apacibles orillas, Al anoche- 
cer distábamos como una legua de la isla más occi- 
dental de Hlín y a la parte más S. y O. de ellas se 
extiende como a distancia de tres leguas un bajo de 
arena, reconocido diferentes veces por nuestros an- 
tiguos navegantes; siguen luego las islas de Simirara, 
los Caravaos y otra islita no distante de la de Panay. 

El viento del N.E. que desde el principio se había 
declarado bien fresco, fue luego adquiriendo tal in- 
cremento, que ya a las diez de la noche se hacía 
arriesgado de navegar con las gavias izadas; a la 
sazón nos demoraba al N. y al perder de vista la 
isla de Illín; por consiguiente nos podíamos conside- 
rar libres de los peligros que le eraft inmediatos; así 
sobre las cuatro principales, las gavias sobre dos ri- 
zos, navegamos al E.S.E. con el fin de atracar las 
islas de Simirara si estuviesen bien situadas en la car- 
ta, o en nuestra estima no contrajésemos errores con- 
siderables; la falta de esta vista hasta las dos nos hizo 
recelar o del uno, o del otro inconveniente; así pare- 
ció lo más prudente el dar un bordo corto al N.O. 
de suerte que al amanecer nos hallásemos algo más 
al E. de lo que nos considerábamos en la actualidad, 
para poder examinar con mayor exactitud todos es- 
tos contornos. 



[131 J 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Día 18- — -A pesar de la oscuridad con que ama- 
neció, no se nos había podido ocultar las islas de Si- 
mirara, de las cuales distábamos a la sazón cuatro 
millas al S.; sucesivamente se fueron descubriendo 
las otras islas, en cuyos meridianos procuramos obser- 
var longitudes y al mediodía situados en latitud de 
11°22 J y en longitud de 231°46'0(T costeábamos la 
tierra de Panay a una legua de distancia. 

Es difícil dar una idea cabal de la amenidad de 
estos lugares, tanto más poblados y curiosamente cul- 
tivados, cuanto más se aproximan al pueblo cabeza 
de Antique; éste puede llamarse con bastante exacti- 
tud el granero de las Bisayas y su fondeadero aunque 
desabrigado en la estación de los vendavales, presen- 
ta luego un paraje cómodo para las otras terceras 
partes del año, en donde pueden extraerse los muchos 
frutos preciosos, que además del arroz pueden pro- 
ducir estas felices orillas. 

Día 20. — No omitimos por consiguiente cuidado 
alguno para individualizar con la mayor exactitud 
estos contornos, que tal vez podrán con el tiempo 
llamar hacia su seno una crecida navegación. Ad- 
mirábamos a cada paso la feliz pluma del Capitán 
Meares en la descripción de este trozo de costa, al 
que nos aproximamos realmente embelesados hacia 
los extremos de Panay, que al ponerse el sol nos de- 
moraban al S. 7 o E.; distancia de cinco a seis leguas. 

Amanecimos a la vista de la isla de Panay, E.O. 
con punta de Nazo, extremo meridional de ella, y a 
poco rato refrescó el viento del N. y N.N.E. con el 
cual después de conseguidas algunas marcaciones im- 
portantes a aquella punta y a otros puntos más occi- 



[132] 



DIARIO DE VIAJE 



dentales, navegamos con todo aparejo en demanda 
de la isla de Negros, con proa S.E. 

Ya para el mediodía no distábamos de la isla sino 
unas tres leguas, dirigiéndonos a atracarla por la 
punta de Sohoton, notable por una bahía bastante- 
mente profunda que le sigue al S. y por dos islotes 
bien escarpados y frondosos que salen de ella a al- 
guna distancia al O. Nuestra posición era en latirud 
observada de 9°42' y longitud de 231°27W; la de- 
clinación de la aguja magnética convenía exacta- 
mente con la observada y fue de I o al N.O. 

Día 21. — Gobernamos en la tarde en demanda 
de la punta Gorda en la isla de Mindanao, y no nos 
quedó duda de la mucha inmediación de aquella 
costa al extremo S. de la isla de Negros, como la in- 
dicaban las cartas inglesas más modernas. Todos los 
altos hacia la punta de Silla se veían distantemente, 
demorándonos a la sazón la de Siaton al E.S.E,, dis- 
tancia de cinco leguas próximamente. 

En la noche dirigimos nuestro rumbo al S. el cual 
nos llevaba a las inmediaciones de la punta Gorda 
en la isla de Mindanao y al amanecer vimos un 
gran trozo de costa que desde la punta Gorda se 
extendía al N.E. y E.N.E. hacia la punta Silla, la 
que colocamos sin omitir los islotes Murciélagos. 
Al mediodía observamos en la latitud de 7°52'30 M 
y en longitud de 231°39'00 M demorándonos a la 
sazón puntea Gorda al N. 66° E., distancia dos leguas. 

Día 22. — Con las solas ventolinas del primer 
cuadrante pudimos amanecer a la vista de la punta 
Galera, la cual nos demoraba al S. 2 o O., distancia 
de cuatro a cinco leguas y al mediodía sólo distá- 



[133] 



l^ANCISCO XAVIER DE VIANA 



bamos de la costa de dos a tres millas y entonces 
observamos la latitud de 7°5\ A la misma hora no 
alcanzamos fondo con 70 brazas de sondaleza, vién- 
dose que tendida del O. al E. una parte considerable 
de la isla de Basilán, notable por sus montes amo- 
gotados, y particularmente por el que en las inmedia- 
ciones del E. se parece con mucha propiedad al 
sombrero o gorro de un mandarín de China. 

Una turbonada de tierra después de un pequeño 
intervalo de calma nos dio algunas esperanzas de 
poder alcanzar en la tarde el fondeadero, en conse- 
cuencia aprovechamos los instantes favorables del 
vientecito y ya a media milla de la costa encontra- 
mos fondo de 15 y 13 brazas cascajo, el cual no nos 
dejaba duda de la inmediación del puerto y fuerte 
de la Caldera, aunque nos lo cubriesen algunas pun- 
tas salientes; en esta situación cambió la marea que 
hasta aquí había sido favorable y a poco rato quedó 
de un todo calma el vientecito, de suerte que ya eran 
inútiles todos los esfuerzos para dirigirse al puerto 
de la Caldera; así dimos fondo en doce brazas de 
agua, manifestando a la sazón la marea una veloci- 
dad de dos y media millas. 

A las siete, teniendo ya la marea favorable leva- 
mos el ancla y con la ayuda de los remolques dirigi- 
mos nuestra proa al fondeadero, con las precauciones 
que nos habían indicado en Manila los prácticos de 
esta navegación; estribaban particularmente en la 
necesidad de conservarse muy inmediatos a la costa, 
para no ser arrastrados por la marea a un fondo 
excesivo y de mala calidad, y en la atención a no 
apartarse en el fondeadero a más distancia que la de 
dos cables de la playa, para no encontrar la mucha 
piedra suelta que a una mayor distancia le hacen 



L 134] 



DIARIO DE VIAJE 



peligroso. Entrambas precauciones pudieran sin em- 
bargo costar bien caras a la Descubierta, pues que 
conservándose a un cable de la playa por sondas de 
quince brazas arena, en donde la marea era más 
viva, se vio arrastrada por un remolino sobre una 
puntita de piedra, en la cual no tuvo sino tres bra- 
bas de agua, y luego ya inmediata al fondeadero, no 
logrando sondar sino veintidós brazas, debió, en bus- 
ca de mejor fondo, aproximarse de tal modo a la 
playa del Presidio, que no pudiendo disminuir la sa- 
lida aumentada a la sazón con el viento fresquito del 
S.O. tocó aunque levemente de proa, que con el alijo 
de las embarcaciones menores y una espía afuera la 
pusieron en buen paraje, consiguiendo amarrarse pa- 
ra las cinco de la tarde, demorando la torre del Cas- 
tillo al N.E. Va N, distancia de la playa como dos 
cables; el ancla del O. en 12 brazas arena y la del 
E. en 18, conchuela; la Atrevida por nuestro occi^ 
dente como a un tercio de cable. 



ESTADA EN ZAMBOANGA. 



El Capitán D. Jóse Francisco Armedo, Goberna- 
dor del presidio de Zamboanga, ya desde el medio- 
día nos había manifestado, por carta atenta a nuestro 
Comandante, sus deseos de explayar una atención 
activa, no sólo hacia los objetos de la expedición, 
sino también hacia todos los individuos que la com- 
ponían; aún hallándonos a la vela le precedió el 
Mayor de la plaza a cumplimentar a entrambos 
comandantes y oficialidad^ y a poco rato llegó él 



L 135 j 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



mismo a bordo con los pocos individuos caracteriza- 
dos del presidio, y en la tarde le visitaron D. Alejan- 
dro Malaspina y D. José Bustamante con el mayor 
número de los oficiales de ambos buques, 

la situación del presidio es bastantemente feliz, su 
clima agradable y sano, su campiña fértil y su fon- 
deadero seguro, no sólo por el natural abrigo y la be- 
nignidad casi constante de la estación, sino también 
por la inmediación de dos puertos el uno de la Cal- 
dera y el otro al E., cuyo plano levantado ahora hará 
su mayor elogio. Rigen en esta latitud las mismas 
monzones que en Manila, anticipándose no obstante 
(como es natural) la del S.O. y retardándose la del 
N. E.; y la cualidad de estar tendida de E. a O. la isla 
de Mindanao, hace que sus montes no den libre 
tránsito al viento N. al tiempo de mudar las esta- 
ciones; con este motivo no alcanzan aquí los hura- 
canes, privilegio a la verdad tan apreciable, como 
poco común en el archipiélago filipino; de suerte 
que sólo la demasiada inmediación a los piratas y 
sus constantes osadías y ardides por lo común feli- 
ces, para cautivar nuestras familias, son el único in- 
conveniente para la verdadera felicidad de estos al- 
rededores. 

En la mañana del 24 se transportaron los instru- 
mentos a la casa del Gobernador, se empezaron las 
experiencias del péndulo simple, y por alturas corres- 
pondientes se dio principio a la averiguación del 
movimiento de nuestros relojes, resultando por ellos 
la longitud de este presidio de 231°43,00" y la lon- 
gitud por alturas meridianas de estrellas al N y al 
S. del Z. (Zenit) de 6°54'30", 

No es fácil dar una idea cabal de lo agradable 
que debió sernos la estada en este puerto, cuando a 



[136] 



DIARIO DE VIAJE 



todas las circunstancias locales vimos agregada una 
atención tan fina como constante de parte del Sr. 
Gobernador. Su mesa fue siempre abierta a todos los 
que se hallaban al mediodía en tierra, o con objetos 
del servicio, o de un recreo natural. Estaban diaria- 
mente a nuestra disposición algunos caballos y sol- 
dados lanceros para los paseos; finalmente la menor 
insinuación de nuestra parte bastaba para que se jun- 
tasen a bailar en su casa todas las personas del ve- 
cindario, cuyo carácter no les excluye de semejantes 
concurrencias, a que se agregaba luego la unanimi- 
dad de las medidas para el buen orden de nuestra 
gente en tierra; así muy luego se conocieron por una 
y otra parte tamañas ventajas y el marinero y el 
soldado hallaron entre el vecindario el mismo aco- 
gimiento que nosotros en la casa del Gobernador. 



SALIDA DE ZAMBOANGA. NAVEGACIÓN 
HASTA EL EXTREMO MERIDIONAL DE LA 
ISLA DE MINDANAO Y DE ALLÍ A LA DE 
MORINTAI, PASANDO DESPUES EL MAR 
PACIFICO. 

Diciembre 7. — A la medianoche favorable ya 
la marea, apercibiéndose algunas ventolinas del 
terral, y con la ayuda de los remolques dimos la vela, 
y seguidos de la corbeta subalterna hicimos el |»so 
entre la isla Cocos y la más septentrional de las 
de Sibayo con vientos del N. al N.N.E. A la sazón 
no podía desearse un tiempo más lisonjero; teníamos 
a la vista ya la parte meridional, toda la costa de 



[137] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Basilán y la de Mindanao a la septentrional, cuyos 
puntos colocamos ventajosamente observando al me- 
diodía en latitud 6°48' y en longitud de 2i\°2&W\ 

£>¿¿ g t — Procuramos atracar la costa de Min- 
danao, en donde los vientos de la monzón confun- 
didos con los terrales, serían probablemente más 
largos y constantes, los cuales nos proporcionarían 
fácilmente la continuación de nuestras tareas, tanto 
más útiles, cuanto que el viaje del Capitán inglés 
Tomás Torrest, lleno de equivocaciones tan multi- 
plicadas y culpables, podía envolver al navegante en 
muchos errores sumamente peligrosos. Nuestra situa- 
ción al mediodía fue en latitud de 6°40' y en longi- 
tud de 230°38'45'\ 

Yfta 9. — Toda la noche navegamos en demanda 
de la costa y a las seis de la mañana nos demoraba 
la más septentrional de ella al N. 22° E., distancia 
de seis leguas y la última punta al E. que parecía 
formar algunas islas, al S. 57° E. Toda se presentaba 
montuosa y cubierta de bosque, no advirtiéndose en- 
senada alguna notable entre las muchas puntas que 
le sobresalían. Al mediodía observamos en latitud 
de 6°24'4(T y longitud de 229 o 51'10". 

Día 10. — Aunque el viento fuese a la sazón bo- 
nancible, proporcionaba no obstante una navegación 
directa y favorecía la continuación de nuestros tra- 
bajos; a aquél le siguió por la tarde una virazón 
igualmente floja, la que inclinándose después hasta 
el S. nos obligó a ceñir al E.; con este motivo, al 
anochecer no distábamos de la costa sino de dos a 
tres leguas. La noche la pasamos en calma, y al 



[138] 



DIARIO DE VIAJE 



mediodía fue nuestra situación en latitud de 5°46' 
y longitud de 229°4\ 

Día 1L — Entabladas al amanecer algunas vento- 
linas del 1 9 y 4 9 cuadrante navegamos con todo 
aparejo proa E.S.E.; poco después . se dejó ver el ex- 
tremo meridional de Mindanao y las islas Sirangani; 
se veían también los dos extremos de la ensenada de 
Suyudboyan, en cuyo fondo y a larga distancia se ven 
diferentes montes bien notables, entre los cuales se 
señoreaba por su estrechura el decantado volcán, Al 
mediodía observamos en latitud de 5°28' y longitud 
de 228°54 , > con cuyos datos pudimos ratificar los 
errores de más de un grado, en la latitud del Capitán 
Torrest y convenir exactamente con la establecida 
por el Capitán Carteret a la isla Grande de Siran- 
gani. En la carta inglesa moderna de Roberston, es- 
taban acordes con las nuestras, las 1 diferencias en la- 
titud y longitud entre las mismas islas y Zamboanga; 
pero no en la dirección y posición de la costa, en la 
cual parecía reprensible, pues que prefirió las noti- 
cias a veces ajenas y siempre mal combinadas del 
Capitán Torrest, a los reconocimientos prolijos y 
harto costosos del Capitán Carteret. 

Día 12. — Con los vientos galenos de S. y S.S.E. 
ceñimos al E. y al anochecer nos hallábamos de dos 
y media leguas a tres de la costa del través y algo 
más de cuatro del estrecho que veíamos enteramente 
abierto; en consecuencia continuamos así nuestra na- 
vegación hasta que hallándonos a dos leguas de la 
costa firme y siendo aún el viento escaso, tomamos 
el bordo del S.O. con todo aparejo, el que seguimos 
por poco tiempo a causa de una gran calma, a la que 



[139] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



le sucedió el viento fresquito del terral, con el cual 
hicimos inmediatamente derrota a la isla Grande 
de Sirangani, a cuya vista amanecimos distancia de 
dos leguas próximamente del extremo occidental 
que marcábamos al E.S,E. y la de Batulaki al N. 42° 
E., aámirando a la sazón la exactitud del Capitán 
Carteret, en la prolija descripción de estos contornos. 

Con el día fue cediendo más y más el viento, de 
modo que nuestros pasos eran más bien el efecto de 
una corriente favorable hacia el estrecho, la cual 
apenas podíamos contrarrestar con rumbos inme- 
diatos al S., siendo a la sazón el ánimo del Coman- 
dante pasar por la parte meridional de las islas, para 
gozar así vientos más largos y duraderos; pero ha- 
ciéndose muy notables los efectos de la corriente y 
aflojando demasiado el viento, se decidió el paso por 
el estrecho y las diez de la mañana dirigimos 
nuestro rumbo al N.E,, dirección próximamente del 
canal, en el que nos manifestaron las marcaciones 
repetidas una ventaja considerable. A la sazón se 
entabló el viento aunque bonancible de la virazón, 
de modo que todo parecía aplaudir este último par- 
tido, haciéndolo más halagüeño los objetos que se 
nos presentaban de un crecido número de chozas y 
plantíos amenos, desde las faldas hasta las cumbres 
elevadas de la isla Grande de Sirangani y de un país 
no menos ameno» frondoso y cultivado en la parte 
opuesta de Mindanao; en ésta se nos hacían también 
notables los extremos de las marcaciones del Capi- 
tán Carteret; tampoco podían ocultársenos los ex- 
tremos de la isla más baja y oriental, el canal que 
forma con la primera el islotillo Ilitán, que con 
los arrecifes inmediatos hacen menos fácil esta 
navegación; últimamente teníamos a la vista las 



[140] 



DIARIO DE VIAJE 



cumbres elevadas de los montes que terminan en 
el cabo San Agustín, las cuales marcamos al medio- 
día al N. 30° E., próximamente en la misma di- 
rección de los extremos al E. del frontón inmediato 
de Mindanao; el del O. de la isla Grande de Si- 
rangani al^S. 18° E., distancia cuatro millas, el del 
E. al S. 85°30' E. distancia seis y la punta Batulaki 
al N. 5 o O. a cuatro leguas; siendo entonces nues- 
tra situación en latitud de 5°28' y longitud de 228° 
30'; el canal comprendido aún al islotillo de Ilitán, 
se presentaba abierto desde el N.E. al E.N.E. 

Día 13. — Hasta las tres de la tarde la marea y 
el viento parecían conspirar unánime a nuestras aten- 
ciones, pues que adelantando considerablemente en 
el estrecho, nos habíamos aproximado a poco más 
de una legua de la costa firme, con el doble objeto de 
examinar las señales del fondeadero de Carteret y de 
aprovechar cualquiera salto repentino del viento de 
tierra; pero a poco rato empezó el viento a perder 
más y más su fuerza y aún a variar de dirección, al 
mismo tiempo que la marea se nos decidía contraria 
como nos lo manifestaban las marcaciones; aquí se 
agregó una fuerte turbonada del E.S.E., la cual hizo 
desistir justamente a nuestro Comandante de aquella 
idea, respecto a que con la actual cerrazón, el viento 
fresco, con el cual no podíamos contrarrestar la ma- 
rea y la noche inmediata no nos ofrecían la menor 
ventaja; en consecuencia arribamos al S.O. \k O., 
no habiendo antes encontrado fondo a dos millas de 
la costa con 80 brazas de sondaleza. 

A las ocho nos hallábamos a tres leguas de la 
costa firme, entre la bahía Grande y la punta de 
Batulaki, y en esta disposición hecha la señal co- 



[141] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



rrespondiente a la Atrevida nos pusimos al 
pairo con la proa al S. y a las doce entrablado el 
terral y puesta la señal de marear forzamos de vela 
hacia el extremo O. de Sirangani, que al amanecer 
nos demoraba al RE. distancia de dos leguas y la 
corriente no menos favorable que en el estrecho 
coadyuvaba a nuestros adelantamientos de tal modo, 
que al mediodía situados en latitud de 5 o 15' y lon- 
gitud de 22 8 o 14\ nos demoraba aquel extremo al N. 

iy ta 14, — Las ventolinas calmosas por lo general 
poco favorables y la marea a la sazón contraria, nos 
hacían recelar harían inútiles todos nuestros esfuer- 
zos de conservarnos en las inmediaciones de la isla 
de Sirangani; con efecto a las primeras claras del día 
nos manifestaron sus rápidos progresos, pues no dis- 
tábamos menos de ocho leguas de aquellas islas, las 
que al salir el sol nos demoraban al N.E., y algunos 
altos de Mindanao contiguos a la bahía de Sagud- 
boyán al N. 22° E, Nuestra situación al mediodía 
fue en latitud de 4°43' y en longitud de 229°00', ( 1 ) 
cuyas observaciones comparadas con la estima desde 
las seis de la tarde, nos manifestaron que en las die- 
ciocho horas no había sido menor de 50' el influjo 
de las corrientes, en la dirección del S.O. Ya O. 

Las corrientes y vientos calmosos del E. precisa- 
ron a este Comandante a tomar la mura a estribor 
en demanda de la costa de Mindanao, la cual una 
vez cogida, era su ánimo (como lo manifestó a la 
voz el Comandante de la Atrevida) navegar 



( 1 ) Poco después se dejó ver desde los copes una isla como 
al S E., la cual pareció ser la Haycoph c . 



[H2] 



DIARIO DE VIAJE 



más bien de nuevo hacia Zamboanga, prefiriendo el 
paso de los estrechos de Sonda, que exponerse otra 
vez al arbitrio de las corrientes, las cuales podían 
inutilizar las campañas sucesivas; sin embargo fue- 
ron muchas las tentativas para verificar nuestro pri- 
mer plan, pero en la tarde del 18, una fuerte tur- 
bonada del E. y E.N.E. disipó de un todo aquella 
idea, dictando como más prudente el partido de re- 
troceder hacia Samboanga; y en consecuencia nave- 
gamos en la misma con proa al N.O. y al amanecer 
no distábamos de la costa de Mindanao más de cinco 
leguas, pudiéndose marcar todos sus puntos, inclu- 
sas las islas de Sirangani, desde el S. 70° E., hasta 
el N. 40° O. Al mediodía observamos en la latitud 
de 5°4r y en longitud de 279°30\ 

No bien se había emprendido la nueva derrota al 
O. cuando desde el principio de la tarde se nos de- 
claró la virazón fresca del O. y Q.S.O., la cual obs- 
truía enteramente nuestro rumbo. Creímosla al prin- 
cipio como de poca duración, así ceñimos con todo 
aparejo mura babor, disponiéndonos a esperar sobre 
bordos el principio de la noche que la disipase y sus- 
tituyese un terral favorable; teníamos aún a la vista 
las islas de Sirangani, que parecían insultar nuestra 
poca constancia y el viento cada vez más fresco, más 
favorable y con mejores apariencias, decidieron al 
Comandante a seguir de nuevo la mura estribor con 
todo aparejo, proa del E.S.E. y un andar de cinco a 
seis millas. 

Día 20. — Al amanecer marcamos la isla de 
Sirangani al N. 21° O. distancia de cinco a seis le- 
guas, el viento a la sazón era fresco y la mar había 
ya engrosado mucho. Las corrientes según las marca- 



I 143] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ciones a aquella isla nos arrojaban con fuerza hacia 
el S., pero conocíamos sin embargo que no podían 
comprometernos, cuando veíamos quedarse para el O, 
las islas avistadas al S. 40° E. en la tarde del 12, a 
las cuales no distábamos en la actualidad más de tres 
leguas; con este motivo se examinaron prolijamente, 
no ocultándose el canal ni la restinga indicada ya 
por el Capitán Meares; comprende su latitud sep- 
tentrional desde los 4°48* hasta los 4°25'; las tres 
primeras que pueden considerarse como unidas son 
muy bajas, siguen después otras dos de media altura, 
distancia una de otra de cuatro a cinco leguas, las 
que con las anteriores corren en la dirección del E. 
S.E. y sus alrededores según se dejaban ver parecían 
libres de todo peligro. Nuestra posición al mediodía 
fue en latitud de 4 o 40 , y en longitud de 227°55', 
demorándonos a la sazón la isla más oriental al S. 
23° O., distancia de tres y media a cuatro leguas. 

Día 21. — Continuamos la navegación al E. aun- 
que con muchos sacrificios al S, y como la posición 
de las islas en éste, mas eran bastantemente incier- 
tas, seguimos nuestra derrota con tanto mayor cui- 
dado, cuanto que los horizontes se habían cerrado 
con mucha celajería, además que la distancia de 
treinta millas navegadas hasta las cinco de la tarde, 
nos hacía creer que un error considerable en sus la- 
titudes de los que nos han precedido, pudieran ale- 
jarnos de las islas de Xakarcolong al N. y las de 
Salibabo al S.; pero a la hora, de ocultarse el sol 
se dejaron ver desde los topes, y aún desde la cu- 
bierta dos montes bastantemente elevados que mar- 
camos al E.S.E. 5 o S. La noche mucho más clara 
que el día favorecía nuestros deseos de atracarlas, 



L 1441 



DIARIO DE VIAJE 



que verificamos a las diez de la misma costeándola 
a la distancia de dos leguas próximamente; su direc- 
ción del S.E. % S., y la posición en latitud del ex- 
tremo septentrional según A. de Eridano, fue de . . 

y su longitud por los horarios de 

Hasta la una de la noche continuamos el recono- 
cimiento emprendido sin que hallásemos fondo con 
60 brazas de sondaleza; después ceñimos el viento 
dando resguardo a un bajo que el piloto Thompson 
indicaba haber visto al S. de Kabruany, distancia de 
cinco a seis millas. Amanecimos a la vista de las islas 
como de cuatro a cinco leguas demorándonos el 
extremo meridional de Kabruany al N. 64° O., 
su extremo septentrional al N. 53° O,, el del N. de 
Salibabo al N. 51° O., el extremo S. de Terralaba 
al N. 41° O. y el extremo N. al N. 30° O. y 
luego que estuvo el sol sobre el horizonte se toma- 
ron horarios para la determinación de la longitud de 
este pequeño grupo, la que resultó de 226° 48 y en 
latitud septentrional de 3°48\ cuya posición compa- 
rada con la de la carta inglesa, resulta en ésta un 
error de seis leguas al O. Error a la verdad de mu- 
cha consideración en un paraje en donde se reúnen, 
según hemos experimentado, los vientos escasos y 
flojos, las corrientes extraordinariamente rápidas y 
contrarias y los tiempos por lo común frescos y atur- 
bonados. 

Al mediodía observamos en latitud de 3°29' y 
longitud de 226°3\ demorándonos a la sazón el 
cabo N. de la isla de Morintai el S.E. V4 E., distan- 
cia treinta y cuatro leguas; el viento inclinándose 
en la tarde al N. favorecía nuestros pasos proporcio- 
nándonos navegar al E. corregido. 



[145] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Los vientos continuaron calmosos en el primer 
cuadrante y estuvimos rodeados de chubascos hasta 
el 5 de enero, que pasando al cuarto, aunque débiles, 
hicimos esfuerzos con rumbos del E, V4 S.E. para 
aproximarnos al corte de la equinoccial, que verifica- 
mos el 8 conservando después aquellos rumbos por 
mucho tiempo en las inmediaciones del Ecuador, y 
dirigiendo una nuéva derrota paralela a la de Mau- 
reil, Bougainville y Carteret, con la cual franqueába- 
mos en cierto modo la navegación para ceñir al N. 
cuando se navegaba a Acapulco contra mondón. 

Año de 1793 

Enero 24. — Andadas en la dirección del E. unas 
quinientas leguas se prefirieron los rumbos que nos 
condujesen con el menor sacrificio en la longitud a 
la latitud de 1 S° ó 20°, con e) fin de que luego fuese 
fácil en aquellas latitudes determinar nuestros pasos 
venideros; por consiguiente se adoptó el del E.S.E., 
con el cual pasábamos a más de cuarenta leguas de 
las islas más orientales de las nuevas Hébridas, o 
tierra del Espíritu Santo. 

Febrero 3. — Fueron muy lentos nuestros pro- 
gresos en todos los días anteriores, en que experimen- 
tamos una excesiva variedad de vientos, el cual por 
lo general se fijaba en el segundo o primer cuadrante, 
interrumpido las más veces con muchas horas de 
calma hasta el 7. que después de nuevas turbonadas, 
entabló la brisa fresca del E.S.E. con la cual ceñimos 
mura babor para la continuación de nuestra derrota 
que hasta aquí la habían favorecido mucho las rápi- 
das corrientes experimentadas al E. 



[U6] 



DIARIO DE VIAJE 



Día 10. — Constantes ya los vientos y entablada 
la brisa del E.S.E. dirigimos nuestro rumbo al S., el 
cual nos conducía a la vista de las nuevas Hébridas, 
como en efecto conseguimos en la mañana del 11, 
en la que disipada la niebla, se presentó la isla de 
Erromán, de una corta extensión y considerablemente 
alta. Está unida a la demás tierra por medio de una 
lengua a que se sigue después un morro bastante- 
mente elevado, que pudimos distinguir bien al me- 
diodía, a cuya hora marcamos los extremos de Erro- 
mán, al N. 69° E. y al N. 85° E., siendo entonces 
nuestra distancia a la tierra de tres leguas próxima- 
mente y la latitud de 19°32 > 10" y longitud de 183° 
16' 00". Nuestros resultados convenían próximamen- 
te con los del célebre Capitán Cook, no así con la 
descripción de Annaton, cuyos extremos advertimos 
mucho más extendidos de oriente a occidente que lo 
que supone aquel inmortal navegante. 

En la noche nos manifestaban diferentes candela- 
das, que la isla estaba habitada, bien que en la tarde 
ya habíamos advertido también algunos cocales plan- 
tados en la orilla, aunque sin ningún orden. Al mis- 
mo tiempo se hacían visibles algunas cascadas de 
agua y no pocos lugares de desembarco; de suerte 
que pudiera considerarse este fondeadero de mucha 
utilidad si los vientos fuesen constantes del N.E. al 
S.E. y no hubiese inmediato un puerto tan abrigado 
como el Fanna. 

Día 12. — Después de una pequeña calma se en- 
tabló nuevamente la brisa fresca del E.S.E. con la 
que continuamos nuestro rumbo próximamente al 
S., el cual nos condujo para el 21 a la latitud de 40° 
00' y la longitud de 187°18' } en cuya posición nos 



r i*?] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



demoraban las inmediaciones de Dusky-Bay al S. dis- 
tancia de cien leguas y el cabo Fervill en el canal de 
la Reina Carlota al E. ciento siete, a cuyas tierras 
parecía querer recalar este Comandante con el objeto 
de hacer en ellas las experiencias de la gravedad. 

Día 24. — Ni aún en estas crecidas latitudes nos 
abandonaron los vientos favorables del E. con los 
cuales conseguimos aproximarnos a la costa y aun- 
que desde el mediodía nos hallásemos por latitud de 
44°34' y longitud de 186°40W\ cuyos resultados 
nos colocan a una distancia proporcionada de la tie- 
rra, que no vimos, sin embargo por la mucha calima 
hasta el amanecer del día siguiente que bajo un día 
placentero se vio tendida del N.E. al S.S.E. y a la 
distancia de cinco leguas próximamente. 

Sería difícil hacer una descripción más cabal de 
la aspereza y elevación de estas costas, de la que hilo 
el Capitán Cook, en su primer viaje, ni menos del 
modo con que las caracteriza, pues ni un solo mo- 
mento nos hizo titubear sobre todos los puntos que 
teníamos a la vista. En este concepto dirigimos 
nuestro rumbo hacia la bahía Dudosa, y rindiendo el 
bote cerca de los islotes de su boca, viramos en 
vuelta del O. Y 4 SO. viento S.S.E. sin haber hallado 
fondo en cien brazas de agua; a la sazón se puso la 
señal de prepararse a dar fondo y salió D. Felipe 
Bauza con el bote a su reconocimiento; nos demo- 
raba entonces la boca de la bahía como al E.S.E. 
distancia de dos a tres millas y por latitud de 45° 
13' y longitud de 187°49\ 

Toda la tarde nos mantuvimos de uno y otro 
bordo, compensando de este modo la corriente que 
se dirigía al S. y manteniéndonos siempre cerca de 



CUS j 



DIARIO DE VIAJE 



la boca para recibir el bote, cuya larga demora em- 
pezaba a inquietarnos con la triste memoria de las 
desgracias que en estos parajes habían tenido la ma- 
yor parte de los viajeros; finalmente ya cási de noche 
lo vimos salir por la boca del N. A su llegada supi- 
mos no estaba habitado, que sólo a la entrada o parte 
exterior de la isla había encontrado fondo de veinte 
y veinticinco brazas cascajo, pero después en ambos 
canales no se hallaba con cincuenta ni en parte al- 
guna alrededor de la isla, podía nuevamente hallarlo 
a un cumplido de la lancha de la tierra. Se hallaban 
en uno y otro canal algunos pedruscos aunque no 
arriesgados para la navegación; abundaban interior- 
mente el agua y leña y la estructura de la costa algo 
más llana y arenisca en un seno más interno al 
N. prometía un paraje seguro y cómodo para fon- 
dear, pero un tiempo limitado no le había permitido 
examinar con el escandallo. Seguía luego al E,SiL 
un canal de dos a tres cables formado eri los mismos 
montes los cuales caían del todo a pique, y última- 
mente el mismo canal mucho más estrecho torcía 
más al S. a encontrar tal vez los términos de los ca- 
nales internos del Dusky-Bay; no se advertía una 
gran velocidad en la marea, y según las señales en 
la. orilla parecía el principio de la vaciante al medio- 
día próximamente. El puerto tuvo el nombre de 
Péndulo Simple, la cala interior de Bauza; la isla 
exterior, la del Medio y el canal interno el de canal 
Escarpado. 

Luego que metimos el bote mareamos con proa 
del S.O. Va O. en las primeras horas, y después al 
S.S.O. con cuya proa quedamos en calma hasta las 
siete de la noche, que entablado el viento por el N. 
y N.N.O. dirigimos nuestro rumbo al S. y desatraca- 



[149] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



dos de la costa unas cuatro leguas orzamos nueva- 
mente con el fin de amanecer a proporcionada dis- 
tancia de ella y verificar nuestra entrada a Dusky- 
Bay; pero ya a aquella hora el viento había aumen- 
tado considerablemente, la tierra se había cerrado 
con mucha neblina, y todo amenazaba una alteración 
contraria en el tiempo y por consiguiente en nuestros 
pasos sucesivos. 

Luego que estuvo bien claro, notamos que la en- 
trada septentrional de la bahía Oscura, nos quedaba 
muy a barlovento; por consiguiente tratamos de ga- 
narla sobre bordos, con eí objeto de anclar en alguna 
de sus calas, pues que la meridional se hacía inacce- 
sible con el viento a la sazón bastantemente fresco 
del N. que es también travesía hasta la cala, del 
abrigo o abra de Pekergil, en cuya distancia no se 
halla fondo hasta estar en tierra; no obstante estas 
circunstancias aguantamos para lograr de algún bar- 
lovento una fuerza excesiva de vela, sin embargo 
recalamos en las mismas marcaciones de la ma- 
ñanita; en. este concepto, en el de aumentar cada 
vez más y más el viento recio y tempestuoso del 
N.E. y en el que pudiera acarrearnos algunas pér- 
didas de la mayor consecuencia persistiendo en nues- 
tro empeño, decidió prudentemente el Comandante 
tomar de nuevo la mura a estribor con las cuatro 
principales, las gavias sobre dos rizos y a las seis 
aumentándose la fuerza del viento, metimos el ve- 
lacho, se aferró la mayor y quedamos con trinquete 
y gavias, esta sobre tres rizos. Con la noche fue a 
más el tiempo, creció considerablemente la mar, 
la que inundaba con frecuencia la corbeta, causan- 
do también algunas averías en el aparejo y ve- 
lamen, teniendo a cada paso otras de más conse- 



[150] 



DIARIO DE VIAJE 



cuencia; pero por fortuna empezó a ceder a las doce, 
de lo contrario hubiera podido considerarse co- 
mo el mayor temporal que habíamos experimentado 
desde nuestra salida de Cádiz, pues que todo el aguan- 
te de las corbetas parecía inútil para resistir el trin- 
quete y la gavia arriada. 

Día 27. — Ya al amanecer había cedido de un 
todo el tiempo, en consecuencia navegábamos con 
todo aparejo largo, rumbos del cuarto cuadrante los 
cuales en el temporal pasado nos habían alejado 
considerablemente de la costa, a los que según las 
observaciones se agregó una corriente bien fuerte al 
N. que coadyuvó a hacer mayor nuestra distancia 
de la tierra, distando por nuestra posición del medio- 
día unas treinta leguas de la bahía de Dusky-Bay. 

Marzo Í (> . — Continuamos aquellos mismos rum- 
bos, y los vientos del tercer cuadrante favorecían de 
tal modo nuestra derrota que al mediodía nos hallá- 
bamos en latitud de 4l°33' y en longitud de 191° 
30'; en esta posición quiso oír D. Alejandro Malas- 
pina el parecer del Comandante de la Atrevida y 
oficialidad de ambas corbetas; en consecuencia llevó 
nuestro bote a la corbeta subalterna una consulta 
igual a la que había tenido poco antes con la oficia- 
lidad de este buque, la cual tenía por objeto lo si- 
guiente: 1 Q ) si convenía ganar Bahía -Botánica antes 
que otro algún punto, haciendo todo esfuerzo para 
conseguirlo: 2?) si convenía en este caso seguir el 
bordo que se aproximase al O., más bien que el que 
se acercase al N.; y 3 9 ) si en la situación media en 
que nos hallábamos casi a igual distancia de aquella 
bahía y de la Reina Carlota en el estrecho del Capí- 



1151] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



cán Cook, convendría por el pronto o después de 
algunas tentativas, adoptar este puerto con preferen- 
cia a aquél. Al mediodía manifestó la Atrevida 
por la señal convenida de antemano, su parecer de 
hacer derrota a ía Bahía - Botánica, que conviniendo 
con el de estos oficiales, se le contestó con la mis- 
ma; en consecuencia dirigimos nuestra derrota, la 
cual fue alterada por la constante variación de los 
vientos; sin embargo, para el mediodía del 9 nos ha- 
llábamos en latitud de 35°45' y en longitud de 2? al 
E. de la Bahía-Botánica y el 10 según nuestros re- 
lojes, supuesta exacta la determinación del Capitán 
Cook en los extremos de Dusky-Bay y admitida la 
longitud del mismo para Bahía -Botánica, nos consi- 
derábamos próximos a la costa; pero concluida la 
tarde nos hizo sospechar un error en la longitud del 
puerto al que nos dirigíamos. 

Día 10. — Amanecimos con Ja tierra a la vista, 
distinguiendo bien el tro2o de costa que corre desde 
la punta Roja, hasta las inmediaciones de la Bahía 
Quebrada; se hacían particularmente notables, el alto 
semejante a la copa de un sombrero y las quebradas 
o mogotes de la costa, algo más meridional que la 
entrada de la bahía. Acercándonos a la costa, pudi- 
mos a, las diez alcanzar fondo con 110 brazas arena 
fina, y al mediodía en latitud de 34° 18' y en lon- 
gitud de 202°59\ pudimos marcar la copa de som- 
brero al S. 64° O., punta Roja al O. y la tierra más 
septentrional al N. 22°30' O.; distábamos a la sazón 
unas cuatro leguas de la costa del través. 

En las primeras horas de la tarde quedó entablada 
la virazón aunque bonancible del E.N.E., con la cual 
y todo aparejo largo navegamos en demanda del 



[152] 



DIARIO DE VIAJE 



puerto, siéndonos fácil a poco rato distinguir ya su 
entrada por ambas puntas de Banks y Solanden; por 
consiguiente creíamos alcanzarle antes de la noche, 
pero el viento escaso del N.E. y la marea a la sazón 
contraria, frustraron estas ideas, obligándonos a to- 
mar la mura babor con proa del S.E.; al mismo 
tiempo largamos nuestras insignias y no tardamos en 
ver desplegada la bandera inglesa en un altito inter- 
medio entre el puerto Jackson y la Bahía-Botánica; 
en el entretanto se aproximaba la hora en que debía 
acaecer el eclipse del sol, cuyo principio fue muy 
dudoso por las muchas nubes, pero cuyo apulso de- 
terminé yo con mi sextante a 3h. 54 > 39"30'" tiempo 
verdadero. D. Alejandro Malaspina y D. José Espi- 
nosa por ilación de la parte que se advirtió eclipsada 
en las primeras horas, le determinaron a 3h. 54' 
49". El fin acaeció por mí a 5h. 54 , 36" tiempo ver- 
dadero; por D, Alejandro Malaspina a 5h. 54'40"; 
por D. José Espinosa a 5h. 54'4r\ según las mar- 
caciones nos colocan en este punto en latitud de 34° 
17'45" y en longitud de 11*30" al R del puerto 
Jackson. 

Con la caída del sol el viento se inclinó al N. y N. 
N.O. con el cual dirigimos nuestro rumbo para en- 
trar en el paralelo del puerto, en el que quería con- 
servarse el Comandante, atento a las corrientes que 
según el Capitán Cook y la experiencia de la tarde 
anterior, nos había manifestado su dirección cons- 
tante al S. y a la virazón que debíamos esperar para 
el día siguiente; pero a las nueve de la noche se nos 
declaró el viento fresco del S.O. con el cual nave- 
gábamos hacia el N. hasta las diez que viramos en 
vuelta del S.S.E., reviramos después a las doce y con 



[153] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



las gavias a medio mastelero nos mantuvimos en de- 
manda de la tierra, marcando siempre la candelada 
que desde el principio de la noche vimos en el mis- 
mo lugar de la bandera, entre N.O. Vi O. y el N.O. 
A las cuatro de la mañana cogidas 90 brazas arena 
fina, emprendimos con toda fuerza de vela el atracar 
la costa y dirigirnos a! fondeadero. 

Día 11 • — Luego que amaneció tuvimos el gusto 
de ver nuestra ventajosa situación, marcando la en- 
trada de la Bahía-Botánica al S. 87° O. y la del 
puerto de Jackson al N. 45° O., distancia de la se- 
gunda tres leguas próximamente. 

Como el viento se mantuviese constante por el 
S.O., la mar bastante gruesa, y las apariencias no 
ofrecían la menor alteración, hicieron abandonar a 
este Comandante la idea de fondear en la Bahía - 
Botánica y preferir por consiguiente el puerto Jackson 
que teníamos a sotavento; en consecuencia navega- 
mos en su demanda con toda fuerza de vela, y a las 
ocho pudimos ya recibir un práctico inglés que salió 
a nuestro encuentro. Nos aterramos después a la 
punta S. y piedras salientes de ella como a un tiro 
de fusil y dando dentro del puerto dos o tres bordos 
dimos fondo, por no permitirnos ya ni el viento ni la 
marea internar hacia Sidney-Cove, distante de este 
lugar cinco millas; nuestra compañera que imitaba 
en un todo nuestro movimiento, fondeó por la popa 
de esta corbeta a dos o tres cables de distancia. 



[154] 



diario de viaje 



ESTADA EN EL PUERTO JACKSON 

Aún no habían anclado las corbetas, cuando vi- 
mos que atracaba un bote a la Atrevida con oficial 
de la plaza, el cual vino después a este bordo» con el 
encargo de cumplimentar a nuestro Comandante y 
oficialidad de parte del actual Gobernador interino, 
el Mayor Grose y ofrecer de su parte cuantos auxi- 
lios estuviesen a su alcance; y debiendo regresar in- 
mediatamente a la Colonia, se ofreció a conducir en 
el mismo bote al Alférez de Fragata D. Jacobo 
Murphy, el cual como experto en el idioma inglés 
debía corresponder al Sr. Gobernador en iguales tér- 
minos, manifestándole los motivos de nuestra escala 
en este puerto. 

Día 12, — En las última horas de la tarde regresó 
D. Jacobo Murphy, al cual le acompañaban en el 
mismo bote el Teniente Rowle, ayudante mayor de 
la plaza, el Capitán David, Collins, Juez togado y se- 
cretario de la Colonia y el Capitán Banbton con al- 
gunos oficiales del navio inglés Shauf Hurmosca del 
comercio, quien últimamente* había llegado de Ben- 
gala con efectos para la Colonia, logrando una na- 
vegación de siete semanas desde Calcuta hasta este 
puerto. Estos señores con nuevas expresiones y ofre- 
cimientos sumamente atentos ratificaron las primeras 
ideas que habíamos podido formar por la mañana 
del buen acogimiento que recibimos; después que se 
regresaron aquellos señores nos dijo Murphy que el 
Gobernador le había recibido con las mayores mues- 
tras de agrado y que se excusó a recibir el saludo por 



I 155 ] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



el mal estado de las cureñas que tenía; asegurando 
nuevamente en su nombre que gozaríamos de la 
mayor libertad y de todos los auxilios imaginables, 
cuyas agradables noticias nos hacían esperar con 
ansia la mañanita siguiente, en la que, y a las seis 
de la mañana, dimos la vela sobre gavias, juanetes y 
estays, procurando sobre bordos cortos ganar el sur- 
gidero de Sidney-Cove. 

No es fácil hacer una pintura adecuada de la 
hermosura de este puerto y de, ia admiración que 
debe causar a todo navegante luego que se interna 
en él. La naturaleza ha ocurrido a cuanto podía ha- 
cerle igualmente cómodo y seguro, las mareas mis- 
mas no son bastante causa para estorbar la navega- 
ción inglesa a cualquiera hora del día o de la noche; 
muchas ensenaditas, la mayor parte con buen fondo 
para buques de cualquier porte, algunas islas peque- 
ñas y las orillas por lo común escarpadas por una 
y otra parte, hacen la escena aun más agradable; 
finalmente, una distancia de cinco millas por dife- 
rentes direcciones, aunque no distante por lo común 
del O. conduce a Sidney-Cove, pequeña cala muy 
bien situada y elegida por el Comodoro Philipps 
para capital de estas colonias. 

Aunque fuera de la cala pudimos alcanzar el fon- 
deadero a las diez de la mañana, quedando después 
amarrados con dos cables y en la dirección de la co- 
rriente distantes del muelle como media milla. A 
poco rato llegó el Capitán Jonhston de parte del 
Gobernador a decir a nuestro Comandante le espe- 
raban a comer la sopa, el cual pasó antes a cumpli- 
méntales con algunos oficiales y después a disfrutar 
de su mesa; en el entretanto notamos que las guar- 



[156] 



DIARIO DE VIAJE 



días hacían al jefe de la expedición los mismos ho- 
nores que al Comandante General de la Plaza. 

Se adoptó para observatorio una pequeña llanura 
en la punta E. de la cala distante de la corbeta uno 
y medio cable, y en su inmediación se colocaron 
también las barracas de los toneleros y herreros. Al 
día siguiente se empezó la aguada y para el 25 se 
había concluido ésta y la leña en una u otra corbeta. 
Hechas con la mayor prolijidad las experiencias del 
péndulo simple, examinada la marcha de los relojes, 
y finalizados en el casco y aparejo todos los reparos 
necesarios, estaban aún bien informes las colecciones 
botánicas de los señores Haenke y Née, y nuestros 
conocimientos así hidrográficos como militares y po- 
líticos sobre la colonia se hallaban, digámoslo así, en 
su niñez, además' que las muchas atenciones que ha- 
bíamos recibido y recibíamos diariamente de todos 
los individuos principales de ella, exigían de nuestra 
parte unas muestras nada equívocas de confianza y 
agradecimiento, así pareció a nuestro Comandante 
que el sacrificio de pocos días a estos objetos no se 
mirarían como infructuosos, con tanta mayor satis- 
facción, cuanto más favorables eran todas las cir- 
cunstancias para cubrir con un velo decoroso nuestra 
curiosidad nacional 

El tiempo favoreció el primer convite a bordo de 
la Descubierta al que concurrió todo el vecindario 
más distinguido de la Colonia, y en donde se hi- 
cieron al Mayor Grose todos los honores de un Te- 
niente General embarcado, acompañando además con 
salva los siguientes tres brindis: primero, el Rey de 
la Gran Bretaña, el Rey de España y ambas reales 
familias; segundo, el Comodoro Philipps, el Mayor 
Grose y la prosperidad de la Colonia; tercero, las 



L 157] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



señoras que nos favorecían con su presencia; como 
era natural repitieron todos los convidados el brindis 
anteponiendo el Rey de España al Rey de Inglaterra, 
hicieron eco a estos sentimientos de cariño y de res- 
peto los vivas ai Rey de la marinería y la música 
del regimiento tocando al mismo tiempo un aria, la 
cual dio a esta escena agradable y tierna, todo el 
semblante majestuoso que merecía. 

El tiempo lluvioso y con viento algo arrafagado 
no permitió al día siguiente que las señoras concu- 
rriesen a bordo de la Atrevida, pero no faltó otro 
alguno de los convidados. Se hicieron al Mayor 
Grose los mismos honores del día anterior, se reno- 
varon los mismos brindis y finalmente para el 
anochecer se retiraron todos satisfechos al parecer de 
las atenciones, con las cuales les habíamos corres- 
pondido. 

No fuimos nada felices en nuestras observaciones 
astronómicas, a lo menos por lo que toca a la deduc- 
ción de la longitud se habían frustrado por las nubes 
todas las inmersiones visibles del primer satélite de 
Júpiter, y no acaeció ocultación alguna de estrellas 
por la luna, de suerte que aproximándose ya el plazo 
de nuestra salida nos ceñimos para la inferencia de 
aquélla de los datos siguientes: 

Por el fin del eclipse de sol acaecido 
en la tarde del 11, observado a bordo 
de la Descubierta y calculado por D. 
Juan de la Concha, y según las fór- 
mulas de Mr. Cagnoli 

Por los relojes marinos, adoptada la 
longitud de Dusky-Bay, del Capitán 
Cook 



151° 2'30" 
150°52 , 30" 



[ 15S 1 



DIARIO DE VIAJE 



Por la inmersión del primer satélite 

de Júpiter acaecida en la noche del 

24 de marzo 151 o 10'15" 

Por cuarenta series de distancia de luna 

a sol 151°18'15" 

La latitud del observatorio por diferentes alturas 
meridianas al N. y al S. del [Zenit] 33°51'26", y la 
declinación de la aguja 8°45' N.E. 

Para adquirir una idea más cabal del estado y 
suerte venidera de estas colonias, nos quedaba aún el 
paso más interesante y era el de una excursión a los 
establecimientos de Paramara y Tungabé. 

El Comodoro Philipps no hallando en los contor- 
nos de Sidney-Cove, sino un terreno sumamente in- 
grato e infecundo para las siembras, debió decidirse 
en favor de Paramata para el centro de la agricultura, 
con tanta más razón, cuanto que además de prometer 
sus tierras unas cosechas menos inciertas y escasas, se 
hacía la conducción de los frutos a Sidney-Cove suma- 
mente fácil y barata, con el auxilio de los canales 
internos. Era ésta la única perspectiva aunque bien 
distante, para que la subsistencia de las colonias no 
dependiese como en el día, de la navegación compli- 
cada de una mitad o más bien diré de todo el globo, 
para que también aminorase con el tiempo, los cre- 
cidos gastos que causan a la matriz; así no hubo 
parte alguna de actividad, de policía y de orden, que 
el Comodoro y sus subalternos no desplegasen en su 
fomento. En breve tiempo los soldados, los colonos 
y los convictos, crearon de la nada una población 
bien ordenada, con buenos cuarteles y buenos alma- 
cenes, precediéndoles al andar de las orillas diferen- 
tes haciendas, con moradas de los mismos colonos. 



[159 3 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



El maíz, el trigo y la cebada, dieron aunque mezqui- 
nos, sus productos seductores; más abundante la papa, 
prometió desde luego una subsistencia menos dudo- 
sa en lo venidero; los árboles frutales, la hortaliza, 
y sobre todo el limón y la vid, dieron nuevos resortes 
a la actividad y esperanzas comunes; finalmente las 
primeras crías, aunque en el número excesivamente 
corto de los ganados vacunos, caballar y ovejuno, 
pudieron fomentar la agradable esperanza de que no 
tardarían en reunirse, hallando en estos mismos con- 
tornos un clima saludable y unos pastos abundantes, 
las ventajas de nuestra Andalucía. 

Después de esta breve pintura, no parezca pues 
extraño, que fuese a lo menos igual al nuestro, el de- 
seo de todos los individuos principales de la colonia 
para que viésemos a Paramata, cuya excursión se em- 
prendió en la mañana del 5 por el mayor número de 
la oficialidad en los botes de ambas corbetas, a los 
cuales había precedido la lancha de la Atrevida con 
los criados, y con cuanto fuese necesario para una 
abundante comida; tuvieron la bondad de acom- 
pañarnos los señores Collins, White, Yoknston y 
Prentice. 

El tiempo que al rayar el día nos amenazaba con 
frecuentes aguaceros, tomó luego un semblante apa- 
cible y hermoso, el viento favoreció de tal modo 
nuestros pasos, que por las siete y media de la maña- 
na estuvimos ya en la casa del Gobernador, desde 
donde y después de un almuerzo bien alegre, empren- 
dimos un paseo a Tungabí y a la colina inmediata, 
para alcanzar la vista de toda la cordillera de las 
montañas de Richmond y Caermanthen. Vistos ya los 
sembrados, nos condujeron luego a ver los ganados, 
y a la una alcanzamos de nueve* nuestro cuartel ge- 



[160] 



DIARIO DE VIAJE 



neral, en donde después de cinco horas de paseo, de- 
bió sernos igualmete alegre y sabrosa la comida, 
después de la cual y de un pequeño reposo nos regre- 
samos a Sidney-Cove, a donde llegamos a las siete de 
la noche. 

Pijada nuestra salida para la mañana del 11, nos 
despedimos todos unidos del Sr, Gobernador y demás 
señores del establecimiento y entablado al amanecer 
el terral dimos principio a nuestras faenas de anclas; 
dando después la vela pudimos alcanzar a las nueve 
la boca del puerto y entrada casi al mismo tiempo 
la viratón del S.S.E. ceñimos el viento, seguidos de 
nuestra compañera la Atrevida. 



SALIDA DEL PUERTO DE JACKSON Y 
NAVEGACIÓN SUCESIVA AL E. HASTA 
LAS ISLAS DEL VAVAO 

Abril 11. — Navegamos con toda fuerza de vela 
para alejarnos de la costa, antes que la virazón cal- 
mase, o rolase más al E, 5 y al ponerse el sol marca- 
mos la tierra más septentrional al N. 2 o E., la vigía 
del puerto al S. 62° O. y la punta N. de la Bahía- 
Botánica al S. 35° O., distando a la sazón de la costa 
del través de cinco a seis millas próximamente. 

Día 12. — Con la noche cedieron las ventolinas 
y dieron lugar a que la marea nos aconchase algo 
más sobre la tierra según nos indicaron las sondas 
de 53 y 61 brazas arena. A la medianoche se empe- 
zaron a hacer sensibles los primeros soplos del terral, 



[161] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



con los cuales y todo aparejo gobernamos al E. con 
el fin de separarnos de la costa, de la cual distábamos 
cuando amaneció de siete a ocho leguas, siendo nues- 
tra situación al mediodía en latitud de 34°4'55" y 
longitud de 201°27 , 30". 

Día 15. — Continuamos después al mediodía 
nuestra derrota al E. con vientos más bien favorables 
del S. al S.E. a los que en la noche le sucedieron 
ventolinas sumamente flojas, variables y encontradas 
del primero y segundo cuadrante las cuales finalmen- 
te en la mañana del 14 cedieron a un viento del N. 
y 

Día 15, — Como en los dos días anteriores, care- 
cimos de longitud observada, nos sorprendió en éste 
el ver que los relojes marinos nos situaban en la de 
195°r30" la que comparada con la estima nos ma- 
nifestaba una diferencia de 2 o hacia el E. de modo 
que ayudados por aquéllas nos hallábamos al medio- 
día del 16 en longitud de 193°2'30" y en latitud de 
34°54\ 

Día 23- — Al mediodía del 23 habían sido tan 
lentos nuestros progresos que apenas desde el día 16 
podíamos considerar vencidos un grado y medio al 
E, Nos hallábamos a la sazón en latitud de 33° 12' 
y en longitud de 191°35'; en cuya posición y cuando 
se pensaba cambiar de amura torcieron los vientos al 
N.N.E. y N. con los cuales pudimos ya continuar 
nuestra derrota al E. aunque contrariados por una 
corriente tan violenta al S. que llegó el caso de que 
en una sola singladura tuviese la estima un error de 
más de 30 minutos. 



[ 162 : 



DIARIO DE VIAJE 



Día 27. — La muchedumbre de procelarias, los 
horizontes sumamente cargados, las proximidades te- 
mibles del plenilunio y el viento más recio y arrafa- 
gado nos anunciaban un temporal no distante, el 
cual si juzgásemos por las experiencias del Capitán 
Cook en estos mismos paralelos, podía muy bien ser 
excesivamente recio, a pesar de la latitud tan baja y 
de la estación aún benigna del otoño, para nosotros 
la más rigurosa, pues que desde el principio de la no- 
che navegábamos sin juanetes y al amanecer ya no 
podíamos aguantar las gavias izadas y se habían 
echada abajo las vergas de juanetes. 

El tiempo fue aumentando cada vez más y más y 
a la medianoche la mar y el viento habían acrecen- 
tado extraordinariamente de modo que fuese más 
bien demasiado aparejo el de trinquete y gavia arria- 
da sobre dos rizos, la cual fue preciso aferraría a las 
seis de la mañana; entonces eran ya continuos los 
golpes de mar, que inundaban la corbeta; había fal- 
tado una cadena de la mesa de guarnición mayor, no 
estaba enjuto paraje alguno del buque y carecíamos 
a la sazón de la vista de la Atrevida por la suma 
cerrazón de los horizontes; finalmente al mediodía 
después de repetidas y excesivas rachas venció por 
contraste el viento del E., el cual desfogando después 
con una lluvia abundantísima se quedó calma, deján- 
donos entregados a las olas para su juguete, hasta 
que en las últimas horas de la tarde se entabló de 
nuevo el viento E. y E.N.E. muy fresco, de suerte 
que al principio de la mañana del 28 experimentába- 
mos un temporal igual al pasado, añadiéndose a esto 
una lluvia inmensa y una variedad incómoda en la 
dirección del viento que se extendía del N.O. al N.E. 
Navegábamos a la sazón sobre las gavias arrizadas, 



[163] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



reparando nuestras averías de otras dos cadenas de 
las dos mesas mayores, y dando lugar a la Atrevida 
para que envergase otra mayor en lugar de la que 
había rifado en el tiempo antecedente; continuamos 
en esta disposición hasta el mediodía, que rolando el 
viento al N. y NX). dirigimos nuestro rumbo al N. 
N.E. con las cuatro principales, las gavias arrizadas. 

Di a 29. — Al mediodía situados en latitud de 
32°53' y en longitud de 184°4330 M distábamos del 
extremo meridional de la Nueva Zelandia unas 
ochenta leguas, el cual demoraba al E., por consi- 
guiente nos proporcionaba una navegación Ubre y fa- 
vorable con los vientos nuevamente entablados; en 
consecuencia hicimos rumbos más bien inclinados al 
N. que al E. con el fin de alcanzar los paralelos de 
32° para entrar en la región de las brisas. 

Mayo 6. — Los vientos ya fresquitos, ya bonan- 
cibles del S.S.E. al S.E. por lo común despejados y 
con mar llana parecían que aceleraban aún más de 
lo que pensábamos nuestra llegada a las islas de 
Vavao; pero en estas suposiciones estábamos equivo- 
cados, como nos lo manifestó el tiempo a las cuatro 
de la tarde del día 9, el cual para añadir un nuevo 
adorno a su triste semblante, arreció con la oscuridad 
de la noche, obligándonos a resistirlo con nuestro 
acostumbrado aparejo del trinquete y gavia arrizada. 

Al amanecer carecíamos de la vista de la Atrevida, 
la que suponíamos sotaventada por alguna avería en 
su aparejo, o porque nuestra maniobra al principio 
de la noche de meter la gavia para remediar la falta 
de una poa de nuestra bolina, le hiciese creer que 
navegábamos sin ella en la restante noche, como en 



L 164 ] 



DJARIO M VIAJÉ 



efecto nos lo confirmó ser algunas de aquellas cau- 
sas ? cuando se dejó ver a las siete de la mañana; en 
consecuencia arribamos al S. rumbo a que nos demo- 
raba y unidos capeamos con la gavia, contrafoque y 
vela de estays mayor, mura babor, viento N.N.O. y 
ya con apariencias más apacibles; con este motivo di- 
mos el trinquete y arribamos al N.N.E. cuya manio- 
bra imitó la Atrevida; pero muy en breve adverti- 
mos que repentinamente puso la gavia en facha car- 
gando al mismo tiempo el trinquete, maniobra que 
en aquellas circunstancias no podía equivocarse con 
otra, que la de haber caído algún hombre al agua, 
a la sazón llevaban las corbetas un andar de seis 
millas y las mares con exceso gruesas no permitían 
echar embarcación menor al agua, así no nos dejó 
duda de la suma imposibilidad de que pudiese sal- 
varse el infeliz a quien le hubiese caído suerte tan 
lastimosa. 

Día 11. — Luego que amaneció cedido ya el tiem- 
po, largamos todo aparejo y a poco rato supimos 
por la Atrevida la desgracia acaecida el día ante- 
rior a un marinero filipino, el cual sin embargo de 
coger la guindola y de que nadase con superior habi- 
lidad, no pudo resistir el ímpetu de las olas para ser 
traído a bordo, siendo últimamente sumergido en el 
seno del mar Pacífico. 

Día 16, — Nuestra derrota se dirigía a alcanzar 
el paralelo de las islas de Vavao, que conseguimos a 
este mediodía, situados a 1 ^ grados al E. del archi- 
piélago de Mayorga, visitado por el Comandante 
Maurell en el año 1782 y sin duda el mismo, del 
cual el Capitán Cook hizo memoria en su tercer 



[165] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



viaje, distinguiéndole según noticias adquiridas en 
Annamoka y Tongatabu, con el nombre de Vavao. 
El derecho usurpado últimamente sobre esta clase de 
descubrimientos por los navegantes europeos, parece 
exigían en la actualidad por nosotros un reconoci- 
miento científico por los métodos adoptados en el 
día y una posesión pública que apoyase a los ojos 
de la Europa la seguridad del descubrimiento y el 
convenio de los naturales. Triste ambición solapada 
con el semblante apacible de las ciencias y de la filo- 
sofía, que dictando unos pasos que al mismo tiempo 
de ser injustos y costosos a una nación alucinada, 
obligan a las demás a seguirla de cerca en sus con- 
quistas imaginarias, no adquiridas por ventura con 
ríos de sangre y de dinero, sino con pocos instrumen- 
tos astronómicos, algunas bagatelas cambiadas con 
efectos de mucha mayor utilidad y una u otra des- 
cripción enterrada en parajes señalados. 

Día 19. — Situados pues ventajosamente pusimos 
la proa al O. y al mediodía hallándonos en latitud 
de 18°52' y en longitud de l66°4T se dejaron ver 
las islas de Vavao, las que corrían a la sazón del N. 
O. Va N. al O. V^N.O. distábamos de ellas unas seis 
leguas y parecían sumamente bajas hacia el extremo 
meridional, elevándose después con suavidad hacia 
la parte septentrional 

Por las noticias del diario de D. Francisco Mau- 
rell, sabíamos que de las islas más meridionales de 
este pequeño archipiélago se extendía en la misma 
dirección un arrecife; él cubría luego por su parte 
occidental los muchos islotes, cuyos canales hacia el 
N. conduce al fondeadero de la fragata Princesa; así 
fue el ánimo del Comandante reconocer de cerca este 



[166] 



DIARIO DE VIAJE 



arrecife, para dirigirse luego a aquel mismo fon- 
deadero; en CU70 concepto emprendimos inmediata- 
mente los rumbos del O., alterándolos después al O. 
S.O, y S.O., a medida que nos íbamos aproximando 
al crecido número de islas que ciñen esta parte orien- 
tal del archipiélago. A las dos y media de la tarde 
ya nos hallábamos N.S. corregido con el extremo 
septentrional, al cual se anteponían dos islas media- 
nas y lozanamente frondosas, ligadas luego por me- 
dio de arrecifes a otros muchos islotes de inferior 
tamaño, las cuales finalmente se daban la mano con 
los arrecifes más meridionales, cuyas rompientes eran 
invisibles desde la cubierta; y a las tres y media de- 
morándonos las islas más meridionales al O.N.O. y 
estando de los arrecifes unas cuatro millas, descubri- 
mos un bajo bastantemente crecido, el cual nos demo- 
raba al S.S.O. 5 o S>, distancia de dos a tres leguas. 
La tarde ya adelantada, el viento bien fresco y de 
travesía, sin sernos fácil el sondar y la imposibilidad 
de retroceder sí hallásemos nuevos peligros, dictó a 
nuestro Comandante como el partido al parecer más 
prudente, de seguir la mura estribor con proa del N. 
E. N. y la posible fuerza de vela; así conseguimos 
aunque con algún riesgo marcar el extremo septen- 
trional del archipiélago al O., distancia de tres leguas 
próximamente; poco después tomamos un rizo a las 
gavias. La noche fue lóbrega con repetidos chubascos, 
vientos frescos y arrafagados y según las maniobras 
ejecutadas en ella, parece eran las intenciones de 
nuestro jefe conservamos próximamente en la posi- 
ción en que anochecimos; en efecto, a las cinco de 
la mañana avistamos la costa a corta distancia, de- 
morándonos el extremo N. al O. 5° S. unas cuatro 



[167] 



FRANCISCO XAVIER DE V1ANA 



leguas; inmediatamente arribamos sin pérdida de 
tiempo, después navegamos a una milla escasamente 
de sus orillas sin hallar fondo, cediendo a la sasón 
la mar y el viento y tomando nuestra situación un 
semblante al mismo tiempo, lisonjero y agradable. 

Esta parte de la costa no reconocida por Maurell, 
es bastantemente alta y cortada a pique; no se ad- 
vierte en ella sino una sola t>ahía con poca playa, en 
la cual se veían reposar a la sombra de las palmas di- 
ferentes naturales, de los cuales tuvimos a las nueve 
la satisfacción de ver llegar a bordo tres, a los que se 
regalaron varias bayetas; a la sazón se dejó ver el pri- 
mer canal y en consecuencia ceñimos el viento para 
atracarle: poco después se me mandó a reconocer el 
fondeadero y según las instruciones que llevaba del 
Comandante, ratifiqué el de Maurell en el puerto del 
Refugio, en el cual según las sondas que había se- 
guido en el bote, dejó caer la Descubierta el ancla 
de tierra en 20 brazas arena, a no mayor distancia 
de la costa de dos cumplidos de corbeta, precaución 
necesaria para que la amarra de afuera no cayese 
en piedra y en crecido fondo; poco después ancló 
la Atrevida, y a la caída de la tarde se hallaban 
amarradas entrambas corbetas. El ancla del N.O. de 
la Descubierta en 22 brazas arena y la del S.E. en 
34 arena y cascajo, bajo las marcaciones siguientes: 
la punta occidental del fondeadero al N. 73° O. y 
Ja oriental S. 75° E. 



[168] 



DIARIO DE VIAJE 



ESTADA EN EL ARCHIPIÉLAGO DE 
MAYORGA O ISLAS DE VAVAO 

Entre las muchas canoas que se nos habían acer- 
cado mientras estábamos aún a la vela, se hacía par- 
ticularmente notable una doble, de la cual vimos su- 
bir a bordo un eigui anciano y corpulento llamado 
Tubou. Ofreció inmediatamente como regalo la ma- 
cana que traía, una gallina y algunos raíces, y con el 
recíproco contacto de las narices saludó a nuestro 
Comandante y le dio la bienvenida; inmediatamente 
fue recompensada esta atención con dos varas de ba- 
yeta y después se le hizo asistir a nuestra mesa, en 
la cual se condujo con mucho decoro, admirando sí, 
todo cuanto le rodeaba; a la sazón nos acompañaban 
ya otros muchos de quienes no puede darse una cabal 
idea de la buena fe o más bien del descuido, con el 
cual estos naturales se abandonan al recién venido, 
no trayendo por lo común arma alguna consigo, o si 
la traen es la primera cosa que cambian con cual- 
quiera friolera, sin reparar siquiera en el método pre- 
cavido de nuestras centinelas armadas de un depósito 
de armas que tenían a la vista y de aquella vigilan- 
cia que no puede menos de anunciar un plan con- 
certado, que estriba particularmente sobre la descon- 
fianza. 

Emprendimos pues los cambios con cocos, pláta- 
nos y raíces que habían conducido a bordo en grande 
abundancia y para la recíproca inteligencia con los 
naturales, hicimos más bien uso de la pequeña co- 
lección de voces del piloto Vázquez de la fragata 
Princesa, que de la numerosa del Capitán Cook, cuya 



[169] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



diferencia de pronunciación nos expondría a cada 
paso a unas equivocaciones tan crasas como peli- 
grosas. 

En la Atrevida era aún mayor que en la Descu- 
bierta la concurrencia de los naturales. El eigui 
Tumoala había presentado a D. José Bustamante un 
puerco y una enorme cantidad de raíces, recibiendo 
en cambio un hacha. La plebe en general parecía 
igualmente satisfecha, así procurada para entrambas 
corbetas una regular abundancia de comestibles y 
aproximándose la noche, exigimos que nadie que- 
dase a bordo; precaución al parecer no sólo necesa- 
ria para nuestro reposo, sino también para asegu- 
rarnos a lo menos en la noche de los robos casi 
continuos- de que nos veíamos amenazados, tanto de 
la plebe, como de los eiguis. 

No bastaron todos nuestros cuidados de haber 
recogido cuantas frioleras pudieran excitarles este 
antojo, de no permitirse natural alguno que se in- 
trodujese bajo de cubiertas, que estuviesen siempre 
muchos atentos a evitar todo desorden de esta espe- 
cie; para que en la Atrevida se descubriese uno, que 
había robado un pañuelo de faltriquera a D. José 
Robredo y otro en la Descubierta, abriendo con arte 
las ventanillas de los camarotes de estribor, de las 
que había podido sacar algunos vestidos, que lle- 
vaba ya consigo, Al de aquella corbeta se le castigó 
con algunos azotes sobre un cañón, enseñándole al 
mismo tiempo un fusil y por medio de Tubou pudo 
conseguirse en la Descubierta que se alcanzase con 
otras canoas al ladrón, y se adquirieron todas las 
cosas robadas. 

Para la mañana del 21 había determinado el Co- 
mandante pasar a reconocer el lugar de la aguada, a 



[170] 



DIARIO DE VIAJE 



cuyo paseo debían desde luego coadyuvar mucho no 
sólo el semblante hermoso del tiempo, sino también 
la concurrencia de un numero crecido de naturales, 
impelidos al mismo tiempo por la curiosidad, del 
interés y de la ociosidad en la cual viven. Desde 
muy temprano vinieron a bordo para acompañar a 
D. Alejandro Malaspina a la aguada el eigui Tubou, " 
y otros dos amigos suyos; traían consigo algunos 
frutos y raíces y era el objeto del primero ofrecer a 
nuestro jefe una especie de monopolio en los abastos 
venideros, los cuales prometía abundantes; acompa- 
ñaba estas propuestas con un sigilo misterioso y ex* 
traño y sus ofrendas para el cambio eran sumamente 
mezquinas; sin embargo, contribuyó mucho a que se 
le creyese por una persona de mucha autoridad, no 
sólo el convenir su nombre con el de otros dos, que 
el Capitán Cook y Maurell habían hallado en Ton- 
gatabu y estas islas, sino también el ver desplegada 
en la tarde anterior su autoridad con buen éxito; 
pero la casualidad de haberse transferido desde su 
morada a estos alrededores el eigui Buná, disipó 
esta equivocación. A poco rato supimos se disponía 
a visitarnos y todos los naturales, que a la sazón se 
hallaban a bordo, ensalzaron su poderío y autoridad, 
extendiéndola no sólo a este archipiélago, sino tam- 
bién a las islas no distantes de Hapai, Aunarnuka, 
y Tongatabu. Precedieron a su venida a bordo dife- 
rentes emisarios para hacer apartar del costado todas 
las canoas, y luego que se dejó ver Buná, abrieron 
calle formando dos alas que salían de la popa y proa 
de la Descubierta, cerrándolas después en confusión 
y desorden, para ver la llegada de su Señor a lar 
corbeta comandanta en donde se hallaban a la sa- 
zón varios jefes o eiguis inferiores, quienes dieron 



[171] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



pruebas nada equívocas de respeto hacia Buná. El 
regalo que ofreció a nuestro Comandante de un 
puerco grande, muchos frutos y raíces y algunas es- 
teras de mayor tamaño y finura, debieron darnos 
desde luego una idea de su generosidad y grandeza. 
El eigui Tubou ya se hallaba a la sazón confundido 
con el cerco de los demás, los cuales sentados con 
mucho orden parecían prestar el debido homenaje a 
este nuevo jefe, cuyo porte grave y majestuoso no 
coadyuvaba menos a confirmarnos la verdad de su 
clase soberana. 

No fueron muchas como puede imaginarse nues- 
tras conversaciones, las cuales se dirigieron al prin- 
cipio a estrechar cuanto fuese posible nuestra amis- 
tad, después a un convenio para que se contuviesen 
los robos, y finalmente a que no tomase a mal le de- 
jase nuestro Comandante para transferirse al sitio 
de la aguada al que le acompañaban los señores 
Haenke, Bauzá y el eigui Tubou, con otros dos natu- 
rales, los cuales los guiaron hacia los canales inter- 
nos y a una playa distante de una legua de nuestro 
fondeadero, cuyo lugar parecía al mismo tiempo có- 
modo, abundante y el agua de buen sabor, cuyos feli- 
ces accidentes concluyeron el objeto esencial de aque- 
lla excursión; pero ya entonces se había reunido mu- 
chos naturales en aquel paraje, y a influjos de Tubou 
concurrieron a beber la cava en un sitio inmediato, 
destinado (según infirió el Sr. D. Alejandro) para 
estas especies de uniones. Los hombres y las mujeres 
se sentaron sobre muy buenas esteras, y en círculo 
se ocupaban los primeros en los preparativos de 
aquella bebida y las mujeres en solicitar regalos de 
cualesquiera friolera, ofreciendo por su parte la más 
fácil complacencia a los antojos de aquellos señores. 



[172] 



DIARIO DE VIAJE 



AI mediodía regresó nuestro Comandante y desde 
aquel momento quedó prohibida la admisión a bordo 
de toda mujer, se quitaron del medio todos los ali- 
cientes del robo, los cambios de los comestibles se 
hacían bajo la inspección del oficial de guardia, se 
precavieron los defectos bien comunes en estas oca- 
siones, de quedarse la marinería sin ropa alguna, 
cediéndola toda por la satisfacción de un antojo mo- 
mentáneo. Para este último objeto pareció a nuestro 
jefe conforme con las instancias generosas de SM. 
el que se sacrificasen más bien por cuenta del erario 
las frioleras embarcadas para esta especie de cambio 
(prohibiendo por consiguiente todo otro medio de 
adquirirlos) que el ver en muy breve desnuda a 
nuestra tripulación. 

En las primeras horas de la tarde los comandantes 
unidos con la oficialidad de ambos buques pasamos 
a visitar al eigui Buná, La marea y la clase del fondo 
inmediato a la playa no nos permitía verificar el 
desembarco en la proximidad de las chozas; por con- 
siguiente se prefirió un recodo no distante, desde el 
cual una sendita con exceso frondosa nos conducía 
por los altos potreros al paraje deseado. Fue en esta 
ocasión muy advertida la conducta del que nos guia- 
ba, el cual sabiendo que Buná deseaba recibirnos con 
agasajo, nos condujo por otra senda no distante hacia 
su choza; de suerte que precedido el aviso aunque no 
nos demorásemos en ella, sino pocos instantes, fue 
nuestro aparecimiento a la vista de la ranchería salu- 
dado con el mejor orden y con las aclamaciones 
generales del cerco numeroso que acompañaba a 
Buná, en el cual cantaban bastantemente acordes 
unos veinte hombres sentados en el centro del cerco, 
acompañados de las cañas, unas huecas y otras ras- 



[ 173 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



gadas. Advertidamente estaban divididos en tres tro- 
zos los hombres, las mujeres y los muchachos; de 
suerte que ya por una, ya por otra parte, las dife- 
rentes edades y sexos concurrían con una bien orde- 
nada armonía a aplaudir y festejar nuestra llegada. 
Saludamos a Buná y a los eiguis, que conocíamos y 
le hacían la corte; acompañaban a este jefe en la 
choza donde se hallaban diferentes mujeres el menos 
número jóvenes y de una clase distinguida, en cuyo 
cerco ni nos fue desagradable ni violento el reunir- 
nos combinando sí el respeto y la atención con una 
no extraña inclinación al bello sexo. Ya cerca de la 
noche y hechos no pocos progresos, tanto en el co- 
nocimiento del idioma como en el enlace más amis- 
toso con los naturales, nos regresamos a bordo por 
la misma senda que anteriormente se nos había con- 
ducido. 

Al amanecer del 22 salieron las lanchas al paraje 
de la aguada bajo el cuidado del Capitán de Fragata 
D. Antonio de Tova; iba a sus órdenes en la de la 
Descubierta el Alférez de Fragata Murphy; llevaba 
un acopio regular de armas, tres soldados y un arti- 
llero de brigada en cada una de ellas, varias frioleras 
para regalos y compras de comestibles. 

Nuestros nuevos amigos no se habían manifes- 
tado perezosos; casi desde la salida del sol empezaron 
a acercarse muchas canoas a una y otra corbeta y 
aunque las hiciese retirar por un corto intervalo una 
orden circular, que los llamó a todos inmediatamente 
a tierra, muy luego volvieron en mayor número y 
emprendieron al mismo tiempo los cambios y los 
robos. Procuramos a la sazón conservar en mucho 
valor los efectos que más abundaban en nuestros re- 
puestos, ocultando las hachas y los adornos mujeriles 



[174 j 



DIARIO DE VIAJE 



para cuando aquellos desmereciesen de valor. Dos o 
tres cuchillos medianos, o bien una vara de bayeta, 
eran la recompensa de un puerco regular; las nava- 
jiras, los hilos de abalorio y de coral suplían luego 
para canjear las gallinas, raíces, plátanos y cocos de 
los cuales parecía casi increíble la cantidad que se 
adquiría y consumía diariamente. 

Entre todos los que hasta entonces habían concu- 
rrido a bordo, cautivaba particularmente nuestro 
amor Feilehúa, joven de unos ocho a diez años y 
Príncipe heredero de estas islas, y Tufoa sobrino de 
Buná, algo mayor de edad que aquél y dotado de 
una viveza y comprensión poco comunes. Acompa- 
ñaba constantemente al primero en clase de ayo, 
otro joven más adulto llamado Latu, cuyas ocupa- 
ciones se reducían más bien a la conservación, que 
a la enseñanza del Príncipe; todos tres fueron muy 
regalados y con esmero se le vistió elegantemente a 
Feilehúa por entrambas corbetas; era pues natural 
con estos antecedentes, que fuese igual en unos y 
otros el deseo de estrechar esta amistad. Por nuestra 
parte siempre que tuviésemos a bordo o a Buná o 
a Feilehúa, no sólo lograríamos un mejor orden y 
una mayor quietud, sino también estaríamos seguros 
de cualquiera restitución, si las prendas robadas fue- 
sen de alguna importancia o para los objetos del 
servicio, o para el respeto de nuestras armas. Tufoa 
luego se destacaba inmediatamente a donde le en- 
viábamos o le llamásemos y su activa autoridad sobre 
la plebe unida a una fácil inteligencia de nuestros 
deseos, disipaba una infinidad de pequeños altercados, 
en los cuales hubiera sido tan pernicioso que la plebe 
triunfase con sus tretas, como el triunfar nosotros 
con la superioridad de nuestras armas y disciplina. 



[175] 



FRANCISCO XAVIER DE V1ANA 



Todos estos jóvenes y aún el crecido número de 
naturales que teníamos a bordo nos anunciaron para 
la tarde próxima unas diversiones bien ordenadas, 
siendo tal su propensión a esta clase de ocupaciones, 
que desde la mañana misma no era extraño el verlos 
a cada paso bailar y cantar a nuestro lado, como si 
ya la música y el concurso alegre de todos los avi- 
vase, y pusiese en movimiento todas sus fibras. A la 
sazón se habían agregado dos embarcaciones grandes 
procedentes de Apai y Annamuka cargadas más de 
personas de ambos sexos, que de comestibles; un cre- 
cido número de mujeres, la mayor parte jóvenes, in- 
sistían desde las canoas a que se les permitiese subir 
a bordo, recordando o los regalos prometidos en la 
tarde anterior, o la articulación de los apellidos cam- 
biados, o finalmente, las esperanzas de que no fuesen 
sordos a las voces seductoras de la naturaleza; no 
siendo menos eficaces los hombres inclusos Feilehúa 
y Tufoa, en persuadir a que no se retardase ya por 
más tiempo la preferencia a favor de una u otra de 
las que parecían llamar hacia sí mismas una atención 
más general. No sería fácil sin incurrir en la acusa- 
ción bien frecuente de las nociones harto abultadas 
de los viajeros, al describir con exactitud el grado 
de amabilidad que en este clima feliz ha tocado en 
suerte al bello sexo, del cual todavía no podíamos 
formar sino una idea bien imperfecta; pero bastaba 
sí para probar con un crisol bien fino, no tanto la 
virtud de unos navegantes, cuanto el vigor de la 
disciplina, cuando la guía el ejemplo de los que 
deben mirarse como los depositarios del buen orden. 
La marinería y las tropas atentas a los trabajos que 
tenían entre manos, se consolaban en parte de esta 
privación, satisfaciendo sus apetitos con unas co- 



[176] 



DIARIO DE VIAJE 



midas del mejor sabor, abundancia y variedad; 
tampoco faltaba para las clases más sensibles un 
consuelo en este amargo contraste de la razón con 
la naturaleza y era el de ver estas nuevas sacerdo- 
tisas del templo de Gnido tan contentas con recibir 
el tegalo de un simple adorno, como debíamos 
imaginar según su eficacia que lo hubieran sido, 
viéndose ya preferidas a las demás con la elección. 
Este último arbitrio de los regalos, pudo por con- 
siguiente aminorar las instancias por una parte y 
los impulsos del agradecimiento por la otra, a costa 
de algunos pañuelos u otras bagatelas y nuestro 
concepto en esta ocasión ganó en lo espléndido, lo 
que podía haber perdido en lo sensible y natural. 

Tuvimos una nueva visita de Buná, a quien le 
acompañaban la mayor parte de las mujeres jóvenes 
que habíamos visto en la tarde anterior, y entre las 
más ancianas, las cuales apenas llegaban a tres o 
cuatro, se hacía particularmente notable una Tubou, 
hermana de Buná y madre de Tufoa; pues no sólo 
a su ingreso a bordo diferentes plebeyos le habían 
prestado el homenaje acostumbrado, sino que des- 
pués animada de un tono igualmente lascivo y res- 
petuoso, entonaba y dirigía para el canto el coro en- 
tero de las demás jóvenes. Se dio principio a esta 
música seductora luego que estuvieron sentadas todas 
en torno, distinguiéndose con el lado de Buná las dos 
Fatafegis, conocidas ya por sus mujeres; el canto era 
pausado y bastantemente vario y acorde; pero no era 
posible acertar con el objeto de las palabras; mas si 
juzgásemos por la facilidad con la cual todo el coro 
articulaba las mismas voces, podíamos inferir que 
su composición no era nueva, así como debíamos 
convencernos por los diferentes ademanes que la 



[177] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



acompañaban, que el placer era el móvil único o 
principal de esta agradable melodía. 

Yo no acertaré con interpretar en esta ocasión el 
ánimo de Buná, relativamente a todas las demás jó- 
venes que traía consigo; pues por lo que toca a sus 
dos mujeres manifestó desde luego decididamente 
que no las profanaría una mano ajena; pero lo que 
no admitiría duda alguna era que los regalos las 
consolarían enteramente; por consiguiente se adoptó 
este partido, no siendo fácil a la verdad el conservar 
en esta ocasión una recta indiferencia para que no 
fuesen absolutamente preferidas la juventud, la ama- 
bilidad y la hermosura, a las edades más ancianas y 
ya despojadas de todo atractivo. 

A estos regalos siguió luego una comida abun- 
dante de raíces que había hecho disponer el caballero 
Malaspina, la cual no debió desagradarles por el 
condimento del azúcar que les hizo agregar. Buná 
participó abundantemente de estos manjares y no era 
a la sazón fácil distinguir su alegría por los muchos 
regalos hechos o a él directamente o a sus mujeres, 
o al joven Feilehúa, los cuales todos juntos debían 
después reconcentrarse en su tesoro. Examinaba 
atentamente ya unas, ya otras bagatelas, usando de 
mil ardides, a veces para preservarlas, a veces para no 
encargar de su custodia a otros; y no teniendo por 
otra parte ocupación alguna que le llamase a tierra, 
a cada paso se cebaba más y más, en permanecer a 
bordo, tranquilo espectador de nuestra generosidad. 

Un accidente no precavido, le despertó sin em- 
bargo muy luego de aquella tranquila ociosidad. Ya 
regresadas las lanchas de la aguada nos disponíamos 
a comer, y para lograr de un mayor sosiego suplicó 
nuestro Comandante a Buná se retirasen a tierra las 



[178] 



DIARIO DE VIAJE 



mujeres y el crecido número de los plebeyos que 
desde la mañana habían concurrido sobre el alcá- 
zar; con este motivo y restituyéndose a su bordo D. 
Antonio Tova, recibía para dejar en tierra todas las 
mujeres que protestaban no tener canoa. Buná por 
su parte daba las órdenes para que se retirasen igual- 
mente la plebe, pero o bien hubiese entre ésta al- 
guno bastantemente osado para no obedecerle, o 
pareciese la actual una ocasión oportuna al mismo 
eigui jefe, para hacer alarde a nuestros ojos de su 
autoridad ilimitada, pues en un solo momento, el 
tono más tranquilo y pausado para comunicar sus 
órdenes, se convirtió en el más cruel y turbulento. 
Tres o cuatro hombretones ejecutores de su volun- 
tad se abalanzaron con sus macanas sobre la plebe, 
y el mismo Buná, agarrando poco después una lanza 
que allí tenía para cambio, se mezcló con los per- 
seguidores con tanta crueldad, que hubiera muerto 
a un plebeyo escondido en la proa, si nosotros no 
lo hubiésemos oportunamente refrenado. Faltó 
poco para que no zozobrase el bote en el que se 
hallaba D. Antonio Tova por el mucho número 
de los que se habían caído y salvado en él de las 
manos del tirano, y a nado pudieron verificarlo tam- 
bién otros muchos cogiendo después sus canoas; úl- 
timamente bien satisfecho ya Buná de las muestras 
dadas así de su atención hacia nosotros, como de su 
autoridad, volvió a tranquilizarse y se acercó a nues- 
tra mesa en la cual se hallaban también Feilehúa, 
el ayo Latu, y el hijo de otro eigui, quienes se resis- 
tieron al principio en comer por la etiqueta de la 
presencia de su señor, pero muy luego vencida esta 
dificultad, pudieron entregarse a satisfacer sus ape- 
titos sin el menor sobresalto. Fueron en esta ocasión 



[1791 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



dignos de reparo, no sólo la facilidad con la cual 
ambos muchachos aprendieron a comer con el mayoi 
aseo, usando del tenedor y cuchillo, sino también la 
extremada atención de Buná, el cual pedía permiso 
para tocar cualquier cosa, y aún para escupir fuera 
de la mesa. 

Se aproximaba en el entretanto el plazo prefijado 
para los bailes, y Buná hacia las tres de la tarde 
nos había precedido para disponer todas las cosas 
necesarias al intento; así cuando a las cuatro de la 
tarde nos acercamos con los boces a la playa, estaban 
ya listas muchas canoas para conducirnos al paraje 
oportuno del desembarco, ya que el bajo exterior de 
coral y la resaca bastantemente fuerte imposibilitaba 
esta maniobra para los botes; para entonces estaban 
ya tomadas todas las precauciones de la retirada en 
el caso de ser hostilizados, las cuales jamás podían 
estar demás, con concepto a que la falta del idioma 
y de un recto conocimiento de las ideas sociales de 
cada uno, hace en estas ocasiones tan natural en los 
habitantes el deseo de inutilizar las ventajas de las 
armas y de la disciplina a los recién llegados, como 
en éstos el deseo de frustrar a los otros la del número, 
sucediendo comúnmente en semejantes concurren- 
cias, que la menor equivocación acarrea las concu- 
rrencias más serias, y entonces sin consultar mucho 
las circunstancias, se atiende sólo a precaver los ries- 
gos, con anticiparse ai adversario. 

Reunidos todos en la playa nos dirigimos a saludar 
a Buná, quien como en la función anterior se halla- 
ba rodeado de muchas mujeres, siguiendo después a 
la parte exterior del tingladillo el cerco grande de 
las clases inferiores, distinguiéndose entre éstas las 
de los eiguies subalternos por su mayor inmediación 



l iso : 



DIARIO DE VIAJE 



al soberano. La música no era diferente de la que ya 
conocíamos, pero sí excedía el número de los canto- 
res y el del concurso no era ciertamente menor de 
1800 a 2000 personas. 

A los ofrecimientos de la cava, a la ratificación 
de nuestra amistad con Buná y los demás eiguies y a 
las instancias no desatendidas de las mujeres jóvenes 
para que nos sentásemos a su lado, se siguieron inme- 
diatamente los bailes prometidos; los ejecutaban 
unos treinta hombres, la mayor parte de la clase de 
los eiguis, quienes no menos dispuestos por su agili- 
dad que por la gallardía de las personas contribuían 
a dar mayor realce a esta brillante escena, Cantaban 
acompañando al mismo tiempo la música de las ca- 
ñas; la cabeza, los brazos y las piernas se movían 
con igual compás; una media risa, bien que varonil, 
las diferentes actitudes de los ojos, la misma respi- 
ración modulada y concertada (digámoslo así) con 
la armonía general, manifestaban que no había fi- 
bra alguna en toda la máquina, que no participase 
del placer que a la sazón los ocupaba. A medida que 
el calor, la agitación y hábito hacían más fáciles y 
más naturales los movimientos uniformes del baile, 
la música penetrada también de la misma sensación, 
aceleraba paulatinamente su compás, hasta que final- 
mente llegada al mayor grado de celeridad, sin cau- 
sar sin embargo el menor desorden, animaba casi 
con igual grado de sensibilidad y de alegría a todos 
los espectadores. Variadas por dos veces las figuras 
del baile, y con ellas variada también la música, de- 
bieron estos atletas entregarse por algún rato al des- 
canso, habiendo recibido por nuestra parte, y aún de 
los demás espectadores los mayores elogios y palmo- 
teos. - 



[181] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Convencidos de la amabilidad del bello sexo, qui- 
simos ver desplegadas en un baile mujeril todas sus 
gracias y atractivos que anunciaban su trato familiar, 
a cuya súplica y por agradarnos, condescendió inme- 
diatamente Buná con nuestros deseos, mandando sa- 
liesen las mujeres al área; pero en esta ocasión estaba 
destinada a él y a nosotros una mortificación en 
extremo sensible con la repugnancia de las mujeres 
en obedecer esta orden, impelidas tal vez, o del re- 
paro de no estar prevenidas de antemano, o más bien 
de aquella modestia natural del sexo privilegiado. 

Nada extraña debía ser para nosotros aquella 
negativa, y consecuentemente nos disponíamos a re- 
gresar a bordo; pero no fue así para Buná, el cual 
en un momento, convertida de nuevo como en la 
mañana anterior toda su mansedumbre en otra tanta 
cólera y fiereza, y correspondido por sus ayudantes, 
empezó a perseguir sin distinción hombres y mujeres, 
amenazándoles con fuertes golpes, si no corriesen 
con la mayor diligencia. Dos eiguis subalternos de- 
bieron en esta ocasión esforzarse a contener la có- 
lera de Buná, a cuya vista desapareció todo el con- 
curso y aunque muy luego se juntaron hasta una do- 
cena de mujeres para bailar, fue esto ejecutado con 
tal frialdad y sobresalto, que ya no debíamos desear 
otra cosa, sino el ver cesado ya el desorden y poder 
regresar a bordo con el auxilio de las canoas que nos 
condujesen hasta los botes. 

Tuvimos una noche con exceso tranquila y pla- 
centera y por la mañana temprano pasó nuestro 
Comandante a un risco muy inmediato a las cor- 
betas, en donde debía establecerse el observatorio. Le 
acompañaban el joven Tufoa y el eigui Tubou, 
quienes evitaron se introdujese natural alguno en 



[182] 



DIARIO DE VIAJE 



aquellas inmediaciones; así pudo al mediodía ver en- 
teramente vencida esta parte interesantísima de nues- 
tras tareas. 

Los cambios en el día fueron bien escasos, aunque 
el concurso de la plebe fuese realmente excesivo, los 
cuchillos y navajas conservaron su valor regular; se 
despreciaban por lo común los corales y abalorios; y 
al contrario las bayetas, toda especie de ropa y par- 
ticularmente los granates habían adquirido un valor 
cuantioso. En este contraste de intereses salieron 
siempre ventajosos los naturales, por que era impo- 
sible el precaver todos sus ardides, y por que aún des- 
cubierto el delito apenas podíamos con la restitución 
de la prenda robada, no pudiendo mirar con indife- 
rencia la pérdida de la vida del agresor, que Buná y 
los demás eiguis nos ofrecían con el mayor sosiego. 
No tardó en llegar la ocasión en esta corbeta de que 
se explayasen con mayor evidencia estas verdades; 
uno de la plebe fue cogido con un martillo robado a 
la maestranza, la cual trabajaba a la sazón en los 
guardamesas de las jarcias mayores; inmediatamente 
corrió la voz entre los naturales, y Buná, que se ha- 
llaba entonces a bordo, pronunció sin la menor alte* 
ración la sentencia de muerte, para cuyo fin fueron 
inmediatamente dos emisarios a ejecutarla en el cas- 
tillo en donde se hallaba el delincuente. Varios com- 
pañeros fuimos testigos, así de la fiereza con la cual 
alzaron aquellos sus macanas para vibrar el fatal 
golpe, como de la humillación con la cual el delin- 
cuente se dispuso a recibirlo puesto de rodillas, y des- 
cansada su cabeza sobre las manos cruzadas, que to- 
caban humildemente el suelo; pero como era natural, 
se suspendió por nuestra mediación la ejecución de 
la sentencia. 



[183] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



La comida de este día, a la cual estaba convidado 
Buná, debía darnos lugar para que pudiéramos desen- 
volver una gran parte de los ritos y costumbres de 
estos pueblos. Buná, ya familiarizado con nosotros, 
pidió que le trajesen su comida a nuestra mesa; se 
componía ésta de una especie de pasta de raíces, 
sobre la cual el sirviente echaba oportunamente una 
salsa compuesta de algunos jugos, y del agua del 
coco, en cuyas hojas traían también un poco de pes- 
cado, aunque mal asado; en aquellas mismas le mi- 
nistraban luego, modificadas en diferentes modos, ya 
los platos, ya la cuchara, y el mismo sirviente divi- 
dida en partes proporcionadas la comida, tenía des- 
pués a su cargo el conducirla hasta la boca del in- 
dolente Buná, tomando todas las precauciones que 
pudiese ocultarle el recelo de ensuciar los manteles, 
y cuánto le rodeaba. Despedido este sirviente, habien- 
do de antemano recogido todos los residuos de la 
comida, fue llamada sin perder tiempo una mujer, 
al parecer de la plebe, cuyo cuidado fue antes el sa- 
tisfacer la sed del soberano con un coco lleno y des- 
pués de descortezar con sus dientes algunos trozos de 
caña dulce, que ya limpios y subdivididos pasaba a 
la boca de Buná. Satisfecho a la sazón este monarca 
del papel grandioso que creía explayar a nuestra 
vista, y no omitiendo por consiguiente una seriedad, 
y una majestad que apenas le permitían abrir la 
boca cuando veía próxima la comida, debió sin em- 
bargo por estas mismas causas ceder muy luego a los 
impulsos del sueño, a los cuales procuramos coadyu- 
var por nuestra parte, ofreciéndole que se tendiese 
sobre los cojines; lo hizo así sin que fuesen necesa- 
rias muchas súplicas, y entonces como aún no se 
hubiese retirado la mujer que le había servido la 



[184] 



DIARIO DE VIAJE 



última parte dé la comida, le insinuamos que acabase 
de conciliar el sueño a su soberano con el acostum- 
brado toqui toqui, operación suave y acelerada de 
las manos cerradas, y con los puños dando porracitos 
en los lomos y musios del durmiente; no eran pre- 
cisas tantas precauciones en esta ocasión; los cuidados 
del alma no interrumpían la serie de las funciones 
animales; y así Buná cuasi en un mismo instante se 
acostó y quedó dormido, dejándonos en la restante 
comida con la sola compañía de Tufoa y Tubou, los 
cuales algo recostados al principio sobre la precisa 
etiqueta de no comer a la vista del monarca, habían 
después insensiblemente adquirido una mayor con- 
fianza para ocuparse solamente del alimento. 

Los vasos y botellas de cristal, y los diferentes 
utensilios de loza eran sin embargo un incitativo 
demasiado fuerte, para que el sueño de Buná durase 
por largo tiempo; despertó efectivamente aún antes 
que nos sirvieran el café y ya mucho menos aletar- 
gado, manifestó fijar particularmente su atención en 
algunas bagatelas de las que estaban sobre la mesa, 
explayando en esta ocasión un respeto y una atención 
iguales al deseo que tenía de poseerlas. No omitió 
tampoco para este conseguimiento el arma que con 
justa razón debía creer la más eficaz para nosotros, 
y era una nueva instancia para que usásemos de 
las mujeres, añadiéndoles ahora con un chiste y una 
eficacia realmente agradables que condescendería en- 
horabuena, en que nuestro Comandante desechase 
agriamente sus propuestas, pero que no por esto 
debía dejar de que las admitiésemos los oficiales a 
quienes nos señalaba uno a uno recorriendo en torno 
los comensales y excluyendo a cada vuelta a nuestro 
jefe de este nuevo servicio que proponía. Esta chanza 



[185] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



que no podía a menos de divertir muy de veras a 
todos, no dejaba sin embargo de refluir hacia nuestro 
Comandante un carácter realmente ignominioso, par- 
ticularmente en un país en donde todo convidaba al 
placer; en esta situación meditó un ardid, que no 
dejó de suministrar nueva materia a las chanzas, y 
que nos fue al mismo tiempo útil en los días si- 
guientes, D. Juan Ravenet en una de aquellas horas 
en las cuales el espíritu oprimido del navegante y la 
idea siempre varia del pintor, se había ocupado en 
representar con mucha propiedad, una mujer dotada 
de todas las gracias personales que más comúnmente 
solemos admitir en nuestra Europa, y vestida luege 
a imitación de las señoras panameñas y tendida des- 
cuidadamente sobre una hamaca, formaba un com- 
puesto de imágenes, en el cual admirábamos a veces 
la pródiga mano de la naturaleza y a las veces recor- 
dábamos la triste soledad del navegante. Presentando 
pues este cuadro a Buná, le dijo el caballero Malas- 
pina era el retrato de su mujer y que semejantes a 
ésta eran las de los demás oficiales, que no nos se- 
guían porque considerábamos los trabajos del mar 
demasiado sensibles para su delicadeza; y que ahora 
nos disponíamos a navegar directamente hacia el pa- 
raje adonde las habíamos dejado, con el justo deseo 
de no separarnos otra vez de su amable compañía. La 
saludó inmediatamente Buná con el acostumbrado 
contacto de las narices, examinó después una por una 
sus facciones, sus trajes y sus adornos, y a medida que 
las iba comprendiendo crecía su admiración y el elo- 
gio que hacía de la persona allí representada; pero 
no podían ser éstos los límites de un hombre acos- 
tumbrado a una autoridad ilimitada y reducido a los 
solos goces que suministra la naturaleza; me propuso 



[186] 



DIARIO DE VIAJE 



su deseo de conocerla, se siguió muy de cerca el dé 
poseerla, anduvo inmediatamente pródigo con ofrecer- 
me en su cambio cuántas mujeres quisiese de las islas 
de Vavao; finalmente reconvenido por nosotros de la 
imposibilidad de llevar a efecto estos contratos, pro- 
puso como una feliz ocurrencia, el que Feilehúa vi- 
niese con nosotros para casarse en Europa y condu- 
jese a su regreso algunas mujeres, con las cuales él 
también pudiese casarse pareciéndole ya despreciables 
y no adecuadas al tálamo real, las mismas hijas del 
difunto Paulajo, que nosotros a la verdad prefería- 
mos con razón, al objeto imaginario de la pintura. 
No fue ésta tampoco la última combinación de Buná 
para el conseguimiento proyectado; nos manifestó 
que se decidiría él mismo a acompañarnos; por con- 
siguiente fue preciso un nuevo ardid para disuadirlo, 
para lo cual usamos del arbitrio que no era permitido 
entre nosotros sino una mujer sola, aunque a veces 
habitualmente enfermiza o no constante en sus pri- 
meras inclinaciones; esta noticia pareció moderar 
mucho sus deseos, ni debíamos sorprendernos que le 
pareciese muy extraña, cuando no estaban a su al- 
cance los dulces lazos del instinto sociable que busca 
en la unión de los sexos, no tanto un tributo poco du- 
radero a los dictados de la naturaleza, cuanto a la feli- 
cidad de los hijos y el mutuo alivio en los muchos 
males que cercan por todas partes a la vida humana. 

Aproximándose en el entretanto Buná había pedi- 
do el permiso de retirarse y al contrario se habían 
decidido a pasarlo a bordo los tres jóvenes Feilehúa, 
Tufoa y Latu; coadyuvaron éstos mucho a que las 
restantes horas hasta las once, nos fuesen igualmente 
entretenidas e instructivas; pues ocupándose al prin- 
cipio en hacer varias habilidades con el cuerpo, pasa- 



[187] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ron luego a una serie bien entretenida de conversa- 
ciones, en las cuales nos fue fácil desenvolver una 
porción no indiferente de sus costumbres, y de los 
acaecimientos pasados desde la visita del Capitán 
Cook. Debimos sí extrañar en esta ocasión, que ha- 
biéndoles traído la cena de tierra el ayo Latu, pres- 
tase el homenaje acostumbrado a los pies de Tufoa, 
y que este joven lo exigiese también del niño Feile- 
húa> el cual según creyeron advertir algunos de nues- 
tros compañeros, quiso más bien privarse de la cena, 
que prestar a nuestra vista este homenaje; pero otros 
lo atribuyeron también al carácter burlesco de Tufoa. 

Los tiempos hasta aquí se nos habían manifestado 
muy poco favorables para las tareas astronómicas, 
siendo por lo común nublados cuando reinaban afue- 
ra los vientos casi constantes del E.S.E al E.Nü. La 
mañana siguiente nos fue aún más contraria por la 
mucha lluvia, pero no detuvo sin embargo el que 
continuasen a la aguada nuestras lanchas, ni retardó 
tampoco un sólo instante la venida a bordo de un 
gran número de naturales y a poco rato la del mis- 
mo Buná, a quien acompañaba su hermano Xabea, 
menor de edad y de un aspecto y carácter extrema- 
damente apacible. Fue muy oportuna esta venida, 
porque echada a menos una lantea de la bitácora, casi 
en el mismo instante en que habían entrado los na- 
turales, se le pudo reconvenir con algún enfado y 
aún exigir que saliesen inmediatamente de las cor- 
betas, cuya amenaza, como quiera que desconcertase 
en un momento todo su plan de enriquecerse, no 
podía a menos de moverlo a dar las órdenes más es- 
trechas para la restitución del robo y el castigo <Jel 
delicuente. 



[188] 



DIARIO DE VIAJE 



Se logró inmediatamente el primer objeto. Apre- 
hendido el reo en la playa inmediata, apenas pudie- 
ron alcanzar nuestras súplicas para evitar el castigo, 
el cual según nos manifestaban debía ser precisa- 
mente el de la muerte, discrepando entre nosotros el 
parecer sobre el haberse o no atendido nuestras ins- 
tancias. A cada momento en estas ocasiones, Buná y 
todos los eiguis inmediatos, nos instaban con la 
mayor eficacia, a que no tuviésemos escrúpulo al- 
guno en matar a todo ladrón, con este motivo nos 
recordaban los castigos del Capitán Cook, en Anna- 
muka, Hapai y Tongatabu y nos aseguraban que se- 
mejantes medidas en nada trastornarían la paz y 
quietud establecidas. Recorridas según costumbre en- 
trambas corbetas por Buna y Feilehúa, no sin nuevos 
tributos de nuestra parte al deseo de una concordia 
duradera, nos manifestó aquel jefe, que no se ago- 
tarían tan luego sus ardides para el continuo incre- 
mento del tesoro empezado, así le vimos aparecer de 
nuevo a bordo de la Descubierta acompañado 
de unas doce jóvenes, la mayor parte reunidas a la 
familia real y todas primorosamente adornadas con 
flores frescas en forma de collar y con el acostum- 
brada aceite en la parte superior del cuerpo; les se- 
guían a éstas unas tres viejas, comprendiendo entre 
ellas, la Tubou hermana de Buná. Llevaban todas 
consigo algunas frioleras para regalo; y precisadas 
a sentarse unidas en paraje visible, entonaron suave- 
mente sus cantos, no descuidando medio alguno de 
hacerlos más agradables con la armonía, y con los 
movimientos; siempre en estas ocasiones era la Tubou 
la que dirigía el coro, la que insistía con mayor 
eficacia sobre la continuación del canto y la que 
manifestaba aunque anciana, la mayor sensibilidad, 



[189 I 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



y ternura en todos los movimientos. Ni a la verdad 
era inútil semejante maestra, o directora, porque ias 
jóvenes interrumpían a cada paso el canto, llamán- 
donos con los nombres que habíamos cambiado, con 
cariños, con mil chanzas agradables y llenas de de- 
coro; finalmente con todos aquellos sobresaltos que 
dictan a cada paso entre los jóvenes de ambos sexos 
los celos, el enojo y el capricho; las flores, los peines, 
las flautas y una u otra estera de poco valor, se re- 
partían luego prudentemente y con todas las gracias 
del capricho; finalmente se hacía alguno sordo a 
todos estos atractivos, se dirigían a él particularmente 
las miradas, las modulaciones y las palabras más 
tiernas y expresivas del canto; así puede imaginarse 
cuán poco mezquinos serían nuestros órdenes, de los 
cuales satisfechas de algún modo se retiraron a tierra, 
y nos dejaron comer tranquilamente con los jóvenes 
Feilehúa y Tufoa, y en la Atrevida les acompa- 
ñaba Buná. 

En aquella corbeta debían a la sazón considerarse 
mucho más felices que nosotros, si se atendiese al 
progreso más rápido y más claro de É los conocimien- 
tos del país que visitamos en el día. La conversa- 
ciones con Tufoa en la noche anterior, le habían 
dado mil nociones importantes sobre los efectos de 
las visitas del Capitán Cook en este archipiélago y 
sobre los acaecimientos de la isla de Kao de la lan- 
cha de Bounty, a las órdenes del Capitán Bligh. 
D. Ciríaco Cevallos con aquella escrupulosidad fi- 
losófica que es tan precisa en estos casos, había ad- 
quirido nociones importantísimas sobre el idioma; y 
estrechada la amistad con el jefe o arráez de una em- 
barcación recién llegada a Tongatabu, iba desenvol- 
viendo muchos puntos relativos a la historia, a las 



[190] 



DIARIO DE VIAJE 



costumbres y a la religión de estos pueblos con una 
felicidad igual al tino, y talentos con que las em- 
prendía. 

Con la noticia de que en la tarde pasaría a tierra 
nuestra tropa a hacer algunas evoluciones militares 
con tres o cuatro descargas de la fusilería, se alegra- 
ron mucho, tanto Buná, como todos los naturales, 
disponiéndose por su parte /a correspondemos con 
unas diversiones mucho mejor ordenadas que la de 
los primeros días. Todo anunciaba la alegría y unión 
recíproca que daba lugar a estos públicos regocijos. 

Llegada la hora que debía dar principio a las di- 
versiones se envió de antemano la tropa bajo di- 
rección, con el fin de conservarla unida y con buen 
orden; vinieron después los comandantes y oficiales 
acompañados de Buná y de algunos otros eiguies al 
paraje destinado. 

Inadvertidamente nos habíamos armado casi todos 
a un tiempo, y a la vista de los naturales y esto 
aunque ni fuese extraordinario, ni nuestras armas se 
redujesen sino a pocas pistolas y sables, combinado 
sin embargo con las fuerzas ya respetables, que te- 
níamos en tierra, esta novedad causó en Buná todo 
aquel sobresalto y desconfianza que en esta ocasión 
eran bien naturales; procuramos disiparlos luego que 
llegaron a nuestra comprensión, pero eran vanos 
nuestros esfuerzos; pues apenas este jefe se conside- 
raba seguro bajo la escolta de entrambos coman- 
dantes. A este mismo temor debimos atribuir poco 
después el nuevo obsequio que se nos hizo de des- 
plegar una larga alfombra desde la orilla hasta la 
casa en donde beben la cava, en la cual del mismo 
modo que en los días anteriores estaban ya unidas 



[191] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



las mujeres, entre quienes se señoreaba la hija de 
Paula jo, mujer de Buná. 

Ya dispuestos todos los espectadores en el cerco 
consabido, empezó nuestra tropa el manejo del fusil; 
eran generales los aplausos en cada movimiento uni- 
forme; sobresalían aún más en las vueltas a la dere- 
cha e izquierda, en las marchas de frente y en los 
diferentes modos de desplegar en batalla. La hermo- 
sura de la tarde, el brillo del sol sobre las armas, esta 
mezcla agradable a las veces de un total silencio, a 
las veces de unos clamores generales y armoniosos, 
el mismo sitio ameno en el cual nos hallábamos, 
daban a esta escena un no sé qué de grande y ma- 
jestuoso. Las tres descargas que hicieron después en 
diferentes modos alarmaron mucho, particularmente 
a las mujeres, a pesar que las hubiésemos prevenido 
siempre y de que la tropa diese el frente a la mar en 
cada descarga. 

Concluidas nuestras evoluciones y retirada la tropa 
a bordo de los botes para más sosiego de los que es- 
taban inquietos, quedaron todos enteramente tran- 
quilos, y más confirmados en nuestras intenciones y 
así emprendieron sus espectáculos. 

La música fue la primera que se puso al lado del 
área, Xabea tocaba el palo hueco acompañado de la 
caña rajada y los bombones y con su compás cantaba 
armoniosamente un coro de treinta y dos hombres; 
cedieron éstos luego su lugar a otros sesenta que, divi- 
didos en dos bandos, figuraban una batalla. Para no 
alarmarnos en modo alguno, sustituyeron a las ma- 
canas remos cortos u otros palitos; no omitían en esta 
ocasión ni el canto ni el compás, pero precipitados 
poco a poco, a medida uno y otro de la mayor proxi- 
midad, los ademanes más violentos y tal vez más irri- 



[192] 



DIARIO DE VIAJE 



tados; las mismas palabras del canto les enardecían 
con más furor; filialmente se estrechaban y sin aban- 
donar las filas ni mezclarse los dos bandos, convertían 
su estudio en buscar una posición que les permitiese 
dar seguro el golpe y evitar el del enemigo. Todo el 
bando repetía las mismas voces que decía o ento- 
naba el que los conducía. En procurar con violentos 
y ligeros movimientos de la cabeza encrespar los ca- 
bellos, el enlodarse la cara con la tierra amarilla que 
hallaban, y el variar a cada paso de posición, ya de 
fugitivos o perseguidores; se distinguió por su ra- 
reza uno de estos caudillos, quien en un momento 
cambiaba todas las muestras del furor en ademanes 
propios de un bufón, causando continua risa, con 
continuas muecas que dirigía indistintamente a los 
espectadores. 

Concluido este choque salieron cuarenta hombres a 
hacer un baile que todos nos parecieron eiguis; baila- 
ron largo tiempo dando algunas vueltas alrededor de 
la música sin dejar de cantar como el día anterior. 
El contento, la agilidad, la unión, el obsequio, sobre- 
salían con emulación en estas funciones; doblaban el 
cuidado y habilidad al desfilar delante de nosotros; 
las ideas reunidas de su gran robustez, buen perso- 
naje, placer y de la tranquilidad interna, nos recor- 
daban a cada paso la viva imagen de la edad de oro. 
Estas ideas debieron ensanchar más y causarnos un 
grado de admiración superior a lo que habíamos 
visto al salir cincuenta mujeres las más jóvenes de la 
clase eiguis, que se colocaron con la mayor gallardía 
dentro del circo y principiaron a bailar, al paso que 
la modestia y el pudor las contenía algún tanto al 
principio y que atentas a la mayor compostura de 
sus trajes, no desmentían el querer agradar. La mú- 



[193] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



sica compuesta de mucho mayor número y la alegría 
y aplauso general de todos, las esforzaba a no perder 
momento de distinguirse cada una en llamarnos la 
atención con sus gracias; sólo faltó salir al baile la 
Patafeji, hija de Paulajo y mujer de Buná; sus her- 
manas y todas las principales que nos habían visitado 
a bordo, se hallaban en el circo. La Tubou, hermana 
de Buná, parecía la directora. No se atrasaban las 
más adultas en mezclarse con las más jóvenes, cuan- 
do fue preciso formar un segundo coro exterior para 
que pudiesen bailar con mayor comodidad. El com- 
pás, las mudanzas y el paso, eran casi como el de los 
hombres; no diferían mucho en el aire y vigor, 
aunque sí en la sensibilidad de las más, propiedades 
innatas en estos incautos pueblos, si atendíamos a sus 
gracias, su dulzura y particular sonrisa, que tan pro- 
pia de las mujeres, descubre al mismo tiempo su vo- 
luntad. Trajimos a la memoria en estas ocasiones los 
templos de Gnido y Amalante, que el pobre asilo de 
unas naciones al parecer incultas y siempre infelices; 
tampoco faltaba entre unas y otras de las más jóve- 
nes aquellas preferentes miradas que mezcladas con 
el antojo deciden en nuestra Europa de la suerte del 
corazón de los hombres. Había una mujer bastante- 
mente anciana que fuera de las filas con mil adema- 
nes burlescos las acompañaba. 

La continuación no interrumpida de estas diver- 
siones había ya ocupado casi toda la tarde y no 
obstante, era tal la satisfacción general, que aunque 
cansadas, no cesaban de saltar por todas partes. Buná 
aún más expresivo con nosotros, quiso viésemos bai- 
lar a una de sus niñas llamada Tita, de nueve años, su 
gracia, viveza, junto con una mayor blancura que las 

[194] 



DIARIO DE VIAJE 



demás, nos fue de ia mayor complacencia, manifes- 
tándolo con mil regalitos y abrazos que todos los más 
la dimos, particularmente los que estábamos al lado 
de su padre. Demostramos después al rey cuán gus- 
tosos y satisfechos íbamos de sus distinciones y obse- 
quios y nos dispusimos para regresar a bordo acom- 
pañándonos Feilehúa y Latu. 

El rey insistía en que abandonásemos este fondea- 
dero, en el cual él mismo estaba incomodado por la 
estrechez y distancia de la capital y nos dirigiéramos 
a los interiores, en donde sus agasajos serían más 
proporcionados* Después mandó se castigase de muer- 
te a algunos naturales que habían quitado unas frio- 
leras a bordo de la Atrevida, pero se pudo conseguir 
su perdón de muerte, haciendo que a bordo mismo 
se les diesen algunos azotes por los mismos eiguis 
del Rey, haciendo luego se les rapase a navaja, según 
hizo el Capitán Cook, como señal más vergonzosa y 
siempre pública del castigo. 

No pudiendo darle gusto en mudar el fondeadero, 
convino el Comandante en que fuese el de la Atre- 
vida y otros oficiales de ambos buques. No iba 
más práctico que Buná a quien acompañaban cuatro 
de sus mujeres, incluso la madre de Feilehúa y la 
actual favorita Patafeji, número de personas con 
quien no contábamos, en atención a la poca capaci- 
dad del bote y hacía algo incómodo el viaje a Leyafú; 
a cuyo delicioso sitio llegaron a las dos horas de na- 
vegación. Un crecido número de naturales de todos 
sexos salieron a recibirlos a las frondosas orillas de 
aquella feliz morada. Saltaron en tierra y vencida 
una pequeña elevación que forma la ribera, en donde 
desembarcaron y andados como cien pasos, salieron 



[195] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



a un terreno- llano, rodeado y cubierto de árboles 
frondosos y encadenados, a cuya sombra defendidos 
de los fuertes rayos del sol, gozaron de una mansión 
deliciosa; a la derecha vieron luego el sepulcro de 
Paulajo y a la izquierda dos casas, una grande y otra 
chica. Buná los condujo a lo interior de la más pe- 
queña por cuya arquitectura y decencia les pareció 
digna de alojarle y que fuese la en que habitase. 

Catorce columnas de madera elevadas en la figura 
de un óvalo perfecto sostenían el edificio; su techo 
bajaba en forma de tienda de campaña hasta una vara 
del suelo, acabando de cerrar este espacio por todas 
partes (excepto el frente reservado para la entrada) 
una estera fina de palma, que fácil de mover en 
todos sentidos, se quitaba o ponía según el grado de 
luz o ventilación que se deseaba. La elevación de la 
casa por el centro pasaba de cinco varas, cuyo largo 
o mayor diámetro constaba de treinta pies y de 
quince de ancho. La parte inferior del techo se 
formaba de maderas fuertes y primorosamente uni- 
das entre sí. Estas maderas bien curvas o labradas 
en la forma conveniente daban a la casa vista por 
dentro una figura cóncava, simétrica y regular. El 
pavimento cuidadosamente nivelado se elevaba como 
a pie y medio, cubierto de dos esteras, la una que 
tocaba al suelo y otra más fina que ella y sobre- 
puesta. Entre las vigas que corrían de columna a 
columna para trabar y unir el edificio, se cruzaban 
cuatro perpendiculares en el centro formando un 
cuadro, que sostenido por sus cuatro ángulos de 
igual número de pilares, servía a sostener cinco 
lanzas, tres mazas y otros instrumentos semejantes 
a los que usan en sus bailes, y cuasi de la misma 
forma y dimensiones que sus canaletes. Estas armas 



i 196] 



DIARIO DE VIAJE 



entalladas con un gusto y primor que no esperába- 
mos del estado de las artes de estos pueblos, se ha- 
llaban carcomidas algunas de sus molduras y relieves 
y el polvo que las cubría anunciaba su antigüedad y 
poco uso. 

No comprendieron por lo que les dijo Buná de 
esta casa, los objetos a que estaba dedicada; sin em- 
bargo varios antecedentes los indujo a creerla como 
un paraje destinado a la práctica de alguna de sus 
instituciones religiosas. Los informes posteriores guia- 
dos por el nombre Vale Otua } con que distinguió 
esta casa Buná, no les permitió dudar que aquella voz 
equivaliese a Casa de Dios. Buná desde el instante 
que entraron en esta casa se sentó y procuró se man- 
tuviesen en la propia actitud. El pueblo reunido y 
sentado en la forma respetuosa que acostumbran, 
advirtieron como a su jefe, penetrados de aquella pro- 
funda veneración que inspira a los hombres rodo 
lugar sagrado. 

Estaba construida esta casa en el centro de un pe- 
queño recinto formado de cañas entretejidas con arti- 
ficios y elevadas más de doce pies. Cerraba la entrada 
una puerta cuadrilonga de madera, que girando sobre 
cuerdas en lugar de goznes, podía cerrarse dando 
vuelta a una torneja fija al marco con un clavo de 
madera. Todo el espacio cerrado era llano, cubierto 
de verde y menuda grama; los árboles que la rodea- 
ban por fuera eran de una altura prodigiosa, cuyos 
frondosos ramos caían con majestad sobre este edifi- 
cio rústico. Se pudo indagar con alguna certeza que 
los dioses, según sus opiniones religiosas, bajaban 
frecuentemente a las islas de un modo invisible, 
transformados en pájaros y mientras permanecen so- 
bre la tierra están sujetos como los demás hombres 



[197] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



a todas las necesidades físicas de la vida» Los eiguis 
en consecuencia de estos principios, les preparan casa 
de la mayor magnificencia, según la devoción de cada 
uno. Después que el pintor Brambila concluyó el di- 
seño de esta casa, pasaron a otra no distante más 
capaz y construida bajo la misma forma. 

Habitaba en ella la respetable Tubou, de quien 
varias veces nos habían hablado con veneración los 
insulares. Todavía no sabíamos con certeza el origen 
y la sucesión de la corona de Buná, quien fuese esta 
Tubou, cuál era el carácter que representaba en el 
día, ni porque causas gozaba de los naturales y aún 
del mismo Buná, una consideración que casi se con- 
fundía con la de su misma persona. 

Estas dudas se aclararon muy pronto, unas allí 
mismo y otras después a bordo de la Atrevida. La 
Tubou era viuda de Paulajo y madre de Patafeji 
y de Taufa. Feilehúa era hijo de la segunda y no 
existiendo otro heredero que pudiese disputarle los 
derechos de la sucesión, recaían en él todos los de 
la corona. No en vano estos dos hermanos eran el 
objeto de las ternuras de Buná, a pesar de no verse 
también dotados como otros de la hermosura. 

La noble Tubou con semblante dulce y majestuoso 
recibió a nuestros oficiales con tanto agrado, como 
dignidad. Su aspecto, compostura y hasta su color, la 
distinguían de los otros naturales. Admitió con una 
viva gratitud los presentes que la hicieron, la cual 
significaba añadiendo a las señales del semblante la 
expresión y ceremonias que acostumbran (y es poner 
todo presente sobre la cabeza, lo tienen así un buen 
rato y acompañan luego la expresión fajafetay, que 
significa muchas gracias.) Ninguna de nuestras ba- 
gatelas le causó el asombro que a los naturales, aun- 



[198] 



DIARIO DE VIAJE 



que más capaces de cautivar el corazón de una mujer, 
ni su dignidad le permitió jamás de prostituirse a 
pedir una u otra cosa de las muchas que se le presen- 
taban a sus ojos. El único antojo que la advirtieron 
fue una botella y dos vasos de cristal, de que se ser- 
vían nuestros compañeros; pero para ser consecuente 
con su conducta, pidió a Buná interpretase su deseos 
a D, José Bustamante, los que inmediatamente como 
era natural, dejó satisfechos y cuyo solo presente la 
obligó tanto como todos los otros juntos. Cuando vi- 
sitaron a esta Tubou la acompañaron sus dos hijas; 
todos los eiguis que seguían a la oficialidad queda- 
ron fuera a excepción de Buná que tomó asiento 
hacia la entrada; sus mujeres ocupaban el lado opues- 
to; Tubou la testera, y nosotros en el centro de unos 
y otros. Poco después llegó un anciano llamado Ta- 
gacala y se le colocó a la izquierda de Tubou y tenía 
a su derecha la mujer de éste, próxima parienta de 
Paulajo. En esta disposición nuestro amigo Buná, 
que no había permitido comiesen en la casa de Otua, 
les insinuó que podían hacerlo en ésta. Lo verificaron, 
pero con el sentimiento de que los cortos principios 
que tenían del idioma les privase el gusto de la so- 
ciedad de una señora amable; sin embargo, fueron 
suficientes para procurar lisonjearle con la memoria 
de la viveza y gracias de su nieto Feilehúa. 

Hasta el punto de la despedida no habían alcan- 
zado aún toda la autoridad de la Tubou; Buná en 
este acto se quedó el último y vieron (no con poca 
sorpresa) rendirle todos los honores de la majestad 
o de vasallaje que se usa en estos felices pueblos. 
Buná se dirigió a la Tubou, le tocó con la cabeza la 
planta del pie, después con la mano y besó ésta se- 
guidamente. Tubou recibió el homenaje con la mis- 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ma dignidad que presidía a todas sus acciones, pero 
también con aquella indiferencia de quien recibe un 
tributo que de justicia le pertenece. 

Nuestros pareceres en este ceremonial fueron va- 
rios; pero en lo que convenimos fue, que su ejecu- 
ción la reservó Buná con estudio para cuando todos 
estuviesen fuera de la casa; humillación que segura- 
mente hubiera querido no presenciasen nuestros com- 
pañeros y a toda costa hubiera omitido de poder 
hacerlo impunemente. Pero esto nada influye para 
poder dudar que este príncipe goza en el archipiélago 
de Vavao de todo el poder, de una autoridad sin lí- 
mites. Saliendo de la casa de Tubou da principio un 
llano oblongo, en cuyo extremo opuesto se deja ver 
el sepulcro de Paula jo. Buná parecía poco dispuesto 
a conducir los oficiales hacia él, y fueron necesarias 
muchas insinuaciones para acercarse a distancia de 
examinarle. Un terraplén se eleva sobre el nivel del 
llano más de tres píes, formando un cuadro perfecto, 
cuya área tenía cuarenta pies próximamente. El bor- 
do superior de este cuadro se cerraba con grandes 
piedras sillares negras puestas de canto y bien uni- 
das entre sí; sobre el centro de esta superficie se veía 
una casa de la misma arquitectura que la descripta 
anteriormente y dentro del suntuoso edificio yacían 
las cenizas del príncipe; los dos lados colaterales del 
cuadro y el de la espalda, los rodeaban a treinta pies 
en forma de semicírculo dos especies de árboles 
plantados con orden y simetría. Estos árboles cuya 
aplicación usan los naturales para símbolo de la 
tristeza en esta especie de lugares, son conocidos por 
los naturalistas con el nombre de Cavatina el uno, 
y Elate el otro; el primero semejante al ciprés de 
Europa y el segundo es una especie de palma, cuyas 



[200] 



DIARIO DE VIAJE 



hojas son muy lustrosas y está siempre verde y al- 
rededor del mausoleo estaba cubierto el suelo de 
plantas. 

La multitud del pueblo se sentó cuarenta pasos 
antes de llegar a aquel respetuoso sitio. Buná, Ta- 
gacala y los nuestros alcanzaron hasta los pies del 
terraplén donde se les mandó sentar, indicándoles por 
señas no era permitido acercarse a lugares tan devo- 
tos. Sentados todos creyeron ésta la ocasión más opor- 
tuna para hacer alguna pregunta sobre la religión; 
pero en vano lo intentaron. Buná y Tagacala empe- 
zaron luego a arrancar yerbas, cuya operación no in- 
terrumpieron mientras estuvieron allí y debe tener 
alguna alusión misteriosa. Estos jefes con sus ojos 
fijos en el suelo cayeron desde el instante en un le- 
targo tan profundo, que si respondían era con vio- 
lencia; sus semblantes representaban la imagen mis- 
ma del dolor y tristeza y sus frecuentes sollozos que 
parecían salir del corazón, apenas les excusaba de par- 
tir con ellos sus penas y sentimientos. La escena por 
otra parte no les ofrecía a la vista sino objetos lú- 
gubres y tiernos, capaces de inspirar dolor al corazón 
menos sensible; la soledad del sitio, el silencio devoto 
de los naturales y el ruido suave de los tristes ár- 
boles mecidos por el viento, todo debía conducirlos 
a sentimientos profundos y a contemplaciones me- 
lancólicas. La presencia de estos lugares suspende 
naturalmente el espíritu humano para recordarles 
las hazañas y virtudes del héroe a quién consagran. 
El sepulcro de Pauiajo hacía traer a la memoria la 
suprema autoridad que había ejercido sobre todas las 
islas de los Amigos y los derechos tan antiguos como 
legítimos con que la corona existía en su línea por 
cerca de dos siglos, circunstancias todas que lastima- 



.201] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ban más la suerte de este príncipe y añadían horror 
a la infeliz catástrofe en que acabó su reinado y su 
existencia. Permanecieron en este lugar bien poco 
tiempo, y Buná sin aliviarle aún la confusión que le 
ocupaba, les permitió dar una vuelta al mausoleo 
para verlo por todas partes, pero sin acompañarles. 
Cuando creyó satisfecha la curiosidad de nuestros 
oficiales, les hizo pasar a una casa poco distante de 
la de Tubou, de su propia forma, bien que más pe- 
queña. Preparada aquí la cava, mandó Buná servir 
la primera copa a D. José de Bustamante, después 
a los demás oficiales y luegQ a Tagacala y otros 
eiguis según el orden de su distinción. Antes de dis- 
tribuir este licor habían repartido a cada natural su 
plátano cocido, del cual comieron una parte, reser- 
vando cuidadosamente la otra. 

Servida la cava, entraron siete naturales cargados 
con otros tantos racimos de cocos, que Buná regaló 
a D. José de Bustamante y demás oficiales; a estos 
presentes quiso añadir el de un cerdo, pero no ha- 
biendo en las inmediaciones tan grande como lo 
deseaba, dio sus órdenes para que se trajese de más 
lejos. 

La generosidad de este príncipe estaba antes de 
ahora bien acreditada entre nosotros, pero en este 
día quiso esforzarla a un extremo que no conocíamos. 
Añadía a sus presentes un grado o un esmero que 
casi reprobaba la dignidad de su carácter; y el an- 
helo que a cada paso respiraba en complacer, era 
un buen indicio de los sinceros principios que le 
guiaban a practicar aquella virtud noble y plausible, 
virtud cuyo ejercicio parece reservado a las grandes 
almas, porque también son las únicas capaces de 
sentir la dulce complacencia de excitarla. 



[202] 



DIARIO DE VIAJE 



Entre otras conversaciones que hubo, dijo D. Ci- 
ríaco Cevallos a Buná, que desde España había de 
volver a Vavao para vivir y morir en su compañía. 
Buná no supo como corresponder más directamente 
a esta fineza, sino pidiendo a Cevallos que apoyase 
la cabeza sobre su regazo y después la odoptó por 
hijo suyo en toda forma; dijo después una arenga 
a todos los naturales, cuya sustancia no pudimos 
entender; pero a consecuencia Tagacala y otros jefes, 
tributaron a aquel oficial los honores debidos a su 
príncipe. 

Quisieron luego pasear y Buná los condujo por 
un camino llano que dividía hermosas y dilatadas 
plantaciones, entre las cuales estaban esparcidas va- 
rias casas en un desorden agradable; algunas de 
ellas tenían como la del Rey una fosa adonde 
acudían las aguas manantiales y se bañan los 
dueños; su forma era exactamente la de un cono in- 
vertido, cuya altura no pasaría de cuatro pies, ni de 
cinco su centro. 

En la extensión del paseo encontraron con abun- 
dancia casi todos los árboles frutales que se conocen 
en Vavao. Al cultivo de los plátanos parece se de- 
dican los naturales con más esmero. Las plantaciones 
de este fruto están dispuestas lo mismo que nuestros 
olivares o viñas y cerradas todas para preserverarlas 
de los cerdos, únicos animales que pueden aquí per- 
judicarles. La rima, el coco, el árbol de que sacan 
sus telas, etc. crecen mezclados entre sí, sin sujeción 
a ningún orden. En general todos alabaron la her- 
mosura de aquellos sitios en este pequeño paseo. 

El rey sospechaba si llegaría en breve el nuevo 
presente antes de que se retirasen los oficiales, así 
procuró entretenerlos hacia estos lugares, llevándolos 



[203] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



después a la casa de un eigui que lindaba con el pro- 
pio camino. En todo se diferenciaba la estructura y 
forma de esta casa de las que habían visto, aún que 
en su capacidad igualaría a la de Tubou. Aprovechó 
Buná esta ocasión para hacer tributar a Cevallos 
otras ceremonias que como príncipe debía gozar en 
sus dominios; cansado éste del camino manifestó al 
rey quería entregarse por un rato al descanso, cuya 
prevención anticipó por si en esta libertad faltaba a 
alguna de sus costumbres. Tan lejos estaba Buná de 
oponerse a ella, que dirigió una breve arenga al 
dueño de la casa, de cuyas resultas, vieron ir hacia 
el oficial una bella joven con el mayor agrado y 
gracia. Sentada a su lado principió a tocarle blanda- 
mente con los puños 5 cerrados a lo largo del cuerpo. 
Esta costumbre que distinguen los naturales con la 
voz de toqui toqui la practicaban con los eiguis sus 
mismas mujeres, pero Buná la exigía indistintamente 
de entrambos sexos cuando lo necesitaba para conci- 
liar el sueño. Este auxilio tan eficaz para estos mo- 
radores, no pareció lo era para Cevallos produciendo 
el contrario efecto. No fue interrumpida no obstante 
esta operación hasta asegurarse que, en el suspen- 
derla no se desairaba a la hermosa joven y concluida 
recibió un presente del nuevo príncipe. 

La estatura de Tubou es más que mediana, su 
color bastante claro, la fisonomía agradable y su 
cuerpo airoso, de edad de cerca de cincuenta años. 
Ya muy adelantada la tarde, se despidieron de ella, 
emprendieron la vuelta y favorecidos constantemen- 
te del viento alcanzaron las corbetas a las cinco, de- 
jando con sentimiento aquellos felices y amables 
moradores, quienes con sus acciones y palabras que- 
rían dilatar su partida. 



[2041 



DIARIO DE VIAJE 



En la mañana del 30, bajó D. Jacobo Murphy a 
ver a Buná de parte de ambos comandantes, a pre- 
sentarle dos hachas y algunos otros efectos que le 
habían prometido y avisarle últimamente que debía 
acelerarse los cambios respecto a que nuestra salida 
se verificaría el 1^ de junio, cuya noticia le sor- 
prendió y a todas las personas de ambos sexos que 
le acompañaban a la sazón en su acostumbrada be- 
bida de la cava. En el lugar del observatorio se en- 
terró una botella, la cual encerraba el papel autén- 
tico de nuestra llegada a este puerto y de la posesión 
que de él, y de todo el archipiélago inmediato ha- 
bíamos tomado en nombre de S.MX. con el consen- 
timiento del mismo Buná y para que este acto so- 
lemne tuviese la mayor autenticidad así a vista"* de 
los naturales, como para noticia de los que nos si- 
guiesen, hizo nuestro Comandante que, enterrada la 
botella, se largasen las banderas y saludasen entram- 
bas corbetas con siete veces, viva el Rey! . . y luego 
todos los naturales con el mismo rey hicieron igual 
número de aclamaciones. La inscripción decía: "Las 
corbetas Descubierta y Atrevida de S.M.C a las ór- 
denes de los Capitanes de Navio D. Alejandro Ma- 
laspina y D. José Bustamante y Guerra, estuvieron 
en este puerto en el mes de mayo del año 1793, y 
reconocido todo el archipiélago inmediato de Va- 
vao, tomaron posesión de él a nombre de S.M., des- 
plegando la bandera en el paraje del observatorio, y 
correspondiendo a este acto solemne con siete veces 
de viva el Rey i sí también los naturales presididos 
por su egui Büná, los cuales repitieron otras tantas 
veces Vavao Toxa España, esto es, Vavao hijo de 
España". 

Son tantas las causas que promueven la emigra- 



r 205 ] 



rRANCÍSCO XAVIER DE VIANA 



ción de ios pueblos, que verosímilmente no se ha- 
llaría sobre toda la extensión del globo una sola 
tribu o nación, cuyo idioma sea tan rigorosamente 
nuevo ab origine o no tenga conexión con alguna 
otra. Ciertamente no lo es tampoco la de los pueblos 
del archipiélago de los Amigos como lo demuestra 
su afinidad con el malayo, el bisaya, el de Sandwich, 
y con otros muchos dialectos conocidos al sur y al 
occidente. Los idiomas lo mismo que las demás ins- 
tituciones sociales, siguen en su formación el mismo 
orden de las necesidades que las dictaron. Hay pues 
voces que corresponden al origen de los idiomas, 
otras a sus progresos, a su perfección; y el que co- 
nozca bien la naturaleza humana y sea capaz, de 
pesar y calcular las circunstancias de lugar y tiempo, 
se equivocará pocas veces determinando la antigüe- 
dad de las voces, el orden en que fueron compuestas, 
y la mayor parte de las variaciones que han debido 
sufrir. Sigue de esta teoría, que si la identidad o se- 
mejanza de varios dialectos prueba un origen común 
a todos los pueblos que los hablan, el examen par- 
ticular de las voces idénticas u homologas, puede 
también conducir a conjeturas bastante seguras sobre 
la antigüedad de las colonias y el orden en que se 
difundieron. Si se considera por otra parte que las 
voces no son otra cosa sino el signo de las ideas, se 
percibirá que las costumbres de los hombres deben 
leerse en sus propios idiomas y si se añade a todo la 
utilidad que puede resultar a los navegantes futuros 
de conocer (aunque groseramente) el lenguaje de 
un pueblo con quien la necesidad le obligue a co- 
merciar se convendrá en que la aplicación a esta 
clase de conocimientos ni es el menos importante ni 
debe mirarse como el ultimo objeto de un viajero 



[206] 



DIARIO DE VIAJE 



ilustrado y filósofo. De estas consideraciones ha na- 
cido la diligencia con que en todos tiempos y par- 
ticularmente en los modernos han procurado los na- 
vegantes adquirir la significación de algunas voces 
entre los pueblos que visitaron. Pero sería de desear 
que estos hombres tan justamente acreedores a nues- 
tra gratitud, hubieran sacrificado a la presición de 
las voces una parte de su número. Es preciso confe- 
sarlo; en el sistema indispensable de nuestros viajes, 
la copia y abundancia de un vocabulario debe mi- 
rarse como la primera prueba de su inexactitud. Para 
percibir la seguridad de esta regla, considérese por 
un momento el acceso de nuestros buques a estos 
pueblos desconocidos y remotos, con nociones aunque 
confusas de la mayor parte de nuestras artes. ¿Qué 
asombro no debe causarles las ventajas de nuestras 
obras a las suyas? Nuestras embarcaciones, armas, tra- 
jes y nuestras mismas bagatelas, ¡cuántos motivos 
para excitar su admiración \ Sus primeros sentimien- 
tos ceden al deseo de poseer las cosas admiradas; uno 
pide, aquél cambia, el uno roba, y todos procuran 
adquirir lo que desean sin, pararse en la legitimidad 
ni decencia de los medios. Hasta el respetable caci- 
que (siempre blasonando las prerrogativas de su dig- 
nidad) se prostituye y confunde con nuestras últimas 
clases por la adquisición de una cuenta de vidrio. 
Si en medio de estos accesos tumultuosos de la codi- 
cia se llama a un natural para saber el significado 
de una voz; o no entiende lo que se le pregunta, o 
no está con humor de responder. Pero supongamos 
que a expensas del tiempo y la paciencia, que a 
fuerza de gestos extravagantes y de contorsiones ener- 
gúmenas lo pusimos en el camino de nuestras ideas; 
el brillo de un botón, el ruido de una campanilla, 



[207 ] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



cualquier cosa es suficiente para distraerlo del asunto, 
y aún para hacerle fastidiosa nuestra curiosidad, si 
insistimos en volver a recoger el hilo de la cuestión. 
No se puede ponderar la displicencia con que satis- 
facían a nuestras preguntas, por lo menos cuando 
pasaban de cierto número. Latu dijo un día a Ceva- 
llos con mucha gracia que se había de coser los la- 
bios para evitar la molestia de sus preguntas o para 
no responder. 

La necesaria oscuridad de nuestras preguntas, lo 
ambiguuo de sus respuestas y la propia sed de saber, 
son otros nuevos estorbos para conseguirlo. No pu- 
diendo alejar la idea del poco tiempo que podemos 
permanecer en el lugar de nuestras observaciones, las 
hacemos al mismo tiempo sobre cien objetos distin- 
tos y como es natural concluiremos con saber poco 
de cada uno. 

De la combinación de todos estos obstáculos, y de 
la insuficiencia de los idiomas para copiar los sonidos 
de los otros, han nacido las enormes diferencias que 
se notan entre los vocabularios de un propio lenguaje 
formados por distintos viajeros; diferencias de que 
no están exentos los observadores más hábiles y dili- 
gentes. El Sr. Cook dice que a la isla Koa la llaman 
los naturales de Aghao y a la de Taman, Hay - Bay. 
Mr. Forster da el nombre de Nipoara al mismo jefe 
que llama Anderson, Siboula, etc. Pudiéramos escri- 
bir mil ejemplos de estas diferencias que han servido 
para despertar nuestra atención y para limitar nues- 
tro diccionario de Vavao, a pocas más de trecientas 
voces. El mayor número está a la verdad bien com- 
probado; pero ¿quién podrá asegurar, sin embargo, 
que no hemos tomado algunas veces la voz figurada 
por la propia, la equivalente por la directa, etc.? 



[208] 



DIARIO DE VIAJE 



Si es difícil formar en pocos días un diccionario 
copioso, no lo es menos hacerse cargo de la propie- 
dad, extensión y modo de las voces así como de la 
sintaxis del idioma. Cuando vemos que con una sola 
palabra, Majale, por ejemplo, dicen; ir, fui, fuiste^ 
irse, etc., creemos que no distinguen los tiempos ni 
las personas: ¿pero por qué no se pueden dar a las 
vocales de aquella palabra tantos sentidos como son 
precisos para hacer esas distinciones? Si nosotros no 
distinguimos los tiempos variando las terminaciones, 
¿por qué otros no harán la misma distinción variando 
de acentos, particularmente cuando se sabe que los 
acentos hacen cuasi todo el juego gramatical en los 
idiomas no escritos? 

Supongamos la existencia de una lengua que tu- 
viera los cinco tonos enteros de nuestro diapasón 
(por ejemplo); pregúntese a un calculador ¿de cuán- 
tos modos realmente distintos podría pronunciarse en 
este idioma la palabra Majale? y responderá que de 
123.860 maneras diversas, sin pronunciar nunca más 
de cuatro sílabas y cuatro tonos, y sin tardar más 
tiempo en la pronunciación de la voz entera del que 
tardamos nosotros en decir ¿Majale, según nuestro 
modo de pronunciar. Quiere decir, que este idioma 
(tal vez poco más entonado que el de Vavao), no 
sólo podría distinguir los modos de los verbos, etc. 
por medio de los acentos, sino dar a una misma 
voz más de cien mil significaciones que nosotros 
no podríamos distinguir en la escritura. Tal vez 
parecería extravagante hacer una aplicación del bi- 
nomio de Newton, hablando del mecanismo del 
idioma y convendremos en ello como se convenga 
en la exactitud del cálculo. Por lo demás no que- 
remos decir, que el dialecto de Vavao distingue 



[209] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



precisamente cinco acentos, ni que pronuncie cua- 
tro sílabas de diez mil modos; nuestro objeto es 
sólo indicar que constando su prosodia de más 
acentos que la nuestra y acentos verdaderamente 
musicales, no sólo puede distinguir por ellos lo que 
nosotros con las terminaciones, sino también multi- 
plicar inmediatamente las acepciones de las voces. 
Después de lo dicho, no entendemos al Sr. Anderson, 
cuando dice que: siendo el idioma de estos naturales 
bastante chico para enunciar todas sus ideas, sus ta- 
lentos son poco numerosos. ( 1 ) Supongo que este sa- 
bio observador no habla de los elementos de la pala* 
bra, porque los insulares no sólo pronuncian nuestras 
cinco vocales, y la mayor parte de las consonantes; 
pero usan de otras articulaciones que no pueden ex- 
presar las letras de nuestro alfabeto de cualquier 
modo que se combinen. 

El uso de sincopar la mayor parte de las voces y 
el de anteponer a todas las partes de la oración la 
palabra coe pueden mirarse como dos propiedades 
características del lenguaje de estas islas. No sólo 
abrevian las dicciones suprimiendo las sílabas del me- 
dio que es lo que constituye la verdadera síncopa, 
sino suprimiendo también el fin, a lo cual llaman 
nuestros ¿ramáticos apócope. He aquí una voz sinco- 
pada longa-julu diez, en lugar de toncojongo julu; 
he aquí un apócope sua (grande en número o canti- 
dad), en lugar de suave. La mayor parte de las voces 
que incluye nuestro diccionario están sincopadas. 



(1) Tercer viaje de Cook, tomo II, pág. 118, de la in- 
ducción francesa. El juicio de Anderson es tanto más incon- 
cebible, en cuanto su propio diccionario de estas islas consta 
de muchos sinónimos; esto es, de muchos signos de abundan- 
cia, etc. 



[210] 



DIARIO DE VIAJE 



El intento del artículo en nuestras gramáticas es 
distinguir el género de los nombres; pero como los 
naturales anteponen el coe, no sólo a los nombres 
sino también a los verbos, etc., no se puede decir que 
coe, es un artículo, a lo menos un artículo como 
nosotros lo entendemos. 

La misma naturaleza indica el orden en que deben 
colocarse las palabras para formar las oraciones. Fa- 
tafegui, concibió a Feyleguua, ésta es una oración de 
régimen natural; pero los insulares dicen así: Fanau, 
Feyleguua é Fatafegi. Estas transposiciones son fre- 
cuentísimas entre ellos, y no pueden tener otro objeto 
que el de hacer más armoniosa la conversación. Vol- 
vemos a repetirlo; la observación ha hecho conocer 
que en los idiomas no escritos, la cadencia ha dictado 
casi todas las reglas. El coe que por sí solo no tiene 
significación alguna, la a que tampoco la tiene y 
suelen anteponerse a muchas voces, pueden tal vez 
compararse a las partículas, cuyo único y primer des- 
tino fue aumentar la sonoridad de los períodos. 

En medio del poco tiempo que permanecimos en 
Vavao, nos atrevemos a decir que el idioma de los 
naturales es rico, prosódico y sonoro. Hacen tanto uso 
de las vocales, que entre todas las voces de nuestro 
diccionario, apenas se encuentran dos solas que ter- 
minen en consonante, distinguiendo más acentos que 
nosotros y supliendo tal vez con ello la variedad de 
nuestras terminaciones; cuando hablan parece can- 
tan o recitan. Un idioma de esta naturaleza nacido y 
conservado en climas tan felices y donde apenas es 
necesario el trabajo para gozar las comodidades de 
la vida, debe ser todo él, hijo de pasiones, el contra- 
rio de nuestras lenguas de Europa, exactas pero, frías; 
copiosas, pero, sin expresión; cuasi todas ellas son 



[2ii : 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



tristes como el cielo bajo que han nacido; cuasi to- 
das ellas duras como las necesidades que las han 
formado. 

El dialecto del archipiélago de los Amigos com- 
puesto, figurado, músico y dictado por el sentimiento, 
debe por consecuencia prestarse mucho a la verda- 
dera poesía; pero nosotros sólo podemos hablar de 
su parte mecánica; y aún de esto imperfectamente. 

Todas sus canciones están sujetas a una medida 
rigurosa y la mayor parte rimadas. En los bailes del 
23 y 25 pudimos percibir dos clases de metros; los 
unos cuya cadencia cuasi corresponden a las de nues- 
tros versos conocidos con el nombre de arte mayor, 
desterrados de la poesía moderna, y cuyo uso fue 
muy frecuente entre los antiguos romanceros. Tuisua, 
Tacaola y Feylehúa, que comieron a bordo el 24 
cantaron otros dos géneros de versos, cuya correspon- 
dencia a los nuestros no me atrevo a determinar. 

En todas estas composiciones rimas, pareando las 
consonantes, verosímilmente sabrán combinarlas de 
otros modos diversos, y verosímilmente tienen más 
variedad en las composiciones de la que nosotros 
hemos notado. La poesía, este arte celestial tan anti- 
guo como las sociedades y consagrada en todos tiem- 
pos y lugares a conservar las primeras tradiciones de 
los pueblos, es tal vez, el más perfeccionado en el 
archipiélago de los Amigos; y ¿quién sabe si la 
poesía de estos hombres podrá sostener una compa- 
ración con la nuestra? Suplico a los que califiquen 
de ridicula esta duda, que tengan presente lo que 
eran los griegos, cuando Homero empezó a recitar 
los cantos de la Ilíada; digo, cuando empezó a re- 
citar, porque según una opinión bastante probable, 



r 212 1 



DIARIO DE VIAJE 



aunque poco común, el principio de la epopeya no 
alcanzó el tiempo de la escritura. 

Por lo que hace a las diferencias que se encuen- 
tran entre este pequeño diccionario y otros que ten- 
gan las mismas voces, nada podemos alegar en 
nuestro abono. "Nous croyons (dice Mr. de Bou- 
gainville) avoir bien entendu, et Sien rendu les sons 
que plusieurs fois ont frappé nos oreüles; les anglois 
sont aussi dans la méme persuation; se seroit au 
natureü á nous suget". 



VOCABULARIO 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS <*> 

A 

A. Preposición .... Que, . , ee. 

Abajo Yaby. 

Abalorios Cula. 

Abrasar Tonga-Tüa. 

Aceite de coco Te-ete. 

Acostarse ........ Togo-too. g-to-go. 



(*) Para suplir los defectos de nuestra escritura, y con el 
fin de aproximar en cuanto sea posible nuestra pronunciación 
de la de los naturales» se han puessto algunas notas al lado de 
las voces a quienes corresponden. 

Cuando se vea una g sucedida de algunas sílabas, quiere 
decir, que estas sílabas deben pronunciarse guturales. 

Asp. b, quiere decir que la h se debe aspirar. Poc aip. h 
quiere decir que la b se aspira poco. 

Una línea ( — ) cubriendo una parte de la voz, quiere decir, 
que la parte cubierta se pronuncie con mucha celeridad. 

Una línea (•) dividiendo una dicción, quiere decir, que la 
dicción se pronuncia en dos tiempos. 



[213] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

Adelgazar Oloy. 

Actitud Unima ( * ) . 

Afeitarse Fafay. 

Agua Bay. 

Agua dulce Bay4hey. 

Agua salada Bay-touka Asp. b. 

Aguja . . . Ust. 

Almohada (de palo) Cali g. I¡. 

Primera clari- 

Ama- dad del dia 

necer hasta la salida * 0, 
) del sol 

Amigo Apilufan. 

Amistad Teti-comi. 

Amistad (término 

más expresivo) - . Ufa, 

Arco y flecha Tana. 

Anillo Mama. 

Anoche Anapó. 

Anular (dedo) . . . Tegia g. gi. 

Anzuelo Paa. 

Arbol Acau. 

Arbol (de los que 
teníamos a la vis- 
ta) Manga. 

Asentaderas Semi. 

Así es, bueno (como 

aprobación) .... Coya. 

Atravesar una cosa . Joca tonga. 

Ayer Aneafi. 

Arriba , lavo. 

Afeitar Amuch-abusa. 



(*) La actitud que toman en ciertas solemnidades los 
plebeyos delante de los jefes, y que equivale a la última ex- 
presión de respeto. Esta actitud consiste en sentarse con las 
piernas cruzadas del mismo modo que las manos, inclinando 
la cabeza cuasi hasta el suelo y hacia el objeto de respeto y 
veneración. 



[214] 



DIARIO DE VIAJE 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

B 

Bailar Guiliguiú. 

Baile Poome. 

Barba Cava. 

Barriga Pata Con los labios la f« 

Basta Mahna . . . , Poc.asp. b. 

Beber Ynu, 

Bien hecho (como 

aprobando) , . . . Makest. 

Blanco Taya, 

Boca, Vtu g. n. 

Bogar Alo. 

Bostezar Mamao. 

Brazo Nímaa. 

Bueno ( como apro- 
bando) Coya* 

Buscar una cosa . , , Nono. 

C 

Cabeza Ulu. 

Cabecera de palo . . Cals. 

Cables Taula. 

Caliente Güila. 

Calvo Cu ulu. 

Callar Laya. 

Camino Yeda. 

Canalete Foge. 

Canastilla redonda . Cato. 

Canastilla oblonga • Cato-Cofa. 

Cambiar Taja-haya Poc. asp, h, 

Canoa Facatau. 

Cantar V-pé g.v. 

Caña dulce 

Casa Vale. 

Casa sagrada Fale-tua La * cerrando loi 

labios. 

Caracol Quetitogue, 

Cerdo Puaca^ g. ca. 

Chico Cbu 

Ciego Cui na. 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

Cimentero Tiatoga. 

Clavo * . , , . Tau. 

Coco Neu. 

Comer Kay. 

Como se llama ésto . Koe-kay-caca-bto. Aip. b. 

Como te llamas . . . }au-natea. 

Concebir o partir . . Fanau. 

Correr Falucbi. 

Cortar Cachi. 

Cortar (en la made- Gtft. 

ra) 

Crudo Rota Pac. ajp. h. 

Cuando el sol está 

en zenit Laa-to. 

Cuanto Fia 

Cuánto tiempo hace? Fia-magina. 

Cubrir Pubou. 

Cuchillo (o cosa pa- 

recida) Geele. 

Culebra Tuca-gal*. 

Cuchillas Cbigue. 

D 

Dame Maba Poc. asp. b. 

Dar Mabi id. 

Dar gracias Afetai. 

Dar un puntapié . . Acá. 

Desnudarse Veveti, 

Dedos Pecbi pecbi. 

Día. (Desde e{ salir 

hasta ponerse el 

sol) Po. 

Dibujo (el que se 

hace en "la piel) . Ta. 

Dientes Niso. 

Dios Otua La u apretando 

mucho los la- 
labios. 

Dormir Moge g. ge. 

Dame algo May-jamea. 

Dame de comer . . . May-jamea kay. 



[216] 



DIARIO DE VIAJE 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

Descubrir a uno que 

está tapado Tataiautu. 

Despertarse Ha Asp. h. 

Dar porrazos Cbilonaga. 



E 

Enterrar Tanu. 

Ei empeine Paali. 

Envolver, doblar . . . Fatu- fatu. 

Embarazada Fey-tama. 

Embarcación Baca. 

Escopeta Mea fana Voz compuesta. 

Espaldas Tua. 

Espejo Cbiota Poc. ¡a o. 

Espinillas Chipu-bay 

Entender o desenvol- 
ver Folage g- ge. 

Estera Faale. 

Estofa (lo que vis- 
ten) Bala o Natu. 

Estrellas Ofetu. 

Esconderse Jola. 

Embarcación chica. . Baca-cbi. 



F 

Falto Cu. 

Feo Qutno. 

Flauta Fangu-fangu. 

Flete y arco Fana. 

F , (mucho . Loto. 

° ' ' (poco . , Mamajas. 

Fornicar Feicbe, copi 

(*) A la palabra Micbi miebi dan la misma significa- 
ción; pero esta voz introducida aquí por los equipajes del 
Capitán Cook no debe mirarse como propia del idioma de 
estas ¡slas, no obstante de estar adoptada generalmente entre 
ellos. 



[217^ 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

Frente Loe, 

Frío Moco-chio. 

Fuego Hafi. 



G 

Gallina o Gallo . . Moa. 

Garganta , . Monga Se pronuncia poco 

^ , la g, J gutural. 

Golpes (castigar) 

Gordo Fei-Tama. 

Gracias Fag*-fetay{*) . 

Grande 



H 

Hablar L¿<*. 

Hace poco tiempo . Fuo. 

Harto, repleto, satis- 
fecho Magumut. 

Hermano Jona-cainba Asp. h. 

Herida, o enferme- 
dad Mate. 

Hermoso Liley. 

Hijo Toja, 

Hombre Tan-hata Poc. asp. h, 

Hombros Huma id. 

Hoy, luego esta tar- 
de Anay, 

Huirse, escaparse . ♦ Gipuna. 

Hacha Toqui. 

Hacer aire Alo-alo. 

Huevo de gallina . . Jo-moa. 

Hermano Caigha. Asp. h. 



( * ) Cuando se hace un presente lo ponen sobre la cabe2a 
y dicen esta palabra. 

[218] 



DIARIO DE VIAJE 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

I 

Incisión (k que ha- 
cen en el prepu* 

ció ) Letefe. 

Indice (el dedo) . . Falu. 

Injurioso Tua. 

Yo {Fuca ' 

Ir, iré, vióme .... Majóle, 

Iris (el arco) .... Humata Poc. asp. b. 

Isla Motu. 

Islote Motu-Cbt. 

Iza (Feilatu. 

Respuesta ( Oa. 

Inmediato Quene. 



J 

Jefe Etgui. 

Jaula Calay. 

L 

Labios Lou-notu £• *w. 

Ladrón Chito (*) 

Lanza Tau. 

Largo Cajú. 

Levantarse Tuque-alum*. 

Lejos Coe~tu, 

Lengua Elelo Respirando fuerte. 

Llenar Cuo-pito. 

Llover V-ba Asp, h. 

Llorar Tangí. 

Loro Cula. 

Luego Anahi. 

Luego luego Yni. 

Luna Magina. 

Luz Mam-ma. 



(*) Término de uso común entre ellos, pero introducido 
por el Capitán Cook, 



[219] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

M 

Madre Ona. 

Mamar Jufu. 

Manos Afinimaa. 

Mañana Pongui-pongui . Ordinariamente 

anteponen la a. 

Mar Peao, 

Marejada Peau. 

Más May. 

Masa (Composición 

de rima y plácanos 

que comen) .... Moheya. 

Matar Pana. 

Matrimonio , . Ojoana. 

Medio (el dedo del) Tujulito. 

Mediodía Tonumario. 

Mejillas Mata-tugui. 

Mellado Nijo-cu. 

Mentira Loge. 

Meñique (el dedo) . Lougt. 

Miembro viril . . . . V-h, 

Mío Guhu Poc. aip. h. 

Morir Mate. 

Muchacho Tamocht Poc. ¡a o. 

Muchos Lau-ale. 

Muelas Ahu Poc. asp. h. 

Mujer Pejine. 

Muchacha Fefine tamoacbi-i. . 

Muslos Ten-ha. 

Mucho fondo Loto. 

N 

Nadar Anu-anu, 

Nadie, nada Cot-gi. 

Naranjas Moli. 

Narices Yfu. 

No Ykay. 

Negro VIL 

Noche Pouli. 

Nubes Hao, 



1 220 : 



DIARIO DE VIAJE 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

Nueces Ameguta. 

Número (un gran) . Fuá. 

Nuevo sin romperse. Amu. 

No vale nada Chin. 

No corta Pega. 



O 

Oscuridad' Poult, 

Ojos Mata. 

( Bueno Kacula. 

( Malo Namuga, 

Orinar Mitas. 

Obrar Chico. 



Olor 



P 

Poco fondo Mamara. 

Pillo, insolente . . . . Angha-covt-tua . . Asp. h. 

Pintar Aytairo. 

Padre Tamay. 

Pala del remo . . . . Toge. 

Palmada Chivi. 

Palmear Pacbi. 

Paloma Gutum-gutum. 

Pantorrillas Fay~bay. 

Parir o concebir . . . Fanan. 

Paspados Futu-futu. 

Partes de la mujer . - Toli. 

Parrir, dividir Top. 

Pasado mañana . . . . Ony-jaba{*) 

Pasear, andar Fog-gul 

Pecho Fata-fata. 

Peine Gelu . 

Pelo Vlu . ^ g, v. 

Pelo de barba .... Cumu-cumu. 



( * ) La expresión onoy } se antepone siempre al día que 
quiere señalar. Por ejemplo, se quiere decir: para el día 5; 
dirá: onoy nima. 



[221] 



fRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

Pellejo Fogi. 

Perro Culi, 

Pertenece, me perte- 
nece . . Golu. 

Pescado Yca. 

Pescuezo V-aa g. v. 

Pestañas Quemo. 

Pie Tubay. 

Planta del pie Afi-bay. 

Piedra Maca. 

Plátano Vuchi. 

Plebeyo Tua. 

Pocilio (todo útil de 

barro) Ypoó. 

Prohibir Tabú. 

Puerco o cerdo .... Puaca g. ta. 

Pulgar (dedo) .... NLotua-Nima. 

Puñada Tugui, 

Ponerse el sol .... Tonomarie. 



Q 

Querer ver alguna 

cosa . .1 Mamata. 

Que es ésto? Coe-jae. 

Quítate Quitu. 



Raíces comestibles . 

Regalo 

Relámpagos 

Remo . : 



Respon- 
der 



Cuando 
uno llama 
a otro 
responde 
ordinaria- 
mente así. 



Reir 

Rodillas Tuy. 



Uji. 

Atupemo-au. 

Afaa. 

Toge. 



Oa. 
Rata 



Asp. h. 



[222] 



DIARIO DE VIAJE 



ESPAÑOL 



VAVAO 



Rojo (color) Rula 

Roncar Taau-ulu. 

Romper Matu. 

Roto Mau-mau. 

Rima Mey. 

Ranchería Fonua. 

Risa Caía. 

Regálame algo . ♦ . . Omi-maago. 

Rompiente Coe-ngalu. 

S 

Sentado con las pier- 
nas cruzadas Fagatane. 

Sentarse Nofo 

Saludo <*) 

Sa2onado (fruto) . . Pay. 

Sangre Hoto. 

Sí Hio. 

Silbar ftidpá. 

Salida del sol Alujague. 

Soñar Talanoa. 

Sentimiento o dolor. Ofa. 

Sanar de enfermedad Muy. 

Sordo Tafanga. 

Sol La-a. 



NOTAS 

Poc. asp. h. 



Sueño 



(**) 



la última a se pro- 
nuncia gutural y 
como tosiendo al 
mismo tiempo. Esta 
voz es de muy di- 
fícil pronunciación. 



(*) El saludo ordinario entre los naturales consiste en 
tocar nariz con nariz. Cuando esto se hace de hombre a 
hombre le llaman Huma, y cuando de hombre a mujer 
Feguita. Cuando alguna persona de distinción estornuda, los 
circunstantes dicen, Seysua. 

(**) Para conciliar el sueño a los eiguis, sus mujeres les 
tocan suavemente con las manos a !o largo del cuerpo; que a 
esto llaman toqui-toqui, voz cuyo sonido corresponde bien 
a la acción que significa. 



[223] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

T 

Toma Coe-na. 

Timonel Toufcoy. 

Tirar algo Lafu. 

Tela de árbol Natu. 

Toronja Morí. 

Tapar Pvlou. 

Tartamudo Chigmlea. 

Techo Faca-maJu. 

Testículos Lajo. 

Tetas Julu. 

Tierra Yuta. 

Tierra rica y buena „ Yuta-bu. 

Timón Lasifoque, 

Tobillos Tonga-ibay. 

Tocar, palpar Tetau. 

Tocar la flauta .... Yofi 

Toma Oatu-Na. 

Tortuga Fonu. 

Trueno FatulkhL 

Tuerto Cui. 

U 

Uñas Echiminin. 

Usado Modua. 

V 

Ven acá, ven con- 
migo Jau. 

Vente de ahí Fale, 

Venir, ven, voy ... Fogui-mahy, 

Veto Falu. 

Vela de embarcación Coe4a. 

Viento Yfi. 

Vamonos Tau-vo, 

Vieja Feu-feu. 

Vestidos (los nues- 
tros) Papaa-langui. 



[224] 



DIARIO DE VIAJE 



ESPAÑOL VAVAO NOTAS 

Vestidos (los suyos) Cofu. 
Ver, querer ver ... Maumeta. 
Verdadero, cierto . . Moni. 
Viejo Papanga. 

MODO DE CONTAR 

ESPAÑOL VAVAO 

1 Taja. 

2 Hua. 

3 Tolu. 

4 Faa. 

5 Nima. 

6 Ono. 

7 Fito. 

8 Faulo. 

9 Guiba. 

10 Tao congo fulo. 

20 VPfwlo. 

30 Tacungo-fulo. 

40 Fangu-fulu. 

50 N una-no fulo. 

60 Onongo julo. 

70 Pilongo fulu. 

80 Balugo fulo. 

90 Giba gofulu. 

100 Teau. 



[225 ] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



SALIDA DE VAVAO PARA LAS ISLAS DE LOS 
AMIGOS AL PUERTO DE CALLAO DE LIMA. 

Año de 1793. - Junio 1? — Precedida la corres- 
pondiente señal a la corbeta Atrevida y levada el 
ancla, dimos la vela a las cinco de la mañana so- 
bre las gavias ayudados de los remolques de entram- 
bos botes y de una ventolina calmosa del E. A las 
siete suspendida aquélla forzamos de vela; a la sazón 
estábamos rodeados de muchas canoas y hasta fuera 
de puntas nos acompañaron Feilehúa, La tu y otros 
a quienes habíamos distinguido particularmente; los 
cuales con sus lágrimas, sus cariños y afectos, nos die- 
ron las últimas pruebas de la bondad de su carácter, 
de la ternura de su corazón y de la sensibilidad de su 
alma. Al darle los últimos adioses, existía en nosotros 
real y verdaderamente el desconsuelo de dejar para 
siempre a estos felices habitantes dotados por la Pro- 
videncia de una porción de bellísimas cualidades e 
hijos dichosos de un suelo fértil, a quienes la natura- 
leza ha colocado bajo un clima sereno y apacible y 
rodeado de una infinidad de bienes efectivos para su 
feliz subsistencia. 

A las nueve refrescó algún tanto el viento lla- 
mando entonces al primer cuadrante. Con él cos- 
teamos las islas por su parte septentrional y con- 
cluida al mediodía su colocación, dirigimos nuestro 
rumbo a la isla de Late, en cuyo centro, y con este 
mismo nombre, se halla situado un volcán, el cual 
s¿ presenta bajo el aspecto de un pan de azúcar, 
guardando perfectamente la igualdad en todas sus 
caras, y conservando una proporcionada caída en 



1226] 



DIARIO DE VIAJE 



todas ellas, las cuales se hallan habitadas. Es alto 
y corpulento; parece muy fértil y está cubierto de 
un verdor excesivamente vivo y agradable. Su cima 
generalmente cubierta, no nos dejó lugar de poder 
observar su cráter; por consiguiente no sabemos si 
despide humo o bosteza fuego. 

Al mediodía era nuestra situación de punto salido 
en latitud de 18 o 51'00" y longitud de 167°58\ En 
ella nos demoraba lá islita rasa más oriental N. 81° 
E>, medianía de la mesa del puerto N. 26° E., punta 
y tierra más septentrional de Vavao N. 8 o E. y el 
volcán de Late distancia de nueve a diez leguas al 
S. 89° E., siendo en este lugar la declinación de la 
aguja de 9°10' N.E. 

Día 2. — A las cinco de la tarde colocados venta- 
josamente y a la distancia de seis millas arribamos al 
N.O. y dimos principio a las bases, quedando en ella 
establecida la cara S.E. de la isla Late. En la noche 
proporcionada la distancia que debíamos navegar para 
amanecer inmediatos a su punta septentrional, paira- 
mos de vuelta y vuelta sobre las gavias y a las cuatro, 
nos pusimos en derrota gobernando al S.O. Al salir 
el sol dimos nuevamente principio a nuestras tareas, 
quedando colocados todos los puntos de la isla Late, 
y la medianía del volcán en la latitud de 18°48' y en 
longitud de 168°25'20". 

D. Francisco Maurell coloca dos islotes a la parte 
meridional de Late, y los arrumba en sí, en la direc- 
ción N.S. Esta situación parece no ser cierta, pues 
que corriendo justamente aquel mismo rumbo y es- 
tando con una cuidadosa vigilancia en los topes y 
en el alcázar, y con unos horizontes claros y despeja- 
dos, no alcanzamos a ver otro que el que sitúa más 



[227 j 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



meridional, el cual, según ei resultado de nuestras 
operaciones, corre con Late, en la dirección de S. 24° 
O. y N. 24^ E. distancia de once millas. Este error 
bastantemente sensible no puede atribuirse a otra 
causa que a la poca confianza que debía merecerle 
una estima falta en dos días de latitud observada. 

Al mediodía era nuestra situación en latitud de 
19°3'20" y en longitud de 168°25'5(T en la que nos 
demoraba el extremo oriental de Late al N. I o E, el 
occidental al N. 9° O. y el islotillo de afuera, distan- 
cia de tres leguas próximamente, al N. 59° O. 

Día 4> — A las cuatro de la tarde se dejaron ver 
las islas Kao y Tufoa; a ellas referimos nuestras lon- 
gitudes y hallamos exactamente iguales nuestros re- 
sultados y muy precisa la descripción con que las 
caracteriza el celebre Capitán Cook, cuya memoria 
será siempre grata y respetable a todo marino parti- 
cularmente a aquel que sepa apreciar el verdadero 
mérito y la intrepidez con que se condujo al camino 
de la gloria este inimitable navegante, cuyo nombre 
inmortal a la posteridad resonará haciendo época en 
los fastos de la historia de la marina. 

Al anochecer puesta la correspondiente señal a la 
corbeta Atrevida, pairamos de una y otra mura con 
viento del primer cuadrante hasta las tres, que dirigi- 
mos nuestro rumbo ai S. y a las cuatro al S,S.O. Al 
amanecer marcamos el extremo septentrional de Kao, 
al N. 68° E., ei meridional de Tufoa al S. 73° E. A 
poco rato se dejaron ver otras muchas del archipié- 
largo de Apace y varios arrecifes. 

Al mediodía estando en latitud de 19°5r y en 
longitud de 168°40'40" nos demora la punta S.E. de 
Tufoa al N. 29° E. y extremo N. del bajo más occi- 



[228 ] 



DIARIO DE VIAJE 



dental al S. 10° E, eíi cuya posición declinaba la agu- 
ja 9°20' N.E. 

En las primeras horas de la tarde se dejó ver Anna- 
muka y al peñeres el sol se marcó su extremo sep- 
tentrional al N. 66° E. y el punto alto (dudoso) de 
Tufoa al N. 14° O. En la noche dirigimos nuestro 
rumbo a Tongatabu con el objeto de amanecer a su 
vista, y tomar allí algunos refrescos; pero nos estaba 
reservado un fuerte chubasco de contraste por el S>, 
el cual inutilizó nuestras pretensiones, y lo recibimos 
con las gavias arriadas, quedando después entablado 
en el segundo cuadrante. Distábamos a la sazón de 
tres y media a cuatro leguas de Hoonga Tonga y de 
Hoonga Apae. Así ceñimos el viento mura babor con 
las cuatro principales. Luego que amaneció marca- 
mos el extremo septentrional del primero al N. 20° 
O., y el meridional del segundo al N. 26° O. distan- 
cia de ocho a nueve millas. A las nueve y media se 
avistó Tongatabu, y pudimos aunque confusamente 
marcar lo más meridional que alcanzamos a ver al 
S. 39° E. Nuestra situación al mediodía en latitud 
de 20°55'l4" y en longitud de 169°27'40" a cuya 
hora habíamos ya perdido toda tierra de vista. 

Día 9. — Situados en la latitud de 25°38'25" y en 
longitud de 173°5'10" veíamos con gusto desmayar 
por momentos las brisas del S.E. constantes en estos 
paralelos y esperábamos verlas destruidas muy en 
breve, por los vientos del 4^ cuadrante si experi- 
mentábamos igual suerte que la que sufrió el célebre, 
el inmortal Cook, en su segundo viaje, cuando des- 
pués de sus intrépidas tentativas sobre el supuesto 
continente austral entre los 40 y 50 grados, hizo 



[229] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



derrota a las islas Otahiti y de los Amigos a estas 
mismas. 

Con efecto en las primeras horas del día 10 y des- 
pués de una pequeña intermisión de calma y de al- 
gunas ventolinas variables, quedó entablado el viento 
por el N. y N.O. recio, proporcionándonos un andar 
constante de siete a ocho millas, hasta el 14 que 
rolando al tercer cuadrante y simados en latitud de 
29°9 , 50 M y en longitud de 172°12'50" quedó fresco 
y vario en el mismo lugar. 

Día 22. — Ai mediodía hallándonos en latitud de 
31°44' y en longitud de 135 o 2'20" nos demoraban 
las islas de Quirós al N. 21° E. distancia de sesenta y 
cinco leguas. Estas islas situadas como al S.E. de las de 
Otahiti y descubiertas el año de 1606 por aquel céle- 
bre navegante, parece extraño no hayan movido la cu- 
riosidad de los viajeros europeos que han precedido al 
Capitán Cook, quien sin duda carecía de esta noticia, 
pues es probable que cuando en su segundo viaje no 
pudo tomar las de Otahiti, hubiera con su amor a 
las ciencias y con su carácter investigador, dirigido 
su derrota al reconocimiento de aquéllas, cuyas apre- 
ciables e interesantes noticias, no llamarían menos la 
atención de los sabios filósofos que las descubiertas 
hasta aquí en todo el espacioso Mar Pacífico. 

En las primeras horas de la mañana se puso a la 
Atrevida la señal de pasar a la voz de esta cor- 
beta y verificado por ella, le ordenó D. Alejandro 
Malaspina que en caso de separación sería el puerto 
de reunión el del Callao de Lima. A la sazón favore- 
cían de un todo nuestra derrota los vientos fresca- 
chones del tercero y cuarto cuadrante, las más veces 
interrumpidos con bastante agua y proporcionándo- 



lo] 



DIARIO DE VIAJE 



nos un andar constante de siete y ocho millas. Nos 
han acompañado casi todos los días varios pájaros 
bobos, carneros, pardeles y tableritos. 

Día 30, — El Capitán Cook coloca por la latitud 
de 32°OO l y longitud de 121°39' unas islas que dice 
fueron descubiertas por los españoles el año de 1773, 
cuya noticia adquirió de Mr. Crozet en el Cabo de 
Buena Esperanza, el cual le aseguró haberla recogido 
en Lima. 

En el tiempo de nuestra morada en aquella capi- 
tal, nada pudimos averiguar de este nuevo descubri- 
miento y aunque estuviésemos plenamente satisfe- 
chos de la inverosimilitud de esta noticia, corrimos 
sin embargo su paralelo con la mayor precisión al 
oriente de su meridiano como unas doscientas leguas, 
el que cortamos el día 27 sin hallar el menor rastro 
que nos indicase señal de tierra, ni aún a trescientos 
ai occidente de su situación; siendo la nuestra al me- 
diodía en latitud de 31°59'5(T y longitud de 113° 
20'33" en cuyo lugar declinaba la aguja 5 o N.E. 

Julio 17. — Los vientos continuaron con igual 
fuerza dentro de los límites dichos anteriormente; 
pero ya el 9 rolaron del N.O. ventando recio y arra- 
chado por aquella parte. AI siguiente día, después 
de una pequeña calma pasó nuevamente al S.O., y 
dando la vuelta por el S. quedó entablado en el se- 
gundo cuadrante obligándonos en aquella posición a 
tomar los bordos del S. que seguimos pocas horas 
para llamarse nuevamente al tercer cuadrante con los 
cuales conseguimos entrar nuevamente en derrota, A 
la sazón nos hallábamos en latitud de 26°38'5(T y 
en longitud de 75°29 , 30", en cuya posición nos de- 



[2311 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



moraban las islas grandes de San Félix a! N.N,E. 
distancia de veintisiete leguas. 

Día 22. — Al mediodía, situados en latitud de 
15°223(T y en longitud de 70 o 2'0(T nos demoraba 
ei morro de Nasca al N. 65° E.> y la isla de San Ga- 
yán al N. 8 o E. distancia de aquél catorce un tercio 
leguas y de aquélla treinta y dos. A la sazón nos 
acompañaba la brisa muy fresca con rachas bastan- 
temente duras, las que nos habían obligado desde 
las diez de la noche a navegar con solo los princi- 
pales, con cuyo aparejo no bajábamos de siete a 
ocho millas por hora. 

Las corrientes nos han arrastrado constantemente 
en la dirección del N.O. y con tanta más violencia 
cuanto mayores eran las diferencias que contraíamos 
en latitud. Nuestra estima estaba ya por lo general 
atrasada de dieciséis a veinte millas hacia el N. y 
casi igual cantidad retardada al O. Estas diferencias 
causadas por el declive de las aguas hacia el O. 
nada tienen de extraño si se atiende a las felices 
combinaciones de Mr, Buffon, Maupertuis y otros 
célebres físicos que tan justamente han sacrificado 
sus días en beneficio del género humano. 

Día 23. — Colocados en la nueva carta y según 
los resultados de las observaciones referidas al me- 
diodía de hoy, debíamos, a no estar tan cargados 
los horizontes, avistar la tierra, pero no lo consegui- 
mos hasta las dos de la tarde, bien que confusamente 
y a las tres ya se presentó alta, montuosa, desigual y 
cargada de mucha calima. A las cuatro, considerándo- 
nos a seis leguas próximamente de la tierra de través, 
y marcada la mesa de Doña María al N. 22° E., 



[232] 



DIARIO DE VIAJE 



dirigimos nuestro rumbo al N. barajando con él la 
costa hasta las cinco y media que gobernamos al N. 
O. corriendo a un ángulo paralelo a ella. Al ponerse 
el sol se marcó la mesa dicha enfilada con los islotes 
Infiernillos al N. 57° E. y la tierra más saliente al 
N.O., N. 34° O., a cuyas marcaciones comparamos 
el resultado de nuestros relojes, cuyo error fue des- 
preciable en el número 11 no así en el cronómetro 
71, el cual estaba afectado en un grado más occiden- 
tal de la verdadera longitud. 

A las once de la noche, E.O. próximamente con 
las islas de San Gayán dirigimos nuestro rumbo al 
N.N.O. del mundo; a la sazón nos acompañaba Ja 
brisa frescachona proporcionándonos un andar de 
ocho a nueve millas, el tiempo hermoso, despejado y 
la costa a la vista. 

Día 24 > — Amaneció todo cubierto de calima, y 
nada podíamos alcanzar a ver de la costa, que, según 
conceptuábamos, debíamos retenería a regular dis- 
tancia; en consecuencia gobernamos al N.; pero a 
las nueve avisaron de los topes veían la reventazón 
de la playa y suponiéndonos entonces a la distancia 
de tres a cuatro leguas, arribamos al N.O. Va N. A 
las once de la mañana, habiendo despejado algún tan- 
to los horizontes y no presentándose punto alguno 
de la costa a la vista, dirigimos nuevamente nuestro 
rumbo al N. Muy cerca del mediodía se dejó ver 
aunque confusamente un tro2o de tierra que muy 
breve volvió a ocultarse, pero que según nuestra po- 
sición al mediodía N.S. con la isla San Lorenzo y en 
latitud de 12°3T no nos ofrecía el menor cuidado, 
sin embargo con el objeto de asegurar más y más 



[233 ] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



nuestros conceptos gobernamos al N.E. E. con el 
de dar vista a la tierra- 
Disipada algún tanto la calima, se dejo ver la isla 
de San Lorenzo que marcamos al N. 2 o O.; consi- 
guientemente hicimos derrota a su extremo occiden- 
tal. A la sazón cedió el viento hasta quedarse bonan- 
cible, después costeamos los islotes inmediatos, y 
rebasada aquella punta en las primeras horas de la 
noche ceñimos el viento, y a poco rato dejamos caer 
el ancla próximos a la fragata Liebre de S. M. 



SALIDA DE CALLAO DE LIMA PARA EL 
PUERTO DE TALCAHUANO. 

Octubre 16 de 1793, — Averiguada la marcha 
y movimientos de los relojes conducidos a bordo 
todos los instrumentos astronómicos y listas de un 
todo entrambas corbetas para dar la vela, lo ve- 
rificamos seguidos de la Atrevida a las cuatro 
horas de la tarde del día 16 con el favor de la brisa 
fresquita del S.E. Mareada toda vela, dirigimos 
nuestro rumbo a la punta N.O. de la isla de San 
Lorenzo y a las cinco y media, estando tanto avante 
con ella, ceñimos el viento mura estribor. Para en- 
tonces las marcaciones hechas al ponerse el sol, nos 
situaren en el nuevo plano en latitud de 12°4W 
y longitud occidental de Cádiz de l\°0(i\y\ 

Día 31 • — Las brisas constantemente frescas del 
S.E. al E.S.E. nos habían conducido para este día a 



L23í] 



DIARIO DE VIAJE 



la latitud de 31°3 S 20" y a la longitud de 85°28'12*'; 
por consiguiente nos hallábamos a la sazón 14° al 
occidente del meridiano de Lima, cuya diferencia nos 
fue fácil recuperar, entablados ya los vientos frescos 
aunque variables del S, al SO. y O.N.O. con los cua- 
les, hechos rumbos en el segundo cuadrante pudimos 
para el 6 observar en latitud de 36°59 , 40 1 ' y en 
longitud de 76° 08*00". 

Noviembre 8, — Como los vientos se mantenían 
constantes y frescos en el tercer cuadrante, continua- 
mos nuestra derrota al S. y conservamos aquel mis- 
mo paralelo, hasta que cumplida la longitud y 
estando en el meridiano de la isla de Santa María, 
ceñimos el viento mura babor con el objeto de ama- 
necer a la vista de tierra, como en efecto conseguimos 
a las tres y media de la mañana, a cuya hora y con 
toda fuerza de vela arribamos al E. Y4 N,E. Luego 
que amaneció se dejaron ver las tetas de Bíobío que 
marcamos a las cinco horas al E. 5 o N. y el morro 
de Talcahuano al N. 60° E,; a la sazón nos acom- 
pañaba la brisa fresca del S.S.E, con la cual cos- 
teamos la tierra a muy corta distancia y rascando la 
la punta N. de la isla Quirriquina pudimos rebasarla 
a las ocho de la mañana, consiguiendo después de 
muchos bordos, dejar caer el ancla en seis brazas 
arena y fango, quedando después amarrados N.S. un 
cable sencillo a esta parte, y el ajuste al N. en cuya 
posición nos demoraba lo más E. de la Quirriquina 
al N. 16° E. el Castillo de Gálvez al N. 60° O. y 
el pueblo de Talcahuano al S. 40° O. rumbos de la 
aguja, distancia a la sazón de la costa del través me- 
dia milla escasa. 



1 235 1 



FRANCISCO XAVIER DE ViANA 



Se hallaba fondeada desde la noche anterior nues- 
tra compañera la Atrevida, a quien en los primeros 
días de nuestra salida se le previno hiciese derrota 
a este puerto sin atención a la conserva. 

Al siguiente día se condujo la tienda de campaña 
ai mismo lugar donde se colocó en nuestra estada 
anterior, dentro de ella se colocó el cuarto de círculo, 
y muy luego se dio principio a la averiguación del 
movimiento de nuestros relojes y experiencias de la 
gravedad. 



SALIDA DE TALCAHUANO PARA EL PUERTO 
DE EGMONT. 

Forjada nuestra salida para el 27 nos dispusimos 
a dar la vela reinando a la sazón el viento aunque 
bonancible por el S.O.; pero no bien habíamos leva- 
do el ancla del S. y casi a pique de la del NL cuando 
empegó a descomponerse el tiempo bajo muy malas 
apariencias; por consiguientemente arriamos cable, 
y se rendió un anclote en ayuda del ancla. 

Precedió una lluvia abundantísima al N. fresca- 
chón que duró muy pocas horas y de resultas quedó 
el tiempo ya indeciso, variable el viento, y los carices 
ya inocentes, y ya con malas apariencias hasta las 
diez horas de la mañana del día 2 que variando de 
aspecto y favorecidos de un vientecito aunque débil 
del O.N.O. dimos la vela dirigiendo nuestro rumbo 
al N.E. Ya E. con el cual dábamos resguardo al bajo 
de Marinao. Después con viento del O.S.O. rebasa- 
mos la Quirriquina y fuera de puntas roló al S. el 



[236 i 



DIARIO DE VIAJE 



que ceñimos al O. mura babor. Situados en el nuevo 
plano nos colocaron las marcaciones de las seis horas 
de la tarde en latitud de 36°19' y en longitud de 67° 
1830". 

La Atrevida quedó fondeada en el puerto, la cual 
muy breve debía dar la vela y hacer derrota a 
las islas de Diego Ramírez, situar después la de la 
Aurora al S.E. de Malvinas, habiendo ya visitado el 
puerto de la Soledad (establecimiento español) y re- 
gresar al de Montevideo. 

Diciembre 10. — Al mediodía situados en latitud 
40° 18' y en longitud 72°30' se entablaron los vien- 
tos frescos del S.O. al O.N.O. acompañados general- 
mente de la garúa y muchas veces con agua. Hasta 
esta época los habíamos tenido bonancibles, pero ya 
en la noche aumentó considerablemente el viento y 
los carices se empeoraron cada vez más y más; en 
consecuencia navegamos en la misma con el trin- 
quete y gavia sobre dos rizos. 

Día 16. — Los tiempos fueron siempre a peor de 
modo tal, que el 16 nos obligó la excesiva fuerza del 
viento y gruesa mar a capear con la gavia y contra- 
foque; al mediodía del 17 cedió el tiempo, pero 
fueron siempre constantes los vientos del tercero y 
cuarto cuadrante acompañados de lluvia, niebla y 
mares- considerablemente empolladas. 

Día 19. — Nuestra derrota según el rumbo a que 
navegábamos era por lo general paralelo a la costa 
meridional de Chiloé, y a distancia de ella de trein- 
ta a cuarenta leguas con el objeto de atracarla luego 
que el tiempo lo permitiese con el fin de recono- 



L237] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



cerla, según se propuso y determinó en la junta 
celebrada en Lima. Efectivamente, declarado el vien- 
to en el segundo cuadrante hicimos derrota en aquel 
concepto, pero no había aún anochecido cuando el 
cariz, el barómetro, el viento y los pamperos pre- 
cursores de los vendavales, nos anunciaban una 
pronta revolución en el tiempo, que no tardó mu- 
cho en declararse en el tercer cuadrante, obligán- 
donos a navegar con el trinquete y la gavia arrizada. 

Día 20- — Mejoradas en la mañana las aparien- 
cias del tiempo forzamos de vela, y convencidos de 
la inutilidad de nuestros esfuerzos desistió este Co- 
mandante de la empresa, después de ver malograda 
la campaña. En estas circunstancias trató de recono- 
cer la Tierra del Fuego y en consecuencia hicimos 
derrota al cabo Negro, al que conseguimos dar vista 
a las primeras horas de la tarde del día 21, y si- 
tuados a cuatro leguas de la costa dirigimos nuestro 
rumbo paralelo a ella, midiendo después bases en 
las inmediaciones de la tierra comprendida entre los 
cabos Glocester y Negro. 

Día 2Í. — Al mediodía situados en latitud de 
54°48'30 M y en longitud de 66°52'50" nos demoraba 
el cabo Negro al N. 2 o O. y lo más oriental de la 
isla que lo forma al N. 7 o E., distancia de cinco a 
seis leguas. 

Continuamos nuestras operaciones en la inmedia- 
ción de la costa hasta las nueve horas de la tarde que 
cerramos las bases, navegando, después algunas horas 
al E. *4 S.E., y a las doce sondadas 68 brazas piedra 
y coral, pairamos de la vuelta de fuera con viento 



[238 | 



DIARIO DE VIAJE 



fresquito del O.N.O. al N.O., el cual a proporción 
que aumentaba la fuerza, empeoraba los carices; con- 
siguientemente nos obligó en la mañana a navegar 
con las cuatro principales, las gavias sobre dos rizos. 
Al mediodía fuera ya de la vista de la tierra, obser- 
vamos la latitud de 55°37 , 40" y longitud 65°17'50"; 
declinaba la aguja en este lugar 22°30' N.E. 

Nuestra derrota después de perdida la tierra de 
vista tuvo por objeto el ponernos en el paralelo de 
las islas de Diego Ramírez, descubierta por los No- 
dales; cumplida a las cuatro y media una distancia 
proporcionada a aquel fin, capeamos sobre la gavia 
arrizada y el contrafoque; a la sazón era el viento 
recio y nuestra vista podía extenderse poco por la 
mucha cerrazón; por consiguiente nos mantuvimos 
de uno y otro bordo hasta las once horas del 24, 
que variadas de un todo las circunstancias del tiem- 
po hicimos rumbo al E.; favorecía a la sazón nues- 
tros pasos el viento ya fresco, ya bonancible del O. 
A mediodía nos colocaron nuestras observaciones en 
latitud de 56°47 > 3<T y en longitud de 63°14'5(T; en 
consecuencia inclinamos algún tanto nuestra derrota 
hacia el N. para entrar en el paralelo de 56°40' en 
que coloca aquel célebre navegante las islas dichas. 

La larga época de cuatro años y medio había cau- 
sado en nosotros aquellos estragos que eran precisos 
y necesarios después de una dilatada campaña, no 
tanto en el quebranto de nuestra misma naturaleza, 
cuanto a nuestros espíritus que son los más ruinosos. 
Sin embargo navegábamos gustosos en pos de los des- 
cubrimientos de los antiguos navegantes nacionales; 
en sus M.M. S.S. [manuscritos] es donde deben be- 
berse las ideas exactas para formar el verdadero espí- 
ritu del viajero; en ellos se deja ver el arrojo y la 



[239; 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



intrepidez con que su osadía los conducía al camino 
de la gloria; pero por desgracia ha querido su suerte 
se sepulten entre el polvo y la polilla los hechos 
que debían hacerlos inmortales a la posteridad. 

Día 24. — Navegamos con suma vigilancia con 
guardias en los topes y sobre cubiertas, recorriendo 
cuidadosamente todo el horizonte. A las tres dieron 
parte aquellos de vista de tierra y casi al mismo 
tiempo la percibimos desde abajo como al N.N.O. 
distancia de cuatro leguas. Situados ventajosamente 
dimos principio a nuestras operaciones, de las que 
resultó la situación del extremo meridional en lati- 
tud de 56°33' y en longitud de 62 o 27'0(T al cual 
en memoria del Exmo. Sr. [Vice] Secretario de 
Estado y del despacho universal de Marina, se le 
nombró cabo Valdés y a todo el grupo islas de 
Diego Ramírez. Compónese aquel de dos islas de 
bastante elevación, con varios islotes en sus extremos; 
están separadas por un pequeño canal y algo más al 
N. una isleta en la misma dirección del O. 20° N.; 
abrazan la distancia de doce millas si se exceptúa la 
dicha isla. 

Día 25. — Después con viento del S.S.O. y S.O. 
dirigimos nuestro rumbo a las inmediaciones del 
Cabo de Hornos, quien se dejó ver a las dos y media 
horas de la mañana, y considerándonos a la distan- 
cia de cuatro a cinco leguas hicimos una derrota pa- 
ralela a la tierra que teníamos a la vista y por medio 
de bases y longitudes observadas con oportunidad, 
colocamos todas las tierras e islas contiguas al cabo, 
pudiendo al mediodía observar la latitud de 55°31' 
y longitud de 60° 1*10" en cuya posición nos demo- 



[240] 



DIARIO DE VIAJE 



raba la isla de Ewonto al S. 61° O. y lo más septen- 
trional de la isla Nueva al N. 49° O. distancia de 
cinco leguas. 

En las primeras horas de la tarde marcamos el 
cabo de Buen Suceso al N. 11° E. y el extremo occi- 
dental de la isla de los Estados al N. 38° E. distan- 
cia de aquel de siete a ocho leguas. A la sazón fue 
cediendo el viento y después de varias ventolinas va- 
riables y de algunas horas de calma, saltó el viento 
al N.E. afirmándose luego por N., el cual refres- 
cando la siguiente mañana nos impidió hacer el paso 
del estrecho de Maire, en cuya posición seguimos ci- 
ñéndole de la vuelta de tierra, cuyo rumbo nos con- 
ducía a las inmediaciones de la bahía de Valentín. 
AI mediodía se marcó el cabo de Buen Suceso al N. 
61° E. distancia de cinco a seis leguas y el cabo de 
San Antonio, extremo occidental de la isla de los Es- 
tados al N. 12° E., bajo cuyas enf ilaciones observa- 
mos su latitud de 55°4'50" y longitud 58°33'40'\ 

A las tres horas de la tarde nos hallábamos de 
tres a cuatro cables del frontón que forma el cabo 
de Buen Suceso con la punta oriental de la bahía de 
Valentín, en la que a pesar de lo recio del viento y 
de ser contrario para entrar en ella, internamos no 
obstante cuanto lo permitieron las circunstancias del 
tiempo. El ánimo de este Comandante era anclar en 
aquel lugar con el objeto de repetir en él las expe- 
riencias de la gravedad; pero no siendo posible su 
aborde, se contentó con correr de cerca la costa y 
determinar que en ningunas circunstancias puede ser 
ventajoso aquel surgidero por su absoluto desabrigo; 
las sondas fueron de 40, 35 y 28 brazas arena, a 
media milla de la costa. 



[241] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



Continuamos sobre bordos en las inmediaciones 
de la bahía dicha hasta la una de la noche, que ce- 
diendo el viento ya variable en el cuarto cuadrante 
y tomando también a la sazón muy mal semblante 
por el tercero hicimos derrota al S. del extremo me- 
ridional de la isla de los Estados. Inmediatos a él su- 
frimos un fuerte escarceo de aguas que sensiblemente 
nos aconchaba sobre la costa; en consecuencia forza- 
mos de vela con el objeto de vencer aquel obstáculo 
que conseguimos felizmente. 

Día 27, — En las primeras horas de la mañana 
volvió nuevamente a refrescar el viento por el O.N. 
O. y N.N.O., cerrrándose todo al mismo tiempo de 
garúa. Al mediodía situados en latitud de 55°00' 
10" y en longitud de 57 o 47'50" nos hallábamos N. 
S. con la medianía de la isla de los Estados, distan- 
cia de siete a ocho leguas. 

Día 29. — En la tarde se quedó el viento de un 
todo calma e hizo su paso al S.O., lugar en que per- 
maneció bien poco tiempo rolando nuevamente al 
cuarto cuadrante, cuyos vientos nos condujeron a la 
vista de la isla de los Estados, en la que nos demo- 
raba situados al mediodía en latitud de 54°25' y en 
longitud de 57 o 43*30'\ cabo de San Juan al S. 37° 
E. y el de San Antonio S. 28° O., distancia de siete 
leguas próximamente. 

Uñero de 1794. — Nuestra derrota se dirigió 
principalmente a las Malvinas; en consecuencia se- 
guimos aquel rumbo que nos aproximaba más en 
aquel concepto. Entablado el viento para el 31 del 
S. al O., pudimos para el 19 de enero dar vista en 



[242 j 



DIARIO DE VIAJE 



las primeras horas de la mañana a las islas Salvajes, 
y al mediodía distando de ellas de tres a cuatro le- 
guas observamos la latitud de 51°4'30" y longitud 
de íyOO^O" en cuya posición nos demoraban los 
extremos N.O. y S.E. del más oriental al N. 62° E. 
y N. 73° E. 

Continuamos en las primeras horas de la tarde 
haciendo toda fuerza de vela con el fin de rebasar 
aquella última isla; a la sazón era el viento fresco 
del S.O., aturbonados los horizontes del S. al O. y 
con frecuentes chubascos, que las más veces nos ha- 
cían carecer de toda vista de tierra, si se exceptúan 
de entre los Salvajes los dos mayores. Montado el 
más oriental lo costeamos de cerca para así zafarnos 
de entre islas, pero la mucha cerrazón nos ocultaba 
algunos riesgos que por fortuna nos anunciaron 
desde los topes y a poco rato avistamos dos islotes 
rodeados de restingas, los cuales con aquella isla for- 
maban un canal, por medio del cual hicimos el paso 
con toda fuerza de vela para poder vencer así la 
violencia de las aguas que nos arrollaban hacia las 
corrientes de aquéllos. 

Libres de todo peligro se tomaron dos rizos a las 
gavias y con las cuatro principales ceñimos el viento 
de una y otra vuelta con el fin de mantenernos al 
N. de los Salvajes y muy inmediato a ellos. A la 
una desarrizamos las gavias haciendo seguidamente 
toda fuerza de vela, dirigiendo nuestra derrota al 
puerto Egmont; favorecía nuestros pasos el viento 
fresquito del S.O. el cual nos condujo para las tres 
y media a las inmediaciones de las islas más occi- 
dentales, en cuyo lugar arribamos al E.S.E. costeán- 
dolas de cerca por su parte septentrional; para en- 
tonces había cedido mucho el viento y aturbonán- 



[243] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



dose los horizontes del tercer cuadrante; en conse- 
cuencia navegamos con aparejo proporcionado a 
aquellas apariencias, las que muy en breve dieron 
de sí un fuerte chubasco con bastante viento y gra- 
nizo, el que disipado a poco rato y ya manejable el 
viento dimos de nuevo todo aparejo dirigiendo al 
mismo tiempo nuestro rumbo a la punta Bluff, la 
cual se presenta bajo el aspecto de una pequeña isla. 

Día 2. — Se repitieron nuevamente los chubas- 
cos; consiguientemente navegamos con solo las 
gavias y el trinquete, y a las diez horas nos ha- 
llábamos tanto avante con aquella punta, distancia 
de una milla escasa. En esta posición hicimos de- 
rrota a la Vigía, cuya corpulenta montaña está si- 
tuada en la isla que forma la punta oriental del 
puerto. A las once horas hallándonos en las in- 
mediaciones del puerto de Navidad, extremo occi- 
dental de la entrada del surgidero, ceñimos el viento 
S.O. costeando al Cachiyuyo saliente de ambas pun- 
tas y costas, y después de varios bordos pudimos 
anclar en el mismo lugar en que lo verificamos en 
nuestro viaje anterior. Se hallaban fondeados dos 
bergantines americanos de la pesca de la ballena. 

Hecha nuestra leña y aguada, averiguado el mo- 
vimiento de los relojes y ratificadas las experiencias 
de la gravedad en el péndulo simple, nos dispusimos 
a dar la vela. 



[244 j 



DIARIO DE VIAJE 



SALIDA DEL PUERTO DE EGMONT PARA EL 
DE SANTA ELENA 

Enero 20, — Entablado el viento por el EJMJL y 
levadas las anclas verificamos nuestra salida sobre 
bordos, y fuera ya de puntas dirigimos nuestra de- 
rrota al N.O. Vk N. con el objeto de pasar entre las 
Piedras Blancas y Hermanas cuyp paso conseguimos 
hacer felizmente para las cuatro horas de la tarde. 
A esta hora nos situaron las marcaciones hechas en 
latitud ílM'OO" y en longitud de 54°2'2(T desde 
cuyo lugar proporcionamos nuestros rumbos a las 
inmediaciones de Cabo Blanco con el fin de ratificar 
su verdadera posición, que resultó dudosa en los tra- 
bajos del año de 1790. Debíamos después hacer 
derrota al puerto de Santa Elena en la costa patagó- 
nica y repetir en aquella latitud las experiencias de 
la gravedad. 

Día 21. — Favorecían de tal modo nuestros pasos 
los vientos del segundo y tercer cuadrante que al 
mediodía pudimos observar latitud de 49°3830" y 
longitud de 55°29'10" y para el 25 pudimos dar 
vista a la una hora de la tarde al frontón de Cabo 
Blanco, extremo meridional del golfo de San Jorge. 
Situados a las cuatro horas a dos millas próxima- 
mente de tierra y demorándonos entonces el cabo 
dicho al N. 38° O. arribamos al N.N.E., rumbo con 
el cual navegábamos en la dirección de la costa; a 
la sazón estaba el tiempo hermoso y nos acompa- 
ñaba un viento fresquito del S.S.E., cuyas favorables 
circunstancias coadyuvaban a nuestro objeto, que 



[245 } 



FRANCISCO XAVIER DE VíANA 



conseguimos a toda satisfacción, asegurando más y 
más la exactitud de nuestras operaciones anteriores 
en la posición del Cabo Blanco, el cual lo forma 
una lengua de tierra baja y muy inmediato tiene una 
islita que lo caracteriza y hace fácil su recono- 
cimiento. 

Día 27, — Concluidas nuestras operaciones per- 
dimos muy breve la tierra de vista, y aunque soli- 
citamos volver después a acercarnos a la costa in- 
mediata al puerto de San Gregorio, no nos lo per- 
mitieron los vientos reinantes del tercer cuadrante, 
siéndonos por consiguiente preciso buscarla entonces 
por latitud de 44°59' y longitud de 58°38" posi- 
ción de la corbeta al mediodía. En efecto a la una 
hora de la tarde se dejó ver la costa, la cual se ex- 
tendía desde el O. al CXN.O. y era igual y de terreno 
bajo, si se exceptúa la punta meridional de la ense- 
nada en que se halla el pequeño puerto de Santa 
Elena, en cuyo fondo S.O. se notan también unas 
lomitas bien remarcables. Al ponerse el sol distá- 
bamos tres leguas escasas del cerrito de San José, el 
que nos demoraba al O. 5 o N. presentándose éste 
amogotado y como un islote, el cabo Raso al N. 51° 
O. y punta Roja al O. 17° S. 

En la noche con vientos del S.S.E. y S.S.O. obser- 
vamos el fondo de 20 brazas, y sobre bordos procu- 
ramos mantenernos en un mismo lugar hasta la ma- 
ñana, en que después de algunas horas de calma y 
entablado el viento fresquito por el N.E. nos dirigi- 
mos al puerto para cuyo fin nos acercamos a la 
punta S.O. de la islita y bajo Florido, a la sazón vi- 
sible, consiguiendo ya próximos al mediodía anclar 
a la boca de la cala interior de la costa occidental. 



[246 



DIARIO DE VIAJE 



El viento continuó muy fresco y nuestra situación 
no era ciertamente la más ventajosa, pero por fortu- 
na cedió el viento en las primeras horas de la noche, 
y luego nos amarramos confiados de la sonda que 
se manifestaba en un plano recogido de nuestros 
navegantes a esta costa, cuya confianza nos hizo ver 
muy luego no era la más prudente. Tratándose de 
levantar el plano del puerto se procedió inmediata- 
mente a ver, su fondo y calidad, el cual hallamos en 
nuestras inmediaciones arena, cascajo, piedra, y mu- 
cho cachiyuyo, no obstante permanecimos en él por 
estar resguardados de los vientos de afuera y deber 
ser muy corta nuestra estada en este lugar, el cual 
per su situación, por su esterilidad y falta de agua, 
jamás deberá ser ni aún un recurso inmediato para 
el necesitado navegante. 



SALIDA DEL PUERTO DE SANTA ELENA 
PARA EL DE MONTEVIDEO 

Febreio 1 () — Concluidas las experiencias de la 
gravedad nos dispusimos a dar la vela, cuyas ma- 
niobras emprendimos en las primeras horas de la tar- 
de y franqueados del amarradero quedamos sobre un 
ancla hasta la mañana del 2 que levada aquélla, ma- 
reamos toda vela y perdida la tierra de vista al si- 
guiente día navegamos ai E. Va N.E, por un fondo 
de 45 a 68 brazas arena fina negra, cuya desigualdad 
en aquel mismo era bien una prueba de la mayor o 
menor distancia de la costa, disminuíamos el bracea- 
je con los rumbos que se inclinaban al N. y lo 



[247] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



aumentábamos con los que se inclinaban al E. Nues- 
tra posición al mediodía del 3 fue en latitud de 44° 
12* y en longitud de 58°2r4(T en cuyo lugar los 
vientos constantes en el primer cuadrante no permi- 
tieron otro rumbo que el del E. al S. los cuales nos 
alejaban bastante de la costa. 

Día 4. — Entablados en la mañana del 4, los del 
tercer cuadrante inclinamos nuestra derrota hacia el 
N. la cual nos condujo para el mediodía del 5 a la 
latitud de 4l°46*10" y longitud de 54°22' en cuya 
posición nos demoraba punta de Tres Cruces, la más 
oriental de la península de San José al S. 68° E., 
punta de la Barraca al N. 67° O. y la cabeza sa- 
liente de los bajos del río Colorado al N. 35° O., 
distancia de treinta y cinco leguas. 

Día 8. — Desde la medianoche empezó ya a dis- 
minuir el fondo paulatinamente y ya para las cua- 
tro hallándonos en 27 brazas A.F.P. [arena, fango, 
piedra] facheamos sobre las gavias, esperando así la 
primera luz del día para marear de nuevo, como en 
efecto lo verificamos, consiguiendo a las siete y me- 
dia dar vista a la tierra. Disipada después la calima 
que oscurecía los horizontes de aquella parte, se de- 
jó ver un trozo de costa que abrazaba todo el cuarto 
cuadrante y mucha parte del primero, era baja amo- 
gotada, forrada de muchos méganos de arena y algu- 
no que otro montecito de la misma calidad, únicos 
puntos perceptibles. 

A las nueve horas situados ventajosamente arri- 
bamos al N. y después al RE. E. con cuyo rumbo 
prolongamos la costa conservando próximamente la 
distancia de cuatro a cinco leguas de ella, por fondo 



[248] 



DIARIO DE VIAJE 



de 26 a 27 brazas A.F. [arena, fango]. A la sazón 
favorecía nuestros pasos el viento aunque bonancible 
del S., de modo que ya para el mediodía habíamos 
corrido un pequeño trozo de la tierra avistada, y era 
nuestra posición en latitud de 38 o 49'30" y longitud 
de 5 3 o 11' 10"; marcábamos entonces los extremos N. 
y S. al N. 18° E. y N. 69° S., distancia de la costa 
más inmediata de cuatro a cinco leguas. 

Día 10. — «El viento roló al y 49 cuadrante 
por consiguiente no pudimos conservar la costa a la 
vista, y sobre bordos se pensó hacer su reconocimien- 
to. A las diez de la mañana se dejó ver nuevamente 
la tierra del mismo carácter que el del día anterior, 
haciéndose sólo notable en ella por lo saliente al mar 
el cabo de San Andrés. Navegamos en demanda de 
la costa hasta las primeras horas de la tarde que el 
viento fresquito del N.E, nos obligó a tomar la vuel- 
ta de afuera, sin dejarnos otro recurso, ya por lo con- 
trario del viento como por las malas apariencias que 
no desmintieron, obligándonos todo el día 11 a na- 
vegar con el trinquete y la gavia arrizada. 

Día 12. — En la mañana del 12 mejoraron de un 
todo las circunstancias del tiempo y sus apariencias 
nos hicieron confiar para el 13 en una mejor suerte 
que fue frustrada muy en breve. Empeoraron de 
nuevos los carices y el viento haciendo su paso al S. 
y S.E. ventó con mucha fuerza, creció el mar y nues- 
tro aparejo se redujo a las principales, las gavias 
arrizadas. En estas circunstancia se dirigió la derrota 
al E. con cuyo rumbo conservamos el paralelo de 38° 
50' las sondas de 31 y 34 brazas A.C. ft (arena y con- 
chuelas). 



[249 3 



FRANCISCO XAVJER DE VIANA 



Día 14. — Con la caída del sol fue cediendo el 
viento y en las primeras horas de la mañana hizo su 
crisis, quedando manejable, la mar menos agitada y 
buenos los carices, por consiguiente a aquella misma 
hora forzamos de vela y a las doce de la misma arri- 
bamos al NJNLO. y luego al N.O. prefiriendo ya esta 
posición el hacer el paso por el tránsito que forman 
el Banco Inglés A,F. a y a la isla de Flores. Al medio- 
día observamos la latitud de 35°16 , 30" y longitud 
de 48 o 21'20" hallándonos a la sazón por fondo de 
13 15 y 18 brazas (arena fina) y después 14 lama 
algo dura. 

Continuamos aquel mismo rumbo hasta la una 
hora en que hicimos derrota al O. 5 o S. navegando 
por fondo de 16, 19 y 20 brazas al principio A\F ft .P 
(arena fina, piedra) y después O (cascajo) y fango 
duro, consiguiendo por este último braceaje dar vista 
a la tierra a las tres y media horas de la tarde, la 
cual nos demoraba como al O. N.O. y para las cuatro 
horas las islas de Lobos que marcamos al ponerse el 
sol al N. 73° O. distancia de cuatro y media a cinco 
leguas y las sierras de Maldonado al N. 60° O. 

A las nueve horas nos hallábamos por el meri- 
diano de aquella isla y a dos leguas de su parte me- 
ridional desde cuyo lugar favorecidos de los vientos 
N.E., E. y S.E. navegamos al O. 5 o S. procurando al 
mismo tiempo conservar un andar de tres y media a 
cuatro millas con el objeto de amanecer a la vista de 
la isla de Flores. 

A las tres horas de la mañana nos manifestaron 
las sondas habíamos caído mucho para el S. por con- 
siguiente orzamos al O. y luego al O.N.O. con viento 
fresquito del N. con cuyos rumbos pudimos a la sa- 
lida del sol marear el Pan de Azúcar al N. 27° E. 



DIARIO DE VIAJE 



y él cerro de las Ánimas al N. 15° E. distancia de 
cinco a seis leguas próximamente. 

A las siete horas se dejó ver la isla de Flores O. 
N.O. 5° O. en cuyo arrumbamiento se presentó ésta 
como dos pequeñas islas anegadas en su medianía; y 
al mediodía nos demoraba el cerro de Montevideo al 
N .60° O. la punta Brava al N. 50° O. y aquella 
isla al N. 44° E. de la aguja. 

En las primeras horas de la tarde tuvimos algu- 
nas ventolinas calmosas, pero ya para las cuatro ho- 
ras se entabló el viento fresquito por el E.S.E. y con 
él pudimos vencer la corriente que nos tenía inuti- 
lizado el gobierno, no obstante haber adquirido la 
corbeta un andar de tres millas; por consiguiente 
contrarrestados aquellos obstáculos conseguimos a las 
seis horas de la tarde alcanzar el fondeadero ama- 
rrándonos en cuatro, dos cables en la dirección del 
N.O. al S.E., con dos calabrotes por rejera. Se halla- 
ban en este puerto las fragatas de S.M. Santa Rufina 
al mando del Brigadier D. Antonio de Córdova y la 
Rosalía, al del Teniente de Navio D. José Aldama, 
la primera de armadilla y la segunda debía relevar 
al paquebot Santa Eulalia, destinado en el presidio 
de la Soledad en las islas Malvinas de cuyo estable- 
cimiento era jefe el Capitán de Fragata D. Pedro 
Sanguineto. Además estaban surtas hasta cuarenta 
embarcaciones del comercio cuyo excesivo número 
manifiesta bien el progreso y valor que han adquirido 
los frutos de este ameno y fértilísimo país. 

A las diez de la misma noche ancló la corbeta 
Atrevida. Reconoció las islas de Diego Ramírez, 
cuya situación convino exactamente con la estable- 
cida en la Descubierta; desde ésta hizo rumbo a las 
Malvinas y en ellas visitó el puerto de la Soledad. 



[251] 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



Después dirigió su derrota a las islas de Aurora, a 
las cuales dio vista el 21; colocaron su medianía 
en latitud de 53° 915" y longitud de 4l°46'50" y 
la isla nueva en latitud de 52°35'30" y longitud de 
4l°56\ Dejadas aquellas islas, y desde la latitud de 
49°30' hasta la de 22° estuvieron rodeados de infi- 
nitas bancas de nieves que sortearon felizmente di- 
rigiendo después su derrota a este puerto. 



FIN 



ESTADO DONDE SE MANIFIESTA LA RELACION DE 
GRAVEDADES ENTRE DIVERSOS LUGARES DEL 
MUNDO, SEGUN LAS EXPERIENCIAS HECHAS POR LAS 
DOS CORBETAS DE S. M. C "Descubierta" y "Atrevida" 



HEMISFERIO SEPTENTRIONAL. 



Mulgrave .... 59° 33'10" 133° 44'42" 1004629, 2. 

Nutka 49° 3513" 120° 33 '04" 1003014, 2. 

Monterrey ... 36° 3610" 115°50'20" 1001505,9. 

Acapuico . . . , 16° 50'32" 93° 50' 15" 1000532, 9- 

Islas Marianas 14°36W 239° 05*00" 

Manila 13° 1800" 209° 1/33" 1000027, 7. 

Macao 22° 12'00 M 246° 25*00" 

Zamboanga . 6 o 55W 231° 44*55" 1000000,0. 



HEMISFERIO MERIDIONAL. 

Lugares de T . . T , Experiencias di 

observación Lat,tudcs ifgravedad 

Puerto Egmont 51°21W 53° 54'30" 1003219,7. 

Santa Elena . 44°29'55' 59°25"30" 1002882,6. 

Talcahuano .. 36° 4218" 67°02'53" 1001895,2. 

Montevideo.. 34° 5 5 '08" 50° 00*45" 1001889,4. 

Bahía-Botánica 33°M'28" 202°27'30" 1001789, 3. 

Vavao 18°38'45 M 

Magdalena de 167°49'18" 1000623, 3. 

de Lima.. 12° 04*38" 70°52'30" 1000119, 2. 



Las longitudes están contadas al occidente del 
Real Observatorio de Cádiz. 



[ 253] 



FRANCISCO XAVIER DE VI ANA 



Nada hay más común que atribuir a los cuerpos 
físicos figuras que sólo tienen existencia en nuestra 
imaginación. La tierra es convexa (dijeron los anti- 
guos ) ; luego la tierra es una esfera; y sin dudar ja- 
más de esta figura sólo trataron de averiguar sus di- 
mensiones., 

Las experiencias sobre la gravedad, los principios 
de hidrostática y fuerzas centrales, debidos a los úl- 
timos siglos, y sobre todo las medidas prácticas hi- 
cieron abandonar la opinión de la esferídad de la 
tierra. Se averiguó que los cuerpos pesaban más, 
cuanto más inmediatos a los polos, y que los grados 
disminuían de extensión cuanto más se acercaban al 
Ecuador. La tierra dejó de ser una esfera para conver- 
tirse en una elipse lata; esto es, en un cuerpo como 
lo engendraría la revolución elíptica sobre su eje me- 
nor, pero esta nueva hipótesis es tan arbitraria como 
la primera. No hay duda en que si la tierra fue ge- 
neralmente fluida y redonda desde su principio en 
virtud de su relación y de la gravitación mutua de 
sus partes, debió tomar la forma que le asignan Huy- 
gens y Newton; pero la tierra pudo no ser fluida en 
su principio, y la heterogeneidad de las materias que 
la componen induce a creerlo así. 

♦Si se supone a un cuerpo rotando sobre uno de sus 
ejes, la figura de este cuerpo puede variar de infinitos 
modos, sin que estas variaciones embaracen su rota- 
ción. Sigúese de aquí que 1 los meridianos de la tierra 
pueden ser desiguales, el uno hemisferio mayor o me- 
nor que el otro, y la tierra enteramente irregular, sin 
que ninguna de estas suposiciones se opongan a las 
leyes hidrostáticas. Las experiencias aquí practicadas 
no están rigurosamente de acuerdo con la figura su- 
puesta y el único medio para salir de dudas de esta 



[254] 



DIARIO DE VIAJE 



cuestión, que su importancia y la clase de hombres 
que tomaron parte en ella han hecho tan célebre, 
sería medir muchos grados a iguales latitudes y en 
ambos hemisferios para ver si las medidas convenían 
siempre con la figura adoptada dentro del límite de 
los errores de observación. A estas medidas pueden 
suplir las experiencias sobre la gravedad y éste ha 
sido el objeto de la nuestra, dejando aparte el útil 
proyecto de establecer una medida común constante, 
verificable y tan eterna como las leyes de la natu- 
raleza. 

La incertidumbre en que estamos relativamente 
a la longitud del péndulo de observación embaraza la 
reducción de los resultados absolutos, así como la 
comparación de nuestras experiencias con las hechas 
por otros filósofos de diversos lugares del mundo; 
pero cualquiera que sea aquella longitud, como estas 
corbetas han repetido sus observaciones en ambos 
hemisferios, pueden determinarse las relaciones de la 
gravedad entre todos los puntos de observación. Tal 
es el objeto de la tabla superior, cuya forma hemos 
tomado de Mr. Maupertuts en el estado general que 
hizo de todas las experiencias del péndulo hechas 
hasta su tiempo. Este geómetra omite las fórmulas 
que le condujeron a sus resultados, y que ha suplido 
D. Ciriaco Cevallos con sus sublimes conocimientos 
y privilegiados talentos. 

Se sabe que un cuerpo sumergido en un fluido 
pierde de su peso, el peso del fluido que desplaza. Se- 
gún este principio, la lenteja del péndulo, en virtud 
de cuyo peso se hacen las oscilaciones, debe perder 
una parte de este peso, igual al peso del aire que 
ocupa. Si el aire fuese un fluido igualmente denso en 
todas las regiones de la tierra, no habría necesidad 



[255 j 



FRANCISCO XAVIER DE VIANA 



de ninguna corrección porque produciendo entonces 
disminuciones iguales, no habría causa que alterase 
la relación entre las gravedades; pero como los pesos 
del aire son distintos en diversos lugares y para un 
mismo lugar en distintas circunstancias, de aquí nace 
una corrección sin la cual se confundirían muchas 
veces las disminuciones reales de la gravedad con las 
causas que sólo son un estorbo de ejercerse. Nuestras 
experiencias están todas reducidas a las veintinueve 
y media pulgadas del barómetro. 

Según Newton, la gravedad se ejerce en razón in- 
versa de los cuadrados de la distancia al centro, pero 
no ha sido necesario valerse de este principio para 
reducirlas a una propia altura, porque todas se han 
hecho al nivel del mar con diferencia de cuatro a seis 
toezas, cantidad absolutamente despreciable. 



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